XXIII Domingo del Tiempo Ordinario “Effetá”

CITA

San Lorenzo de Brindis “Todo lo ha hecho bien. La ley dice que Dios todo lo hizo bueno; el evangelio, en cambio, dice que todo lo ha hecho bien: hacer las cosas buenas y hacer las cosas bien no son conceptos inmediatamente convertibles. Muchos hacen cosas buenas, pero no las hacen bien: tales las obras de los hipócritas, ciertamente buenas, pero realizadas con mal ánimo y con perversa y torcida intención; Dios, al contrario, todas sus obras las ha hecho buenas y bien: El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones. Todo lo hiciste con sabiduría, esto es, sapientísima y óptimamente; por eso dicen: Todo lo ha hecho bien”. Homilía 1 en el domingo XI de Pentecostés, 1. 9. 11. 12: Opera omnia, t. 8, 124. 134. 136-138

Juan Taulero “Y el Verbo habla sin cesar al hombre…Pero el hombre no puede escuchar ni entender todo lo que se le dice, a causa de la sordera de la que está afectado. Pero viene Nuestro Señor: mete su dedo sagrado en la oreja el hombre, y la saliva en su lengua, y el hombre encuentra de nuevo la palabra”. Sermón: ¿De dónde nos viene la sordera? Sermón 49

Benedicto XVI “Debemos preguntarnos: ¿no habrá sucedido que los cristianos nos hemos quedado demasiado mudos? ¿No nos falta la valentía para hablar y dar testimonio como hicieron los que fueron testigos de la curación del sordomudo en la Decápolis?” Homilía (25-01-2007)

Papa Francisco “En el Bautismo, están el gesto y la palabra de Jesús: “¡Effatá!-¡Ábrete!” Y el milagro se cumplió: en el Bautismo hemos sido curados de la sordera del egoísmo y del mutismo de la cerrazón y del pecado y hemos sido incorporados a la gran familia de la Iglesia; podemos escuchar a Dios que nos habla y comunicar su Palabra a cuantos no la han escuchado nunca o a quien la ha olvidado y sepultado bajo las espinas de las preocupaciones y de los engaños del mundo”. Angelus 2015

Agustín de Hipona, Las Confesiones

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva,

tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera,

y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era,

me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste.

Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.

Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que,

si no estuviesen en ti, no existirían.

Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera;

brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera;

exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo;

gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti;

me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti.

San Agustín: “si amáis a Dios, atraed para que le amen a todos los que se juntan con vosotros y a todos los que viven en vuestra casa. Si amáis el Cuerpo de Cristo, que es la unidad de la Iglesia, impeled a todos para que gocen de Dios y decidles con David: Engrandeced conmigo al Señor y alabemos todos a una su santo nombre (Prov 21, 28); y en esto no seáis cortos ni encogidos, sino ganad para Dios a cuantos pudiereis con todos los medios posibles, según vuestra capacidad, exhortándolos, sobrellevándolos, rogándolos, disputando con ellos y dándoles razón de las cosas que pertenecen a la fe con toda mansedumbre y suavidad” Comentarios a los Salmos, 33, 6-7.

S. Josemaría Escrivá “Existe una sordera del alma peor que la del cuerpo, pues no hay peor sordo que el que no quiere oír. Son muchos los que tienen los oídos cerrados a la Palabra de Dios, y muchos también quienes se van endureciendo más y más ante las innumerables llamadas de la gracia. El apostolado paciente, tenaz, lleno de comprensión, acompañado de la oración, hará que muchos amigos nuestros oigan la voz de Dios y se conviertan en nuevos apóstoles que la pregonen por todas partes. Ésta es una de las misiones que recibimos en el Bautismo” HABLAR CON DIOS Oír a Dios y hablar de Él.

REFRÁN

“No hay peor sordo que el que no quiere oir”

“La mejor palabra siempre es la que queda por decir”

CONTO

Un viejo fraile salió de viaje llevando consigo un asno, un gallo y una lámpara. Al llegar a una aldea bien entrada la noche, no halló posada y los vecinos le negaron albergue. Él se consoló diciendo:

—Todo lo que hace Dios es para nuestro bien.

Tomó entonces la determinación de pasar la noche al raso en el bosque. Encendió la lámpara a fin de alumbrarse, pero el viento la apagó en seguida.

—Todo lo que hace Dios es para nuestro bien —dijo resignadamente.

Durante la noche, las bestias salvajes devoraron al asno y al gallo.

El fraile volvió a repetir:

—Todo lo que hace Dios es para nuestro bien.

A la mañana siguiente, un leñador que pasaba por allí le dio al fraile la noticia de que un destacamento de soldados alemanes, formado por varias compañías completas, había atacado la aldea y cruzado el bosque esa noche. El fraile comprendió inmediatamente que si la lámpara hubiera estado encendida o si el asno hubiera rebuznado o el gallo cantado en la madrugada, los soldados se habrían alarmado, se habrían dirigido hacia allí y le habrían matado con toda seguridad. Dios había cuidado de que las cosas salieran como salieron, para bien del buen fraile.

—Todo lo que hace Dios es para nuestro bien, dijo entonces éste una vez más.

CANTO

EFFETA

¡Alaba al Señor, alma mía! (Salmo 145) | Athenas & Tobías Buteler

Delegación para el Clero de Santiago de Compostela