IV Domingo del Tiempo Ordinario

CITA

La oscuridad no existe,

la oscuridad es en realidad ausencia de luz.”

Albert Einstein

« «¡Levántate, brilla!»»

(Is 60,1).

¿Qué habéis hecho de la luz, los que lleváis la luz?”.

Paul Claudel

«Las luces de Vigo no iluminan la oscuridad en que vivo»

S.Son

«Más LUZ y menos “brilli brilli”»

S.Son

San Hipólito, «La vida se ha extendido sobre todos los seres y todos están llenos de una amplia luz: el Oriente de los orientes invade el universo, y el que existía “antes del lucero de la mañana” y antes de todos los astros, inmortal e inmenso, el gran Cristo brilla sobre todos los seres más que el sol. Por eso, para nosotros que creemos en Él, se instaura un día de luz, largo, eterno, que no se extingue: la Pascua mística».

San Ambrosio dice acerca de las dos conversiones que, en la Iglesia, «existen el agua y las lágrimas: el agua del Bautismo y las lágrimas de la Penitencia» (Ep. 41,12).

S. Gregorio de Nisa, «El que asciende no deja nunca de ir de comienzo en comienzo mediante comienzos que no tienen fin. Jamás el que asciende deja de desear lo que ya conoce» (hom. in Cant. 8).

San Juan Crisóstomo «llama aquí tinieblas al error y a la impiedad». Homilía 14, 2

No, lo dejan todo inmediatamente y le siguen, tal como Eliseo hizo con Elías (1Re 19,20). Es esta clase de obediencia la que nos pide Cristo, sin la más mínima duda, incluso en el caso que nos apremien necesidades aparentemente más urgentes. Homilía 14, 2

Seguir a Jesús, obedecer su palabra, es un deber que está por encima de todos los demás. (Homilía 14, 2)

San Jerónimo Jesús elige a unos pescadores, hombres rudos (cfr Hch 4,13), para que «no se pensara que la fe de los creyentes era debida no a la acción de Dios, sino a la elocuencia y a la ciencia» (Commentarii in Matthaeum 5,19).

S. Agustín, En este mundo hay quienes están vivos y quienes están muertos, aunque parezca que todos viven.

Tú no puedes ser luz para ti; no puedes, no puedes.

«Pedro, por lo que se refiere a sus propiedades personales, era un hombre por naturaleza; por la gracia, un cristiano; un apóstol, y el primero de ellos, por una gracia mayor» (In Ioannis Evangelium 124,5).

San Cirilo de Alejandría: los instituyó como «guías y maestros de todo el mundo y administradores de los divinos misterios y les mandó que fueran como astros que iluminaran con su luz no sólo el país de los judíos, sino también todos los países que hay bajo el sol, a todos los hombres que habitan la tierra entera» (Commentarium in Ioannem 12,1).

San Benito “Todo el que se compromete, como lo hicieron los antiguos, con la vía de la espiritualidad cristiana siente que su corazón se expande y camina en la alegría inconmensurable del Espíritu Santo, hacia Dios y hacia los otros hombres”.

San Bernardo de Claraval: «No seré pobre en méritos, mientras Él no lo sea en misericordia. Y, aunque tengo conciencia de mis muchos pecados, si creció el pecado, más desbordante fue la gracia. Y, si la misericordia del Señor dura siempre, yo también cantaré eternamente las misericordias del Señor» ()

Fray Luis de Granada, Hablando de las Bienaventuranzas “…El que desea y suspira por la perfección de la vida cristiana, el que quiere ser grande en el reino de los cielos, el que desea ser verdadero discípulo de Cristo y que quiere ser perfecto como su Padre, que está en los cielos, lo es, ponga los ojos en este espejo del Evangelio y en todos los consejos y palabras de Cristo… Y no es menester para esto gastar mucho tiempo ni revolver mucho los libros, porque en solas ocho palabras de San Mateo está sumada muy gran parte de esta perfección”[ De la Vida Pública de Nuestro Señor, Libro III; en: Obra Selecta, B.A.C., Madrid 1947, p. 784.].

Ignacio de Loyola, En el momento de su conversión en la cueva de Manresa: «¿No se está convirtiendo en un caballero distinto, al servicio de Dios? ¿No es Su causa la que quiere defender y servir? Pues bien, ¿por qué no velar estas nuevas armas, el bastón y la calabaza? Al imaginar la escena no puede evitar sonreír, emocionado y lleno de entusiasmo. Llega, al fin, a Montserrat» José María Rodríguez Olaizola, Ignacio de Loyola, nunca solo

Santa Teresa de Jesús: «Era muy inclinada a todas las cosas de religión, confiesa Santa Teresa, pero nada a soportar cualquier ataque a mi amor propio».

San Josemaría Escriva de Balaguer, De que tú y yo nos portemos como Dios quiere -no lo olvides- dependen muchas cosas grandes.

«una receta eficaz para tu espíritu apostólico: planes concretos, no de sábado a sábado, sino de hoy a mañana (…)».

Concilio Vaticano II: comienza haciendo referencia a esta luz. Cristo es la luz de los pueblos. Por eso este sacrosanto Sínodo, reunido en el Espíritu Santo, desea vehementemente iluminar a todos los hombres con la luz de Cristo, que resplandece sobre el rostro de la Iglesia, anunciando el el Evangelio a todas las criaturas (Lumen gentium, n. 1).

Este Reino «brilla ante los hombres en la palabra, en las obras y en la presencia de Cristo… Los milagros de Jesús, a su vez, confirman que el Reino ya llegó a la tierra… Pero, sobre todo, el Reino se manifiesta en la persona misma de Cristo, Hijo de Dios e Hijo del hombre» (Lumen gentium, 5).

la Iglesia «recibe la misión de anunciar el Reino de Cristo y de Dios e instaurarlo en todos los pueblos, y constituye en la tierra el germen y el principio de ese Reino» (Lumen gentium, 5).

La vocación cristiana es, por su naturaleza misma, vocación al apostolado.

«El Señor Jesús comenzó su Iglesia con el anuncio de la Buena Noticia, es decir, de la llegada del Reino de Dios prometido desde hacía siglos en las Escrituras (…). Este Reino se manifiesta a los hombres en las palabras, en las obras y en la presencia de Cristo» (Lumen gentium, n. 5).

Catecismo, 3. «Quienes con la ayuda de Dios han acogido la llamada de Cristo y han respondido libremente a ella, se sienten por su parte urgidos por el amor de Cristo a anunciar por todas partes en el mundo la Buena Nueva (…)»

76. La transmisión del Evangelio, según el mandato del Señor, se hizo de dos maneras: Oralmente: “los apóstoles, con su predicación, sus ejemplos, sus instituciones, transmitieron de palabra lo que habían aprendido de las obras y palabras de Cristo y lo que el Espíritu les enseñó”. Por escrito: “los mismos apóstoles y otros de su generación pusieron por escrito el mensaje de la salvación inspirados por el Espíritu Santo”.

541: «Después que Juan fue preso, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva”» (Mc 1,15). «Cristo, por tanto, para hacer la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el Reino de los Cielos». Pues bien, la voluntad del Padre es «elevar a los hombres a la participación de la vida divina». Lo hace reuniendo a los hombres en torno a su Hijo, Jesucristo. Esta reunión es la Iglesia, que es sobre la tierra «el germen y el comienzo de este Reino».

748: «Cristo es la luz de los pueblos. Por eso, este sacrosanto Sínodo, reunido en el Espíritu Santo, desea vehementemente iluminar a todos los hombres con la luz de Cristo, que resplandece sobre el rostro de la Iglesia, anunciando el Evangelio a todas las criaturas». Con estas palabras comienza la «Constitución dogmática sobre la Iglesia» del Concilio Vaticano II. Así, el Concilio muestra que el artículo de la fe sobre la Iglesia depende enteramente de los artículos que se refieren a Cristo Jesús. La Iglesia no tiene otra luz que la de Cristo; ella es, según una imagen predilecta de los Padres de la Iglesia, comparable a la luna cuya luz es reflejo del sol.

1427– Jesús llama a la conversión: «Esta llamada es una parte esencial del anuncio del Reino: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva». En la predicación de la Iglesia esta llamada se dirige primeramente a los que no conocen todavía a Cristo y su Evangelio » ().

San Juan Pablo II «El Señor es la defensa de mi vida; ¿quién me hará temblar? Él me protegerá en su tienda el día del peligro«. Sin embargo, ¡cuánto temor pesa sobre los hombres de nuestro tiempo!

El cristiano es hombre de gran esperanza, y precisamente en ella se refleja esa luz y se realiza esa salvación, que es Cristo. (Homilía en la parroquia romana de Santa Gala el domingo 25 de enero de 1981)

¡«Convertirse» significa precisamente ver «una luz»! Ver «una gran luz»! La luz que viene de Dios. La luz que es Dios mismo. (22-01-1984)

Benedicto XVI «El reino de Dios —o reino de los cielos— está cerca» (Mt 4, 17; Mc 1, 15). ¿Qué significa esta expresión? Ciertamente, no indica un reino terreno, delimitado en el espacio y en el tiempo; anuncia que Dios es quien reina, que Dios es el Señor, y que su señorío está presente, es actual, se está realizando. Ángelus (27-01-2008)

El reino de Dios es la vida que triunfa sobre la muerte, la luz de la verdad que disipa las tinieblas de la ignorancia y de la mentira. (27-01-2008).

S.S. Francisco, «todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 20).

«Para que la alegría del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su luz» (ibid., 288).

<<Por tanto, es urgente recuperar el carácter luminoso propio de la fe, pues cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo>> (Lumen Fidei, 4).

«Convertíos», es decir, «cambia tu vida». Cambia tu vida porque ha comenzado una nueva forma de vivir: ha terminado el tiempo de vivir para ti mismo; ha comenzado el tiempo de vivir con Dios y para Dios, con los demás y para los demás, con amor y por amor. Jesús también te repite hoy: «¡Ánimo, estoy cerca de ti, hazme espacio y tu vida cambiará!». (26-01-2020).

Celebramos con toda la Iglesia “un domingo completamente dedicado a la Palabra de Dios, para comprender la riqueza inagotable que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo” (Aperuit illis 2).

G.K. Chesterton, “las cosas que Cristo ha dicho son siempre gigantescas” (Ortodoxia, en: Obras Completas, Plaza y Janés 1967, T. 1, p. 659.)

Pagola, «Convertíos»; recuperad vuestra identidad cristiana; volved a vuestras raíces; ayudad a la Iglesia a pasar a una nueva etapa de cristianismo más fiel a Jesús; vivid con nueva conciencia de seguidores; poneos al servicio del reino de Dios.

Martín Lutero King: «La oscuridad no puede conducirte fuera de la oscuridad: sólo la luz puede».

CONTO

EL MENDIGO

“Iba yo mendigando de puerta en puerta, a lo largo de la calle de la aldea. En un lugar me daban una manzana, en otro un trozo de pan, en otro una espiga de trigo… De pronto allá a lo lejos apareció un carruaje, parecido a un sueño maravilloso. Me pregunté: Quién será ese Rey de reyes?

Crecieron mis esperanzas, y pensé que los días tristes de mis esperanzas estaban a punto de terminar, esperé que se me diera la limosna sin pedirla, y que tus riquezas abundantes fueran esparcidas por el polvo del camino. El carruaje se detuvo a mi lado; Tu mirada cayó sobre mí, y Tú descendiste con una sonrisa. Presentí que mis días de mendigo habían llegado s su fin y me quedé esperando tesoros inmensos. Había llegado el momento supremo d mi vida. Pero Tú, bajando lentamente del carruaje te quedaste quieto ante mí y me extendiste la mano derecha diciéndome: “¿Qué tienes para darme?” ¡Ah, pero qué gesto verdaderamente digno de un rey fue aquél de extenderme Tu mano para pedir la limosna a un pobre!

Titubeante y confuso, extraje lentamente de mi zurrón un grano de trigo y Te lo di. Y con un gesto sencillo sonreíste y continuaste tu camino. ¡Pero cuál no sería mi sorpresa cuando, al final del día, extendí sobre la vieja mesa el contenido de mi mochila y encontré en la exigua espiga de trigo, un granito de oro… el mismo que yo te había entregado horas antes. Lloré amargamente por no haber tenido generosidad suficiente para haberte entregado todo aquello que poseía…”

ANÉCDOTA

«CONVERTÍOS»

(en griego, metanoete) es una llamada a cambiar el modo de pensar y actuar, es decir, llevad a cabo una metanoia, un cambio radical de la mente y del corazón. Es preciso cortar con el mal y entrar en el reino de justicia, amor y verdad, que se está inaugurando.

NAZARET CAFARNAÚM

Nazaret está en Galilea y forma una aldea a la falda del monte Tabor. Cafarnaúm es una villa en Galilea de los Gentiles, cerca del lago Genezaret y por ello le llama marítima.

Advierte que hay dos Galileas, una que se llama de los judíos y otra que se llama de los gentiles. Está así dividida la Galilea desde el tiempo de Salomón, que dio veinte ciudades de Galilea a Hirán, rey de Tiro, cuya parte se llamó después Galilea de los gentiles y las demás de los judíos.

Aquí llama mar al lago de Genezaret, en que desemboca el Jordán, en cuyas orillas se encuentran Cafarnaúm, Tiberíades, Betsaida y Corazín, región donde más predicó Cristo. O, según los hebreos que creen en Cristo, estas dos tribus de Zabulón y Neftalí fueron cautivadas por los asirios y Galilea quedó desierta [Luego de la conquista Asiria (732 a.C.), la región de Galilea quedó convertida en la provincia asiria de Meguiddó.].

San Jerónimo12-16.

EVANGELIO

El término «evangelio», en tiempos de Jesús, lo usaban los emperadores romanos para sus proclamas. Independientemente de su contenido, se definían «buenas nuevas», es decir, anuncios de salvación, porque el emperador era considerado el señor del mundo, y sus edictos, buenos presagios. Por eso, aplicar esta palabra a la predicación de Jesús asumió un sentido fuertemente crítico, como para decir: Dios, no el emperador, es el Señor del mundo, y el verdadero Evangelio es el de Jesucristo.

La «buena nueva» que Jesús proclama se resume en estas palabras: «El reino de Dios —o reino de los cielos— está cerca» (Mt 4, 17; Mc 1, 15). ¿Qué significa esta expresión? Ciertamente, no indica un reino terreno, delimitado en el espacio y en el tiempo; anuncia que Dios es quien reina, que Dios es el Señor, y que su señorío está presente, es actual, se está realizando.

Por tanto, la novedad del mensaje de Cristo es que en él Dios se ha hecho cercano, que ya reina en medio de nosotros, como lo demuestran los milagros y las curaciones que realiza.

Benedicto XVI, (27-01-2008)

JUDEA/GALILEA

Judea y Galilea son incompatibles. Lo serán durante toda la vida de Jesús. Judea persigue a Jesús, le calumnia, intenta desconocerlo y como no puede silenciarlo, lo mata. Así de rotundo. En Judea estarán los sabios, los cumplidores de la Ley, los detentadores del poder. Ellos no podrán soportar aquella Voz que clama diciendo que todos los hombres son hijos de Dios y que no es tanto la Ley como el Espíritu lo que justifica al hombre; que no es lo que el hombre come o toca lo que le convierte en impuro sino lo que piensa, desea y siente; que no se hizo el hombre para el sábado sino el sábado para el hombre; que el Templo espléndido y brillante se quedará vacío y sin sentido; que Dios, ese Dios lejano de los judíos, es un Dios cercano y próximo que espera pacientemente al hombre que se ha ido de su lado cuando vuelve a El para refugiarse en sus brazos. Judea es la institución y la institución se siente en peligro con la doctrina «revolucionaria» en el orden del espíritu que predica aquel Hombre que es la imagen misma de la libertad. Judea es la seguridad, la norma y para salvaguardar sin fisura esa tranquilidad que da el saber milimétricamente lo que hay que cumplir, no dudará en eliminar a Jesús.

Galilea es todo lo contrario; es Galilea el riesgo, la aventura, la utopía, es el reino del amor como única norma a seguir. En Galilea comenzará la aventura de la salvación y desde Galilea, hoy, Jesús llama a sus primeros discípulos que estaban a orillas de su lago. Es desde Galilea donde Jesús llama y pide que se deje todo para seguirle. Y es en Galilea donde encuentra a aquellos hombres sencillos que, sin saber demasiado a qué se comprometían, no dudaron en dejarlo todo, todo lo que tenían, y marchar detrás de aquel Hombre al que, hasta entonces no habían visto.

Tomado de Ana Maria Cortes

Dabar 1987/12

GALILEA DE LOS GENTILES

Así como Samaria era un territorio «herético» (adoraban en Garizim y no en Jerusalén: Jn 4,9.20), para los habitantes de Judea, Gali1ea era un territorio mezclado, porque se había establecido en ella mucha población no judía. Pues bien, fue en esta «Galilea de los gentiles» donde se desarrolló básicamente el ministerio de Jesús, que era también galileo, de Nazaret. Los caminos de Dios son curiosos: no una familia imperial, sino una familia humilde; no la metrópoli, sino un colonia perdida; no Jerusalén, sino un pueblecito insignificante; no la Judea típica, sino la «Galilea de los paganos».

Tomado de J.Totosaus

Misa dominical 1993/2

GALILEA,

En el Norte de Palestina, territorio donde se establecieron las tribus de Zabulón y de Neftalí. Y Mateo da la razón de la humillación o postergación en que vivían esas tribus: para que se cumpliera lo que había profetizado Isaías: «En otro tiempo el Señor humilló el país de Zabulón y Neftalí» Isaías 8,23. Eran territorios que habían sido devastados e invadidos por Teglatfalasar, rey de Asiria, que deportó a su país cantidad de ciudadanos de Israel, lo que propició que recibieran inmigraciones de gentiles: arameos, itureos, fenicios y griegos, que inficionaron su paganismo a los nativos..

Todavía en tiempo de Cristo vivían allí con los judíos, muchos gentiles, atraídos por el comercio, sobre todo en las ciudades de la Galilea superior, al otro lado del mar, Galilea de los gentiles. Por esta razón estas tribus eran humilladas y despreciadas por los mismos judíos, porque su fe judía se había adulterado con la mixtificación religiosa. La mezcla de culturas es, por una parte un enriquecimiento, pero comporta el peligro del enfriamiento en la propia fe y la aceptación de los errores extraños. El hecho de las migraciones, causa del riesgo semejante que acarrea la democracia con la libertad de expresión, que si bien es verdad que garantiza el control del poder, al mismo tiempo lanza a la palestra opiniones diversas, que sólo los espíritus maduros pueden asimilar, y sólo los más cultos permanecen inmunes ante la variedad de doctrinas. Los menos firmes y con deficiente formación, cayeron en el irenismo fácil. Es lo que les ocurrió a los habitantes de Zabulón y Neftalí y esa es la razón por la que los judíos de Judea consideraban a los galileos como judíos de inferior categoría y casi herejes. Pero el Señor «ensalzó a los humildes»(Lc 1,52), porque allí comenzó a brillar una gran luz. Donde más extendidas estaban las tinieblas. Donde más falta hacía. Pero, siguiendo con la metáfora de la luz, la luz que Cristo viene a difundir, no sólo es luz para caminar por la tierra, sino luz para conocer al Padre Misericordioso y, animados por su amor, recibir la fortaleza y la alegría y paz para vivir según su voluntad, y conducirnos a su Ciudad, donde la Luz es la lámpara del Cordero (Ap 21,23).

Tomado de J.Martí Ballester

TIERRA DE ZABULÓN Y TIERRA DE NEFTALÍ

La región, mencionada con diversas referencias (v. 15), fue invadida por los asirios en tiempos de Isaías, hacia los años 734-721 a.C., y quedó devastada y maltratada. Parte de su población hebrea fue deportada, mientras que otros grupos fueron traídos del extranjero para colonizarla. Por eso, en la Biblia se le suele llamar «Galilea de los gentiles». Esa tierra —subraya el evangelista— ha sido la primera en recibir la luz de la salvación y la predicación del Mesías. Así se cumplen las profecías (cfr Is 8,23-9,1).

Tomado de Biblia de Navarra

COMENTARIO A ISAÍAS 8,23-9,3

Comienza a hacerse presente, aún entre sombras, la figura del rey Ezequías, que a diferencia de su padre Ajaz, fue un rey piadoso que confió totalmente en el Señor. Después de que Galilea fuera devastada por Teglatpalasar III de Asiria, con la consiguiente deportación del pueblo que vivía allí (cfr Is 8,21-22), el rey Ezequías de Judá reconquistaría esa zona, que recobraría su proverbial esplendor durante un cierto tiempo. Estos sucesos abrieron de nuevo paso a la esperanza.

Esa reconquista efímera de Galilea realizada por Ezequías ha sido vista sólo como anuncio de la definitiva salvación realizada por Jesucristo. San Mateo ve en el comienzo del ministerio de Jesús en Galilea (Mt 4,12-17) el cumplimiento de este oráculo de Isaías (cfr 8,23-9,1): las tierras que en tiempo del profeta se encontraban devastadas y a las que los asirios habían llevado gentes extranjeras para colonizarlas, han sido las primeras en recibir la luz de la salvación del Mesías.

Tomado de Biblia de Navarra

REINO, (malkut, en hebreo)

No debe entenderse en sentido político directamente. Pero tampoco es algo abstracto como pudiera parecer en primera instancia. Si bien es verdad que no se trata de un concepto espacial ni estático, sino dinámico, entonces debemos deducir que lo que Jesús quiere anunciar con este tiempo nuevo que se acerca es la soberanía de la voluntad salvífica y amorosa de Dios con su pueblo y con todos los hombres. Por eso basileia (griego) o malkut (hebreo) no debería traducirse directamente por “reino”, sino por “reinado”: es algo nuevo que acontece precisamente porque alguien está dispuesto a que sea así. Este es Jesús mismo, el profeta de Nazaret de Galilea, que se siente inspirado y fortalecido para poner a servicio de la soberanía o la voluntad de Dios, todo su ser y todo su vida.

Fray Miguel de Burgos Núñez

LUZ

Homero, el gran poeta griego, nos narra en la Ilíada la epopeya de la guerra de Troya. Y, después de la destrucción de la ciudad de Príamo, nos cuenta en la Odisea todas las aventuras que tuvo que pasar Ulises, otro de los héroes aqueos, en su penoso viaje de retorno a casa, a Ítaca, donde le esperaba su fiel esposa Penélope, su hijo Telémaco y toda su servidumbre. En una de sus travesías tiene que viajar hasta el mismo Hades, el lugar de los muertos, para consultar al adivino Tiresias, que tenía su morada en el más allá. El poeta latino Virgilio reproduce este mismo tema en el libro VI de la Eneida, cuando hace descender a Eneas al sombrío mundo de ultratumba. Al igual que Homero, nos pinta un paraje oscuro y tenebroso, metiéndonos en ese ambiente enrarecido, onírico y surrealista. Es el lugar de las sombras, en donde nunca brilla la luz del sol.

En todos los pueblos de la antigüedad encontramos como una “mística” de la luz, y su guerra contra las tinieblas son un común denominador en todas las religiones y culturas de antaño. Más aún, los fenómenos luminosos aparecen fuertemente cargados de un carácter sagrado y casi siempre la misma divinidad es como una personificación de la luz. En el milenario país de los faraones, por ejemplo, Rah –el dios Sol— era el señor de todo el universo. Entre los sumerios y los babilonios, se consideró a Enlil y Marduk como una encarnación de la luz, en su lucha contra el caos y las tinieblas. En la religión de Zarathustra, Ormuz era el dios bueno –luz— en contra de las fuerzas malignas de Ahrimán. Los griegos divinizaron a Eos y a Helios, y Zeus, Apolo y Atenea, envueltos siempre en la luz, estuvieron entre sus dioses más venerados. Los romanos heredarían el “pan-teón” griego –el conjunto de los dioses— latinizando sólo sus nombres: Aurora, Júpiter, Minerva, etc.; y, en época tardía, introduciendo el culto, de origen oriental, al dios Mitra y al “Sol Invictus”.

Así pues, todas las civilizaciones indoeuropeas –entre las que se encuentran también los pueblos germanos y célticos– lo mismo que las culturas americanas y del Extremo Oriente, han considerado las tinieblas como un símbolo del mal y de la muerte. Y a la luz y al fuego ha estado siempre unida la idea de la belleza, del bien y de la vida.

Por eso, no en vano, desde los primeros versículos del Génesis se nos presenta a Dios creando de la nada a todas las cosas. Y no es de extrañar que lo primero que crea es la luz. Y enseguida separa la luz de las tinieblas. “…Y vio Dios que la luz era buena” (Gen 1, 3-4).

La luz eléctrica es un descubrimiento relativamente reciente. Hace apenas dos siglos ésta no existía, y, cuando se ocultaba el sol, la gente tenía que arreglárselas a oscuras para remediar sus necesidades más fundamentales. Pero a nosotros, los hijos de nuestro tiempo, nacidos en el mundo de la tecnología, esto no nos dice casi nada, y no tiene apenas sentido.

P. Sergio A. Córdova

DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS

Hoy estamos celebrando el Domingo de la Palabra de Dios, instituido por el Papa Francisco en 2019 con la carta apostólica en forma de ‘motu proprio’ Aperuit illis, “Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras”. El Señor resucitado, antes de su Ascensión, se aparece a los discípulos mientras están reunidos, parte el pan con ellos y abre sus mentes para comprender la Sagrada Escritura. El Papa quiso dedicar un domingo del Año litúrgico a la Palabra de Dios para que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado, que abre también nuestro entendimiento para que comprendamos el tesoro de su Palabra, un tesoro que nunca podemos decir que ya lo conocemos, porque es un tesoro inagotable, como indica el Papa citando a san Efrén: «Como el sediento que bebe de la fuente, mucho más es lo que dejamos que lo que tomamos. Porque la Palabra del Señor presenta muy diversos aspectos. Escondió en su Palabra variedad de tesoros, para que cada uno de nosotros pudiera enriquecerse en cualquiera de los puntos en que concentrar su reflexión» (Comentarios sobre el Diatésaron, 1, 18).

Precisamente porque diariamente estamos saturados de tantas palabras, necesitamos prestar atención a la Palabra de Dios porque «la Biblia no es una colección de libros de historia, ni de crónicas, sino que está totalmente dirigida a la salvación integral de la persona. La Biblia, que está compuesta como historia de salvación en la que Dios habla y actúa para ir al encuentro de todos los hombres y salvarlos del mal y de la muerte.»

Cada vez que leemos o escuchamos la Palabra de Dios se produce lo que encontramos en el libro del Apocalipsis (cf. 3, 20) «cuando dice que el Señor está a la puerta y llama, y si alguno escucha su voz y le abre, Él entra para cenar juntos. Jesucristo llama a nuestra puerta a través de la Sagrada Escritura; si escuchamos y abrimos la puerta de la mente y del corazón, entonces entra en nuestra vida y se queda con nosotros. Por tanto, la invitación que surge es la urgencia y la importancia que los creyentes tienen que dar a la escucha de la Palabra del Señor tanto en la acción litúrgica como en la oración y la reflexión personal».

Además, hay otro motivo para prestar atención a la Palabra de Dios. Hoy también celebramos el final de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, con el lema ‘Un solo Espíritu, una sola esperanza’ y en la 2ª lectura hemos escuchado que san Pablo pedía “que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir”. Por eso el Papa instituyó el Domingo de la Palabra en el tercer domingo del Tiempo Ordinario: «Un momento oportuno de ese periodo del año, en el que estamos invitados a rezar por la unidad de los cristianos. No se trata de una mera coincidencia: celebrar el Domingo de la Palabra de Dios expresa un valor ecuménico, porque la Sagrada Escritura indica a los que se ponen en actitud de escucha el camino a seguir para llegar a una auténtica y sólida unidad».

Tomado de ACG

¡LUZ, MÁS LUZ!

«¡Luz, más luz! «¡Mehr Licht!)» fueron las últimas palabras de Goethe poco antes de morir el 22 de marzo de 1832, según contó su médico Carl Vogel. Morimos cuando no tenemos luz, cuando todo se hace oscuridad a nuestro alrededor. Por algo, comenzó Dios la Creación diciendo: “¡Hágase la Luz!”.

Tomado de José Cristo Rey García Paredes, cmf

POEMA

Poned atención: / un corazón solitario / no es un corazón

(A. Machado)

DAME TU LUZ

Dónde está tu luz

Dame, Señor, tu mano guiadora. 

Dime dónde la luz del sol se esconde. 

Dónde la vida verdadera. 

Dónde la verdadera muerte redentora. 

Que estoy ciego, Señor,  

que quiero ahora saber. 

Anda Señor, anda, responde 

de una vez para siempre. Dime dónde  

se halla tu luz que dicen cegadora. 

Dame, Señor, tu mano. Dame el viento 

que arrastra a Ti a los hombres desvalidos. 

O dime dónde está, para buscarlo. 

Que estoy ciego, Señor. Que ya no siento 

la luz sobre mis ojos ateridos 

y ya no tengo Dios para adorarlo.

(Jacinto López Gorgésj)

Tomado de Pastoral sj

ORACIÓN

EPIFANÍA

¿De qué me sirve a mí la luz si a ti no te ilumina?

¿De qué la fe si me la guardo?

¿De qué el agua si no calma tu sed?

¿De que la esperanza si no es para el hermano?

¿De qué la sangre si no te da la vida?

¿De qué la inteligencia si no ayuda al Padre a seguir creando cada día?

¿De qué el amor sin objetivo?

¿De qué?

Epifanía. Manifestación. Entrega. Don.

Vida de otras vidas. Luz que enciende luces. Amor que se da sin límite.

Reflejo de Ti, Padre bueno.

Jaime Foces Gil

Tomado de Pastoral Sj

MEDITACIÓN

TEST SIGNIFICATIVO DE NUESTRA VIDA CRISTIANA:

¿Cambias o estás siempre igual?

¿Eres caminante o estás anclado en lo de siempre?

¿Te estás convirtiendo constantemente en algo nuevo y mejor?

Una vez más las parábolas «vegetales» nos dan las pistas correctas.

¿Cómo va la semilla, va creciendo?

¿Cómo va la masa, va siendo fermentada por la levadura?

¿Hay frutos de tu árbol?

En resumen, y aplicando literalmente la palabra «conversión»:

¿en qué se está convirtiendo tu vida?

José Enrique Galarreta 2014

CANTO

Josh Blakesley (You are the Light)

Clarificate Colegio Mayor Kentenich

Delegación para el Clero de Santiago de Compostela