
La parroquia de San José de Pontevedra se convirtió este lunes, 8 de diciembre, en el epicentro espiritual del Arciprestazgo del Lérez con la celebración del Jubileo, una cita que reunió a numerosos fieles en una jornada marcada por el recogimiento, la reconciliación y la esperanza.
El templo abrió sus puertas para acoger un amplio turno de confesiones. Varios sacerdotes del arciprestazgo se turnaron en la atención a los fieles que, aprovechando la ocasión jubilar, se acercaron al sacramento de la reconciliación con el deseo de obtener las gracias propias de este tiempo especial de la Iglesia. El ambiente, sereno y silencioso, invitaba a la reflexión personal en una jornada que coincidía con la solemnidad de la Inmaculada Concepción.
El momento central de la celebración llegó con la solemne Eucaristía, presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto Fernández, quien estuvo acompañado por sacerdotes del arciprestazgo. La iglesia de San José presentó una notable afluencia de fieles, reflejo de la importancia que este Jubileo ha tenido para la comunidad cristiana de la zona.
Durante su homilía, el arzobispo ofreció una profunda reflexión sobre la historia de la salvación, la misericordia de Dios y el papel de María como modelo de fe y esperanza. A partir del relato del Génesis,
El prelado destacó que ese mismo Dios que pregunta al ser humano por su paradero es el que, a lo largo de la historia, no ha dejado de tender la mano incluso en medio de la fragilidad, el pecado y las heridas. En esa clave situó el sentido del Jubileo como un tiempo de gracia en el que Dios “sale a nuestra puerta” para ofrecernos la posibilidad de la reconciliación y de un nuevo comienzo.
La homilía avanzó desde los orígenes de la humanidad hasta el anuncio del ángel a María, en un recorrido teológico que quiso mostrar la continuidad entre la promesa y su cumplimiento. Frente al “no” de Adán y Eva, el arzobispo destacó el “sí” de María como la respuesta confiada que abre de nuevo las puertas de la salvación. En ese contexto, recordó que la primera palabra del ángel no es de juicio, sino de alegría: “Alégrate”.
Monseñor Prieto Fernández destacó que la esperanza cristiana no nace del éxito ni de los logros humanos, sino de la confianza en un Dios que no abandona, que va contracorriente y que transforma incluso las historias más rotas. Subrayó que “no hay pecado que no se vea desbordado por una promesa de salvación” y que ningún sufrimiento queda fuera del alcance de la misericordia divina.
El arzobispo invitó a vivir el Jubileo como una verdadera experiencia de fe afirmando que “Dios sale a nuestra puerta”, una imagen sencilla que sintetiza el núcleo de su mensaje: un Dios que toma la iniciativa, que busca al ser humano incluso cuando este se esconde por miedo o vergüenza.
El prelado animó también a los fieles a responder como María, con disponibilidad y confianza, aun en un mundo herido por la incertidumbre, el cansancio y la polarización. En ese “hágase” —dijo— caben la reconciliación, el perdón, la oración, la fraternidad, el acompañamiento en el dolor y la solidaridad concreta con los más frágiles.
La celebración concluyó con una llamada clara a ser testigos de la esperanza en la vida cotidiana. El arzobispo exhortó a los presentes a convertirse en “levadura en la masa”, “sal que da sabor” y “luz que disipa las sombras”, llevando a sus hogares, trabajos y comunidades el espíritu del Jubileo vivido en San José.
Con esta celebración, el Arciprestazgo del Lérez ha querido renovar su compromiso cristiano en un tiempo especialmente significativo para la Iglesia, marcado por la llamada a la conversión, la misericordia y la esperanza.






