
CITA
«Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos.»
(Mt 7,13).
« ¡Entrar por ti, Puerta; recorrer Tu Camino,
Y, en Verdad, vivir Tu VIDA!»
S.Son
“No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo”
(Albert Camus)
“No, Juan, no existe tal lugar. El cielo no es un lugar, ni un tiempo. El cielo consiste en ser perfecto.”
Cita del libro Juan Salvador Gaviota
El cielo es el único bien que está al alcance de todas las fortunas.
Sólo hay un camino para llegar, y mil para alejarse.
Jean de la Bruyere
“No sé a dónde vamos, pero vamos bien”.
Pedro Arrupe
San Ireneo de Lyon «Porque tal es la razón por la que el Verbo se hizo hombre, y el Hijo de Dios, Hijo del hombre: para que el hombre al entrar en comunión con el Verbo y al recibir así la filiación divina, se convirtiera en hijo de Dios» (Catecismo 460 ).
Orígenes, «Todos los que creemos en Cristo Jesús somos llamados piedras vivas (…). Para que te prepares con mayor interés, tú que me escuchas, a la construcción de este edificio, para que seas una de las piedras próximas a los cimientos, debes saber que es Cristo mismo el cimiento de este edificio que estamos describiendo» (Orígenes, In Iesu Nave 9,1).
San Cipriano, «¡Cuál no será tu gloria y tu dicha!: Ser admitido a ver a Dios, tener el honor de participar en las alegrías de la salvación y de la luz eterna en compañía de Cristo, el Señor tu Dios […], gozar en el Reino de los cielos en compañía de los justos y de los amigos de Dios, las alegrías de la inmortalidad alcanzada» (Epistula 58, 10).
S. Hilario, “Así tenemos acceso a la unidad con el Padre, ya que, estando Él en el Padre por generación natural, también nosotros estamos en Él de un modo connatural, por su presencia permanente y connatural en nosotros” Tratado sobre la Santísima Trinidad, Libro 8, 14; PL 10, 246-249.
San Atanasio, «Porque el Hijo de Dios se hizo hombre para hacemos Dios» (Catecismo 460).
San Ambrosio Pues la vida es estar con Cristo; donde está Cristo, allí está la vida, allí está el reino (Luc. 10,121).
S. Gregorio de Nisa, «El que por nosotros se hizo hombre, siendo el Hijo único, quiere hacernos hermanos suyos y, para ello, hace llegar hasta el Padre verdadero su propia humanidad, llevando en ella consigo a todos los de su misma raza»
S. Agustín, Siguiendo el camino de su humanidad, llegarás a la divinidad. El te conduce a él mismo. No andes buscando por dónde ir a él fuera de él.
«Si lo amas, vete detrás de Él. Lo amo, contestas, ¿por qué camino seguirlo? Si el Señor Dios tuyo te hubiera dicho: «Yo soy la Verdad y la Vida», tu deseo de la Verdad y tu amor a la Vida te llevarían ciertamente a la búsqueda del camino que te pudiera conducir a ellas y te dirías a ti mismo: «Magnífica cosa es la Verdad y magnífica cosa es la Vida, si existiera el camino de llegar a ellas mi alma». ¿Buscas el camino? Oye lo primero que te dice: «Yo soy el Camino»… Dice primero por dónde has de ir y luego adónde has de ir. En el Señor del Padre está la Verdad y la Vida; vestido de nuestra carne es el Camino» (Tratado 34,9 sobre el Evangelio de San Juan).
“El mismo Camino vino a tu encuentro y te despertó del sueño en que dormías. ¡Levántate y camina!” (Sobre el Evangelio de Juan, 34,9).
«Era necesario decirles: Yo soy el Camino, para demostrarles que en realidad sabían lo que les parecía ignorar, porque le conocían a Él» (S. Agustín, In Ioannis Evangelium 66,2).
Camina contemplando su humildad y llegarás hasta Dios» (S. Agustín, Sermones 142 y 141,1.4).
Santo Tomás de Aquino, Es mejor andar por el camino, aunque sea cojeando, que caminar rápidamente fuera de camino. Porque el que va cojeando por el camino, aunque adelante poco, se va acercando al término; pero el que anda fuera del camino, cuanto más corre, tanto más se va alejando del término. (Sto. Tomás de Aquino, Super Evangelium Ioannis, ad loc.).
Maestro Eckhart Aunque eches a Dios de casa, Dios no va más allá de la puerta y esperará allí por mucho que tardes en volver a abrirla.
Santa Catalina de Siena “¡Oh abismo, oh Trinidad eterna, oh Deidad, oh mar profundo!: ¿podías darme algo más preciado que tú mismo? Tú eres el fuego que siempre arde sin consumir; tú eres el que consumes con tu calor los amores egoístas del alma. Tú eres también el fuego que disipa toda frialdad; tú iluminas las mentes con tu luz, en la que me has hecho conocer tu verdad.
Ignacio de Loyola, “Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis, a vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro, disponed según vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que ésta me basta”.
Santa Teresa de Jesús: «Ven muerte, tan escondida /que no te sienta venir / porque el placer de morir / no me vuelva a dar la vida»
Concilio Vaticano II: Todas sus obras, oraciones e iniciativas apostólicas -la convivencia conyugal y familiar, la labor cotidiana, el descanso del espíritu y del cuerpo-, si se llevan a cabo en el Espíritu -incluso las contrariedades de la vida, si se sobrellevan con paciencia-, se convierten el ofrendas espirituales, agradables a Dios a través de Jesucristo, las cuales en la celebración de la Eucaristía se ofrecen piadosamente al Padre junto con la oblación del Cuerpo del Señor. Así también los laicos, tributándole en todas partes con la santidad de su vida un culto de adoración, consagran el mundo a Dios (Constitución dogmática Lumen gentium, n. 34).
Catecismo, 1023 Los que mueren en la gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados, viven para siempre con Cristo. Son para siempre semejantes a Dios, porque lo ven «tal cual es» (1 Jn 3, 2), cara a cara (cf. 1 Co 13, 12; Ap 22, 4):
«Definimos con la autoridad apostólica: que, según la disposición general de Dios, las almas de todos los santos […] y de todos los demás fieles muertos después de recibir el Bautismo de Cristo en los que no había nada que purificar cuando murieron […]; o en caso de que tuvieran o tengan algo que purificar, una vez que estén purificadas después de la muerte […] aun antes de la reasunción de sus cuerpos y del juicio final, después de la Ascensión al cielo del Salvador, Jesucristo Nuestro Señor, estuvieron, están y estarán en el cielo, en el Reino de los cielos y paraíso celestial con Cristo, admitidos en la compañía de los ángeles. Y después de la muerte y pasión de nuestro Señor Jesucristo vieron y ven la divina esencia con una visión intuitiva y cara a cara, sin mediación de ninguna criatura» (Benedicto XII: Const. Benedictus Deus: DS 1000; cf. LG 49).
1024 Esta vida perfecta con la Santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con ella, con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados se llama «el cielo» . El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha.
1025 Vivir en el cielo es «estar con Cristo» (cf. Jn 14, 3; Flp 1, 23; 1 Ts 4,17). Los elegidos viven «en Él», aún más, tienen allí, o mejor, encuentran allí su verdadera identidad, su propio nombre (cf. Ap 2, 17):
«Pues la vida es estar con Cristo; donde está Cristo, allí está la vida, allí está el reino» (San Ambrosio, Expositio evangelii secundum Lucam 10,121).
1026 Por su muerte y su Resurrección Jesucristo nos ha «abierto» el cielo. La vida de los bienaventurados consiste en la plena posesión de los frutos de la redención realizada por Cristo, quien asocia a su glorificación celestial a aquellos que han creído en Él y que han permanecido fieles a su voluntad. El cielo es la comunidad bienaventurada de todos los que están perfectamente incorporados a Él.
1027 Este misterio de comunión bienaventurada con Dios y con todos los que están en Cristo, sobrepasa toda comprensión y toda representación. La Escritura nos habla de ella en imágenes: vida, luz, paz, banquete de bodas, vino del reino, casa del Padre, Jerusalén celeste, paraíso: «Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman» (1 Co 2, 9).
1028 A causa de su transcendencia, Dios no puede ser visto tal cual es más que cuando Él mismo abre su Misterio a la contemplación inmediata del hombre y le da la capacidad para ello. Esta contemplación de Dios en su gloria celestial es llamada por la Iglesia «la visión beatífica»:
«¡Cuál no será tu gloria y tu dicha!: Ser admitido a ver a Dios, tener el honor de participar en las alegrías de la salvación y de la luz eterna en compañía de Cristo, el Señor tu Dios […], gozar en el Reino de los cielos en compañía de los justos y de los amigos de Dios, las alegrías de la inmortalidad alcanzada» (San Cipriano de Cartago, Epistula 58, 10).
1029 En la gloria del cielo, los bienaventurados continúan cumpliendo con alegría la voluntad de Dios con relación a los demás hombres y a la creación entera. Ya reinan con Cristo; con Él «ellos reinarán por los siglos de los siglos» (Ap 22, 5; cf. Mt 25, 21.23).
San Juan Pablo II ¡Caminemos por este camino! ¡Amemos esta verdad! ¡Vivamos esta vida! “Que no se turbe vuestro corazón” (Jn 14,1,27). Dejad que os impregne esta fortaleza que brota de la resurrección del Señor. La victoria es nuestra fe (cf. 1 Jn 5,4). Homilía en la parroquia de Stª. María Auxiliadora (20-V-1984)
Benedicto XVI Sólo Él es el camino que conduce a la felicidad eterna, la verdad que satisface los deseos más profundos de todo corazón, y la vida trae siempre nuevo gozo y esperanza, para nosotros y para todo el mundo. (Yankee Stadium, Bronx, Nueva York, 20 de abril de 2008)
Papa Francisco, La vida cristiana es siempre seguir el camino y no ir solos ()
Søren Kierkegaard Solo cuando el hombre se ha entendido a sí mismo en profundidad y contempla el discurrir de su camino, solo entonces su vida tiene paz y sentido ()
Kierkegaard, «no podemos ignorar lo eterno que hay en nosotros».
PALABRA DE DIOS (Tomado de pensamientos.org)
“La Palabra de Dios es la luz verdadera que necesita el hombre” SS. Benedicto XVI
Las riquezas y los afanes del mundo «ahogan la Palabra de Dios y no la dejan crecer». SS. Francisco
“los discípulos han de sacar provecho de la predicación del Evangelio y de la experiencia del rechazo, aprendiendo a aceptar esto con paciencia y mansedumbre, y no con ánimo de venganza”. Cirilo de Alejandría
No hay que entender a Jesús desde el Antiguo Testamento; hay que entender el Antiguo Testamento desde Jesús. P. José Enrique Ruiz de Galarreta, sj
“Poned en práctica la Palabra, no os contentéis con escucharla, eso sería engañaros” San Agustín
CONTO
“¿QUIÉN ALIMENTARÁ A LOS HAMBRIENTOS?”
“¿Quién de ustedes asumirá la obligación de alimentar a los hambrientos?” -preguntó Buda a sus discípulos cuando el hambre asolaba Shravasti.
Ratuakar, el banquero, movió la cabeza diciendo:
– “Todas mis riquezas no bastarían para dar de comer a los hambrientos”.
Jayasen, el general de los ejércitos reales, respondió:
– “Estaría dispuesto a dar mi propia sangre, pero no tengo comida suficiente en mi casa”.
Dharmapal, que poseía muchas hectáreas de tierra, dijo con un suspiro:
– “El demonio de la sequía ha absorbido la humedad de mis campos. No sé cómo pagar ni siquiera los impuestos.”
Se levantó entonces Supriya, la hija del mendigo. Hizo una reverencia a todos y dijo humildemente:
– “Seré yo quien dé de comer a los hambrientos.”
– “¿Cómo? -gritaron todos sorprendidos- ¿Qué esperanzas puedes tener tú de cumplir esa promesa?”
– “Soy la más pobre de todos ustedes -dijo Supriya-, esa es mi fuerza, tengo fe, y mi arcón y mi despensa en cada una de sus casas.”
Tomado de Alejandro Illescas, Los cuentos de mis homilías
Cáritas Madrid 2024
ANÉCDOTA
IGLESIA NACIENTE
La primera lectura nos cuenta la institución de los diáconos y el aumento progresivo de la comunidad, subrayando el hecho de que se uniesen a ella incluso sacerdotes.
La comunidad de Jerusalén estaba formada por judíos de lengua hebrea y judíos de lengua griega (probablemente originarios de países extranjeros, la Diáspora). Los problemas lingüísticos, tan típicos de nuestra época, se daban ya entonces. Los de lengua hebrea se consideraban superiores, los auténticos. Y eso repercute en la atención a las viudas. Lucas, que en otros pasajes del libro de los Hechos subraya tanto el amor mutuo y la igualdad, no puede ocultar en este caso que, desde el principio, se dieron problemas en la comunidad cristiana por motivos económicos.
Los diáconos son siete, número simbólico, de plenitud. Aunque parecen elegidos para una misión puramente material, permitiendo a los apóstoles dedicarse al apostolado y la oración, en realidad, los dos primeros, Esteban y Felipe, desempeñaron también una intensa labor apostólica. Esteban será, además, el primer mártir cristiano.
Tomado de J.L.Sicre
¿QUÉ SABEMOS DE LOS SIETE DIÁCONOS?
San Esteban fue el primer mártir del cristianismo. Se granjeó la enemistad de los judíos por predicar el Evangelio, y fue acusado de blasfemia. En su juicio, Esteban dio un largo discurso hablando de la historia de la salvación. Fue condenado a la lapidación. Su martirio fue contemplado por un joven llamado Saulo que, posteriormente, una vez convertido a la fe cristiana, fue el apóstol san Pablo. La única fuente de información sobre Esteban es el libro Hechos de los apóstoles. Era un judío de lengua griega. Los judíos helénicos le escogieron para que organizara una distribución más justa de los recursos entre las viudas de esa comunidad.
San Felipe aparece en varias ocasiones en los Hechos de los apóstoles y que no debe confundirse con el apóstol san Felipe. Predicó e hizo milagros en Samaria, convirtiendo a los samaritanos a la fe de Cristo, bautizó al eunuco de Candace, que era la reina de los etíopes, y evangelizó todas las ciudades por las que pasaba hasta llegar a Cesarea de Palestina, donde, según la tradición, descansó en el Señor.
San Prócoro. Su origen fue probablemente helénico. Una tradición más tardía lo asoció con el grupo de los setenta y dos discípulos seguidores de Jesucristo, mientras que algunos escritos apócrifos lo vincularon con el evangelista san Juan. Se habría desempeñado como obispo de Nicomedia, en Bitinia, para finalmente sufrir el martirio por la fe en Jesucristo en Antioquía.
San Nicanor. Aparte de la mención de su nombre en la lista de los primeros diáconos, en los escritos neotestamentarios no se le nombra más. Las tradiciones posteriores asociadas al nombre de Nicanor son muy poco fiables.Dice la tradición que fue enviado por los apóstoles a Chipre para evangelizarlo, donde además siguió practicando la caridad. La tradición es ambivalente en cuanto al lugar de su martirio, que fue en el siglo I. Así, por una parte se dice que sufrió el martirio en Jerusalén en compañía de san Esteban, mientras que otras fuentes hablan de su martirio en Chipre durante la persecución de Vespasiano hacia el año 67.
San Pármenas predicó el evangelio en Asia Menor. Se le dio muerte en Filipos, Macedonia, durante el imperio de Trajano por el año 98.
San Timón. Según la tradición, Timón se distinguió por su labor en el mundo judío y helenístico y ha sido muy venerado, especialmente, en Berea y Corinto por su fidelidad a Cristo hasta la muerte.
San Nicolás. Cuando es citado junto a los seis diáconos, de dice de él es prosélito de Antioquía. Es considerado santo por la Iglesia. En el Martirologio Romano, en el día 28 de julio,se lee el siguiente elogio: Conmemoración de los santos Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía, en la actual Turquía, que formaron parte de los siete elegidos por la multitud entre los discípulos, por considerarlos llenos del Espíritu Santo y sabiduría, y a los cuales los apóstoles impusieron las manos para que se dedicaran a atender a los pobres.
Tomado de Anécdotas y catequesis
CONCORD
En Francia se exhibía hace unos años este anuncio: «El Concorde parte de París a las 11 a.m. para aterrizar en Nueva York a las 9:30 a.m. del mismo día». Desconcertante hazaña de un avión que atraviesa el océano en busca del amanecer.
Gustavo Vélez
Tomado de Dies Domini
CAMINO DE LOS SIN CAMINO
Estaban tan sólo a 20 kilómetros, montaña abajo, de un refugio repleto de víveres donde todos hubieran podido salvarse, mientras ellos iban muriendo uno a uno entre los despojos del avión, rodeados de nieve en lo alto del monte, alimentándose de la carne de sus compañeros muertos. Esta fue la trágica ironía de aquel avión perdido en las cimas de los Andes el 12 de octubre de 1972. Perdidos en la nieve no sabían a donde ir ni sabían el camino.
Cuántas veces caminamos en el desierto. No sabemos a dónde vamos. Sobre la arena no hay camino. Y el camino de nuestras pisadas detrás las va borrando el viento. Náufragos en medio del océano donde los peces no dejan caminos ni sendas ¿A dónde vamos? ¿Dónde esta el camino?
José María Maruri, SJ
Tomado de Alforjas de pastoral
«DIÁCONOS».
En la comunidad cristiana de los primeros trescientos años, todos los cargos ministeriales eran cargos no cultuales, en el sentido en el que ahora los tenemos. En la primera Iglesia se consideraba que sólo Cristo podía ser llamado «sacerdote» y, como sólo Cristo podía ser llamado sacerdote, sólo la comunidad, toda ella, por ser el cuerpo de Cristo, era sacerdotal.
Los “diáconos”, y eso significaba la palabra en griego, eran “servidores”. Los presbíteros (eso significa la palabra en griego) eran “ancianos”, es decir personas “dignas” de la comunidad, personas respetables de la comunidad. Los apóstoles eran obispos, es decir, y eso es lo que significa la palabra griega, eran “inspectores”.
Antonio Díaz Tortajada
Tomado de Alforjas de pastoral
SAN FRANCISCO.
Una vez encontró a un sacerdote que estaba viviendo abiertamente con una mujer. Uno de sus hermanos le preguntó si las misas de él eran contaminadas y sin validez. Francisco no dijo nada, sino fue al sacerdote, se arrodilló ante él y le besó las manos.
«Pero padre Francisco,» el hermano le dijo, «esas son las manos de un pecador, un hombre que trae vergüenza a la Novia de Cristo.»
«Sí, hermano,» replicó San Francisco. «Y esas manos también levantan a Dios.»
El gesto del santo afectó tanto al sacerdote que se arrepintió y después empezó a vivir una vida santa, de oración profunda.
(Por favor, ¡no me vengan todos después de la misa para besarme las manos!)
Tomado de P. Felipe Bloom
¡EL “SHALIAH” DEL ABBÁ!
Jesús tiene una viva conciencia de “enviado”.
En hebreo se utilizaba una palabra muy significativa: ¡shaliah! El shaliah era aquel que representaba a otro, como si fuera él mismo, era su plenipotenciario, su expresión. Jesús se presentaba siempre a sí mismo como el Shaliah del Abbá, de Dios Padre. Verlo, contemplarlo, era una invitación permanente a descubrir en cada uno de sus rasgos, acciones, palabras, al Abbá.
La dignidad de Jesús supera a cualquier dignidad humana. Dios Padre, el Abbá, actuaba en Él, se expresaba en Él. Por eso, Jesús se permite pedir una confianza absoluta en Él: ¡Creed en Dios! ¡Creed también en mi!
Tomado de José Cristo Rey García Paredes, CMF
EJEMPLOS PREDICABLES
SAN BERNARDO, hijo de noble familia dotado de claro ingenio, se hallaba en la flor de la vida y, todo le sonreía. Mas se preguntó a sí mismo: ¿Cuánto podrán durar estas cosas? ¿Y por ellas voy a exponerme para siempre a perder mi alma?, Y resolvió entrar en la orden del Cister.
Trataron de disuadirle sus hermanos, mas él fue tan afortunado y elocuente, que llevó consigo a cuatro de sus hermanos, a un tío suyo y a otros treinta caballeros. Sucedió que el hermano mayor, al despedirse del menor de todos, Navardo, le dijo:
—Quédate con Dios: nosotros nos vamos al monasterio y te dejamos heredero de toda nuestra hacienda.
— ¿Cómo? — repuso Navardo — ¿vosotros escogéis el cielo y a mí me dejáis la tierra? No es buena partición.
Y los siguió al claustro.
SAN JUAN FISCHER,
Cardenal y obispo de Rochester (+1535), ya anciano y decrépito, fue condenado a muerte por Enrique VIII por no haber firmado lo que el rey, impía e injustamente, pretendía.
Al salir de la cárcel, escuálido y extenuado, tenía que esforzarse por andar: pero cuando vio el patíbulo, donde había de dejar la cabeza, arrojó el bastón en que se apoyaba, exclamando: ¡Andad, pies míos, que estamos muy poco distantes del paraíso!: Ite, pedes: paulo a Paradiso distamos!
Tomados de” Vademécum de ejemplos predicables”, Mauricio Rufino, ed. Herder 1962.
Tomado de Dies Domini
HUMOR
COSAS DE MI MADRE
Un día San Pedro estaba de muy mal humor en el Cielo. Se presentó ante Jesús y le dijo:
Maestro, sabes que se van a cumplir dos mil años desde que me hiciste «portero» del Cielo al darme las llaves del Reino… Desde entonces no ha entrado aquí nada que no esté más limpio que el sol… En esto soy muy puntilloso, bien lo sabes…
Sí, Pedro, lo sé y te estoy muy agradecido por tu celo en el cuidado del Reino de los Cielos…
Pues me temo -dijo Pedro- que algo está pasando. Desde mi observatorio de la portería vigilo y he observado que en las avenidas celestes hay caras desconocidas… ¡y lo que es peor, poco limpias! Hasta los vestidos de algunos bienaventurados dejan mucho que desear…
Bien Pedro… ¿y qué sugieres?
Una investigación de las murallas, porque…. por la portería no han pasado. Tiene que haber «otra puerta» distinta de la mía, Señor.
Aquella tarde, a la hora de la siesta, Jesús y Pedro se dieron una vuelta de inspección por las murallas de la Gloria… hasta que por fin Pedro, triunfante, gritó:
¡¡Ahí está, Señor, ahí está!! ¡¡Ya lo sabía…!! ¡¡Mira!!
Señalaba, tras un rosal florecido, un hueco del que pendía un rosario que llegaba hasta la Tierra.
Y dijo el Señor:
Déjalo Pedro, esas… son cosas de mi Madre.
Tomado de Anecdonet
POEMA
CAMINO, VERDAD Y VIDA
Dios anda entre pucheros… Las tensiones
que la Iglesia libera en su andadura,
son signos de la humana catadura,
que no empece la fuerza de los Dones.
Tomás… Felipe… purgan sus pasiones:
la lógica -virtud de la cordura-…;
la experiencia sensible…, ¡tan segura
que descarta la fe y las mediaciones…!
Piedra angular, Palabra poderosa,
Verdad, Camino, Vida desbordada…
Jesús, luz cenital, maravillosa,
que triunfa del pecado y de la nada…,
Mediador de una fe tan laboriosa
que construye en el cielo mi morada.
Pedro Jaramillo
ORACIÓN
BELLA ORACIÓN DE SAN AGUSTÍN:
“He querido tener la inteligencia de lo que creo, Señor,
en cuanto he podido.
En cuanto me has dado fuerzas, te he buscado.
He querido tener la inteligencia de lo que creo.
He discutido mucho.
Señor, mi Dios, mi única esperanza,
escúchame,
no permitas que deje de buscarte.
Pon en mi corazón
un deseo más ardiente de buscarte.
Aquí estoy ante Ti con mi fuerza y mi debilidad.
Dale sostenimiento a lo primero y sáname en lo otro.
Ante Ti está mi ciencia y mi ignorancia,
allí donde me has cerrado, abre a aquel que toca.
Que yo me acuerde de Ti.
Que te comprenda.
Que te ame”.
Amén
San Agustín
Tomado de Padre Fidel Oñoro CJM
MEDITACIÓN
Conservad profundamente en el corazón la verdad salvífica que la Iglesia proclama en el V domingo de Pascua.
Que se consolide en vuestra conciencia.
Que guíe vuestro comportamiento.
Cristo es el camino, la verdad y la vida.
¡Caminemos por este camino!
¡Amemos esta verdad!
¡Vivamos esta vida!
“Que no se turbe vuestro corazón” (Jn 14,1,27).
Dejad que os impregne esta fortaleza que brota de la resurrección del Señor.
La victoria es nuestra fe (cf. 1 Jn 5,4).
S.S. Juan Pablo II. Homilía (20-V-1984)
CONTEMPLACIÓN DE LA PALABRA
El cristianismo es una religión de la Palabra de Dios, no de una palabra escrita y muda, sino del Verbo encarnado y vivo (7).
La fe apostólica testifica que la Palabra eterna se hizo uno de nosotros. La Palabra divina se expresa verdaderamente con palabras humanas (11).
Cuando Dios revela, el hombre tiene que someterse con fe, por la que el hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece el homenaje total de su entendimiento y voluntad, asintiendo libremente a lo que él ha revelado (25).
La respuesta propia del hombre al Dios que habla, es la fe. La fe, con la que abrazamos de corazón la verdad que se nos ha revelado y nos entregamos totalmente a Cristo, surge precisamente por la predicación de la Palabra divina: la fe nace del mensaje, y el mensaje consiste en hablar de Cristo. La historia de la salvación en su totalidad nos muestra de modo progresivo este vínculo íntimo entre la Palabra de Dios y la fe, que se cumple en el encuentro con Cristo (25).
La fe adquiere la forma del encuentro con una Persona a la que se confía la propia vida (25).
Benedicto XVI Exhortación Apostólica Verbum Domini sobre la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia, publicada en Roma el 30 de septiembre del 2010
CANTO
Yo soy el camino firme | Canto Católico
Quiero Alborada Grupo Cristiano
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Equipo Quiero Ver: En medio del ruido
Delegación para el Clero de Santiago de Compostela








