XXV Domingo del Tiempo Ordinario

CITA

Quien ama el dinero no se harta de él” (Ecl 5,9)

Encender una vela a Dios y otra al diablo”

«La vida a nadie se le da en propiedad,

sino a todos en administración»

(Séneca).

Autor del siglo IV “Examínate, pues, y mira si no te retienen todavía las preocupaciones terrenas, o el desmedido afán del sustento y del vestido corporal, o bien otros intereses y el confort, como si tú fueras capaz de proveerte por ti mismo de lo que se te ha ordenado no preocuparte en absoluto, es decir, de tu vida. Pues si estás convencido de poder conseguir los bienes inmortales, eternos, permanentes y carentes de envidia, mucho más convencido has de estar de que el Señor te otorgará estos bienes caducos y terrenos, que él concede incluso a los hombres impíos y hasta a los mismos pájaros, habiéndote él mismo enseñado a no preocuparte lo más mínimo de estas cosas”. Homilía 48,1-6: PG 34, 807-811

S. Agustín «De la envidia nacen el odio, la maledicencia, la calumnia, la alegría causada por el mal del prójimo y la tristeza causada por su prosperidad».

Los pobres, decía San Agustín, son, si lo deseamos, nuestros correos y porteadores: nos permiten transferir, desde ahora, nuestros bienes en la morada que se está construyendo para nosotros en el más allá. (Tomadode Rainiero Cantalamessa)

S. Gregorio de Niza «La promesa de ver a Dios supera toda felicidad. En la Escritura, ver es poseer. El que ve a Dios obtiene todos los bienes que se pueden concebir».

Padre Pio de Pietrelcina “Meditad en la palabra de Dios y ella adquirirá el poder de destruir vuestras naturales inclinaciones hacia lo material.”

Madre Teresa de Calcuta “La pobreza, el desprendimiento de todo lo que nos ata y nos aleja de Dios, sea o no material, nos deja “vacíos”, para que Dios puede entrar plenamente en nuestro corazón.”

Santa Teresa de Jesús “En el desprendimiento está todo si es total y verdadero. ¿Por qué está todo en el desprendimiento? Porque el desprendimiento es dejar todo para abrazarse a Dios. Es entregarse totalmente a él sin dividirse en partes.”

Santa Gema Galgani “No os daré paz – decía a sus pasiones – hasta tanto no os vea muertas.”

Juan Pablo II “Esta tierra pertenece a Dios, pero ha sido dada al conjunto de los hombres. Dios no quiere el despilfarro de los unos y el hambre de los otros, la abundancia de unos porque su suelo es generoso, y el despojamiento de los otros porque no tienen esta suerte. No tiene que haber privilegios para los ricos y los fuertes, e injusticia para los pobres y los minusválidos. Todos son iguales en dignidad”.

Benedicto XVI, Parafraseando una reflexión de san Agustín, podríamos decir que por medio de las riquezas terrenas debemos conseguir las verdaderas y eternas. En efecto, si existen personas dispuestas a todo tipo de injusticias con tal de obtener un bienestar material siempre aleatorio, ¡cuánto más nosotros, los cristianos, deberíamos preocuparnos de proveer a nuestra felicidad eterna con los bienes de esta tierra!… Ahora bien, la única manera de hacer que fructifiquen para la eternidad nuestras cualidades y capacidades personales, así como las riquezas que poseemos, es compartirlas con nuestros hermanos (cf. Discursos 359, 10).Homilía (23-09-2007)

Papa Francisco: “Animaos a no sucumbir a la tentación de un modelo económico idólatra que siente la necesidad de sacrificar vidas humanas en el altar de la especulación y la mera rentabilidad, que sólo toma en cuenta el beneficio inmediato en detrimento de la protección de los más pobres, de nuestro medio ambiente y sus recursos”. (Del discurso a las autoridades en el viaje a Islas Mauricio, 9 septiembre 2019)

J. A. Pagola “La felicidad no es algo que se alcanza poseyendo cosas, sino algo que comenzamos a intuir y experimentar cuando nuestro corazón se va liberando de tantas ataduras y esclavitudes”.

l. M. Mardones «De la satisfacción de necesidades hemos pasado a la insaciabilidad de las necesidades».

San Alberto Hurtado “Ojalá que todo el que posee fortuna se recogiera con frecuencia a hacer esta sencilla reflexión: ¿Qué pensaría yo si me encontrara un día sirviente, inquilino, trabajador de un patrón igual a mí? ¿Qué bulliría en mi mente? ¿Qué aspiraciones querría ver satisfechas?… Es bien difícil que haya muchos que se resuelvan a poner en práctica este consejo, pues, nada hay más difícil que ahondar en la propia conciencia. La sinceridad es una virtud muy difícil; pero si, al menos uno, se resolviera a pensar y a obrar conforme a las luces de su reflexión ¡cuánto bien hubiera hecho!” (Humanismo social, en Obras Completas, Fundación Padre Hurtado, Santiago de Chile, tomo II, p. 303-305; 309-312)

Keynes, “No debe buscarse el enriquecimiento en el futuro a costa de la indigencia de los pobres en el presente”

“Avaricia es vivir en la pobreza por miedo a la pobreza.”  – S. Bernardo

“Compra solo lo necesario, no lo conveniente. Lo innecesario, aunque cueste solo un céntimo, es caro.”  – Seneca

“Cuando hay dinero por medio es muy difícil la libertad.” – Gonzalo Torrente Ballester

” Cuando no se tiene dinero, siempre se piensa en él. Cuando el dinero se tiene, solo se piensa en él.” – Jean Paul Getty

” El banquero es un señor que nos presta el paraguas cuando hace sol y nos lo exige cuando empieza a llover.” –  Mark Twain

” El desorden almuerza con la abundancia, come con la pobreza, cena con la misericordia y va a acostarse con la muerte.” – Benjamín Franklin

” El dinero no da la felicidad, pero la felicidad tampoco da dinero.” –  Anónimo

” El pobre carece de muchas cosas; pero el avaro, carece de todo. ” – Lucio Anneo Seneca

” El que da no debe volver a acordarse; pero el que recibe, nunca debe olvidar.” – Anónimo

” El que nace pobre y feo tiene grandes posibilidades de que al crecer se le desarrollen ambas condiciones.” – Anónimo

“El verdadero medio de ganar mucho consiste en no querer ganar demasiado.” –  Fenelón

“Estar contentos con lo que poseemos es la más segura y mejor de las riquezas.” –  Marco Tulio Cicerón

“Gasta siempre una moneda menos de lo que ganes.” –  Anónimo

“Hay un mundo mejor, pero es carísimo.” –  Anónimo

“Las espléndidas fortunas, cual acontece con los vientos impetuosos, producen grandes naufragios.” –  Plutarco

“Lo mucho se vuelve poco con desear otro poco más.” –  Francisco de Quevedo

“Los avaros son comparables a las abejas; trabajan como si fueran a vivir eternamente.”  Demócrito

“Merece salir engañado el que al hacer un beneficio cuenta con la recompensa.” –  Seneca

“No aspires jamás a la vanidad de ser rico, contribuirías a que hubiese pobres.” –  Pitágoras

“No estimamos un bien cuando su posesión no despierta envidia. ” – Petronio

“No solo es ciega la fortuna, sino que frecuentemente vuelve ciegos a los que abraza.” – Marco Tulio Cicerón

“Si quieres destruir la avaricia, debes destruir el lujo, que es su padre.” – Marco Tulio Cicerón

“Todos somos niños, nos diferencia el precio de los juguetes.” –  Pedro Ruiz

CONTO

EL CÍRCULO DEL 99

Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente muy feliz. Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando alegres canciones de juglares. Una sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre. Un día el rey lo mandó a llamar. Paje -le dijo- ¿Cuál es el secreto?¿Qué secreto, Majestad?¿Cuál es el secreto de tu alegría? ¡No hay ningún secreto, Alteza!. No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.

No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto. ¿Por qué está siempre alegre y feliz? ¿Por qué? Majestad, no tengo razones para estar triste. Amo a Dios sobre todo, su Alteza me honra permitiéndome atenderlo, tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no estar feliz? Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar, dijo el rey-. Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado!!!! Pero, Majestad, no hay otro secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando…Vete, ¡Vete antes de que llame al verdugo!

El sirviente sonrió un poco asustado, hizo una reverencia y salió de la habitación. El rey estaba como loco. No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana. ¿Por qué él es feliz? Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo..¿Fuera del círculo? Así es. ¿Y eso es lo que lo hace feliz? No Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.

-A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.

-Así es.

-¿Y cómo salió?

-Nunca entró

-¿Qué circulo es ese?

-El círculo del 99.

-Verdaderamente, no te entiendo nada.

-La única manera para que entendiera, sería mostrártelo en los hechos.

-¿Cómo?

-Haciendo entrar a tu paje en el círculo.

-Eso, obliguémoslo a entrar.

-No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.

-Entonces habrá que engañarlo.

-No hace falta, Su Majestad.

-Si le damos la oportunidad, él entrará solito, solito. Son pocos los hombres tan grandes que sean capaces de resistir.

-¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?

-No, al contrario. Pensará que es su fortuna.

-Y después, cuando se sienta infeliz, ¿no podrá salir?

-Si podría, pero muy pocos hombres son capaces de lograrlo. Les llamamos “santos”.

-Que esperas, hagamos la prueba.

-Majestad, ¿Está dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?

-Sí

-Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. ¡99!

-¿Qué más? ¿Llevo los guardias por si acaso? Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.

-Hasta la noche.

Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía: “Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie cómo lo encontraste.”Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse. Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas matas lo que sucedía. El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados de la puerta, y se arrimaron a la ventana para ver la escena.

El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa y dejado sólo la vela. Se había sentado y había vaciado el contenido de la bolsa sobre la mesa. Sus ojos no podían creer lo que veían, ¡Era una montaña de monedas de oro! Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenía hoy una montaña de ellas para él. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas. Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas. Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis y mientras sumaba 10, 20,30, 40, 50, 60 hasta que formó la última pila: ¡¡¡9 monedas!!! Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa. “No puede ser”, pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja. ¡Me robaron -gritó- me robaron, malditos!!Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro “sólo 99”. “99 monedas. Es mucho dinero”, pensó. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo, pensaba- Cien es un número completo, pero noventa y nueve, no.

El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que se asomaban los dientes. El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguno de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña. Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?. Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario. “Doce años es mucho tiempo”, pensó. Quizás pudiera decirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello. Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. ¡¡¡Era demasiado tiempo!!! Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender…. vender…. Vender…. estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno? ¿Para qué más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien. El rey y el sabio, volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del 99… Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando y amargado. ¿Qué te pasa?- preguntó el rey de buen modo. Nada me pasa, nada me pasa.

Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo. Hago mi trabajo, ¿No? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también? No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje del círculo del 99.

Tomado de www.corazones.org

Don Víctor nació en una familia humilde, pero poco a poco, con mucho esfuerzo y astucia, se convirtió en el rico más rico de todos los ricos.

Él sabía que todo lo podía conseguir con dinero. Si quería construir en un sitio que era ilegal le llevaba un maletín lleno de billetes al político de turno y le daban todos los permisos de construcción. Si quería casarse en su finca de La Romana le daba un sobrecito de dinero al sacerdote para que se lo “repartiera a los pobres”. Si quería adueñarse de algún terreno para sembrar y seguir haciéndose más rico daba un “dinerito” a los pequeños propietarios y los sacaba de sus campos. Si su hijo reprobaba alguna materia en la escuela, hablaba con la profesora y le ponía un sobre con billetitos en la mesa para que su hijo llegara al menos a 70…

Y siempre le funcionaba, nadie se le resistía.

Pero un buen día, a la edad de 67 años, Don Víctor se murió (recuerden, queridos lectores, que los ricos también se mueren).

Al llegar al cielo, vio la enorme fila que había para entrar, y se puso a dar un billetito a cada uno para él ponerse más adelante. Y lo consiguió. En 5 minutos, estaba cara a cara con Dios.

El Altísimo le preguntó: “¿qué te trae por aquí, Don Víctor?”

Y Don Víctor respondió: “Ya tú sabes, Señor, me morí. Y ahora quiero ser tu amigo y entrar al cielo. Toma unos billetitos y resolvemos”.

A continuación dos ángeles se pusieron a soplar y a soplar hasta que todos los billetes que llevaba Don Víctor volaron.

Tomado de www.elcuentodecadadomingo

Había una vez un hombre que emprendió un viaje por mar con una gran bolsa de monedas de oro. La bolsa representaba todo su patrimonio neto. Se desató una terrible tormenta y llegó la orden de que todos abandonaran el barco. El hombre se ató el oro a la cintura, saltó por la borda y se hundió en el fondo del mar. Mientras se hundía, ¿tenía el oro? ¿O el oro lo tenía?

El rey Midas es recordado por su poder de convertir en oro todo lo que tocaba. Según la leyenda, el rey Midas murió de hambre como resultado de su vana oración por el toque de oro.

Tomado de P. Félix Jiménez

Jesús cerró el periódico y miró al grupo:

‒ Voy a contaros una historia. Un partido político tenía un administrador que aprovechaba las donaciones para aumentar su cuenta personal en Suiza. Enterado de que sospechaban de su gestión, se dijo: “Me van a echar del partido, incluso es posible que me denuncien. En la oposición no me darán trabajo, los bancos tampoco. ¿Qué puedo hacer? Iré anotando en una libreta todos los datos que puedan inculpar a los jefes del partido, amenazaré con publicarlos en la prensa, y ante el miedo de que se conozcan me dejarán tranquilo. Luego me iré a una isla del Caribe a disfrutar el resto de mi vida.

Se les quedó mirando y les preguntó.

‒ ¿Qué os parece ese administrador?

‒ Que es un…

Pedro se cortó a tiempo, pero era claro lo que seguía.

‒ Depende del partido al que robase ‒ comentó irónico Bartolomé.

‒ Eso lo hacen casi todos ‒ opinó Tomás.

‒ ¿Alguien está a favor del administrador?

Ninguno parecía de acuerdo y Jesús continuó.

‒ Voy a contaros ahora otra historia, pero esta vez de un terrateniente. Un hombre rico tenía un administrador, y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: “¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.” El administrador se puso a echar sus cálculos: “¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa.” Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: “¿Cuánto debes a mi amo?” Éste respondió: “Cien barriles de aceite.” Él le dijo: “Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta. Luego dijo a otro: “Y tú, ¿cuánto debes?” Él contestó: “Cien fanegas de trigo.” Le dijo: “Aquí está tu recibo, escribe ochenta.”

Jesús hizo una pausa y les preguntó:

‒ ¿Sabéis cuál fue la reacción del terrateniente?

‒ Lo denunció para que lo metieran en la cárcel. Los ricos son unos…

‒ Te equivocas, Felipe. Alabó lo astuto que había sido.

Felipe lo miró incrédulo.

‒ ¿Y a ti te parece bien?

‒ Me parece estupendamente. Es un ejemplo para todos.

Pedro se rascó la cabeza y comentó escéptico.

‒ ¿Quieres que nos dediquemos a robar?

‒ Quiero que os dediquéis a utilizar el dinero con astucia. ¿Por qué hizo el administrador esas trampas? ¿Qué pretendía?

‒ Encontrar trabajo cuando lo echaran ‒ sugirió Sara.

‒ Algo parecido ‒ respondió Jesús‒. Cuando os conté la historia usé una expresión distinta: lo que quiere es que alguien me reciba en su casa. ¿Os dais cuenta de por dónde voy?

‒ No.

Jesús suspiró hondo. No acababa de acostumbrarse a la poca inteligencia de sus discípulos.

‒ Vosotros sois como el administrador. Más pronto o más tarde, tendréis que dar cuenta de cómo habéis administrado el dinero.

‒ El dinero, no. Nuestro dinero ‒ se atrevió a corregir Leví.

‒ Vuestro dinero, no. El dinero de Dios. Todo lo que tenemos es de Dios, y nos lo confía para que lo administremos. Podemos derrocharlo alegremente, y nos pedirá cuentas por ello. Y podemos darlo a otros, como el administrador del terrateniente, y nos ganaremos amigos que nos paguen un viaje al Caribe.

‒ El Caribe es el cielo, ¿verdad? ‒ bromeó María.

‒ Efectivamente. Y para pagar ese viaje no se puede ahorrar. Al contrario, hay que gastarse el dinero entregándolo al que lo necesita.

‒ Yo prefiero pagarme el viaje por mi cuenta.

‒ Imposible. Son otros los que tienen que pagar por ti.

‒ Lo que yo no entiendo ‒cortó Felipe‒ es eso de que el dinero no es mío. La panadería le costó a mi padre muchos años de trabajo y sacrificio.

‒ La panadería de tu padre, la furgoneta de Judas, todo, son cosas pequeñas, sin valor. Lo verdaderamente valioso es disfrutar de una habitación en el hotel del Caribe. Pero si no administras bien los bienes que te encomiendan en esta vida, no se fiarán de ti, y no te permitirán entrar en el hotel.

Pedro se acarició la barba.

‒ Muy complicado todo eso, maestro.

‒ ¿Es que no lo entiendes, o que no quieres entenderlo?

Tomado de José Luis Sicre

ANÉCDOTA

POR UNA PESETA

Hace años un predicador se mudó para Houston, Texas. Poco después, se montó en un autobús para ir al centro de la ciudad. Al sentarse, descubrió que el chofer le había dado una peseta de más en el cambio.

Mientras consideraba que hacer, pensó para si mismo, “Ah, olvídalo, es solo una peseta. ¿Quien se va a preocupar por tan poca cantidad? De todas formas la compañía de autobús recibe mucho de las tarifas y no la echarán de menos. Acéptalo como un regalo de Dios.” Pero cuando llegó a su parada, se detuvo y, pensando de nuevo, decidió darle la peseta al conductor diciéndole, “Tome, usted me dio esta peseta de más.”

El conductor, con una sonrisa le respondió, “Se que eres el nuevo predicador del pueblo. He pensando regresar a la iglesia y quería ver que usted haría si yo le daba demasiado cambio”

Se bajó el predicador sacudido por dentro y dijo: “Oh Dios, por poco vendo a Tu Hijo por una peseta.”

Nuestras vidas serán la única Biblia que algunos jamás leerán.

Tomado de www.corazones.org

EL DIOS DINERO

“Antes de afiliarme a la iglesia Metodista estudié la vida de John Wesley, fundador de esta denominación religiosa.

John Wesley en su primer año de profesor de la Universidad de Oxford ganaba 30 Libras, un buen sueldo en el año 1700.

Para vivir necesitaba 28 Libras, las dos que le sobraban las daba a los pobres.

Su sueldo aumentaba cada año, pero sus gastos seguían siendo los mismos, 28 Libras.

Así cuando ganaba 60, daba 32.

Cuando le subieron el sueldo a 90, daba 62.

Cuando ganó 120, 90 eran para los necesitados.

Cuando llegó a ganar 1400, se desprendió de 1372.

Hizo esto durante toda su vida. Esto me impresionó. He aquí un hombre que vivía su fe.

Testimonio de Dorothy Okray.

En nuestros días los filántropos Warren Buffet y Bill Gates en su afán por incrementar las donaciones para la caridad predican los mismos principios: “Decidan no lo que pueden dar sino lo que necesitan para vivir y luego den todo lo demás”.

Tomado de P. Félix Jiménez

FIEL EN LO POCO

Un muchacho era diligente y fervoroso; hacía sus cosas espirituales con esmero y aspiraba a gran perfección. De pronto un día la edad, la pasión, los malos amigos le pervirtieron; abandonó sus prácticas de piedad y se hizo un libertino.

Al cabo de un tiempo en unos ejercicios espirituales abrió los ojos de nuevo y trató de volver al camino de antaño, pero el camino estaba tan enmarañado y dificultoso que no sabía por dónde comenzar. Ya desesperaba y trataba de dejar definitivamente la virtud cuando se le ocurrió ir a consultar a un sacerdote viejo y experimentado que le dijo:

– ¡Mira! Yo conocí a un hombre que tenía un hijo al que mandó un día a limpiar una heredad que estaba llena de malezas y de abrojos. Llegó a ella el hijo y viéndola así se desanimó, se echó a dormir y se pasaba un día y otro sin hacer nada.

El padre al enterarse le llamó y le dijo:

– Hijo, si miras en conjunto toda la heredad, no es extraño que te desanimes, no mires todo lo que tienes que trabajar de una vez: trabaja cada día un poco un metro, dos metros, y al cabo de un tiempo tendrás limpia la heredad entera.

Así lo hizo y el hijo triunfó al fin con el trabajo. ¿Por qué no haces tú lo mismo? –Le dijo el viejo sacerdote-. Limpia cada día un poco, y pronto tendrás limpia toda tu conciencia.

(ROMERO, F., Recursos Oratorios, Tomo II, Ed Sal Terrae, p. 176)

El Senador Huey Long estaba haciendo campaña en el sur de Luisiana y un político local lo llamó aparte y le recordó que hablaría con muchos votantes católicos. Los domingos por la mañana, engancha el caballo de la familia a la calesa y lleva a sus abuelos católicos a misa. Después de traerlos a casa, daba la vuelta y llevaba a sus abuelos bautistas a la iglesia.

Al final del día, el político local felicitó a Huey y expresó su sorpresa al saber que tenía abuelos católicos, a lo que Huey Long respondió: “No seas tonto. Ni siquiera teníamos un caballo”.

Tomado de P. Félix Jiménez

Mohandas K. Gandhi, llamado Mahatma, alma grande, por Rabindranath Tagore, hombre frágil y enjuto que encarnó durante medio siglo la santidad de la acción política a través de su doctrina de la no-violencia, logrando que los ingleses se retiraran de la India no como enemigos sino estrechándoles la mano. Su vida consistió en la búsqueda de la verdad y se vertió en compasión por los más pobres. “Mi mensaje es mi mensaje”, dijo en una ocasión”.

Tomado de Vicente Martínez

Mohamed Yunus, premio Nóbel de la Paz 23006, llamado “El banquero de los pobres”, ha declarado que “la paz está amenazada por la injusticia del sistema económico, social y político, por la ausencia de democracia y por las violaciones de los derechos humanos. Se puede decir más alto, pero no más claro: la paz se consigue combatiendo la pobreza y favoreciendo la justicia. El sí ha tenido imaginación. Es el fundador del Banco Grameen, que se dedica a dar micro-créditos a los bangladesís más pobres, aquellos que no pueden acceder a ningún tipo de crédito, pues carecen de todo. No se les pide ningún aval, como hacen los demás bancos y la restitución del crédito es cuestión de un código de honor, según palabras del propio Yunus. Estos microcréditos permiten el autoempleo y aliviar su situación de miseria. Es una manera de luchar contra la pobreza de manera efectiva y más allá de las buenas palabras. También fue claro al decir que la pobreza existe porque queremos que exista, pues hacemos muy poco por combatirla. Y puso el ejemplo de que, si el hombre quiso llegar a la luna y lo consiguió, seguro que acabaría con la pobreza si se lo propusiera. Es una pena que para algunas cosas pongamos todo nuestro empeño, pero para otras seamos tan perezosos…. Y es que la solidaridad comienza en nuestra cabeza y en nuestro corazón. Por lo menos, no colaboremos a la injusticia. Es sangrante ver cómo muchos de los que nos llamamos cristianos “regateamos” a la hora de pagar un salario justo a las personas que cuidan de nuestros mayores o realizan servicios que nosotros no queremos realizar. Jesús nos invita a ser honrado en lo menudo, en nuestros pequeños asuntos. Construir un mundo más justo no es un sueño imposible. Comenzar a soñar es comenzar a cambiar.

Tomado de José María Martín OSA

CHISTE

Érase una vez un hombre muy rico que rezaba todos los días con su familia para que Dios solucionara los problemas de sus amigos misioneros. Un día cuando terminó su oración con un gran Amén su hijo más pequeño le dijo: “Papá, me gusta tu oración por los misioneros”. El padre satisfecho le dijo: Hijo, me agrada mucho que te guste”. Y el muchacho le replicó: Si yo fuera dueño del dinero que tienes en el banco yo ya habría respondido a la mitad de tus oraciones.

Tomado de P. Félix Jiménez

Se encuentran un cura inglés, un cura francés y un cura argentino, dando cada uno su opinión de cómo repartir las limosnas de los feligreses.

El ingles propone:

– Trazamos un círculo en el suelo, tiramos las monedas al aire, las que caigan dentro, se las ofrecemos a Dios, y las otras para la parroquia.

El francés no está de acuerdo con el inglés y dice:

– ¡Ah!, no,no, escuchar, yo propongo trazar una línea recta en el suelo, tirar las monedas al aire, las que caigan a la derecha se las ofrecemos a Dios, y las otras, para la parroquia.

El argentino desaprueba las propuestas del inglés y del francés y dice:

– NO,no, mejor tiramos las monedas al aire, ¡Las que agarre Dios para él! ¡Y LAS OTRAS PARA LA PARROQUIA!.

ORACIÓN

QUIERO SER ASTUTO, SEÑOR

Y codiciar, con la inteligencia que Tú me has dado,

lo que será de mi vida en un futuro en el cielo

Y trabajar, con los recursos que Tú me has enriquecido,

los bienes que dispongo en la tierra

Y brindar al servicio de los demás, con la caridad,

lo que en generoso servicio quedará grabado en la eternidad

Y borrar de mi memoria, para que sólo quede en la tuya,

detalles y manos abiertas con aquellos que llamaron a mi puerta

Y apartar, con visión de futuro, con la presencia del Espíritu

lo que, ante Ti, vale poco o nada

Y pensar, con visión de futuro, con la presencia del Espíritu

lo que, ante Ti, es capital de eternidad

QUIERO SER ASTUTO, SEÑOR

Con tus cosas para nunca perderlas

Con tu fortuna para no malograrla

Con tu Palabra para no olvidarla

Con tu presencia para no vivir de espaldas a ella

Con tu voz para poder escucharla

Con tu soplo para dejarme empujar por él

QUIERO SER ASTUTO, SEÑOR

Para que nadie me aparte de Ti

Para que no me deslumbre ni el oro ni el dinero

Para que no te haga nunca de menos

Para que guarde lo que merezca la pena

Para que no extorsione ni oprima a nadie

QUIERO SER ASTUTO, SEÑOR

Pero, eso sí –Señor—astuto a lo divino

Amén.

Tomado de www.betania.es

CANTO

¡Alaben al Señor, que alza al pobre! (Salmo 112) | Athenas

no hay amor mas grande colegio mayor kentenich

Una Mano MIGUELI

Delegación para el Clero de Santiago de Compostela