Luz Casal, pregonera del Domund, llama a «creer en la misericordia que llega a través de la fe»

Este miércoles la conocida cantante gallega Luz Casal ha sido la encargada este año de pronunciar el pregón del Domund, el día de las misiones que se celebra el domingo 22 de octubre. Lo ha hecho en la catedral de Santiago en un acto presidido por el arzobispo Julián Barrio.

En su intervención, que la ha realizado como si fuera una canción, con
estribillos y distintas partes, la cantante ha querido destacar la labor
de los miles de misioneros que dan su vida todos los días en cada
rincón del mundo. Y ha hecho un llamamiento a recuperar los conceptos cristianos de caridad y misericordia. 

 

Luz Casal recordó cómo de niña le hablaron del Domund en el colegio. Las
hermanas Doroteas pusieron un documental, y les explicaron el
significado de la caridad y la misericordia. «Esa lección fomentó en aquel grupo de niñas nuestra futura disposición a echar una mano al necesitado».
Este año, ella misma se ha convertido en la pregonera del Domund. Con
este pregón -que este año alcanza su sexta edición- y con «El Domund al
descubierto», Obras Misionales Pontificias quiere seguir la estela del Papa, y abrir decididamente todas sus actividades a la sociedad.

Dedicar tiempo o un donativo 

Luz Casal ha constatado en su pregón que en la actualidad esos conceptos
que le enseñaron de niña han perdido su significado, y los hombres y
mujeres vivimos anestesiados ante el dolor del hombre. La cantante
gallega ha hecho un llamamiento a dedicar a los necesitados «unos
minutos, como esos que algunos dedicamos a nuestros abdominales y
glúteos; u ofrecer un donativo que no supondrá un gasto mayor
que el de comprar un botecito de crema antiarrugas o una hidratante de
manos».

Posteriormente, Luz Casal ha dedicado gran parte de su pregón a valorar
el trabajo de los misioneros, que muestran que su entrega va más allá de
la solidaridad. «Sin patrias ni banderas, abandonan su proyecto de vida propia, su propio interés. Héroes anónimos, que en sus viajes al infierno acaban por alcanzar el cielo al juntar con ternura sus manos a otras manos».

«No falta alegría en su misión» 

La pregonera de este año ha valorado el ejemplo de los 13.000 misioneros
españoles, que cruzan el planeta para llevar esperanza y dignidad donde
no las hay. «En estos casi cien años de celebración del Domund
la labor de los misioneros está rodeada de silencio, y aún así no falta
la alegría en su misión»
.

Luz Casal ha urgido a España a volver a recordar su historia,
como país que abrió las puertas a la evangelización, y a no dar la
espalda al trabajo espiritual.
«Tenemos confianza en la
ciencia, en la razón, en la cultura, en el poder que da el progreso
desde el siglo XVIII, pero esto no debiera impedirnos creer en la
misericordia que llega a través de la fe».

La cantante ha recordado a todas las personas e instituciones que ha
conocido en su trayectoria profesional, a todos aquellos que intentan
frenar el mal del mundo, entre ellas, las OMP. «Para que triunfe el mal, lo único necesario es que las personas buenas no hagan nada por evitarlo»,
y ha recordado que ante los problemas, o se espera a que alguien los
solucione, o se pone uno en marcha para solucionarlos. «Esta última
opción es la que habéis elegido los misioneros, religiosos y seglares».
Por último, ha recordado que al colaborar con las buenas causas, uno se
siente bien. «Por eso yo creo que la colaboración solidaria debería
estar siempre de moda».

Pregón íntegro pronunciado por Luz Casal

Excmos. y Rvdmos. Sres. Obispos; Sr. Director Nacional de Obras
Misionales Pontificias, D. Anastasio Gil García; autoridades; misioneras
y misioneros; señoras y señores; queridos todos: buenas tardes.

Agradezco de todo corazón que me hayan invitado a estar aquí, en esta
Catedral que tanto significado tiene en mi vida, y que durante unos
minutos capte su atención con estas palabras que a continuación les voy a
leer.

Intro

Mujer y cantante, es mi voz la de una católica poco practicante, pero
con unas raíces tan profundas, y una memoria tan ligada a la historia y a
las celebraciones de la Iglesia católica, que muchas veces tengo la
sensación de ser una buena cristiana.

Para hablar sobre las misiones y la celebración del Domund en este año
2017, he pensado hacerlo como si de una canción se tratara, haciendo
este sencillo pregón que lleva el título «Sé valiente, la misión te espera», y
con una estructura que contiene esta pequeña introducción, seguida de
una estrofa, después un estribillo, una segunda estrofa, estribillo,
interludio o puente para llegar al final, con el último estribillo.

Primera estrofa

 Aprendemos a convivir con la injusticia y la desigualdad, sin apenas
advertirlas, como si nuestro cerebro estuviera envuelto en brumas, y
nuestro corazón anestesiado por un consumismo que satisface los deseos
inmediatos y efímeros y por el hedonismo, tan bien considerado,
provocando con ello indiferencia y despotismo, que embrutecen y
monopolizan nuestros sentimientos. Aun así, no conformes, vamos
añadiendo pesados fardos de temores, egos y miedos, haciendo cada día la
costra más dura, inmunizando los sentidos ante el callejón sin salida
de la pobreza que nos humilla.

Cada vez es más difícil dejar de ser pobre, y la situación se enquista
por las carencias del sistema de protección y de las ayudas, por la
precariedad laboral y el desigual reparto de la riqueza.

La vida es un combate constante entre dos fuerzas: por un lado, están
aquellos que son capaces de comportarse ordinariamente de manera
inhumana, y en el otro lado, en el otro bando, están los «soldados» o
misioneros que, aun conociendo la derrota y el desengaño, saben
sobreponerse y con sus actos reparar el daño causado por los primeros, a
la vez que siembran nuevos caminos con semillas que germinarán en los
corazones de los desfavorecidos, hasta llegar a la victoria.

Cuando el tiempo se contabilizaba para mí de otra manera, las imágenes
de unos niños felices de piel oscura, que por primera vez vieron mis
ojos en el salón de actos de mi colegio, fueron el primer contacto que
tuve con el Domund. Después de ver ese documental, rodado en paisajes
muy alejados y distintos, las Hermanas Doroteas nos explicaron el
significado de muchas palabras, entre las que destacaban por su
reiteración misericordia y caridad, virtudes y valores
que deberíamos incorporar a nuestras incipientes vidas, según nos
dijeron, a partir de ese momento. Esa lección puso las bases, y fomentó
en aquel grupo de niñas, nuestra futura predisposición a echar una mano
al necesitado.

Hoy día nos cuesta pronunciar palabras como caridad, siendo
esta una virtud superior de la moral cristiana que ha perdido
significado en estas tres o cuatro últimas décadas. -Las palabras
también están a merced de la moda, se desgastan, pierden protagonismo e
importancia-.

En algún momento de nuestra vida diaria tendremos que tender la mano al
náufrago, como dijo e hizo hace pocos meses el presidente de la ONG «Sea Eye», «Ojo
de la mar», quien defendió que «ayudar ante el peligro es el deber de
cualquier persona que esté en el mar, sin distingos a su origen, color,
religión o convicciones»; y para que ese «náufrago» pueda continuar su
travesía, necesitamos dedicarle unos minutos como los que algunos
dedicamos a nuestros abdominales y glúteos, u ofrecer un donativo que no
supondrá un gasto mayor que un botecito de crema antiarrugas o una
hidratante de manos.

Un esfuerzo mínimo, semejante al que hacen algunas adolescentes al lanzar sin ton ni son besos al aire.

Estribillo

 La belleza que provocan los pequeños gestos humanitarios regenera el mundo, y el amor lo salva.

Segunda estrofa

Los misioneros

Son esos seres elegidos para soportar las dificultades. Bravos y
obedientes hijos dotados de paciencia y fortaleza. Benevolentes con las
debilidades. Ejemplos de resistencia moral. Muestran diariamente cómo la
compasión activa está en las entrañas de su misión y va más allá de la
solidaridad.

Sin patrias ni banderas, abandonan el proyecto de vida propia, orientada
hacia su propio interés, por una comunión fraterna. -La libertad no es
mayor cuando se puede hacer lo que a uno se le antoja, sino cuando se
elige lo bueno, lo bello y lo verdadero, aun cuando esa decisión
comporte el sacrificio de uno mismo por un bien mayor-.

Héroes anónimos, que en sus viajes al infierno acaban por alcanzar el
cielo al juntar con ternura sus manos a otras manos. Estos cerca de
13.000 misioneros españoles están dispuestos y se empeñan en cruzar
medio planeta para poner en práctica y materializar su idealismo,
saliendo de la comodidad de nuestro mundo cotidiano, para escuchar el
latido del dolor de los perseguidos, de los pordioseros y marginados,
llegando incluso a arriesgar la propia vida -que es una de las
expresiones más bellas y desinteresadas- para ofrecerles un chispazo de
esperanza y aportar dignidad allí donde no hay nada, porque todo ha sido
degradado, cuando no aniquilado.

En estos casi cien años de celebración del Domund, la labor hecha por
los misioneros está rodeada de silencio, y aun así no falta la alegría
en su misión, a pesar de que puedan tener el pecho descarnado por muchas
ausencias, o porque hayan tenido fisuras en su integridad o propósitos a
causa de sus dudas, que no son otra cosa que la consecuencia inherente a
la honestidad. Si preguntáramos a cada uno de ellos por su labor,
seguro que nos dirían que todo lo que hacen o han hecho merece la pena.
¡Merece la pena el alivio de un paño caliente ante el espanto, sacando a
los desfavorecidos de las sombras de la guerra, el terror, el odio
fratricida o el hambre que padecen más de 800 millones de personas!

Tenemos confianza en la ciencia, en la razón, en la cultura y en el
poder que da el progreso desde el siglo XVIII, pero eso no debiera
impedirnos creer en la misericordia que llega a través de la fe. Muchas
veces las respuestas no están en la profundidad del saber, porque ni
siquiera el avance de la ciencia detiene la miseria.

Somos una nación antigua, que ha vivido con la alegría de ser cristiana,
una doctrina profunda del humanismo; una nación que abrió las puertas a
la evangelización, y, a través de ella, nos hemos unido a gentes de
otros pueblos, conociendo sus culturas y religiones, insertados en sus
costumbres y tradiciones, aceptando de manera natural que las verdades
absolutas generan dolor y que llevar la fe a otros destinos no debe
tener como objetivo el dominio. Con la distancia que imponen los siglos,
hemos ido dando la espalda al trabajo espiritual, que podría
considerarse como un eco que se anticipara a la voz.

El novelista Javier Cercas, en su libro El monarca de las sombras, dice
refiriéndose a su madre que «habita todavía en un mundo con Dios»;
somos muchos los que vivimos con esa presencia que nos ampara ante la
oscuridad y nos ofrece una iluminación que avanza.

Para que triunfe el mal, lo único necesario es que las personas buenas
no hagan nada para evitarlo, y en la vida solo hay dos opciones ante los
problemas: esperar a que otros los solucionen o poner de tu parte para
solucionarlos; esta última opción es la que habéis elegido los
misioneros, religiosos y seglares.

Laicos y cooperantes también ponen su esfuerzo personal, conocimiento
profesional y aporte económico a través de distintas organizaciones,
como por ejemplo «Acción contra el Hambre», «Save the Children», «África
directo», «Aldeas Infantiles», etc.

Un grupo de personas, a través de nuestro Festival de La Luz que se
celebra a pocos kilómetros de aquí, en el Concello de Boimorto, hemos
podido conocer el trabajo de algunas de esas organizaciones, a las
cuales ha ido a parar la recaudación total de las entradas de cada
edición del Festival, como por ejemplo «Oxfam Intermón», «Banco de
Alimentos» o «Médicos sin Fronteras». También hemos sido testigos hace
pocos años de la labor ingente de la fundación Vicente Ferrer en la
India, en una de las regiones más pobres del país, Anantapur, en el
estado Andhra Pradesh.

Para cerrar esta estrofa dedicada a los misioneros, quiero destacar la
labor evangélica y social de las Obras Misionales Pontificias.

Estribillo

La belleza que provocan los pequeños gestos humanitarios regenera el mundo, y el amor lo salva.

Puente

La bondad, esa virtud que algunos tienen y que, según dicen los
especialistas en neurociencia afectiva, se encuentra en la base de un
cerebro sano, hace que los poseedores de esa gracia perciban las cosas
de otra manera. Mientras muchos hacen ruido, unos pocos, con sus
acciones calladas y generosas, dan ánimos a los que parece que hubieran
cometido el pecado de existir, sea en Siria, Sudán del Sur, Yemen o en
cualquiera de los más de 33 países con gravísimos conflictos.

Ser bueno es el más sutil de los egoísmos, porque serlo te recompensa
con el placer de la felicidad y alivia tu ansiedad como individuo
gracias a la buena conciencia que recibes cuando haces una buena acción.
Por eso yo creo que la colaboración solidaria debería estar siempre de
moda.

Estribillo

La belleza que provocan los pequeños gestos humanitarios regenera el mundo, y el amor lo salva.

Permítanme añadir una pequeña coda:

 Gracias a todos los misioneros presentes por enseñarnos con sus obras
que el más insignificante acto de amor puede abrazar a la humanidad
herida.

ReligiónenLibertad