
El Papa Francisco ya se encuentra en Myanmar, país budista con una pequeñísima minoría católica, en una visita de casi una semana que también le llevará a Bangladés. Los expertos han definido este viaje como uno de los más complicados del Pontífice debido a los problemas internos de la joven democracia birmana con los rohinyás, minoría musulmana, que está siendo perseguida y cuyo caso ha saltado a la esfera internacional.
El cardenal de Rangún, el salesiano Chales Maung Bo, habla de este un tema tan polémico en el país y por qué el Papa no puede, y según el purpurado no debería, nombrar a los rohinyás, en sus discursos. Se lo explica en una entrevista al diario La Nación:
-¿Cómo es el clima en Myanmar de cara a la visita del Papa?
– Los católicos están muy entusiasmados, también otros cristianos.
Musulmanes, hindúes y budistas han colaborado mucho y están muy
contentos también con su visita. Lo único es que hay mucha preocupación por lo que vaya a decir en sus discursos a las autoridades, en la misa y a los jóvenes.
– ¿Por qué la situación con los rohinyás es tan compleja?
– En Myanmar hay 135 grupos étnicos o minorías reconocidos, pero los rohinyás aún no están incluidos en este mosaico y se han convertido en chivos expiatorios de una situación muy intrincada.
– ¿Por qué?
– Los rohinyás tienen una larga historia de migración que se remonta a
200 o 300 años atrás, cuando empezaron a moverse de lo que hoy se llama
Bangladesh a Myanmar. Iban y venían, y ni el gobierno de Myanmar
ni el de Bangladesh les han dado ciudadanía. Ese es el problema. En
cierto sentido, son apátridas. La Iglesia Católica está
tratando de ayudar a que tengan sus derechos, así como ayuda a otros
grupos étnicos, como los kachin, los kayahs y los karen.

– ¿Por qué el término rohinyás está prohibido y tampoco el Papa podrá pronunciarlo?
– Se trata de una palabra controvertida. Denota que la persona proviene del estado de Rakhine.
El gobierno ha prohibido el uso del término y también se lo pidió a la
comunidad internacional, porque considera que nunca hubo rohinyás en la
historia de Myanmar, sino que fue un grupo llevado como mano de obra
barata al estado de Rakhine por el Reino Unido, durante el período
colonial. Si el Papa mencionara la palabra prohibida generaría mucha
tensión.
– ¿Por qué los rohinyás son tan mal vistos en Myanmar?
– La islamofobia es muy fuerte. Algunos budistas extremistas advierten
la islamización de Indonesia, Bangladesh y Malasia. En el estado de
Rakhine hay musulmanes (rohinyás) y budistas, y los rohinyás han aumentado muchísimo en comparación con los budistas, que temen que reclamen un Estado independiente.
El país estuvo gobernado por los militares desde 1961 hasta hace tres años.
El partido de Aung San Suu Kyi, la Liga Nacional para la Democracia,
ganó las elecciones nacionales en noviembre de 2015 y, después de una
transición, asumió en marzo de 2016. Pero la verdad es que los militares
aún mantienen el equilibrio de poder porque la Constitución fue
preparada por ellos. No sólo controlan el 25% de las bancas del
Parlamento, sino también el Ministerio de Defensa, el de Interior y las
fronteras. La situación política es delicada. Aunque desde que asumió
Aung San Suu Kyi ha habido mejoras -hay libertad de prensa, de expresión
y de movimiento, constitucionalmente su administración no tiene poder
sobre los militares, especialmente en relación con la situación de
los rohinyás y la guerra civil en el estado de Kachin.
-¿Puede explicar este tema de los Kachin?
– Los rohinyás han tenido mucha publicidad
internacional en Occidente, pero poco se sabe de la guerra civil con los
kachin, etnia mayoritariamente cristiana que vive en el estado
homónimo, el más septentrional de Myanmar. Esa guerra se remonta a
1940, cuando el país se llamaba todavía Birmania y era colonia
británica. En 1947, el general Aung San Suu Kyi (padre de la actual
consejera de Estado) fue asesinado cuando intentaba promover un sistema
federal. Si bien hubo algo de democracia entre 1948 hasta 1960, todo se
agravó en 1961, cuando el budismo se declaró religión de Estado, lo que
provocó una fuerte resistencia de las minorías étnicas del norte. Cuando
luego los militares tomaron el poder, bloquearon ese movimiento
federalista, centralizaron el gobierno y el control de los recursos
naturales. Así, la guerra civil con la minoría kachin siguió adelante,
tanto por sus derechos como por el control estatal de los recursos de su
tierra, como el jade. También Aung San Suu Kyi quiere un sistema
federal.
– Aung San Suu Kyi ha sido muy cuestionada internacionalmente por su silencio ante la represión de los rohingyas, pero usted la defendió: ¿por qué?
– Porque está atada de manos. Está tratando de estabilizar una democracia frágil, y es nuestra esperanza. Si
se declarara una emergencia, los militares podrían volver. Ella es una
mujer fuerte y de principios, y, pese a las críticas de la comunidad
internacional, Myanmar depende de ella. Se enfrentan grandes desafíos,
como aliviar la pobreza y reforzar la democracia.
– ¿Qué espera de la visita del Papa?
– Que pueda inspirar al país, a Aung San Suu Kyi y a todo el pueblo, para que haya paz y reconciliación.
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