XXII Domingo del Tiempo Ordinario

CITA

Menos es más”

Dios creó el mundo y se retiró. La gallina pone un huevo y anda cacareando media mañana”

«Lo curioso de la humildad es que una vez que te enteras que la tienes, ¡la vuelves a perder!».

«Nadie es buen juez en su propia causa»

Humildad viene de humus, no de humos

Estar con los últimos es ser de los primeros

Para ser grande, primero hay que aprender a ser pequeño.

El soberbio busca agradarse a sí mismo, incluso a costa de Dios, mientras que el humilde busca agradar a Dios, incluso a costa de sí mismo”.

«¿Qué tienes que no hayas recibido? Y, si lo has recibido, ¿a qué gloriarte como si no lo hubieras recibido?»

(1 Co 4, 7).

Orgullo y prejuicio serán causa en el Juicio”

S.Son

« ¡Humillarse es ensalzarse!»

S.Son

Regla de los Esenios del Qumran: “Que ninguna persona afectada de una tara humana entre en la asamblea de Dios.”

Aristóteles ¿Cuál es la esencia de la vida? Servir a otros y hacer el bien

San Ignacio de Antioquía: Mis pensamientos en Dios son muy elevados, pero me pongo a raya a mí mismo, no sea que perezca por mi vanagloria. Pues ahora sobre todo tengo motivos para temer y me es necesario no prestar oído a quienes podrían tentarme de orgullo Porque cuantos me alaban en realidad me dañan Es cierto que deseo sufrir el martirio, pero ignoro si soy digno de él (Carta a los Tralianos).

S. Basilio, Existe un «orgullo» laudable que consiste en que el alma se haga magnánima, elevándose en la virtud. Tal elevación consiste en dominar las tristezas y en soportar las tribulaciones con noble fortaleza; también en el menosprecio de las cosas terrenas y en el aprecio de las del cielo. Esta grandeza de alma se diferencia de la arrogancia que nace del orgullo, como se diferencia la fortaleza de un cuerpo sano de la obesidad del que está hidrópico (en Catena Aurea, vol. VI, p. 303).

San Ambrosio «Tu hombre, no te atrevías a levantar tu cara hacia el cielo, tu bajabas los ojos hacia la tierra, y de repente has recibido la gracia de Cristo: todos tus pecados te han sido perdonados… Pero no reclames ningún privilegio. No es Padre, de manera especial, más que de Cristo, mientras que a nosotros nos ha creado» (Catecismo 2783).

San Gregorio Nacianceno: «¿Quién te ha dado las lluvias, la agricultura, los alimentos, las artes, las casas, las leyes, la sociedad, una vida grata y humana, así como la amistad y familiaridad con aquellos con quienes te une un verdadero parentesco? (…) ¿Acaso no ha sido Dios, el mismo que ahora solicita tu benignidad, por encima de todas las cosas y en lugar de todas ellas? ¿No habríamos de avergonzarnos, nosotros, que tantos y tan grandes beneficios hemos recibido o esperamos de Él, si ni siquiera le pagáramos con esto, con nuestra benignidad? Y si Él, que es Dios y Señor, no tiene a menos llamarse nuestro Padre, ¿vamos nosotros a renegar de nuestros hermanos? No consintamos, hermanos y amigos míos, en administrar de mala manera lo que, por don divino, se nos ha concedido» (De pauperum amore 23-24).

S. Agustín, «Nuestra fortaleza estriba en conocer nuestra debilidad y confesar con humildad nuestra flaqueza».( De gratia Christi, c. XII)

Aprended a ser pobres y necesitados, lo mismo si poseeis algo en este mundo que si no poseeis nada. Porque se encuentran mendigos repletos de orgullo y ricos que confiesan sus pecados. Dios resiste a los orgullosos, lo mismo si estan cubiertos de sedas que de harapos, pero concede su gracia a los humildes, posean o no bienes de este mundo (Coment. sobre el salmo 85).

Cuanto más se abaja el corazón por la humildad, más se levanta hacia la perfección (Sermón sobre la humildad y el temor de Dios).

Por medio de la piedad los santos se hacen humildes (Sobre el Sermón de la Montaña,1,18).

Sólo a pasos de humildad se sube a lo alto de los cielos (Sermón sobre la humildad y el temor de Dios).

San Gregorio Magno, (Es) madre y maestra de todas las virtudes (Moralia,23,23).

Sólo quien ama en verdad a Dios no se acuerda de si mismo (Hom. 38 sobre los Evang. ).

Isaac de Nínive, Existe una humildad que viene del temor de Dios, y una que viene del amor de Dios.

Hay quien se ha vuelto humilde por el temor de Dios Y hay quien se ha vuelto humilde por el gozo de Dios.

A uno le acompaña la compostura de los miembros, el orden de los sentidos y un corazón siempre contrito;

Al otro, en cambio, una gran dilatación y un corazón que florece y que no puede ser contenido. (El don de la humildad, Sígueme, p.147)

San Bernardo de Claraval: Ignorancia de ti mismo te acarrea la soberbia, pues engañado por una mentalidad ciega y falaz, te crees mejor de lo que en realidad eres. Precisamente en esto consiste la soberbia, aquí está la raíz de todo pecado: en considerarte a tus ojos mejor de lo que eres ante Dios, mejor de lo que eres en realidad. Sermón 37, 5-7: Opera omnia, Edit. Cister. t. 2, 1958, 12-14la

No te atrevas a compararte con los que son superiores o inferiores a ti, no te compares con algunos ni siquiera con uno solo. Porque ¿qué sabes tú, oh hombre, si aquel uno, a quien consideras como el más vil y miserable de todos, qué sabes, insisto, si, merced a un cambio operado por la diestra del Altísimo, no llegará a ser mejor que tú y que otros en sí, o si lo es ya a la mirada de Dios? Sermón 37 sobre el Cántico de los Cánticos.

“Est virtus qua homo verissima sui agnitione sibi ipsi vilescit”. (De gradibus humil. C. I, n° 2.)

Amad la humildad, que es fundamento y guarda de todas las virtudes (Sermón 1, en la Natividad del Señor).

San Francisco de Asís Guardémonos, pues, todos los hermanos de toda soberbia y vanagloria; Regla Primera, no bulada (1221) § 17.

Santo Tomás de Aquino, La humildad se requiere para entender (Opusculo 40).

San Buenaventura: «No es suficiente la lectura sin el arrepentimiento, el conocimiento sin la devoción, la búsqueda sin el impulso de la sorpresa, la prudencia sin la capacidad de abandonarse a la alegría, la actividad disociada de la religiosidad, el saber separado de la caridad, la inteligencia sin la humildad, el estudio no sostenido por la divina gracia, la reflexión sin la sabiduría inspirada por Dios» (Itinerarium mentis in Deum, Prol. 4).

Tomás de Kempis: Continua paz tiene el humilde; mas en el corazón del soberbio hay saña y desdén muchas veces (Imitación de Cristo,1,7,2).

A veces nos es muy provechoso para conservar la humil- dad que los otros conozcan y reprendan nuestros defectos (Imitación de Cristo,11,2,3).

San Juan de Ávila: Todos queremos subir. Y ansí veréis que tan descontento estáis después de haber subido a una deseada dignidad como antes. (Verbum Vitae, t. VI, B.A.C., Madrid, 1955, p. 990-991)

Santa Teresa de Jesús: “Hazte pequeño y andarás en verdad”. (Moradas VI 10,7).

«humildad es andar en verdad, que lo es muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada; y quien esto no entiende anda en mentira» (Moradas VI 6, 8).

«Una vez estaba yo considerando por qué razón era nuestro Señor tan amigo de esta virtud de la humildad, y púsoseme delante —a mi parecer sin considerarlo, sino de presto— esto: que es porque Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad; que lo es muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada; y quien esto no entiende, anda en mentira. A quien más lo entiende, agrada más a la suma Verdad, porque anda en ella. Plega a Dios, hermanas, nos haga merced de no salir jamás de este propio conocimiento, amén» (Moradas 6,10,8).

Como este edificio todo va fundado en humildad, mientras más llegados a Dios, más adelante ha de ir esta virtud, y si no va todo perdido (Vida,12,2).

Adonde el demonio puede hacer gran daño sin entenderle es haciéndonos creer que tenemos virtudes no las teniendo, que esto es pestilencia (Camino de perfección 38. 5).

Miren que la verdadera humildad está mucho en estar muy pronto en contentarse con lo que el Señor quisiere hacer de ellos y siempre hallarse indignos de llamarse sus siervos (Camino de perfección,17,6).

La humildad no inquieta ni desasosiega ni alborota el alma, por grande que sea, sino viene con paz y regalo y sosiego. Aunque uno de veras ruin entienda que merece estar en el infierno y se aflige y, a su parecer con justicia, todos le habían de aborrecer y que no osa casi pedir misericordia, si esta pena es buena humildad y viene en sí con una suavidad y contento que no querríamos vernos sin ella; no alborota ni aprieta el alma, antes la dilata y hace hábil para servir más a Dios (Camino de perfección,39,2).

San Francisco de Sales, La humildad no consiste sólo en desconfiar de nosotros mismos, sino también en confiar en Dios; Conversación 5.

Juzgan algunos temerariamente, no por amargura, sino por orgullo, pareciéndoles que a medida que rebajan la estimación de otro realzan la suya propia; espíritus arrogantes y presuntuosos, que se glorían en si mismos y se elevan tanto en su propia estimación, que miran todo lo demás como humilde y bajo. Tal era el necio fariseo cuando decía: No soy como los demás hombres. (Introd. a la vida devota, III,28).

La verdadera humildad no muestra que lo es ni anda diciendo palabras humildes, porque no sólo desea ocultar las otras virtudes, sino principalmente ocultarse a si misma (Introd. a la vida devota,3,5).

San Juan Maria Vianney Si el orgullo es la fuente de toda clase de vicios (Eccli lO,15), podemos también afirmar que la humildad es la fuente y el fundamento de toda clase de virtudes (Pr 15,33); es la puerta por la cual pasan las gracias que Dios nos otorga; ella es la que sazona todos nuestros actos, comunicándoles tanto valor, y haciendo que resulten tan agradables a Dios; finalmente, ella nos constituye dueños del corazón de Dios, hasta hacer de El, por decirlo así, nuestro servidor; pues nunca ha podido Dios resistir a un corazón humilde (1P 5,5) (Sermón sobre el orgullo).

La humildad es una antorcha que presenta a la luz del día nuestras imperfecciones; no consiste, pues, en palabras ni en obras, sino en el conocimiento de si mismo, gracias al cual descubrimos en nuestro ser un cúmulo de defectos que el orgullo nos ocultaba hasta el presente (Sermón sobre el orgullo).

Conoceremos si un cristiano es bueno por el desprecio que haga de si mismo y de sus obras, y por la buena opinión que en todo momento le merezcan los hechos o los dichos del prójimo(Sermón sobre el orgullo).

Nada más ridículo, nada más tonto que estar siempre dispuesto a hablar de 10 que se ha hecho, de lo que se ha dicho (Sermón sobre el orgullo).

Si no tenéis humildad, podéis decir que no tenéis nada (Sermón sobre la humildad).

Santa Faustina Oh humildad, flor de gran belleza, veo cuan pocas almas te poseen – ¿es porque eres tan bella y al mismo tiempo tan difícil de alcanzar? Oh sí, lo uno y lo otro. Diario n. 1306.

San Pío de Pieltrecina La humildad es la verdad, y la verdad es que yo no soy nada. Por consiguiente, todo lo bueno que tengo viene de Dios. (Buona giornata 8/8.).

S. Canals, El horizonte del orgulloso es terriblemente limitado: se agota en él mismo. El orgulloso no logra mirar más allá de su persona, de sus cualidades, de sus virtudes, de su talento. El suyo es un horizonte sin Dios. Y en este panorama tan mezquino ni siquiera aparecen los demás: no hay sitio para ellos. (Ascética meditada, p. 87).

San Josemaría Escriva de Balaguer, Ya puedes desechar esos pensamientos de orgullo: eres lo que el pincel en manos del artista. Y nada más. Dime para qué sirve un pincel, si no deja hacer al pintor (Camino, n. 612).

Si acudimos a la Sagrada Escritura, veremos cómo la humildad es requisito indispensable para disponerse a oír a Dios. “Donde hay humildad hay sabiduría”, explica el libro de los Proverbios. Humildad es mirarnos como somos, sin paliativos, con la verdad. Y al comprender que apenas valemos algo, nos abrimos a la grandeza de Dios: ésta es nuestra grandeza (Amigos de Dios, n. 96).

Cuando el orgullo se adueña del alma, no es extraño que’ detrás, como en una reata, vengan todos los vicios: lá’ avaricia, las interiperancias, la envidia, la injusticia. (Amigos de Dios,100).

No eres humilde cuando te humillas, sino cuando te humillan y lo llevas por Cristo (Camino, n. 594).

La humildad nos empujará a que llevemos a cabo grandes labores; pero a condición de que no perdamos de vista la conciencia de nuestra poquedad [. . . 1 (Amigos de Dios,106).

Si somos humildes, Dios no nos abandonará nunca. El humilla la altivez del soberbio, pero salva a los humildes (Amigos de Dios,104).

Catecismo, 525 Jesús nació en la humildad de un establo, de una familia pobre (cf. Lc 2, 6-7); unos sencillos pastores son los primeros testigos del acontecimiento. En esta pobreza se manifiesta la gloria del cielo (cf. Lc 2, 8-20)…

León Xlll-, Nunca estaremos bastante convencidos de lo importante que es para los cristianos, y especialmente para los sacerdotes, el esforzarse en practicar la humildad y el arrojar del espíritu toda presunción, toda vanidad, todo orgullo. No hay que ahorrar esfuerzo ni fatiga para salir airosos en una empresa tan santa; y como es cosa que no se puede lograr sin la gracia de Dios, hay que pedirlo insistentemente, sin cansarse nunca (Práctica de la humildad).

San Juan Pablo II Nos dice a cada uno, a cada hombre, que es “invitado”. (31-VIII-1980).

La Iglesia está llamada a dar su testimonio de Cristo, asumiendo posiciones valientes y proféticas ante la corrupción del poder político o económico; no buscando la gloria o bienes materiales; usando sus bienes para el servicio de los más pobres e imitando la sencillez de vida de Cristo. La Iglesia y los misioneros deben dar también testimonio de humildad, ante todo en sí mismos, lo cual se traduce en la capacidad de un examen de conciencia, a nivel personal y comunitario, para corregir en los propios comportamientos lo que es antievangélico y desfigura el rostro de Cristo. (Redemptoris Missio V, 43).

La vida espiritual de los ministros del Nuevo Testamento deberá estar caracterizada, pues, por esta actitud esencial de servicio al pueblo de Dios (cf. Mt 20, 24ss.; Mc 10, 43-44), ajena a toda presunción y a todo deseo de «tiranizar» la grey confiada (cf. 1 P 5, 2-3). (Pastores Dabo Vobis, III, 21).

Benedicto XVI Cristo «tomó el último puesto en el mundo —la cruz— y precisamente con esta humildad radical nos redimió y nos ayuda constantemente» (Deus caritas est, 35).

“la Iglesia es la familia de Dios en el mundo. En esta familia no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario”. (Dios es amor n.25)

«Cristo ocupó el último puesto en el mundo —la cruz—, y precisamente con esta humildad radical nos ha redimido» (Benedicto XVI)

Papa Francisco: No deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro. Hoy y siempre, «los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio»[52], y la evangelización dirigida gratuitamente a ellos es signo del Reino que Jesús vino a traer. Evangelii gaudium:48.

«La cultura del bienestar nos hace insensibles a los gritos de los demás». «Hemos caído en la globalización de la indiferencia». «Hemos perdido el sentido de la responsabilidad». Discurso en Lampedusa

Rainiero Cantalamessa, La verdadera gloria huye de quien la

Pagola, «Dichosos los que viven para los demás sin recibir recompensa. El Padre del cielo los recompensará».

Jesús vivió un estilo de vida diferente. Quien quiere seguirlo con sinceridad se siente invitado a vivir de manera nueva y revolucionaria, en contradicción con el modo «normal» de comportarse que observamos a nuestro alrededor.

Hemingway “El secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento es la humildad” ()

Miguel de Unamuno: “Quiero vivir y morir en el ejército de los humildes, uniendo mis oraciones a las suyas, con la santa libertad del obediente”.

Don Quijote: “La alabanza propia envilece”.

Machado ¿Tu verdad? No, la verdad. / Y ven conmigo a buscarla…

G.K. Chesterton La humildad es la madre de los gigantes. Uno ve grandes cosas desde el valle. Desde la cumbre sólo se ven las pequeñas.

El orgullo es un veneno tan venenoso que no solo envenena las virtudes, sino también otros vicios. El orgullo es del infierno.

Rabino Ben Azzai, siglo V d.C.: «Siéntate dos o tres puestos más abajo del que te corresponde y quédate allí hasta que alguien venga a decirte ‘sube unos cuantos puestos’. No te vayas directamente a los puestos de cabecera, porque puede ser que alguien te diga ‘siéntate en otro sitio’. Es mejor que alguien te diga ‘sube, sube’ a que te obliguen a desplazarte más abajo».

Lutero: La humildad de los hipócritas es el más altanero de los orgullos.

Nietzsche “El que quiera ser el primero, guárdese muy mucho de ser el último”.

Ami-Jill Levine (1956) profesora de estudios del Nuevo Testamento en la Escuela de la Divinidad en la Universidad de Vanderbilt, en su obra Relatos cortos de Jesús, refiriéndose a lo que nos dice el Evangelio en la parábola de las ovejas y las cabras (Mt 25, 31-46): “El criterio con el que se juzga a las personas no es la veneración o no de Jesús, sino la atención prestada a los pobres, la comida dada a los hambrientos o la visita al encarcelado”.

Bertrand Russell, «uno de los síntomas de estar al borde de una crisis nerviosa es creer que la obra de uno es sumamente importante».

Henri Nouwen: Durante mucho tiempo consideré la imagen negativa que tenía de mí como una virtud. Me habían prevenido tantas veces contra el orgullo y la vanidad que llegué a pensar que era bueno despreciarme a mí mismo. Ahora me doy cuenta de que el verdadero pecado consiste en negar el amor primero de Dios por mí, en ignorar mi bon­dad original. Porque, si no me apoyo en ese amor primero y en esa bondad original, pierdo el contacto con mi auténtico yo y me destruyo. ‘El regreso del hijo pródigo

C. S. Lewis “La verdadera humildad no es pensar menos en ti mismo, es pensar menos en ti mismo”.

G K. Chesterton. «Si tuviera un solo sermón que predicar, sería un sermón contra el Orgullo. El orgullo es un veneno tan venenoso que no sólo envenena las virtudes, sino que también envenena otros vicios. El orgullo es del infierno. Yo sé que yo apenas había oído de humildad positiva hasta ponerme al alcance de la influencia católica. En resumen, si tuviera un solo sermón que predicar, sería uno que molestaría profundamente a la congregación, llevándoles a la atención el desafío permanente de la Iglesia».

Miguel de Cervantes “…digo que tú sabes que la humildad es la base y fundamento de todas las virtudes, y sin ella no hay alguna que lo sea. Ella allana inconveniencias, vence dificultades, y es un medio que siempre a gloriosos fines nos conduce; de los enemigos hace amigos, templa la cólera de los airados y menoscaba la arrogancia de los soberbios; es madre de la modestia y hermana de la templanza; en fin, con ella no pueden atravesar triunfo que les sea de provecho los vicios, porque en su blandura y mansedumbre se embotan y despuntan las flechas de los pecados”.(“El coloquio de los perros”)

Francisco Luna Luca de Tena; La humildad también es fortaleza. La Humildad Explicada, Palabra, Madrid, 2007, p. 14.

El orgulloso quiere singularizarse siempre, el humilde se complace en las cosas corrientes y ordinarias. IBID, p. 44.

HUMILDAD Pensamientos.org

Cuando somos grandes en humildad, estamos más cerca de lo grande. Rabindranath Tagore

Cuánto más alto estemos situados, más humildes debemos ser. Marco Tulio Cicerón

“Cuando más vacíos estamos de la hinchazón de la soberbia más llenos estamos del amor” San Agustín

Cuanto menos es uno, más se encarga Él de todo. Madre Maravillas de Jesús

El humilde renuncia gustoso a todo honor humano, pues no sale de su asombro al ver cómo Dios lo ha elevado tanto a él, tan indigno. P. Bernhard Häring C.Ss.R.

«El pecado predilecto del demonio es el orgullo disfrazado de humilidad» Samuel Taylor Coleridge

El que quiera encontrar el verdadero descanso para su alma que aprenda a ser humilde. Doroteo de Gaza. Instrucciones, nº 1, 8

«la gracia de la humillación». «el verdadero poder del servicio de la Iglesia». SS. Francisco

La humildad, bien entendida, es hermana de la sinceridad y de la valentía. P. Javier Leoz

La humildad es la base de la oración. La humildad es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un mendigo de Dios San Agustín, serm. 56, 6, 9” (C I C, 2559).

La humildad hace al hombre capaz de Dios. Santo Tomás de Aquino

Mas vale un poco de estudio de humildad y un acto de ella que toda la ciencia del mundo. Santa Edith Stein

Nada es tan bajo y vil como ser altivo con el humilde. Lucio Anneo Séneca

Para hacerse grande hay que comenzar por hacerse pequeño. San Agustín

CONTO

“Un día”, dice un autor, “caminaba con mi padre, cuando él se detuvo en una curva; y, después de un pequeño silencio, me preguntó”:

– Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas algo más?

– El ruido de una carreta.

– Sí, es una carreta vacía.

– ¿Cómo sabes, papá, que es una carreta vacía, si no la vemos?

– Es muy fácil saber si una carreta esta vacía por el ruido. Cuanto más vacía va, mayor es el ruido que hace.

(Tony de Mello)

Tomado de tengo sed de ti

HAZME PEQUEÑO

Una vez un grupo de tres hombres se perdieron en la montaña y había solamente una fruta para alimentarlos a los tres, quienes casi desfallecían de hambre. Se les apareció entonces Dios y les dijo que probaría su sabiduría y que dependiendo de lo que mostraran les salvaría. Les preguntó entonces Dios qué podían pedirle para arreglar aquel problema y que todos se alimentaran.

El primero dijo: «Pues aparece mas comida», Dios contestó que era una respuesta sin sabiduría, pues no se debe pedir a Dios que aparezca mágicamente la solución a los problemas sino trabajar con lo que se tiene.

Dijo el segundo entonces: «Entonces haz que la fruta crezca para que sea suficiente», a lo que Dios contestó que no, pues la solución no es pedir siempre multiplicación de lo que se tiene para arreglar el problema, pues el ser humano nunca queda satisfecho y por lo tanto, nunca sería suficiente.

El tercero dijo entonces: «Mi buen Dios, aunque tenemos hambre y somos orgullosos, haznos pequeños a nosotros para que la fruta nos alcance». Dios dijo: «Has contestado bien, pues cuando el hombre se hace humilde y se empequeñece delante de mis ojos, verá la prosperidad».

Tomado de Anecdonet

ANÉCDOTA

Se cuenta una historia del célebre siglo XIX Educador afroamericano Booker T. Washington entonces profesor en el Instituto Tuskegee en Alabama,

Pasó por la mansión de una mujer rica mientras caminaba hacia el trabajo. La matriarca no lo reconoció. Y en un ejercicio de actitud de superioridad cultural Típico del Sur posterior a la Guerra Civil gritó:

“¡Eh, tú! ¡Ven aquí! ¡Necesito un poco de madera cortada!” él era simplemente un hombre negro que estaba allí para cumplir sus órdenes.

Sin una palabra, el Dr. Washington se quitó la chaqueta, recogió el hacha y se puso a trabajar. No solo cortó una gran pila de leña, sino que también llevó la leña a la casa y la colocó ordenadamente junto a la chimenea.

Apenas se había ido cuando un sirviente le dijo a la mujer: “usted no lo reconoció, señora, ¡pero ese era el profesor Washington!”.

Avergonzada, la mujer corrió hacia Tuskegee para disculparse. El gran educador respondió respetuosamente: “No hay necesidad de disculparse, señora. Estoy encantado de hacer favores a mis amigos”.

Tomado de P. Foley

SIRÁCIDA

Cuando Sirácida escribió el Eclesiástico, la filosofía griega y los nuevos conocimientos deslumbraron a muchos. Algunos abandonaron la Ley de Dios y la enseñanza tradicional de Israel para seguir a los maestros extranjeros. El orgullo de la razón que se consideraba capaz de encontrar respuestas para todo, les impedía acoger con sencillez las verdades que Dios había puesto al alcance de quienes lo buscan sinceramente.

Tomado de Anécdotas y catequesis

ASCENDER EN VATICANO

Cuenta Martin Descalzo que en el Concilio había un personaje cuya misión principal de cada día era situarse a la puerta por donde tenían que pasar los cardenales para preguntarles a cada uno si había pasado bien la noche y si había disminuido la jaqueca de su señora hermana. Y subió como el humo en el escalafón. Y asegura el autor que esta suerte de mandangas son rentables.

Jesús Martí Ballester

Tomado de es.catholic

HAVURAH

Las famosas “comunidades” fariseas (havurah/havurot, de haver, amigo), tenían cuidado de no invitar a nadie que no cumplieran con normas estrechas de comportamiento, de preceptos, de comidas kosher, etc.. No era admitido cualquiera a estas havurot. Por eso tiene mucho sentido las propuestas “alternativas” de Jesús a los suyos. En la mesa se compartía amistad e ideas, y por eso tenía tanta importancia.

Tomado de Fray Miguel de Burgos, O.P.

NO ERAN ENEMIGOS

El comienzo del Evangelio de hoy nos ayuda a corregir un prejuicio muy difundido entre los cristianos. Se ha acabado por hacer de los fariseos el prototipo de todos los vicios: hipocresía, doblez, falsedad; los enemigos por antonomasia de Jesús. Con estos significados negativos, el término fariseo y el adjetivo farisaico han entrado en el vocabulario de nuestra lengua y de muchas otras. Tal idea de los fariseos no es correcta. Entre ellos había ciertamente muchos elementos que respondían a esta imagen, y es con ellos con quienes Cristo choca duramente. Pero no todos eran así. Nicodemo, que fue donde Jesús de noche y que más tarde le defendió en el Sanedrían, era un fariseo (Cf. Jn, 3,1: 7,50ss.). Fariseo era también Pablo antes de la conversión, y era ciertamente persona sincera y diligente, si bien aún mal iluminada. Fariseo era Gamaliel, quien defendió a los apóstoles ante el Sanedrín (Cf. Hch 5, 34ss.).

Las relaciones de Jesús con ellos no fueron por lo tanto sólo conflictivas. Algunos, como en nuestro caso, también le invitan a comer en su casa. Estas invitaciones por parte de fariseos son tanto más dignas de destacar en cuanto que ellos saben muy bien que no será el hecho de invitarle a su propia casa lo que impida a Jesús decir lo que piensa. También en nuestro caso Jesús aprovecha la ocasión para corregir algunas desviaciones y llevar adelante su obra de evangelización. Durante la comida, aquel sábado, Jesús ofreció dos enseñanzas importantes: una dirigida a los invitados, otra al anfitrión.

Cantalamessa

Tomado de Mercaba

LOS FARISEOS

Se llamaban originariamente «perushim», que significa en hebreo «se parados». La secta tuvo su origen hacia el año 170 antes de Cristo. Los seguidores de esta secta pretendían «separarse» de la ignorancia religiosa del pueblo llano por medio de su profundo conocimiento de la Ley.

Aunque eran personas muy religiosas que cumplían con honradez los cientos de mandamientos y prohibiciones que habían recopilado, tenían un defecto: El orgullo.

Desde su altivez religiosa despreciaban a las personas sencillas que desconocían la Ley. Los fariseos despreciaban a «am-ha ‘ares», que significa «pueblo de la erra», campesinos. Los fariseos gozaban de gran prestigio y veneración entre el pueblo. En tiempos de Jesús habría unos 6.000 fariseos en todo Israel.

Era una cantidad relativamente pequeña, pero muy influyente en la vida social y religiosa. No obstante su influencia se reducía al ámbito religioso. El gobierno político y social se hallaba en manos del Sumo Sacerdote, representante político ante el imperio romano. Los sumos sacerdotes eran elegidos siempre entre varias familias de saduceos, personas muy influyentes en lo político y poseedoras de grandes fortunas.

Tomado de Tiempo Interior

QUMRÁN

En la comunidad de Qumrán no se admitían tullidos de pies o manos, cojos, sordos o mudos. El sordomudo, el ciego y el idiota no podían, en determinados sacrificios en el templo, poner sus manos sobre la cabeza de la víctima; a estas gentes se las excluía del culto oficial del templo. Precisamente a éstos es a los que hay que invitar, a fin de que se borre toda idea de compensación.

Tomado de Stöger, Alois, El Evangelio según San Lucas, en El Nuevo Testamento y su Mensaje, Editorial Herder, Madrid, 1969

DOCE GRADOS EN LA HUMILDAD

Conforme a la Regla de San Benito son éstos:

primero, tener siempre los ojos bajos y manifestar humildad interior y exterior;

segundo, hablar poco, cosas razonables y en voz baja;

tercero, no ser muy propenso a la risa;

cuarto, callarse hasta ser interrogado; quinto, observar lo prescrito por la regla común del monasterio;

sexto, creerse y mostrarse como el más indigno de todos;

séptimo, creerse sinceramente indigno e inútil para todo;

octavo, confesar los propios pecados;

noveno, llevar con paciencia la obediencia en cosas ásperas y difíciles;

décimo, someterse a los mayores por obediencia;

undécimo, no tratar de satisfacer la propia voluntad;

duodécimo, temer a Dios y acordarse de todos sus mandamientos.

Tomado de Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, q. 160, a. 6

LA HUMILDAD; VIRTUD EXCLUSIVA DEL CRISTIANISMO.

No se encuentra en otras religiones. Ni siquiera lo que encontramos en el Antiguo Testamento, coincide con el modo en que la vive y explica Jesucristo. Cuando él proclama en el Sermón de la Montaña «dichosos a los humildes», o cuando dice de sí mismo “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”, de ninguna manera nos está invitando a la resignación, o a callarnos o a consentir pasivamente con todo lo que pase delante de nuestros ojos, o lo que nos puedan hacer a nosotros mismos, ni a dejarnos pisotear ni humillar, perdiendo nuestra dignidad y derechos… porque él no fue ni actuó así, ni propuso semejantes cosas a nadie.

Tomado de Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

LA HUMILDAD DE UN SACERDOTE SANTO

Un sacerdote escribió -con evidente falta de caridad, y quizás con envidia- al santo Cura de Ars una carta, en la cual se leía esta frase: Señor Cura, cuando se sabe tan poca teología como usted, no se debe uno sentar en el confesonario.

La respuesta del santo Cura de Ars fue la siguiente: Mi querido y venerado compañero: ¡Cuántos motivos tengo para amaros! Vos sólo me habéis conocido bien. Puesto que sois tan bueno que os dignáis interesaos por mi pobre alma, ayudadme a conseguir la gracia que pido desde hace tiempo, a fin de que sea relevado de mi cargo, del que no soy digno a causa de mi ignorancia, y pueda retirarme a un rincón para llorar allí mi pobre vida. ¡Cuánta penitencia he de hacer, , cuántas cosas he de expiar, cuántas lágrimas he de derramar!…

Tomado de Anécdotas de la historia

CONTESTACION RAZONABLE

En un almuerzo presidido por Sir Mark Young, gobernador de Hong-Kong, una dama de las más distinguidas se sintió vejada al descubrir que estaba sentada al extremo de la mesa, en vez de estar cerca del anfitrión.

Al terminar la comida, se acercó a Sir Mark y le dijo con sequedad:

—Según parece, no se cuida usted de dónde se sientan sus invitados.

—Señora —replicó el gobernador—, a la gente realmente importante no le interesa el sitio donde se sienta; y sucede a veces que quienes se interesan por el sitio, no son importantes.

Tomado de 500 ilustraciones

EJEMPLOS PREDICABLES

HUMILDAD Y SERVICIO

En la carpeta de trabajo del ex ministro de la guerra de la Argentina, general Manuel A. Rodríguez, cuya muerte ocurrió el 23 de febrero de 1936, se hallaron estas máximas escritas por su mano. Cada una de ellas encierra una norma de humildad y de fe. Dicen:

Silenciosamente, realizar buenas obras.

Silenciosamente, amar a Dios y a los hombres.

Silenciosamente, cumplir con su deber.

Silenciosamente, aceptar la voluntad de Dios.

Silenciosamente, alegrarse con los demás.

Silenciosamente, callar los defectos ajenos.

Silenciosamente, desear y aspirar en silencio.

Silenciosamente, abrazar la cruz de Jesús.

Silenciosamente, sacrificarse y renunciar.

Silenciosamente, mirar hacia la patria celestial.

Silenciosamente, alcanzar la virtud.

Silenciosamente, hasta la muerte.

SAN MACARIO

Al regresar un día san Macario a su celda encontró en ella al demonio, que lo esperaba con una hoz en la mano y trató de segarlo por el medio. Pero al acercarse el santo perdió las fuerzas y no pudo mover la hoz.

Entonces, lleno de coraje le dijo:

– Demasiada violencia sufro por ti, Macario, pues deseo vivamente dañarte y no puedo lograrlo: y me extraña sobremanera, porque yo hago todo lo que tú y aún más. Tú ayunas algunas veces: yo jamás como. Tú duermes poco: yo jamás cierro los ojos. En una sola cosa me aventajas.

– ¿Cuál es ella?- preguntó san Macario.

– Tu humildad- respondió el demonio.

SAN CANUTO

Mientras san Canuto, rey de Dinamarca, se paseaba en cierta ocasión por las orillas del mar, uno de sus cortesanos le dijo, adulándole, que él era el señor más poderoso, el soberano de los hombres, del mar y de la tierra.

El humilde rey se puso entonces a la orilla del agua y dijo: “¡Ola!, te ordeno no toques mis pies.” Pero la ola le tocó los pies. “¿Cómo podéis llamarme el rey más poderoso, cuando ni una pequeña ola me obedece? Dios es el rey más poderoso, el rey de cielos y tierra. Adorémosle a Él.”

SAN FRANCISCO DE SALES

En 1586, san Francisco de Sales estaba gravemente enfermo en Papua, a los 19 años de edad. Por aquellos tiempos, los estudiantes de medicina, para poder ejercitarse en la cirugía, sólo disponían de los cadáveres que robaban por la noche en los cementerios.

Francisco, creyéndose próximo a la muerte, dijo a su tutor:

– Señor, disponga mi entierro como a usted le parezca; sólo una cosa le pido, y es que entregue mi cadáver después de los funerales a los estudiantes de medicina…

– ¡Pero eso sería una deshonra para la familia!

– No me niegue ese favor. Es un gran consuelo para mí, al morir, pensar que, si he sido un siervo inútil en vida, seré al menos de algún provecho después de mi muerte.

(Mauricio Rufino, Vademecum de ejemplos predicables, Ed. Herder, Barcelona, 1962, nnº 1427, 1429, 1451 y 1465)

Tomados de Mercabá

HUMOR

EL VALOR DE UN RETRATO

Se cuenta que en el pueblo de Ars, paseando un día el Santo Cura, vio un retrato suyo en una tienda, expuesto para su venta, y entro en ella, donde le preguntó a la vendedora, en un tono bastante áspero, muy contrario a su carácter:

– “¿Por qué vendéis esto?”

La pobre mujer, sorprendida por la reacción del sacerdote, le contestó:

– “Si queréis, Señor Cura, que nos arruinemos, no tenéis más que prohibirnos la venta de vuestro retrato, pues todo el mundo que viene al pueblo, quiere llevarse uno de ellos, y es una fuente de ingreso que tenemos, que nos es muy necesaria”.

El santo cura de Ars, se quedó pensativo y reflexionado, se hizo la siguiente consideración. “Después de todo, ya que pintan al demonio, ¿Por qué no han de pintar mi retrato?»

Al día siguiente, al pasar por delante de la tienda, entro de nuevo en la misma y le preguntó a la vendedora:

– ¿Cuánto vale esto?

– “Cinco, diez, o quince céntimos, según sea el tamaño del retrato” –le contesto la vendedora.

A lo que el Santo se dijo: ¡Oh, pobre Cura de Ars!, en que poca estima le tienen, le venden por cinco céntimos…

A lo que se marchó, riéndose de sí mismo.

Tomado de Anecdonet

– ¿Es usted tan humilde como dicen?

– Más.

DOS MONJES DISCUTIENDO SOBRE LA HUMILDAD.

«He estado rezando y ayunando, meditando y estudiando religión por 20 años. Finalmente alcancé el nivel de humildad. Realmente soy una nada», dijo un monje.

El otro monje asintió gravemente. «Yo también he pasado mi vida dedicado a servir a Dios. También soy una nada».

En ese momento, un conserje pasó, sosteniendo su trapeador. Al escuchar la conversación, y sintiéndose bastante espiritual, interrumpió. «Sabes qué, yo también soy una nada».

Los monjes apartaron la mirada con disgusto. «¿Quién carajos se cree que es para ser una nada?»

POEMA

“Ni voy de la gloria en pos,

ni torpe ambición me afana,

y al nacer cada mañana

tan sólo le pido a Dios

casa limpia en que albergar,

pan tierno para comer,

un libro para leer

y un Cristo para rezar.

He resuelto no correr

Tras un bien que no me calma;

Llevo un tesoro en el alma

Que no lo quiero perder.

José María Pemán, describía de esta manera su programa de vida.

Tomado de Catholic.net

ORACIÓN

LETANÍAS DE LA HUMILDAD

Jesús manso y humilde de Corazón, -Óyeme.

(Después de cada frase decir: Líbrame Jesús)

Del deseo de ser lisonjeado,

Del deseo de ser alabado,

Del deseo de ser honrado,

Del deseo de ser aplaudido,

Del deseo de ser preferido a otros,

Del deseo de ser consultado,

Del deseo de ser aceptado,

Del temor de ser humillado,

Del temor de ser despreciado,

Del temor de ser reprendido,

Del temor de ser calumniado,

Del temor de ser olvidado,

Del temor de ser puesto en ridículo,

Del temor de ser injuriado,

Del temor de ser juzgado con malicia

(Después de cada frase decir:Jesús dame la gracia de desearlo)

Que otros sean más amados que yo,

Que otros sean más estimados que yo,

Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse,

Que otros sean alabados y de mí no se haga caso,

Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil,

Que otros sean preferidos a mí en todo,

Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda,

Oración:

Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo.

Amén.

(del Cardenal Merry del Val)

MEDITACIÓN

HUMILDAD: ¿TEMOR O GOZO DE DIOS?

Existe una humildad que viene del temor de Dios

Y una que viene del amor de Dios.

Hay quien se ha vuelto humilde por el temor de Dios

Y hay quien se ha vuelto humilde por el gozo de Dios.

A uno le acompaña la compostura de los miembros, el orden de los sentidos y un corazón siempre contrito;

Al otro, en cambio, una gran dilatación y un corazón que florece y que no puede ser contenido.

(Isaac de Nínive, El don de la humildad, Sígueme, p.147)

Tomado de Anecdonet

CANTO

Lo que Agrada a Dios – Santa Teresita | Luis Alfredo

Mirad la humildad de Dios JAVI SÁNCHEZ

VIDEO

La humildad de S. Francisco

Delegación para el Clero de Santiago de Compostela