En la pre-vigilia del Jubileo de los Jóvenes, el testimonio, la música y la oración encendieron el corazón de miles. La multitud no se dejó amedrentar por el extremo calor en Roma. El grupo Hakuna y su mensaje de unidad marcaron uno de los momentos más emotivos.

Ni el calor sofocante de Roma pudo apagar la alegría y la energía de los cientos de miles de jóvenes congregados en Tor Vergata la tarde del sábado 2 de agosto. En un ambiente marcado por el entusiasmo, los cantos y el espíritu de comunión, se celebró la pre-vigilia del Jubileo de los Jóvenes, antesala del gran encuentro con el Papa León XIV.
El cielo despejado y las temperaturas elevadas no frenaron la participación activa de los peregrinos, que transformaron el predio en un verdadero mar de banderas, sombreros, abanicos improvisados y corazones abiertos. A medida que avanzaban las horas, crecía la expectativa por la llegada del Santo Padre. Uno de los momentos más emotivos fue cuando los presentes comenzaron a cantar espontáneamente el himno «Emmanuel», que acompañó la JMJ del año 2000 con San Juan Pablo II, precisamente en este mismo lugar. Un eco del pasado que se hizo presente con fuerza y nostalgia.
La pre-vigilia estuvo caracterizada, entre otros elementos, por la presentación de cuatro testimonios de jóvenes provenientes de distintas partes del mundo, que compartieron sus historias de fe, conversión y compromiso con la Iglesia. Sus palabras fueron acogidas con atención, aplausos y profunda emoción por una asamblea sedienta de sentido.
Entre los momentos más destacados de la jornada estuvo la participación musical del Movimiento Hakuna, nacido precisamente en el contexto de la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro en 2013. El grupo, originario de España, no solo compartió una de sus canciones en el escenario principal, sino que también estuvo presente entre los peregrinos con su testimonio vivo de comunidad, oración y misión.

