Nota de los obispos españoles sobre la eutanasia: no es Medicina y va contra la dignidad humana

A principios de este mes de mayo el PSOE presentaba una proposición de ley legalizar la eutanasia y el suicidio asistido, que fue admitida a trámite con el apoyo del Unidos Podemos, la abstención de Ciudadanos y el voto en contra del PP.




Unas semanas después de presentarse el proyecto, la Conferencia Episcopal Española ha hecho pública una nota de ocho puntos en la que explica por qué la eutanasia y el suicidio asistido son intrínsecamente malos para el ser humano.

«No existe el derecho a disponer arbitrariamente de la propia vida»


“La Iglesia siempre ha considerado la eutanasia como un mal moral y un atentado a la dignidad de la persona”,
afirma el texto, que recalca que “debemos recordar que la eutanasia en
sentido verdadero y propio se debe entender como una acción u omisión
que por su naturaleza y en la intención causa la muerte”.



Los obispos aseguran que el proyecto de ley “defiende la
absolutización del principio de autonomía y de la pura subjetividad como
criterios fundamentales de la decisión”
. Sin embargo,
recuerdan que “es necesario señalar que nadie es dueño absoluto de la
vida. No existe un derecho a disponer arbitrariamente de la propia
vida”.



Los pacientes reclaman los cuidados paliativos


Siguiendo este argumentario, la nota de la Subcomisión Episcopal de Familia y Vida aclara que “no es posible entender la eutanasia y el suicidio asistido como algo que se refiera exclusivamente a la autonomía del individuo,
ya que tales acciones implican la participación de otros, en este caso,
del personal sanitario”. Y en este caso, la eutanasia es ajena al
ejercicio de la Medicina.



A juicio de la Conferencia Episcopal, “lo que realmente demandan
los enfermos y sus familias es la ayuda para asumir los problemas y las
dificultades personales y familiares
que se suelen presentar en los últimos momentos de la vida”.



La nota hace hincapié en que es “llamativo que se quiera proponer una ley de eutanasia cuando no se ha legislado a nivel estatal sobre la instauración de los cuidados paliativos”,
pues son precisamente éstos los que “son demandados ampliamente por la
sociedad y por los profesionales sanitarios en particular”.




Nota íntegra de la Subcomisión Episcopal de Familia y Vida


  1. El mandamiento “no matarás” se encuentra en el fundamento de toda
    ética verdaderamente humana y, de modo particular, en la tradición
    cristiana. “Explícitamente, el precepto «no matarás» tiene un fuerte
    contenido negativo: indica el límite que nunca puede ser transgredido.
    Implícitamente, sin embargo, conduce a una actitud positiva de respeto
    absoluto por la vida, ayudando a promoverla y a progresar por el camino
    del amor que se da, acoge y sirve.” (Evangelium Vitae, 54).



  1.  
  2. La eutanasia y el suicidio asistido son presentados hoy por algunos
    como respuestas viables y aceptables al problema del dolor y del
    sufrimiento. Como afirma Benedicto XVI, “es cierto que debemos hacer
    todo lo posible para superar el sufrimiento, pero extirparlo del mundo
    por completo no está en nuestras manos, simplemente porque no podemos
    desprendernos de nuestra limitación, y porque ninguno de nosotros es
    capaz de eliminar el poder del mal, de la culpa, que –lo vemos– es una
    fuente continua de sufrimiento” (Spe Salvi, 3).



  1.  
  2. Ante las diversas iniciativas legislativas presentadas en el
    Congreso de los Diputados sobre la eutanasia y el suicido asistido,
    debemos recordar que la eutanasia en sentido verdadero y propiose debe
    entender como una acción u omisión que por su naturaleza y en la
    intención causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor. La
    Iglesia siempre ha considerado la eutanasia como un mal moral y un
    atentado a la dignidad de la persona. San Juan Pablo II afirmaba que “de
    acuerdo con el Magisterio de mis predecesores y en comunión con los
    obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eutanasia es una grave
    violación de la Ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana.” (Evangelium Vitae, 65).



  1.  
  2. La proposición de ley defiende una absolutización del principio de
    autonomía y de la pura subjetividad como criterios fundamentales de la
    decisión. A este respecto, es necesario señalar que nadie es dueño
    absoluto de la vida. No existe un derecho a disponer arbitrariamente de
    la propia vida. Las decisiones terapéuticas tienen su raíz en los
    conocimientos de la Medicina basada en la evidencia.



  1.  
  2. Por otro lado, no es posible entender la eutanasia y el suicidio
    asistido como algo que se refiera exclusivamente a la autonomía del
    individuo, ya que tales acciones implican la participación de otros, en
    este caso, del personal sanitario. Ya el juramento hipocrático afirma:
    “no daré ninguna droga letal a nadie, aunque me la pidan, ni sugeriré un
    tal uso”. La eutanasia es ajena al ejercicio de la Medicina y a las
    profesiones sanitarias, que siempre se rigen por el axioma de “curar, al
    menos aliviar y siempre acompañar y consolar”. El artículo 36.3 del
    Código de Ética y Deontología Médica de la Organización Médica Colegial
    española afirma que “el médico nunca provocará intencionadamente la
    muerte de ningún paciente, ni siquiera en caso de petición expresa por
    parte de éste”. A este respecto, el Papa Francisco afirma: “no siempre
    se puede garantizar la curación de la enfermedad, a la persona que vive
    debemos y podemos cuidarla siempre: sin acortar su vida nosotros mismos,
    pero también sin ensañarnos inútilmente contra su muerte. En esta línea
    se mueve la medicina paliativa que reviste también una gran importancia
    en ámbito cultural, esforzándose por combatir todo lo que hace la
    muerte más angustiosa y llena de sufrimiento, es decir, el dolor y la
    soledad.” (Mensaje del Papa Francisco al Presidente de la Academia
    Pontificia para la Vida con motivo del Encuentro Regional Europeo de la
    “World Medical Association”, Roma, noviembre 2017).



  1.  
  2. También es necesario reconocer que la eutanasia y el suicidio
    asistido conciernen al conjunto de la sociedad y sus instituciones. En
    el pensamiento que subyace a la proposición de ley, el ser humano
    aparece como aislado de los demás, y la sociedad no es considerada como
    un tejido de interacciones humanas, sino como mero ámbito en el que
    existe una libertad absoluta de los individuos encerrados en sí mismos
    sin ninguna referencia a los otros. Ante esta concepción, es necesario
    resaltar que el ser humano es un ser con los otros y para los otros.
    Este es el fundamento último de la sociedad. Y en este contexto, el
    Estado tiene la obligación de proteger la vida de todos los ciudadanos.



  1.  
  2. Lo que realmente demandan los enfermos y sus familias es la ayuda
    para asumir los problemas y las dificultades personales y familiares que
    se suelen presentar en los últimos momentos de la vida. El tratamiento
    del dolor y el abordaje del sufrimiento, el control de efectos
    secundarios y colaterales, la mejora de la calidad de vida y de la
    autonomía del paciente, la ayuda a las familias en estas situaciones, el
    morir en compañía de los seres queridos, con la asistencia espiritual y
    sacramental, y otros muchos aspectos importantes, son los elementos
    reiteradamente demandados. Y estos elementos son precisamente los que
    configuran lo que conocemos como cuidados paliativos. Es llamativo que
    se quiera proponer una ley de eutanasia cuando no se ha legislado a
    nivel estatal sobre la instauración de los cuidados paliativos, así como
    la necesaria formación reglada de esta disciplina de altísimo valor
    científico y ético en el ámbito universitario y sanitario. Son
    precisamente estos cuidados los que son demandados ampliamente por la
    sociedad y por los profesionales sanitarios en particular.



  1.  
  2. Todo ser humano es un don que refleja el rostro de Dios y que merece
    acogida, protección, respeto y amor. “Cada vez que lo hicisteis con uno
    de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40).
    Es lo que el Papa Francisco ha denominado “el gran protocolo” (Gaudete et exultate, 95). En este mes de mayo nos acogemos al cuidado materno de la Virgen María, salud de los enfermos.






Madrid, 21 de mayo de 2018



+ Mario Iceta Gabicagogeascoa, obispo de Bilbao y presidente



+ Francisco Gil Hellín, arzobispo emérito de Burgos



+ Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares



+ José Mazuelos Pérez , obispo de Asidonia-Jerez



+ Juan Antonio Aznárez Cobo, obispo auxiliar de Pamplona y Tudela


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