«Ir a misa es ir al Calvario: allí estaríamos en silencio, en llanto, en la alegría de ser salvados»

El Papa Francisco este miércoles ha
impartido su segunda catequesis dedicada a la misa, en su nuevo ciclo de
audiencias públicas. Ha recordado que ir a misa es como ir al monte Calvario, a la Crucifixión de Cristo, «donde desaparecen el espectáculo, desaparecen las habladurías, los comentarios«.

«Cuando vamos a Misa, es como si fuéramos al Calvario, lo mismo. Piensen ustedes: si nosotros vamos al Calvario – pensemos con imaginación – en ese momento, y nosotros sabemos que ese hombre ahí es Jesús. Pero, ¿nosotros nos permitiríamos hablar, tomar fotografías, hacer un poco de espectáculo? ¡No! ¡Porque es Jesús! Nosotros
seguramente estaríamos en silencio, en el llanto y también en la
alegría de ser salvados. Cuando nosotros entramos en la iglesia para
celebrar la Misa pensemos esto: entro en el Calvario, donde Jesús da su vida por mí. Y
así desaparece el espectáculo, desaparece las habladurías, los
comentarios y estas cosas que nos alejan de esta cosa tan bella que es
la Misa, el triunfo de Jesús».

Resumen que Francisco pronunció en español

Queridos hermanos y hermanas: Continuando con la catequesis sobre la
Santa Misa, podemos decir que es el memorial del Misterio Pascual de
Cristo, que él llevó a cumplimiento con su pasión, muerte, resurrección y
ascensión al cielo, y que nos hace partícipes de su victoria sobre el
pecado y la muerte.

Así, la Eucaristía hace presente el sacrificio que Cristo ofreció, una vez para siempre, en la cruz y que permanece perennemente actual, realizando la obra de nuestra redención.

En la Misa, el Señor Jesús, haciéndose «pan partido» por amor a nosotros, se nos da y
nos comunica toda su misericordia y su amor, renovando nuestro corazón,
nuestra vida y nuestras relaciones con él y con los hermanos.

A través de la celebración eucarística, la acción del Espíritu Santo nos
hace partícipes de la misma vida de Dios, que transforma todo nuestro
ser mortal y nos llena de su eternidad.

Con la Eucaristía Jesús nos libra de la muerte física y del miedo a
morir, como también de la muerte espiritual, que es el mal y el pecado.
La participación en este sacramento, que nos llena de la plenitud de su
vida, nos hace decir con san Pablo: «vivo, pero no soy yo el que vive,
es Cristo quien vive en mí» (Ga 2,20). Por ello, para el cristiano es vital participar en la Eucaristía, especialmente el domingo, puesto que nos permite unirnos a Cristo, tomando parte de su victoria sobre la muerte y gozar de los bienes de la resurrección.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a
los provenientes de España y Latinoamérica. El Señor Jesús nos quiere
comunicar en la Eucaristía su amor pascual para que podamos amar a Dios y
a nuestro prójimo como él nos ha amado, entregando su propia vida. Que
la Virgen Santa interceda ante su Hijo por todos nosotros, y nos alcance
la gracia de ser hombres y mujeres que encuentren en el sacrificio eucarístico el centro de la propia existencia y la fuerza para vivir en el amor.

Homilía completa del Santo Padre, traducido del italiano

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Prosiguiendo con las
Catequesis sobre la Misa, podemos preguntarnos: ¿Qué cosa es
esencialmente la Misa? La Misa es el memorial del Misterio pascual de
Cristo. Ella nos hace partícipes de su victoria sobre el pecado y la
muerte, y da significado pleno a nuestra vida.

Para esto, para comprender el valor de la Misa debemos sobre todo entender el significado bíblico del “memorial”. Esto «no es solamente el recuerdo – el memorial no es solamente un recuerdo –, de los acontecimientos del pasado, sino estos acontecimientos se hacen, en cierta forma, presentes y actuales.
De esta manera Israel entiende su liberación de Egipto: cada vez que es
celebrada la Pascua, los acontecimientos del Éxodo se hacen presentes a
la memoria de los creyentes a fin de que conformen su vida a estos
acontecimientos» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1363).

Jesucristo, con su pasión, muerte, resurrección y ascensión al cielo ha llevado a cumplimiento la Pascua. Y la Misa es el memorial de su Pascua, de su “éxodo”, que ha realizado por nosotros, para sacarnos de la esclavitud e introducirnos en la tierra prometida de la vida eterna. No es solamente un recuerdo, no, es algo más: es hacer presente aquello que ha sucedido hace veinte siglos atrás.

La Eucaristía nos lleva siempre al ápice de la acción de salvación de
Dios: el Señor Jesús, haciéndose pan partido por nosotros, derrama sobre
nosotros toda su misericordia y su amor, como lo ha hecho en la cruz,
para así renovar nuestro corazón, nuestra existencia y el modo de
relacionarnos con Él y con los hermanos. Dice el Concilio Vaticano II:
«La obra de nuestra redención se efectúa cuantas veces se celebra en el
altar el sacrificio de la cruz, por medio del cual Cristo, que es
nuestra Pascua, ha sido inmolado» (Constitución Dogmática, Lumen Gentium, 3).

Toda celebración de la Eucaristía es un rayo de ese sol sin ocaso que es
Jesús resucitado. Participar en la Misa, en particular el domingo,
significa entrar en la victoria del Resucitado, ser iluminados por su
luz, abrigados por su calor. A través de la celebración eucarística el
Espíritu Santo nos hace partícipes de la vida divina que es capaz de
transfigurar todo nuestro ser mortal. Y en su paso de la muerte a la
vida, del tiempo a la eternidad, el Señor Jesús nos lleva también a
nosotros con Él para hacer la Pascua. En la Misa se hace Pascua.
Nosotros, en la Misa, estamos con Jesús, muerte y resucitado y Él nos
lleva adelante, a la vida eterna.

En la Misa nos unimos a Él. Es más, Cristo vive en nosotros y nosotros
vivimos en Él: «Yo estoy crucificado con Cristo – dice San Pablo – y ya
no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la
carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por
mí» (Gal 2,19-20). Así pensaba Pablo.

Su sangre, de hecho, nos libera de la muerte y del miedo a la muerte. Nos libera no sólo del dominio de la muerte física, sino de la muerte espiritual que es el mal, el pecado,
que nos toma cada vez que caemos victimas de nuestro pecado y del de
los demás. Y entonces nuestra se contamina, pierde belleza, pierde
significado, muere.

Cristo en cambio no devuelve la vida; Cristo es la plenitud de la vida, y
cuando ha afrontado la muerte la ha derrotado para siempre:
«Resucitando destruyó la muerte y nos dio vida nueva». La Pascua de
Cristo es la victoria definitiva sobre la muerte, porque Él ha
transformado su muerte en un supremo acto de amor. ¡Murió por amor! Y en
la Eucaristía, Él quiso comunicarnos su amor pascual, victorioso. Si lo
recibimos con fe, también nosotros podemos amar verdaderamente a Dios y
al prójimo, podemos amar como Él nos ha amado, dando la vida.

Si el amor de Cristo está en mí, puedo donarme plenamente al otro, con
la certeza interior que si incluso el otro debiera herirme yo no
moriría; de lo contrario tendría que defenderme. Los mártires han dado
la vida justamente por esta certeza de la victoria de Cristo sobre la
muerte. Sólo si experimentamos este poder de Cristo, el poder de su
amor, somos verdaderamente libres de donarnos sin miedo.

Y esta es la Misa: entrar en esta pasión, muerte, resurrección, ascensión de Jesús. Y cuando vamos a Misa, es como si fuéramos al calvario, lo mismo. Piensen
ustedes: si nosotros vamos al calvario – pensemos con imaginación – en
ese momento, y nosotros sabemos que ese hombre ahí es Jesús. Pero,
¿nosotros nos permitiríamos hablar,  tomar fotografías, hacer un poco de
espectáculo? ¡No! ¡Porque es Jesús! Nosotros seguramente estaríamos en
silencio, en el llanto y también en la alegría de ser salvados. Cuando
nosotros entramos en la iglesia para celebrar la Misa pensemos esto:
entro en el calvario, donde Jesús da su vida por mí. Y así desaparece el
espectáculo, desaparece las habladurías, los comentarios y estas cosas
que nos alejan de esta cosa tan bella que es la Misa, el triunfo de
Jesús.

Pienso que ahora sea más claro como la Pascua se haga presente y obrante
cada vez que celebramos la Misa, es decir, el sentido del memorial. La
participación en la Eucaristía nos hace entrar en el misterio pascual de
Cristo, donándonos pasar con Él de la muerte a la vida, es decir, al
calvario, ahí. La Misa es rehacer el calvario, no es un espectáculo.
Gracias.

ReligiónenLibertad