Espiritualidad, espontaneidad y desbordante alegría: así entra una nueva novicia en Iesu Communio

Con un decreto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada fechado el 8 diciembre de 2010 nació oficialmente Iesu Communio como instituto religioso de derecho pontificio, lo que les permite fundar en diócesis distintas a la originaria, como ya han hecho en Valencia. Son religiosas de vida contemplativa y clausura, aunque pueden hacer apostolado dentro de su convento. Las 186 monjas que comenzaron en La Aguilera son ya 210,
en su mayoría jóvenes universitarias y con una media de edad de 34
años, que aumenta por las 14 hermanas, procedentes de las Clarisas, que
superan los 80. Montse Serrador ha consagrado un reportaje en ABC a Iesu Communio con ocasión de la llegada de una nueva novicia:

Poco podían imaginar aquellos frailes franciscanos, primeros moradores del monasterio de San Pedro Regalado, en la localidad burgalesa de La Aguilera,
que, tras muchas vicisitudes sufridas a través de estos siglos, aquel
convento vería resurgir en el siglo XXI la vida contemplativa en una
nueva comunidad de hermanas. Ellas forman el Instituto religioso de
derecho pontificio denominado «Iesu Communio», aprobado por el Papa Benedicto XVI en diciembre de 2010.
Y es que arrancaba el nuevo siglo cuando las Clarisas de la localidad
burgalesa de Lerma crecían hasta llegar al centenar, lo que hizo
necesario buscar una nueva ubicación, que encontraron gracias a la
cesión del monasterio realizada por los Franciscanos.

Allí, en La Aguilera, en plena Ribera del Duero, un muro de piedra
limita el perímetro del convento. Sin embargo, la puerta de entrada a
sus instalaciones, que no tiene la impronta propia de una comunidad de
vida contemplativa, da acceso a un amplio recinto sobre el que se levantan varias edificaciones: la capilla, el locutorio, el edificio con las habitaciones…

En un espléndido domingo de octubre, medio centenar de personas se ha
desplazado hasta La Aguilera para compartir una de las celebraciones de
la «casa», como las hermanas acostumbran a decir. Las 210 monjas que la
integran van a recibir a una nueva novicia, un acontecimiento que no es
nuevo para ellas, como ocurre en la mayoría de las congregaciones, en
las que la falta de vocaciones las aboca a un cierre inevitable. Pero
no, en Iesu Communio la situación es bien distinta. Desde su creación no han hecho más que crecer,
hasta el punto de que ya está en marcha su primera fundación con la
apertura en Godella (Valencia) de una sede fuera de Burgos, en un
convento abandonado por las Hermanas Salesas. De momento, se están
adecuando las instalaciones para que entren 50 hermanas.

Hasta que ese día llegue, La Aguilera sigue acogiendo novicias, alrededor de doce al año, en su mayoría jóvenes que no superan los 30 años. Es el caso de Claudia,
una valenciana que, con sus 22 primaveras, ha decidido formar parte de
Iesu Communnio. Para ello, el locutorio acoge un sencillo acto,
espontáneo y casi improvisado, con el que se da la bienvenida a la
postulante. Tampoco se trata de un locutorio al uso, con torno o
barrotes, sino de una especie de pequeño salón de actos redondo en cuyo
escenario están los dos centenares de hermanas, sentadas en bancos
dispuestos escalonadamente; enfrente, en la misma posición, el medio
centenar de personas que acompaña a Claudia, que ya está sentada junto a
sus compañeras y a la docena de novicias -naturales
de Valencia, Madrid, País Vasco, Andalucía, Italia…- fácilmente
reconocibles porque no llevan el pañuelo azul
.

Claudia aún viste de calle cuando, sentada en el locutorio, las hermanas
comienzan a cantar y a interpretar una de sus canciones: Jesús todo lo llena. Ven y verás.
La joven valenciana está exultante, con una sonrisa que no se desdibuja
de su cara, aun cuando tiene que hacer frente a la tarea de explicar el
porqué ha tomado una decisión nada habitual en los tiempos que corren. «Amor» y «Jesús» son sus palabras más repetidas,
para concluir que «tenía que hacerlo; lo necesitaba». La preceden su fe
y su compromiso en diversas comunidades y grupos católicos, aunque,
según reconoció, en su familia la decisión no fue demasiado bien
acogida, lo que no significó un obstáculo para ella.

En ese ambiente, donde la espiritualidad se mezcla con la espontaneidad y una desbordante alegría,
las hermanas de Iesu Communio son sometidas a una especie de
interrogatorio: «¿De qué vivís?, pregunta uno de los visitantes. «De
nuestro trabajo», contesta una religiosa —elaboran dulces, tarjetas de Navidad e, incluso, libros y cedés—
y del apoyo de muchas personas, reconoce, de las que llegan donaciones
gracias a las cuales ha sido posible construir, primero La Aguilera y,
ahora, Godella.

«¿Cómo es vuestra jornada?», pregunta otro invitado. Comienza a las seis
y media de la mañana y, tras las oportunas oraciones, «cada una a su
labor». Después de comer hay tiempo libre antes de dedicar las tardes a recibir a las personas que quieren tener algún tipo de retiro o convivencia. A partir de las diez de la noche, toca descanso.

«¿Cómo viven lo que ocurre en Cataluña»?, interpelan. «No solemos ver la
televisión, pero ahora sí, puntualmente, para saber lo que ocurre»,
afirma una de las religiosas. «Rezamos mucho para que se solucione, es
lo que hacemos», insiste. Interviene después otra monja, es una de las
mayores, «toda una institución», aseguran sus compañeras, quienes
escuchan embelesadas las palabras de la hermana Blanca, que les
transmite «la necesidad de amar, de caminar con Jesús y de perseverar».
El acto toca a su fin pero antes, la Comunidad ofrecerá a Claudia una
canción: la Salve Rociera que seis hermanas adornan con mantones mientras ejecutan un pequeño baile.

Una Eucaristía en la capilla aporta la solemnidad al acto de entrada de
la novicia. La Cruz preside el altar. A la derecha, una de las imágenes
más veneradas, la de la Virgen, a la que llaman «la bella pastora»,
con las manos sobre su pecho y esperando para recibir a los hijos que
se apoyan sobre su regazo, como así lo hacen Claudia y tres hermanas que
la acompañan. Cuando vuelve al locutorio, la nueva novicia llega ya
ataviada con su hábito vaquero y su cíngulo blanco. Es la Aguilera, el
territorio vaquero de Dios.

ReligiónenLibertad