Zemio, una misión que fue símbolo de convivencia y que el obispo Aguirre lucha para resucitar

Juan José Aguirre, misionero comboniano, lleva ya 20 años como obispo en Bangassou. En estos momentos la situación en República Centroafricana es crítica.
El propio Aguirre ha tenido que hacer de escudo humano y refugia en los
terrenos de la catedral a cientos de personas que malviven allí.
Mientras tanto, la violencia no cesa entre los grupos armados musulmanes
y los llamados Anti Balaka. Al final, los más débiles y desprotegidos
son los más perjudicados.

El obispo de Bangassou ha escrito una carta sobre la misión en Zemio,
en la que recuerda que no siempre se ha vivido así. Hasta hace pocos
años, este lugar era un punto de encuentro, concordia y de paz. Todo
aquello se destruyó, generando una desconfianza en las personas
dificilmente reconstruible, pero Aguirre lo quiere intentar. Zemio fue un símbolo y quiere que vuelva a serlo. Esta es la carta firmada por el obispo:

Zemio: 60 años de historia

«Fue una de las primeras misiones de la diócesis de Bangassou, allá por los años 50.
Fue próspera hasta hace 5 años con la llegada de milicianos musulmanes
radicales y jóvenes “libertadores” mal armados y mal encarados que
convirtieron Zemio en un baño de sangre. Teníamos una escuela para 2.100
alumnos, un rebaño de vacas, un proyecto de la Iglesia americana para
la ganadería y la agricultura que nos daba al mismo tiempo luz  e
internet todo el día. La casa de las monjas era una joyita, no sólo se
ocupaban de la escuela, sino que tenían proyectos de corte y costura,
llevaban la Caritas parroquial donde atendían cientos de ancianos,
enfermos de Sida y personas rotas por la dureza de la vida, llevaban las
catequesis, ponían películas en la Iglesia por las noches, hacían pan
para el barrio y estaban muy cerca de los dos curas de la parroquia…

»Con la llegada de los violentos, un plan urdido el 2013 desde fuera de
Centroáfrica para hacer de él un país ingobernable, o dividirlo en dos,
crear el caos y enfrentar musulmanes y no musulmanes para poder robar de
aquí los minerales, ganado, petróleo y toda la riqueza…, el encanto de
la misión se rompió. 25.000 habitantes de Zemio huyeron al Congo
mientras los violentos de un lado y de otro quemaban sus casas, sus
graneros, sus sueños. Los musulmanes de Zemio, muertos de miedo, se
armaron hasta los dientes y con este gesto el resto de la población huyó
a la misión. Pasaron penurias y vejaciones durmiendo en la veranda,
extendiendo sus coloridos paños en el suelo mientras veían a lo lejos
sus casas arder. Robaron sus cosechas y la escuela cerró. Quemaron el
hospital y quedaron a expensas de las pocas medicinas que aún quedaban
en casa de los padres hasta que también éstas se acabaron. La escuela
cerró. La casa de las monjas fue saqueada y ellas volvieron,
impotentes al Perú. Zemio se convirtió en una ciudad fantasma. Los dos
grupos armados eran peligrosos como víboras
. Por cualquier cosa
saltaban chispas en forma de tiros y la población civil pagaba los
platos rotos. Dos víboras en la misma casa, es para estar siempre
atentos, sobre todo durante la noche. Extenuados y en estado de
shock, delgados como palillos, sacamos a los padres de Zemio y los
llevamos a la capital para un curso para destraumatizar.
Habían
enterrado decenas de cadáveres en fosas comunes y dormido en medio de
una multitud aterrorizada durante meses. Dijeron a la gente de huir al
Congo y la misión quedó vacía, silenciosa, acosada por los bandidos que
se servían a sus anchas.

»En el mes de diciembre 2017 les pregunté si se sentían con
ánimos de volver, de celebrar la Navidad allí, de volver a juntar a la
gente aunque las dos víboras siguiesen trajinando por la casa e
inventando maldades
. Aceptaron. Les ayudaron a empezar y ellos
juntaron a los que quisieron volver del Congo para vivir cerca de la
misión porque el barrio católico, largo 4 kilómetros estaba
completamente quemado. Empezaron la escuela y llamaron a niños
musulmanes y no musulmanes para que convivieran juntos en la escuela.
Era el principio de la cohesión social. Lograron que los niños
musulmanes dejaran sus cuchillos en casa y que los profesores empezaran
sus clases distendidos y animosos. Luego un proyecto alemán (ACN) les
pagó las pajas del techo de las casas y aquellos que han querido volver,
reciben la paja gratis si se construyen ellos mismos la casa.

»Estoy visitando Zemio. La gente me ha recibido con mucha
alegría y durante 10 días he rezado y hablado con todos los grupos
parroquiales, autoridades, imanes y militares.
Se duerme bien
con tanto calor humano pero hay ruido de sables y la gente mira de reojo
a su espalda por si acaso. Con esa tensión, se va viviendo, pero es un
vivir sin vivir, la esperanza puesta solamente en Aquel que nos
sostiene».

Mons. Juan José Aguirre

Obispo de Bangassou

ReligiónenLibertad