X Domingo del Tiempo Ordinario

CITA

De la puerta cerrada el diablo se vuelve

« ¡Con división en el corazón, no habrá perdón!.

Con el Espíritu Santo se logra la unión»

S.Son

San Agustín: “Tal vez, en todas las Santas Escrituras, no se encuentre ninguna cuestión mayor, ninguna más difícil” (Sermón 71 de verbis Domini).

El hombre, que con su dureza y corazón impenitente va atesorando ira y más ira ( Rm 2), blasfema de palabra o con el pensamiento contra el Espíritu Santo, por quien se perdonan los pecados. (Sermón 11).

San Basilio de Cesarea, con Jesús «el diablo perdió su poder en presencia del Espíritu Santo» (De Spiritu Sancto, 19).

Santa Teresa de Jesús Si Satanás pudiera amar dejaría de ser malvado.

Santo Cura de Ars El demonio es un gran perro encadenado, que acosa, que mete mucho ruido, pero que solamente muerde a quienes se le acercan demasiado.

Concilio Vaticano II, “Lo que la Revelación divina nos dice coincide con la experiencia. El hombre, en efecto, cuando examina su corazón, comprueba su inclinación al mal y se siente anegado por muchos males, que no pueden tener su origen en su santo Creador” (Gaudium et spes, 13).

Catecismo, n. 108 Jesús acompaña su palabra con signos y milagros para atestiguar que el Reino está presente en Él, el Mesías. Si bien cura a algunas personas, Él no ha venido para abolir todos los males de esta tierra, sino ante todo para liberarnos de la esclavitud del pecado. La expulsión de los demonios anuncia que su Cruz se alzará victoriosa sobre “el príncipe de este mundo” (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica,).

nº 152 «No se puede creer en Jesucristo sin tener parte en su Espíritu. Es el Espíritu Santo quien revela a los hombres quién es Jesús. Porque ‘nadie puede decir: “Jesús es Señor” sino bajo la acción del Espíritu Santo’ (1Cor 12,3) (…). Sólo Dios conoce a Dios enteramente (…)»

574: Desde los comienzos del ministerio público de Jesús, fariseos y partidarios de Herodes, junto con sacerdotes y escribas, se pusieron de acuerdo para perderle (cf. Mc 3, 6). Por algunas de sus obras (expulsión de demonios, cf. Mt 12, 24; perdón de los pecados, cf. Mc 2, 7; curaciones en sábado, cf. Mc 3, 1-6; interpretación original de los preceptos de pureza de la Ley, cf. Mc 7, 14-23; familiaridad con los publicanos y los pecadores públicos, (cf. Mc 2, 14-17), Jesús apareció a algunos malintencionados sospechoso de posesión diabólica (cf. Mc 3, 22; Jn 8, 48; 10, 20). Se le acusa de blasfemo (cf. Mc 2, 7; Jn 5,18; 10, 33) y de falso profetismo (cf. Jn 7, 12; 7, 52), crímenes religiosos que la Ley castigaba con pena de muerte a pedradas (cf. Jn 8, 59; 10, 31).

575: Muchas de las obras y de las palabras de Jesús han sido, pues, un “signo de contradicción” (Lc 2, 34) para las autoridades religiosas de Jerusalén, aquéllas a las que el Evangelio de san Juan denomina con frecuencia “los judíos” (cf. Jn 1, 19; 2, 18; 5, 10; 7, 13; 9, 22; 18, 12; 19, 38; 20, 19), más incluso que a la generalidad del pueblo de Dios (cf. Jn 7, 48-49). Ciertamente, sus relaciones con los fariseos no fueron solamente polémicas. Fueron unos fariseos los que le previnieron del peligro que corría (cf. Lc 13, 31). Jesús alaba a alguno de ellos como al escriba de Mc 12, 34 y come varias veces en casa de fariseos (cf. Lc 7, 36; 14, 1). Jesús confirma doctrinas sostenidas por esta élite religiosa del pueblo de Dios: la resurrección de los muertos (cf. Mt 22, 23-34; Lc 20, 39), las formas de piedad (limosna, ayuno y oración, cf. Mt 6, 18) y la costumbre de dirigirse a Dios como Padre, carácter central del mandamiento de amor a Dios y al prójimo (cf. Mc 12, 28-34).

576: A los ojos de muchos en Israel, Jesús parece actuar contra las instituciones esenciales del Pueblo elegido:

– contra la sumisión a la Ley en la integridad de sus prescripciones escritas, y, para los fariseos, según la interpretación de la tradición oral.

nº 982 “No hay ninguna falta por grave que sea que la Iglesia no pueda personar. No hay nadie tan perverso y tan culpable, que no deba esperar con confianza su perdón siempre que su arrepentimiento sea sincero” ().

n. 1864 “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada” (Mc 3, 29; cf Mt 12, 32; Lc 12, 10). No hay límites a la misericordia de Dios, pero quien se niega deliberadamente a acoger la misericordia de Dios mediante el arrepentimiento rechaza el perdón de sus pecados y la salvación ofrecida por el Espíritu Santo (cf DeV 46). Semejante endurecimiento puede conducir a la condenación final y a la perdición eterna.

n. 2853 “La victoria sobre el “príncipe de este mundo” (Jn 14,30) se adquirió de una vez por todas en la Hora en que Jesús se entregó libremente a la muerte para darnos su Vida. Es el juicio de este mundo y el príncine de este mundo está “echado abajo” (Jn 12,31). “Él se lanza en persecucion de la Mujer”, pero no consigue alcanzarla: la nueva Eva, “llena de gracia” del Espíritu Santo es libráda del pecado y de la corrupción de la muerte (Concepción inmaculada y Asunción de la santísima Madre de Dios, María, siempre virgen). “Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos” (Ap 12,17). Por eso, el Espíritu y la Iglesia oran: “Ven Señor Jesús” (Ap 22,17.20) ya que su Venida nos librará del Maligno”

San Juan Pablo II La victoria de Cristo sobre Satanás al comienzo de la actividad mesiánica es el preludio y el anuncio de su victoria definitiva en la cruz y en la resurrección. (19-09-1990).

“Blasfemar contra el Espíritu Santo” quiere decir ponerse de la parte del espíritu de las tinieblas, de forma que el hombre se cierra interiormente a la acción santificadora del Espíritu de Dios. (19-09-1990).

La blasfemia contra el Espíritu Santo es el pecado cometido por el hombre que reivindica un pretendido ‘derecho’ de perseverar en el mal ―en cualquier pecado― y rechaza así la redención… (Ese pecado) no permite al hombre salir de su autoprisión y abrirse a las fuentes divinas de la purificación de las conciencias y remisión de los pecados” (Dominum et vivificantem, 46).

Sor Verónica: «No hay nada más atractivo que vivir apasionadamente la propia vocación».

CONTO

UNA ANTIGUA LEYENDA CRISTIANA:

Cuando el Hijo de Dios fue clavado en la cruz y entregó su Espíritu, descendió inmediatamente a los infiernos y liberó a todos los pecadores que allí sufrían tormentos.

Y el demonio se afligió y lloró, porque creía que ya no conseguiría más pecadores para el infierno.

Entonces le dijo Dios: “No llores, que yo he de enviarte a todas esas santas personas que se complacen en la autoconciencia de su bondad y de su santurronería y en la condenación de los pecadores. Y el infierno volverá a llenarse una vez más, durante generaciones, hasta que decida yo regresar de nuevo”.

Tomado de Un cuento para cada día


EL DIABLO Y SU AMIGO

En cierta ocasión salió el diablo a pasear con un amigo. De pronto vieron ante ellos a un hombre que estaba inclinado sobre el suelo tratando de recoger algo.

– “¿Qué busca ese hombre?”, le preguntó al diablo su amigo.

– “Un trozo de verdad”, contestó el diablo.

– “¿Y eso no te inquieta?”, volvió a preguntar el amigo.

– “Ni lo más mínimo”, respondió el diablo. “Le permitiré que haga de ello una creencia religiosa”.

Tomado de Anthony de Mello

ANÉCDOTA

Algunos Santos Padres, como Atanasio, Hilario, Ambrosio, Jerónimo y Crisóstomo, consideraron que este pecado es aquella blasfemia que atribuye las obras del Espíritu Santo a los espíritus diabólicos (como ocurre en el episodio relatado en el Evangelio). San Agustín enseñó, en cambio, que este pecado es cualquier blasfemia contra el Espíritu Santo por quien viene la remisión de los pecados. Muchos otros después de San Agustín lo identificaron con todo pecado cometido con plena conciencia y malicia (y se llamaría “contra el Espíritu Santo” en cuanto contraría la bondad que se apropia a esta divina Persona).

Santo Tomás, complementando estas tres interpretaciones señaló que el “pecado contra el Espíritu Santo” es todo pecado que pone un obstáculo particularmente grave a la obra de la redención en el alma, es decir, que hace sumamente difícil la conversión al bien o la salida del pecado; así:

(1) Lo que nos hace desconfiar de la misericordia de Dios (la desesperación que excluye la confianza en la misericordia divina) o nos alienta a pecar (la presunción, que excluye el temor de la justicia).

(2) Lo que nos hace enemigos de los dones divinos que nos llevan a la conversión: el rechazo de la verdad (que nos lleva a rebatir la verdad para poder pecar con tranquilidad) y la envidia u odio de la gracia (la envidia de la gracia fraterna o tristeza por la acción de la gracia en los demás y por el crecimiento de la gracia de Dios en el mundo).

(3) Y finalmente, lo que nos impide salir del pecado: la impenitencia (la negativa a arrepentirnos y dejar nuestros pecados) y la obstinación en el mal (la reiteración del propósito de seguir pecando).

Tomado de Catholic.net

¿CUÁLES SON LOS PECADOS CONTRA EL ESPÍRITU SANTO?

Para una mejor comprensión del tema, conviene indicar desde luego cuáles son los pecados contra el Espíritu Santo, según el Libro de las Sentencias de Pedro Lombardo (2 d.43), que Santo Tomás recoge y analiza, y antiguamente se enseñaban en las clases de catecismo (cf. F. X. Schouppe  S.J., Curso Abreviado de Religión, Bouret, México, 1906, p. 439):

Los pecados contra el Espíritu Santo son seis:

1) desesperación de la salvación;

2) presunción de salvarse sin merecimientos;

3) negar la verdad conocida como tal;

4) tener envidia o pesar de la gracia ajena;

5) obstinación en el pecado; y,

6) impenitencia final.

La referida obra añade que se llaman pecados contra el Espíritu Santo “los pecados de pura malicia, que siendo directamente opuestos a la misericordia de Dios y a la gracias del Espíritu Santo, hacen muy difícil la conversión”.

Tomado de Tesoros de la fe

“HERMANOS”

En arameo -la lengua hablada por Jesús- se usaba la expresión “hermanos”, para designar también a los sobrinos, primos y parientes en general. Así, en el Génesis aparecen Abrahán y su sobrino Lot, y en algún momento se refieren a ellos como hermanos. Por eso, la Iglesia siempre ha entendido este pasaje como no referidos a otros hijos de la Virgen María. Estos hermanos aludidos son, pues, parientes próximos de Jesús.

Tomado de Anécdotas y catequesis

ESTA LOCO

El original griego dice, con una sola palabra: exéste. Este término es un verbo aoristo, modo indicativo, voz activa, 3ª persona del singular, del verbo exístemi. El verbo exístemi está formado por la preposición ex, que significa ‘fuera’, y el verbo hístemi, que significa ‘estar’. Por lo tanto, exístemi significa ‘estar fuera de sí’14. Pero ‘fuera de sí’ en el sentido de ‘no estar en sus cabales’, es decir, sinónimo de ‘estar loco’, de ‘haber perdido la razón’. En resumen, lo que los opositores de Jesús están diciendo, de manera simple y corta, es: ‘está loco’.

P. José A. Marcone, IVE

LOS SANTOS HAN SIDO TENIDOS POR LOCOS.

Es conocida la anécdota de San Juan Bosco. “No sólo las autoridades civiles molestaban al pobre don Bosco e intentaban impedir el desarrollo de su Obra, sino que también sus colegas sacerdotes. Es más, a éstos se les había metido en la cabeza que don Bosco estaba enloqueciendo y que todo este empeño por los jóvenes era una verdadera manía”19. Estos sacerdotes hablaron con el director del manicomio para avisarle que le iban a llevar un sacerdote (Don Bosco) que estaba loco. Don Bosco se dio cuenta, no entró en la carroza con ellos y ordenó al que conducía la carroza que llevara a dichos sacerdotes al manicomio. El director del manicomio los tuvo allí hasta la noche, pensando que no era uno el sacerdote loco, sino dos.

La acusación de locura fue una de las preferidas por el régimen soviético para anular la acción de los creyentes y a los creyentes mismos. Testigos de la fe como el Card. Mindszenty debieron beber los así llamados ‘cócteles psiquiátricos’ para, supuestamente, ‘curar’ la también supuesta ‘locura’ de alguien que tenía una fe inconmovible en Cristo.

El ser tenido por locos por ser fieles a Cristo es una de las gracias más grandes que puede recibir el cristiano. San Ignacio pone como una cúspide de la vida espiritual el ‘tercer grado de humildad’, que es una gracia que hay que pedir en los Ejercicios Espirituales: “La 3ª es humildad perfectísima, es a saber, (…) siendo igual alabanza y gloria de la divina majestad, por imitar y parecerse más actualmente a Cristo nuestro Señor, quiero y elijo más pobreza con Cristo pobre que riqueza, oprobrios con Cristo lleno de ellos que honores, y desear más de ser estimado por vano y loco por Cristo que primero fue tenido por tal, que por sabio ni prudente en este mundo”20. Por eso dice San Pablo: “Mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, locura para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios” (1Cor 1,18.21.22-24).

P. José A. Marcone, IVE

CHISTE

RENUNCIAR A SATANÁS

A un viejecito, en su lecho de muerte, le pide el sacerdote que le asiste que renuncie a Satanás. Él responde: Mire, padre, yo creo que no es este el momento más propicio para andar creándose enemigos.

ORACIÓN

VENIMOS A TU PRESENCIA, DIOS NUESTRO

Venimos a tu presencia, Dios nuestro,

como caminantes, peregrinos, buscadores…

y queremos darte gracias,

celebrar juntos la alegría de sentirnos hijos tuyos.

Este es un lugar para el encuentro,

encuentro contigo desde nuestras raíces,

con nuestra historia y con el hoy

tan pobre y pequeño, pero abierto a Ti.

Te presentamos nuestros deseos de escucharte,

de comprometernos a fondo con la realidad,

aunando nuestras manos en un empeño común:

ser co-creadores contigo, parteras de la vida.

Por eso te pedimos fuerza para vivir en fraternidad

tantas veces necesitada de escucha y reconciliación.

Haznos capaces de acoger la diferencia

como don y riqueza de tu presencia creadora.

Queremos llevar tu mensaje de justicia y paz

como Buena Noticia a este mundo,

que sufre la guerra, el hambre, el odio,

la división, la soledad, la indiferencia.

Deseamos construir la paz

en cada uno de los entornos

donde estamos y vivimos.

También en nuestras comunidades,

entre nosotros,

que seamos capaces de crear espacios

para el diálogo y la armonía.

Que compartamos la vida y la fe,

que reine entre nosotros la alegría.

Renueva cada día la ilusión

por seguirte juntos acogiendo,

sembrando y entretejiendo tu Reino.

Tomado de Lasalle

MEDITACIÓN

El Evangelio de este domingo nos enseña dos tipos de incomprensión que Jesús debió afrontar: la de los escribas y la de sus propios familiares.

La primera incomprensión. Los escribas eran hombres instruidos en las Sagradas Escrituras y encargados de explicarlas al pueblo. Algunos de ellos fueron enviados desde Jerusalén a Galilea, donde la fama de Jesús comenzaba a difundirse, para desacreditarlo a los ojos de la gente: para hacer el oficio de chismoso, desacreditar al otro, quitar la autoridad, esa cosa fea. Y aquellos fueron enviados para hacer esto. Y estos escribas llegan con una acusación precisa y terrible —estos no ahorran medios, van al centro y dicen así: «Está poseído por Beelzebul y por el príncipe de los demonios expulsa los demonios» (v. 22). Es decir, el jefe de los demonios es quien le empuja a Él; que equivale a decir más o menos: «Este es un endemoniado». De hecho, Jesús sanaba a muchos enfermos y ellos quieren hacer creer que lo hacía no con el espíritu de Dios —como lo hacía Jesús—, sino con el del Maligno, con la fuerza del diablo.

Jesús reacciona con palabras fuertes y claras, no tolera esto, porque esos escribas, quizás sin darse cuenta están cayendo en el pecado más grave: negar y blasfemar el Amor de Dios que está presente y obra en Jesús. Y la blasfemia, el pecado contra el Espíritu Santo, es el único pecado imperdonable —así dice Jesús—, porque comienza desde el cierre del corazón a la misericordia de Dios que actúa en Jesús. Pero este episodio contiene una advertencia que nos sirve a todos. De hecho, puede suceder que una envidia fuerte por la bondad y por las buenas obras de una persona pueda empujar a acusarlo falsamente. Y aquí hay un verdadero veneno mortal: la malicia con la que, de un modo premeditado se quiere destruir la buena reputación del otro. ¡Que Dios nos libre de esta terrible tentación! Y si al examinar nuestra conciencia, nos damos cuenta de que esta hierba maligna está brotando dentro de nosotros, vayamos inmediatamente a confesarlo en el sacramento de la penitencia, antes de que se desarrolle y produzca sus efectos perversos, que son incurables. Estad atentos, porque este comportamiento destruye las familias, las amistades, las comunidades e incluso la sociedad.

El Evangelio de hoy también habla de otro malentendido, muy diferente con Jesús: el de sus familiares, quienes estaban preocupados porque su nueva vida itinerante les parecía una locura. (cf. v 21). De hecho, Él se mostró tan disponible para la gente, sobre todo para los enfermos y pecadores, hasta el punto de que ya ni siquiera tenía tiempo para comer. Estaba para la gente. No tenía tiempo ni siquiera para comer. Sus familiares, por lo tanto, decidieron llevarlo de nuevo a Nazaret, a casa. Llegan al lugar donde Jesús está predicando y lo mandan llamar. Le dicen: «He aquí, tu madre, tus hermanos y hermanas están afuera y te buscan» (v.32) y Él responde: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» y mirando a las personas que le rodeaban para escucharlo, añade: «¡He aquí mi madre y mis hermanos! Porque quien cumpla la voluntad de Dios, es mi hermano, mi hermana y mi madre» (vv. 33-34). Jesús ha formado una nueva familia, que ya no se basa en vínculos naturales, sino en la fe en Él, en su amor que nos acoge y nos une entre nosotros, en el Espíritu Santo. Todos aquellos que acogen la palabra de Jesús son hijos de Dios y hermanos entre ellos. Acoger la palabra de Jesús nos hace hermanos entre nosotros y nos hace ser la familia de Jesús. Hablar mal de los demás, destruir la fama de los demás nos vuelve la familia del diablo.

Aquella respuesta de Jesús no es una falta de respeto por su madre y sus familiares. Más bien, para María es el mayor reconocimiento, porque precisamente ella es la perfecta discípula que ha obedecido en todo a la voluntad de Dios. Que nos ayude la Virgen Madre a vivir siempre en comunión con Jesús, reconociendo la obra del Espíritu Santo que actúa en Él y en la Iglesia, regenerando el mundo a una vida nueva.

Papa Francisco, Ángelus, 10 de junio de 2018

CANTO

Espíritu de Dios HERMANA GLENDA

Delegación para el Clero de Santiago de Compostela