
En la homilía matinal de este martes 7
de noviembre el Papa ha comentado la escena bíblica del banquete al que
muchos no se molestan en ir.
Jesús cuenta la historia de un hombre que ofreció una gran cena e invitó a muchas personas. Los primeros invitados no quisieron ir porque no tenían interés ni por la cena, ni por la gente,
ni por la invitación del Señor: estaban ocupados en sus propios
intereses que eran más grandes que esa invitación. Estaba el que había
comprado cinco pares de bueyes, el que había comprado un campo, o el que
estaba recién casado. En una palabra – subrayó el Papa – «se preguntaban qué habrían podido ganar».
Incapaces de entender lo que Dios quiere regalar
Estaban apegados a sus intereses hasta el punto de que esto los llevaba a
una “esclavitud del espíritu”, es decir a ser “incapaces de comprender
la gratuidad de la invitación”. Una actitud ante la cual el Papa
Francisco hizo una recomendación.
“Y si no se comprende la gratuidad de la invitación de Dios no se
entiende nada. La iniciativa de Dios siempre es gratuita. Pero para ir a
este banquete, ¿cuánto hay que pagar? El boleto de entrada es estar enfermo, es ser pobre, es ser pecador… Así estos te dejan entrar. Este es el boleto de entrada: estar necesitado, tanto en el cuerpo como en el alma. Pero, para la necesidad de cuidado, de curación, hay que tener necesidad de amor…”.
La dinámica de la gratuidad
Dios “recibe a todos” e invita gratis. Pero los primeros invitados no
comprenden la gratuidad. Como el hermano mayor del Hijo Pródigo, que no
quiere ir al banquete organizado por el padre para su hermano que se
había ido, y que no entiende.
“Pero a éste, que ha gastado todo su dinero, que ha gastado la herencia,
con los vicios, con los pecados, ¿tú le haces fiesta? ¿Y yo que soy un
católico, que practico, que voy a misa todos los domingos, que cumplo
con las cosas, a mí nada?”. Este no entiende la gratuidad de la
salvación, piensa que la salvación es fruto del “yo pago y tú me
salvas”. Pago con esto, con esto, con esto… No. ¡La salvación es gratuita! Y si tú no entras en esta dinámica de la gratuidad no entiendes nada. La salvación es un don de Dios al que se responde con otro don, el don de mi corazón”.
La salvación no se compra: solo has de entrar
El Papa Francisco volvió a referirse a quienes piensan en sus propios
intereses, que cuando oyen hablar de dones, saben qué deben hacer, pero
que inmediatamente piensan en “la devolución”: “Haré este regalo”, y él después “en otra ocasión, me hará otro”.
En cambio el Señor “no pide nada a cambio”: “Sólo amor y fidelidad, como
Él es amor y Él es fiel” – dijo el Papa Bergoglio – evidenciando que “la salvación no se compra, sencillamente se entra en el banquete”.
“Bienaventurado quien tomará alimento en el Reino de Dios”: ésta es la
salvación. Pero aquellos que no están dispuestos a entrar en el
banquete, “se sienten seguros”, “salvados a su modo, fuera del
banquete”.
“Han perdido el sentido de la gratuidad – explicó Francisco – el sentido
del amor”. “Han perdido – añadió – una cosa más grande y más bella aún y
esto es muy malo: han perdido la capacidad de sentirse amados”.
“Y cuando tú pierdes – no digo la capacidad de amar, porque eso se
recupera – la capacidad de sentirte amado no hay esperanza, has perdido
todo. Nos hace pensar en lo que está escrito en la puerta del infierno
dantesco: “Dejen la esperanza”, has perdido todo. Debemos pensar ante
este Señor: “Porque yo les digo, yo quiero que mi casa se llene”. Este Señor que es tan grande, que es tan amoroso, que en su gratuidad quiere llenar la casa. Pidamos al Señor que nos salve de perder la capacidad de sentirse amados”.
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