
CITA
“Por eso Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos”
(Flp 2, 9.10).
“Nombre superior a todos los nombres”
(Orígenes).
“Tesoro de bienes infinitos”
(Crisóstomo).
“Preñez de todos los bienes”
(Fray Luis de León).
Una cosa es saber y otra saber enseñar
(Cicerón)
«Nunca tan adentro tuvo al sol la tierra».
Se ha hecho con-nosotros (hombres)
para ser para-nosotros (salvación).
Tan cerca, que estás en nosotros
(San Son)
Proverbio indio:
Refrán español:
Sócrates,
Aristóteles,
Hipócrates
Cicerón,
Séneca,
Esopo,
Confucio:
Ovidio,
Filón de Alejandría:
Flavio Josefo
Didajé:
San Clemente de Roma
Carta a Diogneto:
San Justino
San Ignacio de Antioquía: (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne, Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios, nacido verdaderamente de una virgen… Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato… padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente».
S. Policarpo,
San Clemente de Alejandría
San Ireneo de Lyon «por su obediencia fue causa de la salvación propia y de la de todo el género humano».
Tertuliano, lo ha expresado incisivamente, diciendo que el catecúmeno, «tras el nacimiento nuevo por el bautismo», es recibido en la casa de la Madre para alzar las manos y rezar, junto a los hermanos, el Padrenuestro, como signo de su pertenencia a una nueva familia.
San Hipólito,
Pastor de Hermas,
Orígenes, «María es la humilde sierva del Señor, preparada desde la eternidad para la misión de ser Madre de Dios; José es aquel que Dios ha elegido para ser “el coordinador del nacimiento del Señor” (Orígenes, Homilia XIII in Lucam 7),
«Este Enmanuel, nacido de la Virgen, come manteca y miel, y pide de cada uno de nosotros manteca para comer (…). Nuestras obras dulces, nuestras palabras suaves y buenas, son la miel que come el Enmanuel nacido de la Virgen (…). Comiendo en verdad de nuestras buenas palabras, obras y razones, nos alimenta con sus alimentos espirituales, que son divinos y mejores. Y desde el momento que es una cosa dichosa acoger al Salvador, abiertas las puertas de nuestro corazón, preparamos para Él la “miel” y toda su cena, y así Él mismo nos conduce a la gran cena del Padre en el reino de los cielos, que está en Cristo Jesús» (Orígenes, Homiliae in Isaiam 2,2).
San Cipriano,
Eusebio de Cesarea,
San Pacomio
S. Hilario,
San Antonio Abad
San Atanasio: «El Verbo de Dios tomó la descendencia de Abraham, como dice el Apóstol; por eso debía ser semejante en todo a sus hermanos, asumiendo un cuerpo semejante al nuestro. Por eso María está verdaderamente presente en este misterio, porque de ella el Verbo asumió como propio aquel cuerpo que ofreció por nosotros. La Escritura recuerda este nacimiento, diciendo: Lo envolvió en pañales; alaba los pechos que amamantaron al Señor y habla también del sacrificio ofrecido por el nacimiento de este primogénito. Gabriel había ya predicho esta concepción con palabras muy precisas; no dijo en efecto: “Lo que nacerá en ti”, como si se tratara de algo extrínseco, sino de ti, para indicar que el fruto de esta concepción procedía de María».
San Efrén de Siria
S. Basilio, decía al emperador: No temo tus amenazas, ni la confiscación, porque nada tengo; ni el destierro, porque encuentro a Dios en todas partes; ni la muerte, porque me lleva a Dios, lo que más deseo.
San Cirilo de Jerusalén,
San Ambrosio comenta que «en José se dio la amabilidad y la figura del justo, para hacer más digna su calidad de testigo» (Exp. Ev. sec. Lucam II, 5: ccl 14, 32-33). Él -prosigue san Ambrosio- «no habría podido contaminar el templo del Espíritu Santo, la Madre del Señor, el seno fecundado por el misterio» (ib., II, 6: CCL 14, 33).
«Ved la humildad de la Virgen, ved su devoción. Prosigue, pues: “Y dijo María: He aquí la sierva del Señor”. Se llama sierva la que es elegida como Madre, y no se enorgullece con una promesa tan inesperada. Porque la que había de dar a luz al manso y al humilde, debió ella misma manifestarse humilde. Llamándose también a sí misma sierva, no se apropió la prerrogativa de una gracia tan especial, porque hacía lo que se le mandaba. Por ello sigue: “Hágase en mí según tu palabra”. Tienes el obsequio, ves el voto. “He aquí la sierva del Señor”, es su disposición a cumplir con su oficio. “Hágase en mí según tu palabra”, es el deseo que concibe».
San Macario Egipciano
San Zenón,
Hugo de San Víctor,
S. Gregorio de Nisa, Para los Santos Padres estaba claro que el amor a la humanidad era una marca propia de la naturaleza divina (San Gregorio de Nisa Or. Cat. XV, PG 45, 47ª), por ello consideran que la razón de la presencia de Dios entre los hombres (el Emmanuel) se debe al amor de Dios por ellos.
«Aprende del profeta mismo cómo ha podido suceder esto. ¿Según, quizá, la ley de la naturaleza? De ninguna manera, responde el profeta. He aquí que una virgen…, replica el profeta (…). ¡Oh evento admirable: una virgen llega a ser madre permaneciendo virgen! (…) Convenía, en efecto, que el que hacía su ingreso en la vida humana para la salvación de los hombres (…) tomase origen de una integridad absoluta y entregada a Él sin reserva alguna» (S. Gregorio de Nisa, In diem natalem Christi 1136).
San Gregorio Nacianceno:
Padres Griegos Cuando aparece María, llena de gracias, todo desborda de gozo. Hom. griega del siglo IV atribuida erróneamente a San Gregorio de Neocesarea, llamado el Taumaturgo, nº 2: PG 10, 1156s
San Juan Crisóstomo «Le explica luego lo admirable de este nacimiento, porque Dios es quien envía desde el cielo, por ministerio de un ángel, el nombre que había de ponerse al Niño. Y éste no es un nombre cualquiera, sino un nombre tesoro de bienes infinitos. Y así lo interpreta el ángel y funda en él las mejores esperanzas, induciéndole con esto a la fe de lo que le decía, pues para creer otras cosas solemos ser más dóciles».
«En realidad aquí se pone nombre a un hecho. Acostumbra la Escritura poner por nombre los hechos mismos que se verifican. Así, al decir: “Llamarán su nombre Emmanuel”, es como si dijera: “Verán a Dios entre los hombres”. Por eso no dice “lo llamarás”, sino “lo llamarán”, es decir, así lo llamarán las gentes y así lo confirmarán los hechos».
«los magos no se pusieron en camino porque hubieran visto la estrella, sino que vieron la estrella porque se habían puesto en camino».
«No pienses que por ser la concepción de Cristo obra del Espíritu Santo, eres tú ajeno al servicio de esta divina economía. Porque si es cierto que ninguna parte tienes en la generación y la Virgen permanece intacta, sin embargo, todo lo que pertenece al oficio de padre sin atentar a la dignidad de la virginidad, todo te lo entrego a ti: ponerle nombre al hijo. Tú, en efecto, se lo pondrás. Porque, si bien no lo has engendrado tú, tú harás con él las veces de padre. De ahí que, empezando por la imposición del nombre, yo te uno íntimamente con el que va a nacer» (In Matthaeum 4,12).
(PG. 27, 179)
San Cromacio de Aquileya
San Jerónimo Un tal Helvidio, hombre turbulento y que de todo hace materia para la disputa, empezó a blasfemar contra la Madre de Dios formulando así su primera tesis: San Mateo dice: «Y siendo desposada». Mira cómo dice desposada y no comprometida, como tú dices, y desposada no por otra causa sino para casarse después (contra Helvidium, in principio libri).
«Jesús en hebreo significa Salvador. Luego da a entender la etimología del nombre, cuando dice: “Porque Él salvará a su pueblo de los pecados de ellos”».
«A las palabras aducidas del profeta, preceden estas otras: “El mismo Señor os dará una señal”. Esta señal debe ser cosa nueva y admirable. Ahora bien, si —como pretenden los judíos—, quien ha de parir es una muchacha, una jovencita, no una virgen, ¿qué señal puede llamarse tal suceso, cuando el nombre de jovencita o muchacha no indica más que la edad y no integridad? Cierto que la palabra virgen se expresa en hebreo por la de bethula, y que no está consignada en la profecía, sino que se pone la de almah, que las versiones —con excepción de los Setenta— han vertido por la de “jovencita”. Pero la voz almah entre los hebreos tiene dos significaciones “jovencita” y “ocultada”, luego la voz almah no sólo expresa una muchacha o virgen cualquiera, sino una virgen escondida y retirada, jamás expuesta a las miradas de los hombres, antes bien, guardada por sus padres con el mayor cuidado. Además, la lengua fenicia, derivada del hebreo, da con propiedad a la voz almah el significado de virgen, y nuestro idioma el de santa. A pesar de que los hebreos emplean en su lengua vocablos de casi todas las otras no recuerdo, por más que torturo mi memoria, haber leído jamás la palabra almah para expresar una mujer casada, sino siempre la que es virgen. Y no simplemente virgen, sino en los años de la adolescencia, porque también una vieja puede ser virgen; una virgen en los años de la pubertad, no una muchacha incapaz todavía de conocer varón
S. Agustín, Allí no hubo cohabitación conyugal, porque en carne de pecado no podría haberse dado sin movimiento de concupiscencia, efecto del pecado, sin la cual quiso ser concebido el que había de estar sin pecado, tal vez para enseñarnos con esto que todo lo que nace de unión marital nace con pecado [1], puesto que sólo no tuvo pecado la Carne que nació de esa manera (de nuptiis et concupiscentia, 1,12).
«Señor, que te conozca; Señor, que me conozca».
(Confesiones, III, 6, 11).
San Juan Casiano,
San Cirilo de Alejandría:
San Pedro Crisólogo
Teodoreto de Ciro,
San León Magno, «Fue, sin duda, concebido del Espíritu Santo, dentro del útero de su Madre Virgen, que lo dio a luz, salvando su virginidad, igual como concibió sin detrimento de ésta».
San Máximo de Turín
San Cesáreo de Arlés
San Benito
San Doroteo de Gaza,
San Gregorio Magno, «Por un misterio profundo, a causa de su concepción santa y su parto inefable, la misma Virgen fue Sierva del Señor y Madre, según la verdad de las dos naturalezas».
S. Columbano,
Romano Melodía,
Máximo el Confesor,
Isaac de Nínive,
San Beda
S. Andrés de Creta,
San Juan Damasceno,
Teofilacto,
San Esteban, Rey de Hungría
San Bernardo de Claraval: Su fe es el mejor fruto de la bondad divina. Sermón para la octava de la Asunción, sobre las doce prerrogativas de María.
Es la gracia de Dios la que produce esta maravilla en el corazón de los elegidos; la humildad no los hace ser temerosos ni timoratos, como tampoco la generosidad de su alma los vuelve orgullosos. Ibid.
Beato Guerrico de Igny
San Aelredo de Rielvaux “Emmanuel, que quiere decir ‘Dios con nosotros’”, ¡Sí, Dios con nosotros! Hasta entonces se había dicho “Dios está por encima de nosotros”, “Dios frente a nosotros”, pero hoy es el “Emmanuel”. Hoy es Dios con nosotros en nuestra naturaleza, con nosotros en su gracia; con nosotros en nuestra debilidad, con nosotros en su bondad; con nosotros en nuestra miseria, con nosotros en su misericordia; con nosotros por amor, con nosotros por lazos de familia; con nosotros por su ternura, con nosotros por su compasión… (Sermón para la Anunciación)
San Anselmo: «Deseando te buscaré, buscando te desearé, amando te hallaré y hallándote te amaré».
«Él, que había tenido el poder de crearlo todo a partir de la nada, se negó a rehacer lo que había sido profanado si no concurría María»
Isaac de Stella,
San Francisco de Asís
San Antonio de Padua
Santo Tomás de Aquino,
Guido II,
San Buenaventura
Maestro Eckhart “Mi suelo y el suelo de Dios son el mismo suelo”, repetía el gran místico cristiano.
“Deus” y “Deitas”. Llamamos “Dios” (Deus) a “aquel” con quien nos relacionamos, en quien creemos y a quien oramos. Pero este “Dios” es una construcción de nuestra mente: puede ser nombrado y pensado. Sin embargo, la Deidad o Divinidad (Deitas) es inefable: nuestra mente ahí se silencia por completo, porque solo ve Vacío.
“Dios” –la Divinidad– no se halla al alcance de la mente, porque es un estado de ser transmental. Es Aquello que somos todos en profundidad, la Mismidad de todo lo que es. Que puede ser vivido –es lo que somos–, pero no pensado. Y cada vez que lo intentamos pensar, creamos un ídolo.
Ahí radica la sabiduría del mito acerca del nacimiento virginal de Jesús: todo es “Dios” naciendo, expresándose. Todos somos “Emmanuel”, no porque un “Dios” separado esté con nosotros, sino porque es nosotros en nuestra identidad última. Tomado de Enrique Martínez Lozano
Marguerite Porèteen el siglo XIII –“el único Dios verdadero es aquel del que nada puede pensarse”
Santa Catalina de Génova
Juliana de Norwich
Jan van Ruysbroeck
Juan Taulero,
Santa Catalina de Siena “
Tomás de Kempis:
S. Lorenzo Justiniani,
Santo Tomás Moro
Santo Tomás de Villanueva,
San Estanislao De Kostka
Fray Luis de Granada,
Fray Luís de León
San Felipe Neri
Ignacio de Loyola,
San Pedro de Alcántara,
San Juan de Ávila:
Santa Teresa de Jesús:
S. Carlos Borromeo,
San Juan de la Cruz
Sta. Rosa de Lima,
Miguel de Molinos, místico turolense escribía en el siglo XVII: “Tres maneras hay de silencio. El primero es de palabras; el segundo, de deseos, y el tercero, de pensamiento… No hablando, no deseando, no pensando…, se oye la interior y divina voz; se le comunica la más alta y perfecta sabiduría”.
San Bernardino de Siena dice que «cuando la Providencia divina elige a alguien para una gracia particular o un estado superior, también da a la persona así escogida todos los carismas necesarios para el ejercicio de su misión».
San Roberto Belarmino
San Francisco de Sales,
San José de Calasanz
San Vicente de Paul
S. Juan Eudes
Ángelus Silesius:
Alfonso María de Ligorio dice san Bernardo, de que así como el aceite es luz y comida, y también medicina; así el nombre de Jesús es luz para el entendimiento, alimento para el corazón y medicina para el alma. Meditaciones para la octava de Navidad, n° 8.
San Serafín de Sarov
San Juan Maria Vianney
San Antonio María Claret
B. Disraeli:
Don Bosco
San J.H. Newman
Santa Teresita del Niño Jesús
Santa Gema
Santa Isabel de la Trinidad Me parece que la actitud de la Virgen durante los meses transcurridos entre la Anunciación y el Nacimiento es el modelo de las almas interiores; de esos seres que Dios ha escogido para vivir dentro de sí, en el fondo del abismo sin fondo. El cielo en la fe (Primer retiro), día décimo. El cielo en la fe (Primer retiro), día décimo.
Santa Faustina
San Maximiliano María Kolbe,
SantaEdith Stein
Dietrich Bonhoeffer
San Pío de Pieltrecina
San Alberto Hurtado, Sj,
San Josemaría Escriva de Balaguer, Cada uno de vosotros ha de ser no sólo apóstol, sino apóstol de apóstoles, que arrastre a otros, que mueva a los demás para que también ellos den a conocer a Jesucristo. Es Cristo que pasa (Homilía del 04-05-1957).
San Óscar Romero
Santa Teresa de Calcuta ¡El Dios todopoderoso, para anunciar la venida de su Hijo, escogió a un niño que había de nacer!. No hay amor más grande.
El regocijo y el gozo eran la fuerza de Nuestra Señora.,, El gozo es la oración, el gozo es la fuerza, el gozo es el amor, es una red de amor gracias a la cual podréis alcanzar a las almas. Ibid.
La mejor manera de mostrar vuestro agradecimiento a Dios y a los hombres es aceptándolo todo con gozo. Un corazón gozoso proviene de un corazón que arde en amor. Ibid.
Hermano Roger de Taizé
Concilio Vaticano II: “Cuando Dios se revela el hombre tiene que someterse con la fe. Por la fe el hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece el homenaje total de su entendimiento y voluntad, asintiendo libremente a lo que Dios revela (Dei Verbum, 5). Esta frase, que toca a la esencia misma de la fe, se aplica perfectamente a José de Nazaret.
«La Sagrada Escritura, en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, y la venerable Tradición van mostrando de manera cada vez más clara la función de María en la historia de la salvación y, por así decirlo, la proponen a nuestra contemplación. Los libros del Antiguo Testamento describen la historia de la salvación en la que se va preparando, paso a paso, la venida de Cristo al mundo. Estos primeros documentos, tal como se leen en la Iglesia y se interpretan a la luz de la plena revelación ulterior, iluminan poco a poco con más claridad la figura de la mujer, Madre del Redentor. Bajo esta luz, ella aparece proféticamente en la promesa hecha a nuestros primeros padres acerca de la victoria sobre la serpiente (cfr Gn 3,15). Igualmente, ella es la Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo que se llamará Emmanuel (Is 7,14; Mi 5,2-3; Mt 1,22-23). Ella misma sobresale entre los humildes y los pobres del Señor, que esperan de Él con confianza la salvación y la acogen. Finalmente, con ella, excelsa Hija de Sión, después de la larga espera de la promesa, se cumple el plazo y se inaugura el nuevo plan de salvación. Es el momento en que el Hijo de Dios tomó de María la naturaleza humana para librar al hombre del pecado por medio de los misterios vividos en su carne» (Lumen gentium, n. 55)
«La Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz» y «precedió» a todos los que, mediante la fe, siguen a Cristo. Const. dogm. Lumen gentium sobre la Iglesia, 58. 63.
«La verdad íntima acerca de Dios y acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación». Y confirma: «Jesucristo, el Verbo hecho carne, ’hombre enviado a los hombres’, habla palabras de Dios (Jn 3,34) y lleva a cabo la obra de la salvación que el Padre le confió (cf. Jn 5,36; 17,4). Por tanto, Jesucristo, con su total presencia y manifestación, con palabras y obras, señales y milagros, sobre todo con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos, y finalmente, con el envío del Espíritu de la verdad, lleva a plenitud toda la revelación y la confirma con el testimonio divino. La economía cristiana, como la alianza nueva y definitiva, nunca cesará; y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo (cf. 1 Tm 6,14; Tit 2,13)». (Conc. Ecum Vat. II, Const. dogm. Dei verbum, 2).
“Cuando Dios se revela el hombre tiene que someterse con la fe. Por la fe el hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece el homenaje total de su entendimiento y voluntad, asintiendo libremente a lo que Dios revela (Dei Verbum, 5).
«Cuando Dios revela hay que prestarle «la obediencia de la fe», por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios, prestando a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad y asintiendo voluntariamente a la revelación hecha por él» Const. dogm. Dei Verbum sobre la divina Revelación, 5
«Esta maternidad de María en la economía de la gracia —tal como se expresa el Concilio Vaticano II— perdura sin cesar desde el momento del asentimiento que prestó fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz hasta la consumación perpetua de todos los elegidos. Pues asunta a los cielos, no ha dejado esta misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con su amor materno cuida a los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada» (LG 62).
Catecismo, 148 La Virgen María realiza de la manera más perfecta la obediencia de la fe. En la fe, María acogió el anuncio y la promesa que le traía el ángel Gabriel, creyendo que «nada es imposible para Dios» (Lc 1,37; cf. Gn 18,14) y dando su asentimiento: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Isabel la saludó: «¡Dichosa la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1,45). Por esta fe todas las generaciones la proclamarán bienaventurada (cf. Lc 1,48).
149 Durante toda su vida, y hasta su última prueba (cf. Lc 2,35), cuando Jesús, su hijo, murió en la cruz, su fe no vaciló. María no cesó de creer en el «cumplimiento» de la palabra de Dios. Por todo ello, la Iglesia venera en María la realización más pura de la fe.
484: La anunciación a María inaugura la plenitud de «los tiempos» (Gál4,4), es decir, el cumplimiento de las promesas y de los preparativos. María es invitada a concebir a Aquel en quien habitará «corporalmente la plenitud de la divinidad» (Col 2,9). La respuesta divina a su «¿cómo será esto, puesto que no conozco varón?» (Lc 1,34) se dio mediante el poder del Espíritu: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti» (Lc 1,35).
485: La misión del Espíritu Santo está siempre unida y ordenada a la del Hijo. El Espíritu Santo fue enviado para santificar el seno de la Virgen María y fecundarla por obra divina, Él que es «el Señor que da la vida», haciendo que ella conciba al Hijo eterno del Padre en una humanidad tomada de la suya.
486: El Hijo único del Padre, al ser concebido como hombre en el seno de la Virgen María, es «Cristo», es decir, el ungido por el Espíritu Santo, desde el principio de su existencia humana, aunque su manifestación no tuviera lugar sino progresivamente: a los pastores, a los magos, a Juan Bautista, a los discípulos. Por tanto, toda la vida de Jesucristo manifestará «cómo Dios le ungió con el Espíritu Santo y con poder» (Hech 10,38).
…nació de santa María Virgen
487: Lo que la fe católica cree acerca de María se funda en lo que cree acerca de Cristo, pero lo que enseña sobre María ilumina a su vez la fe en Cristo.
488: «Dios envió a su Hijo» (Gál 4,4), pero para «formarle un cuerpo» quiso la libre cooperación de una criatura. Para eso desde toda la eternidad, Dios escogió para ser la Madre de su Hijo, a una hija de Israel, una joven judía de Nazaret en Galilea, a «una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María» (Lc 1,26-27):El Padre de las misericordias quiso que el consentimiento de la que estaba predestinada a ser la Madre precediera a la encarnación para que, así como una mujer contribuyó a la muerte, así también otra mujer contribuyera a la vida (LG 56).
489: A lo largo de toda la Antigua Alianza, la misión de María fue preparada por la misión de algunas santas mujeres. Al principio de todo está Eva: a pesar de su desobediencia, recibe la promesa de una descendencia que será vencedora del Maligno y la de ser la Madre de todos los vivientes. En virtud de esta promesa, Sara concibe un hijo a pesar de su edad avanzada. Contra toda expectativa humana, Dios escoge lo que era tenido por impotente y débil para mostrar la fidelidad a su promesa: Ana, la madre de Samuel, Débora, Rut, Judit y Ester, y muchas otras mujeres. María «sobresale entre los humildes y los pobres del Señor, que esperan de él con confianza la salvación y la acogen. Finalmente, con ella, excelsa Hija de Sión, después de la larga espera de la promesa, se cumple el plazo y se inaugura el nuevo plan de salvación».
494: Al anuncio de que ella dará a luz al «Hijo del Altísimo» sin conocer varón, por la virtud del Espíritu Santo. María respondió por «la obediencia de la fe» (Rom 1,5), segura de que «nada hay imposible para Dios»: «He aquí la esclava del Señor: hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,37-38). Así dando su consentimiento a la palabra de Dios, María llegó a ser Madre de Jesús y, aceptando de todo corazón la voluntad divina de salvación, sin que ningún pecado se lo impidiera, se entregó a sí misma por entero a la persona y a la obra de su Hijo, para servir, en su dependencia y con él, por la gracia de Dios, al Misterio de la Redención: Ella, en efecto, como dice S. Ireneo, «por su obediencia fue causa de la salvación propia y de la de todo el género humano». Por eso, no pocos Padres antiguos, en su predicación, coincidieron con él en afirmar: «el nudo de la desobediencia de Eva lo desató la obediencia de María. Lo que ató la virgen Eva por su falta de fe lo desató la Virgen María por su fe». Comparándola con Eva, llaman a María “Madre de los vivientes” y afirman con mayor frecuencia: «la muerte vino por Eva, la vida por María».
499: La profundización de la fe en la maternidad virginal ha llevado a la Iglesia a confesar la virginidad real y perpetua de María incluso en el parto del Hijo de Dios hecho hombre. En efecto, el nacimiento de Cristo «lejos de disminuir consagró la integridad virginal» de su madre. La liturgia de la Iglesia celebra a María como la «Aeiparthenos», la «siempre-virgen».
501 Jesús es el Hijo único de María. Pero la maternidad espiritual de María se extiende a todos los hombres, a los cuales El vino a salvar: «Dio a luz al Hijo, al que Dios constituyó el mayor de muchos hermanos (Rm 8,29), es decir, de los creyentes, a cuyo nacimiento y educación colabora con amor de madre».
502 La mirada de la fe, unida al conjunto de la Revelación, puede descubrir las razones misteriosas por las que Dios, en su designio salvífico, quiso que su Hijo naciera de una virgen. Estas razones se refieren tanto a la persona y a la misión redentora de Cristo como a la aceptación por María de esta misión para con los hombres.
503 La virginidad de María manifiesta la iniciativa absoluta de Dios en la Encarnación. Jesús no tiene como Padre más que a Dios. «La naturaleza humana que ha tomado no le ha alejado jamás de su Padre…; consubstancial con su Padre en la divinidad, consubstancial con su Madre en nuestra humanidad, pero propiamente Hijo de Dios en sus dos naturalezas».
504 Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María porque él es el Nuevo Adán que inaugura la nueva creación: «El primer hombre, salido de la tierra, es terreno; el segundo viene del cielo» (1 Co 15,47). La humanidad de Cristo, desde su concepción, está llena del Espíritu Santo porque Dios «le da el Espíritu sin medida» (Jn 3,34). De «su plenitud», cabeza de la humanidad redimida, «hemos recibido todos gracia por gracia» (Jn 1,16).
505 Jesús, el nuevo Adán, inaugura por su concepción virginal el nuevo nacimiento de los hijos de adopción en el Espíritu Santo por la fe. «¿Cómo será eso?» (Lc 1,34) La participación en la vida divina no nace «de la sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre, sino de Dios» (Jn 1,13). La acogida de esta vida es virginal porque toda ella es dada al hombre por el Espíritu. El sentido esponsal de la vocación humana con relación a Dios se lleva a cabo perfectamente en la maternidad virginal de María.
506 María es virgen porque su virginidad es el signo de su fe «no adulterada por duda alguna» y de su entrega total a la voluntad de Dios. Su fe es la que le hace llegar a ser la madre del Salvador: «Beatior est Maria percipiendo fidem Christi quam concipiendo carnem Christi» («Más bienaventurada es María al recibir a Cristo por la fe que al concebir en su seno la carne de Cristo») [San Agustín].
507 María es a la vez virgen y madre porque ella es la figura y la más perfecta realización de la Iglesia: «La Iglesia se convierte en Madre por la palabra de Dios acogida con fe, ya que, por la predicación y el bautismo, engendra para una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el Espíritu Santo y nacidos de Dios. También ella es virgen que guarda íntegra y pura la fidelidad prometida al Esposo».
722 El Espíritu Santo preparó a María con su gracia . Convenía que fuese «llena de gracia» la madre de Aquél en quien «reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente» (Col 2, 9). Ella fue concebida sin pecado, por pura gracia, como la más humilde de todas las criaturas, la más capaz de acoger el don inefable del Omnipotente. Con justa razón, el ángel Gabriel la saluda como la «Hija de Sión»: «Alégrate» (cf. So 3, 14; Za 2, 14). Cuando ella lleva en sí al Hijo eterno, es la acción de gracias de todo el Pueblo de Dios, y por tanto de la Iglesia, esa acción de gracias que ella eleva en su cántico al Padre en el Espíritu Santo (cf. Lc 1, 46-55).
723 En María el Espíritu Santo realiza el designio benevolente del Padre. La Virgen concibe y da a luz al Hijo de Dios por obra del Espíritu Santo. Su virginidad se convierte en fecundidad única por medio del poder del Espíritu y de la fe (cf. Lc 1, 26-38; Rm 4, 18-21; Ga 4, 26-28).
724 En María, el Espíritu Santo manifiesta al Hijo del Padre hecho Hijo de la Virgen. Ella es la zarza ardiente de la teofanía definitiva: llena del Espíritu Santo, presenta al Verbo en la humildad de su carne dándolo a conocer a los pobres (cf. Lc 2, 15-19) y a las primicias de las naciones (cf. Mt 2, 11).
725 En fin, por medio de María, el Espíritu Santo comienza a poner en Comunión con Cristo a los hombres «objeto del amor benevolente de Dios» (cf. Lc 2, 14), y los humildes son siempre los primeros en recibirle: los pastores, los magos, Simeón y Ana, los esposos de Caná y los primeros discípulos.
726 Al término de esta Misión del Espíritu, María se convierte en la «Mujer», nueva Eva «madre de los vivientes», Madre del «Cristo total» (cf. Jn 19, 25-27). Así es como ella está presente con los Doce, que «perseveraban en la oración, con un mismo espíritu» (Hch 1, 14), en el amanecer de los «últimos tiempos» que el Espíritu va a inaugurar en la mañana de Pentecostés con la manifestación de la Iglesia.
1846 El Evangelio es la revelación, en Jesucristo, de la misericordia de Dios con los pecadores (cf Lc 15). El ángel anuncia a José: «Tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21). Y en la institución de la Eucaristía, sacramento de la redención, Jesús dice: «Esta es mi sangre de la alianza, que va a ser derramada por muchos para remisión de los pecados» (Mt 26,28).
Pío XII:
San Juan XXIII,
San Pablo VI,
Juan Pablo I:
San Juan Pablo II “El clima de silencio acompaña todo lo relacionado con la figura de José”
Aquella que, habiendo experimentado la misericordia de modo excepcional, « merece » de igual manera tal misericordia a lo largo de toda su vida terrena, en particular a los pies de la cruz de su Hijo. Dives in Misericordia: La Madre de la Misericordia n. 9.
«Llamada a ser la Madre de Dios, María vivió plenamente su maternidad desde el día de la concepción virginal, culminándola en el Calvario a los pies de la Cruz» (Incarnationis Mysterium, 14).
Podemos decir que José ha experimentado tanto el amor a la verdad, es decir, el puro amor de contemplación de la verdad divina que irradiaba de la humanidad de Cristo, como la exigencia del amor, es decir, el puro amor también del servicio, exigido para la protección y el desarrollo de esta misma humanidad. Exhortación Apostólica Redemptoris custos, nn. 25-27.
el silencio de san José no manifiesta un vacío interior, sino por el contrario, una plenitud de fe que lleva en su corazón, y guía cada uno de sus pensamientos y cada una de sus acciones. Un silencio gracias al cual José, al unísono con María, conserva la Palabra de Dios, conocida a través de las Santas Escrituras, confrontándolas permanentemente con los acontecimientos de la vida de Jesús; un silencio entretejido de oración continua, de bendición del Señor, de adoración de su voluntad y de confianza absoluta en su providencia.
¡Dejémonos «contaminar» por el silencio de san José! Tenemos necesidad de ello en un mundo a menudo tan ruidoso que no favorece en absoluto el recogimiento y la escucha de la voz de Dios. En este tiempo de preparación a la Navidad, cultivemos el recogimiento interior, para acoger y conservar a Jesús en nuestra vida.
Dios-con-nosotros, el Emmanuel: quien le conoce, conoce a Dios; quien le ve, ve a Dios; quien le sigue, sigue a Dios; quien se une a Él está unido a Dios. En Jesús, nacido en Belén, Dios se apropia la condición humana y se hace accesible, estableciendo una alianza con el hombre
Se puede definir a José un auténtico hombre de fe, como su esposa María. La fe conjuga justicia y oración, y esta es la actitud más adecuada para encontrar al Emmanuel, al «Dios con nosotros». Ángelus del Domingo 23 de diciembre de 2001
Benedicto XVI a san José, patrono universal de la Iglesia, deseo confiar a todos los pastores, exhortándolos a ofrecer «a los fieles cristianos y al mundo entero la humilde y cotidiana propuesta de las palabras y de los gestos de Cristo» (en la Plaza de San Pedro el domingo 19 de diciembre de 2010)
El silencio de san José es un silencio impregnado de la contemplación del misterio de Dios, en una actitud de disponibilidad total a las voluntades divinas. En otras palabras, el silencio de san José no manifiesta un vacío interior, sino por el contrario, una plenitud de fe que lleva en su corazón, y guía cada uno de sus pensamientos y cada una de sus acciones. San José, modelo de escucha. Falta referencia.
«San José es modelo del hombre “justo” que, en perfecta sintonía con su esposa, acoge al Hijo de Dios hecho hombre con una actitud de total disponibilidad a la voluntad divina»
Papa Francisco, Es imposible creer cada uno por su cuenta. Carta Encíclica Lumen Fidei, n. 39.
«José estaba muy angustiado por el embarazo incomprensible de María; no quería denunciarla públicamente, pero decidió romper su compromiso en secreto» Patris corde.
«Muchas veces ocurren hechos en nuestra vida cuyo significado no entendemos. Nuestra primera reacción es a menudo de decepción y rebelión. José deja de lado sus razonamientos para dar paso a lo que acontece y, por más misterioso que le parezca, lo acoge, asume la responsabilidad y se reconcilia con su propia historia. Si no nos reconciliamos con nuestra historia, ni siquiera podremos dar el paso siguiente, porque siempre seremos prisioneros de nuestras expectativas y de las consiguientes decepciones. La vida espiritual de José no nos muestra una vía que explica, sino una vía que acoge. Sólo a partir de esta acogida, de esta reconciliación, podemos también intuir una historia más grande, un significado más profundo. Y no importa si ahora todo parece haber tomado un rumbo equivocado y si algunas cuestiones son irreversibles. Dios puede hacer que las flores broten entre las rocas. Aun cuando nuestra conciencia nos reprocha algo» Ibid.
«Con la obediencia superó su drama y salvó a María» Ibid. «José nos enseña que tener fe en Dios incluye además creer que Él puede actuar incluso a través de nuestros miedos, de nuestras fragilidades, de nuestra debilidad. Y nos enseña que, en medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca. A veces, nosotros quisiéramos tener todo bajo control, pero Él tiene siempre una mirada más amplia». Ibid.
«A veces las dificultades son precisamente las que sacan a relucir recursos en cada uno de nosotros que ni siquiera pensábamos tener». Ibid.
«María es capaz también de hacer saltar un chico en el seno de su madre como escuchamos en el Evangelio. Ella es capaz de darnos la alegría de Jesús. María es fundamentalmente Madre. Bueno sí, Madre es poca cosa, no, María es Reina, es Señora. No. Pará: María es Madre. ¿Por qué? Porque te trajo a Jesús».
«A veces, nosotros quisiéramos tener todo bajo control, pero Él tiene siempre una mirada más amplia. Muchas veces ocurren hechos en nuestra vida cuyo significado no entendemos. Nuestra primera reacción es a menudo de decepción y rebelión. José deja de lado sus razonamientos para dar paso a lo que acontece y, por más misterioso que le parezca, lo acoge, asume la responsabilidad y se reconcilia con su propia historia» Carta apostólica S. José, Patris Corde
«En cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su “fiat”, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní» Carta apostólica S. José, Patris Corde
«Como una verdadera madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios» (EG 286).
Papa León XIV: «Dios nos ama a todos y el mal no prevalecerá. Estamos todos en las manos de Dios y, sin miedo, todos unidos a la mano de Dios y unos a los otros, sigamos adelante».
Pedro Casaldáliga:
Rainiero Cantalamessa
Pablo D ́Ors,
Cardenal Robert Sarah,
Teilhard de Chardin
H. Kung:
Quique Martínez de la Lama-Noriega,
Javier Gafo
Pagola,
Ruiz de Galarreta
Fidel Aizpurúa
Sobrado, .2015.
Tomás Muro,
Fray Marcos, En Jesús lo divino no se percibe por los sentidos.
Lo divino está siempre ahí pero no se percibe.
Enrique Martínez Lozano,
Tomas Merton
P. Carlos Padilla
J. Kentenich,
Sor Verónica,
P. Raniero Cantalamessa, ¡Podríamos llamarlo «domingo de los nacimientos»!
Sobrado Con relación al nombre de Emmanuel me parecería más interesante la traducción de: «Dios en nosotros». Hay ahí un matiz más profundo de cercanía. «Dios dentro de nosotros». «El con nosotros» no tiene por qué implicar una interioridad, puede ser una mera cercanía, una presencia externa- A este respecto recordamos la famosa frase de S. Agustín que buscaba inútilmente a Dios fuera de sí, hasta que se dio cuenta de que lo llevaba dentro de su corazón. Es decir, nosotros somos como María, «Arca de la alianza», pues portamos al creador dentro de nosotros mismos. Nosotros estamos llamados a ser Emmanueles y Cristos y lo somos.
M. Lozano El “mito del niño-Dios”, expresa una intuición profundamente sabia: La unidad inseparable de lo humano y lo divino en un mismo ser, y nos está indicando, en realidad, nuestra doble naturaleza, humano-divina. Esto se constata en todas religiones de un modo u otro. Ya sea en hombres que acceden a la divinidad o incluso como en el budismo tibetano, el niño-Dios mismo. El Emmanuel pues nos está indicando el comportamiento que hemos de seguir nosotros, también como Él participando de la doble naturaleza. Esa será La Buena Nueva fundamental que nos trae el anuncio del Emmanuel-Jesús que nos llena de profunda alegría.
Karl Rahner, afirma que, en medio de la sociedad secular de nuestros días, “esta experiencia del corazón es la única con la que se puede comprender el mensaje de fe de la Navidad: Dios se ha hecho hombre”.
González de Cardedal «Dios y el hombre no son restables… Se suman» ().
Louis Althusser Ha llegado el momento de instaurar una religión que proponga la idea de un Dios encarnado en toda la materia ()
Alguien dijo: “No siempre el tiempo es propicio para la navegación de los sueños”.
Frank Capra: -”Procura dormir un poco. / -No tengo sueño. / -Lo sé, lo sé, pero tienes que dormir. Así soñarás con ella y será un jardín entero”. George en el diálogo que mantenía con su hija pequeña Sussi en la película ¡Qué bello es vivir!
Eloi Leclerc: “El hombre que adora a Dios reconoce que no hay otro Todopoderoso más que Él solo. Lo reconoce y lo acepta. Profundamente, cordialmente. Se goza en que Dios sea Dios. Dios es: eso le basta. Y esto le hace libre”. “Sabiduría de un pobre”
CONFIANZA EN DIOS (Tomado de Fdz. Carvajal)
Gedeon y los 300 escogidos: .
David y Goliat: 1S 17,31-51.
Confianza en Dios y no en el hombre: Jr 17,5.
Castigo de los 40 ahos en el desierto por falta de confianza en Dios: Nb 14.
Confianza en Dios en tiempo de oscuridad: Si 2,1-6.
De la viuda de Sarepta: .
Esto os lo he dicho para que tengais paz en mí; en el mundo habeis de tener tribulación; pero confiad: yo he vencido al mundo. Jn 16,33.
Tal es la confianza que por Cristo tenemos en Dios. No que de nosotros seamos capaces de pensar algo como de nosotros mismos, que nuestra suficiencia viene de Dios. 2Co 3,4.
Considerad las generaciones antiguas y ved: ¿Quien confió en el Señor que fuese confundido? Si 2,11.
Mirad a los cuervos, que ni hacen sementera ni cosecha, que no tienen ni despensa ni granero, y Dios los alimenta. ¿Cuanto mas valeis vosotros que un ave? Lc 12,24.
Mirad los lirios como crecen: ni trabajan ni hilan, y yo os digo que ni Salomon en toda su gloria se vistio como uno de ellos. Si a la hierba, que hoy esta en el campo y mañana es arrojada al horno, así la viste Dios, ¿cuanto mas a vosotros, hombres de poca fe? Lc 12,27-28.
Los que confian en Yave son como el monte de Sion, que es inconmovible y esta asentado para siempre. Ps 124,1.
La confianza que tenemos en El es que, si le pedimos alguna cosa conforme con su voluntad, El nos oye. 1Jn 5,14.
Los que temeis al Señor esperad la dicha, el gozo eterno y la misericordia. Si 2,9.
Se alegraran cuantos en ti confian, exultaran por siempre. Tu los protegeras y en Ti se alegraran los que aman tu nombre. Ps 5,12.
Confia en Yave de todo corazon y no te apoyes en tu prudencia. Pr 3,5.
Confianza en El, ¡oh, pueblo!, en todo tiempo. Derramad ante El vuestros corazones, porque Dios es nuestro asilo. Ps 61,9.
Encomienda a Yave tus caminos, confía en El, y El actuara. Ps 61,9.
Pone en si su confianza el impio, y de la carne hace su apoyo y aleja de Yave su corazon. Jr 17,5.
«Nunca fallo a sus amigos»
1178 Y fiad de su bondad, que nunca falló a sus amigos (SANTA TERESA, Vida,1 1,4).
1179 Si no le dejas, El no te dejará (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 730).
1180 ¿Que madre estará tan pronta y dispuesta si sus hijos pequeños la llaman? Nadie, ciertamente, ni madre ni padre; sino sólo Dios (SAN JERONIMO, Hom. Evang. S. Mateo,55).
1181 ¿Que mas queremos tener al lado que un tan buen amigo, que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones, como hacen los del mundo? (SANTA TERESA, Vida,22,6-7).
1182 Todo hombre, con tal que sea amigo de Dios, debe tener gran confianza en ser librado por El de cualquier angustia [. . . ]. Y como Dios ayuda especialmente a sus siervos, muy tranquilo debe vivir quien sirve a Dios (SANTO TOMAS, Sobre el Credo,5, I. c. , p. 72).
1183 Dios nunca falta de ayudar a quien por El se determina a dejarlo todo (SANTA TERESA, Camino de perfección,1,2).
1184 Tenía muy creído que no había de faltar el Señor a las que no tratan otro cuidado sino en cómo contentarle (SANTA TERESA, Fundaciones,1,2).
Da siempre las ayudas necesarias
1185 ¡Bienaventuradas malaventuras de la tierra! Pobreza, lágrimas, odios, injusticia, deshonra. . . Todo lo podrás en Aquel que te confortará (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 717).
1186 Pues nadie se basta a si mismo para librarse de tantos peligros de miserias, a no ser que le ayude el que está mas arriba (SAN AGUSTIN, Sobre el Sermón de la Montafla,1).
1187 (Hemos de confiar plenamente en Dios), de quien esperamos el socorro, no solo de beneficios espirituales, sino también temporales (SANTO TOMAs, Cuest. disput. sobre la esperanza,1).
1188 Y como les había hecho encargos de mucha importancia, queriendo animarlos, les dice: Y mirad que yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación de los siglos. Como diciendo: y no digais que es difícil cumplir lo que se os manda, porque yo estoy con vosotros, que todo lo facilito (SAN JUAN CRISOSTOMO, en Catena Aurea, volt V111, p. 432).
1189 Si teneis confianza en El y ánimos animosos, que es muy amigo Su Majestad de esto, no hayais miedo que os falte nada (SANTA TERESA, Fundaciones,27,12).
1190 Y le dijo al paralitico: Coge tu camilla y vete a tu casa (Mc 2, I s. ), para hacer mas evidente el milagro, mostrando que no es cosa que se opere en la fantasía, sino un hecho positivo y patente, y para demostrar que no solo curaba, sino que devolvía también las fuerzas al enfermo. De la misma manera, no solo separa a las almas del pecado, sino que les da las ayudas necesarias para cumplir los mandamientos (TEOFILO, en Catena Aurea, vol IV, p. 54).
1191 La soledad tiene sus asaltos, el mundo tiene sus peligros; en todas partes es necesario tener buen ánimo, porque en todas partes el Cielo está dispuesto a socorrer a quienes tienen confianza en Dios, a quienes con humildad y mansedumbre imploran su paternal asistencia (SAN FRANCISCO DE SALES, Carta a su hermana, Epistolario,761).
1192 Fíate enteramente de Dios, encomiéndate a El, descarga en su providencia todos los cuidados, y El te sustentará, de modo que confiadamente puedas decir: el Señor anda solicito por mi (Sal 39,18) (SAN BERNARDO, Hom. en la Natividad de la B. Virgen Maria,5).
Confianza del que se dedica al apostolado por entero
1193 La confianza que el apóstol ha de poner en Dios debe ser tan grande que, aunque no posea lo necesario para esta vida, tenga por cierto que nada le ha de faltar (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 17 sobre los Evang. ).
1194 Tanta debe ser la confianza en Dios del que predica, que ha de estar seguro que no ha de faltarle lo necesario para la vida, aunque el no pueda procurárselo, puesto que no debe ocuparse menos de las cosas eternas, por tener que preocuparse de las temporales (SANTO TOMAS, en Catena Aurea, vol IV, p. 140).
1195 No os asusteis, ni temas ningún daño, aunque las circunstancias en que trabajeis sean tremendas [. . . ]. Las manos de Dios son igualmente poderosas y, si fuera necesario, harían maravillas (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios,105).
1196 Noquerais llevar bolsa, ni alforja, ni calzado,y a nadie saludeis por el camino. Tanta debe ser la confianza que ha de tener en Dios el predicador, que aunque no se provea de las cosas necesarias para la vida, debe estar persuadido de que no le han de faltar, no sea que, mientras se ocupa en proveerse de las cosas temporales, deje de procurar a los demás las eternas (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 17 sobre los Evang. ).
Junto al Señor se ganan todas las batallas
1197 Es muv piadoso (el Señor), y a personas afligidas y desfavorecidas jamás falta si confían en El sólo (SANTA TERESA, Camino de perfección,29,2).
1198 Si posees a Cristo, serás rico y con el te bastara. El será tu proveedor y fiel procurador en todo, de manera que no tendrás necesidad de esperar en los hombres. Pon en Dios toda tu confianza y sea El el objeto de tu veneración y de tu amor. El responderá por tí y todo lo hará bien, como mejor convenga (Imitación de Cristo, II, l,2-3).
1199 Ahi lo veis: presumía de sus fuerzas humanas, intentó luchar, no pudo triunfar, se vino a tierra, fue subyugado, fue hecho cautivo. Entonces aprendió a presumir de Dios,y terminó por recibir el auxilio de la gracia cuando puso en Dios la esperanza (SAN AGUSTIN, Sermón 145).
1200 Fue permitida esta negación para que en el mismo príncipe de la Iglesia tuviese principio el remedio de la penitencia, y nadie se atreviera a confiar en sus propias fuerzas, cuando ni el mismo San Pedro había podido evadirse del peligro de la inconstancia (SAN LEON MAGNO, Sermón 9, sobre la Pasion).
1201 La fuerza de Dios se muestra perfecta en la debilidad (SAN IRENEO, Trat. contra las herejías,5).
1202 Que ninguno diga aquellas palabras frías: no me atrevo, tengo verguenza, no puedo pronunciar palabra. Este respeto es propio del diablo. El diablo quiere cerrarte las puertas que dan acceso a Dios (SAN JUAN CRISOSTOMO, en Catena Aurea, volt Vl, p. 301).
1203 Mirad lo que ha de consolar en gran manera a un cristiano: el pensar que, al sufrir una tentación, tiene la seguridad de que cuantas veces recurra a Dios, no ha de sucumbir a los embates del demonio (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre las tentaciones).
1204 Pero los Apóstoles, en medio de las persecuciones, mantuvieron en Cristo la paz, sin abandonarle, por el contrario, buscaron refugio en El [. . . ]. En ellos se cumplió lo que les había dicho: tened confianza, yo he vencido al mundo. Confiaron y vencieron. ¿Por quien vencieron sino por El? (SAN AGUSTIN, Trat. Evang. S. Juan,103).
1205 Nadie confíe en si mismo al hablar; nadie confie en sus propias fuerzas al sufrir la prueba, ya que si hablamos con rectitud y prudencia nuestra sabiduría proviene de Dios, y si sufrimos los males con fortaleza nuestra paciencia es también don suyo (SAN AGUSTIN, Sermón 276).
1206 Cuanto mas determinados, menos confiados de nuestra parte: de donde ha de venir la confianza ha de ser de Dios (SANTA TERESA, Camino deperfección,41,4).
1207 Cuando imaginamos que todo se hunde ante nuestros ojos, no se hunde nada, porque Tu eres, Señor, mifortaleza (Sal 42,2). Si Dios habita en nuestra alma, todo lo demás, por importante que parezca, es accidental, transitorio; en cambio, nosotros, en Dios, somos lo permanente (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios,92).
La confianza en Dios aumenta con la oración y las buenas obras
1208 Como no tardó en creer (se refiere al leproso de Cafarnaun), tampoco tardó en sanar; y como no dilató la confesión de la fe, tampoco se hizo esperar la curación (ORIGENES. en Catena Aurea, volt l, p. 467).
1209 Las buenas obras mueven la fe del corazón, y dan confianza al alma para dirigirse a Dios (SAN JUAN CRISOSTOMO, en Catena Aurea, volt 1P 345).
1210 Hay un solo modo de crecer en la familiaridad y en la confianza con Dios: tratarle en la oración, hablar con El, manifestarleóde corazón a corazónónuestro afecto (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios,294).
Dios no manda imposibles
1211 Dios no manda imposibles, sino que al mandar avisa que hagas lo que puedas y pidas lo que no puedas y ayuda para que puedas (SAN AGUSTIN, Sobre la naturaleza y la gracia,43).
Confianza en la oración de peticion
1212 De la miseria del hombre está llena toda la tierra, y de la misericordia de Dios está llena la tierra. Lo mismo los desventurados que los felices, todos necesitan de Dios (SAN AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 32).
1213 No pueden dejar de cumplirse los deseos que el Hijo omnipotente manifestó al Padre omnipotente (SAN AGUSTIN. Trat. Evang. San Juan,11).
1214 Llama al cielo para que seas oido, y tu Padre, que está en los cielos, te enviará el auxilio y te defenderá. Te librará de la tribulación y te colmará de la gloria de la resurrección (SAN AMBROSIO, Coment. Evang. S. Lucas,7).
1215 Pedid y recibireis. . . (cfr. Mt 7,7-8). Lo repite para recomendar a justos y pecadores la confianza en la misericordia de Dios, y por eso añade: todo el que pide recibe; es decir, ya sea justo, ya sea pecador, no dude al pedir, para que conste que no desprecia a nadie [. . . ]. No puede concebirse que Dios, cuando manda la gran obra de caridad de hacer bien a los enemigos, imponga a los hombres el deber de que hagan lo que El no hiciera, siendo bueno (SAN JUAN CRISOSTOMO, en Catena Aurea, volt 1, pp. 428-429).
1216 Según somos, si nos dan lo que queremos, no admitiremos lo que el Señor nos diere; porque, aunque sea lo mejor, como no vemos luego el dinero en la mano, nunca nos pensamos ver ricos (SANTA TERESA, Camino de perfección,30,1 -5).
1217 ¿Y cuantos favores cada uno de nosotros podríamos contar si, recordando con ánimo agradecido los beneficios recibidos, quisiéramos hacer con ellos una alabanza a Dios? Pues almas que por mucho tiempo permanecieron sin descendencia, afectadas de esterilidad en lo mas noble de su ser y con sintomas de muerte en su alma, una vez fecundadas por el Espíritu Santo en la oración asidua, concibieron pensamientos saludables y llenos del conocimiento de la verdad. Y con ser innumerables las fuerzas adversas que frecuentemente arremeten contra nosotros con el propósito de apartarnos de la confianza divina, ¡cuantos enemigos fueron vencidos! Pero hemos permanecido en nuestra confianza porque estos confían en sus carros, aquellos en sus caballos; pero nosotros, a/ invocar el nombre del Señor, nuestro Dios, vemos la verdad de que vano es el caballo para la sa/vación (Ps 32,1 7) (ORIGENES, Trat. sobre la oración,13).
1218 No hay enfermo a quien le sea negada la victoria de la cruz, ni hay nadie a quien no ayude la oración de Cristo. Pues si esta fue de provecho para los que tanto se ensañaban con el, ¿cuanto mas no lo será para los que se convierten a el? (SAN LEON MAGNO, Sermón 15, sobre la Pasion).
Motivos de nuestra confianza en Dios
1219 Si vosotros, siendo malos, sabeis dar cosas buenas a vuestros hijos,¿ cuanto mas vuestro Padre. . . ? (Mt 7,9-11). Citó la semejanza de los padres y de los hijos para que, si desesperamos de nuestros pecados, esperemos en la bondad de nuestro Padre (SAN JUAN CRISOSTOMO, en Catena Aurea, volt 1P 430).
1220 Si Dios hizo todas las cosas de la nada, hay que creer que podría hacerlas de nuevo si fuesen destruidas; puede, por tanto, dar vista a un ciego, resucitar a un muerto y obrar cualquier otro milagro. Porque tienes en tu mano el poder cuando quieras (Sg 12,18) (SANTO TOMAS, Sobre el Credo,1, l. c. , p. 43).
1221 Cristo era tentado por el diablo y en Cristo eras tentado tu, porque Cristo tomó tu carne y te dio su salvación, tomo tu mortalidad y te dió su vida, tomó de tí las injurias y te dió los honores, y toma ahora tu tentación para darte la victoria. Si fuimos tentados en El, vencimos también al diablo en El. ¿Te fijas en que Cristo es tentado y, sin embargo, no consideras su trinnfo? (SAN AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 60).
1222 Ahora nos mueve a una confianza firme e inquebrantable con el ejemplo de las aves, diciendo: mirad los cuervos, que no siembran ni siegan (esto es, para tener que comer), los cuales no tienen despensa ni granero (esto es, para conservar) y Dios los alimenta. Pues, ¡cuanto mas no valeis vosotros que ellos! (SAN CIRILO, en Catena Aurea, volt VI, p. 88).
1223 Toda mi esperanza estriba sólo en tu gran misericordia (SAN AGusTiN, Confesiones, lO).
1224 Esta confianza del hombre en Dios ha de ser certísima, porque todo lo sabe, es todopoderoso y quiere nuestra salvación (SANTO TOMAS, Compendio de Teologia, II,4).
Confianza en Dios, por encima de todas las dificultades
1225 Aunque estoy convencido, mi querida Margarita, de que la maldad de mi vida pasada es tal que merecería que Dios me abandonase del todo, ni por un momento dejaré de confiar en su inmensa bondad. Hasta ahora, su gracia santísima me ha dado fuerzas para postergarlo todo: las riquezas, las ganancias y la misma vida, antes de prestar juramento en contra de mi conciencia (SANTO TOMAs MORO, Carta a su hija Margarita desde la carcel,1. c. ).
1226 Hubiera podido hacer que no tuvierais que sufrir mal alguno ni enfrentaros como ovejas ante lobos, podía haberos hecho mas temibles que leones; pero eso no era lo conveniente, porque así vosotros hubierais perdido prestigio y Yo la ocasión de manifestar mi poder. Es lo mismo que decia a Pablo: Te basta mi gracia, que en la debilidad se muestra perfecto mi poder. Asi es como yo he determinado que fuera. Al decir: Os envío como ovejas, dice implicitamente: «No desmayeis: yo se muy bien que de este modo sois invencibles» (SAN JUAN CRISOSTOMO, Hom. sobre San Mateo,33).
1227 Asi como no debemos confiar demásiado, para que no parezca que ensalzamos nuestro propio poder, tampoco debemos desconfiar, para no tratar de ineficaz la ayuda que Dios nos presta (ORIGENES, en Catena Aurea, volt 111, p. 311).
El Señor nunca abandona
1228 Para la desconfianza, el remedio es considerar que este negocio no se ha de alcanzar por s las tus fuerzas, sino por la divina gracia, la cual tanto mas presto se alcanza, cuanto mas el hombre desconfía de su propia virtud y confía en sólo la bondad de Dios, a quien todo es posible (SAN PEDRO DE ALCANTARA, Trat. de /a oración y meditación,11,4, aviso 7¡).
1229 Mirad que lo puede todo y nosotras no podemos nada sino lo que El nos hace poder (SANTA TERESA, Camino de perfección,16,10).
1230 Las oleadas son numerosas y peligrosas las tempestades, pero no tememos el naufragio: estamos consolidados sobre la roca. Aunque el mar se enfurezca, no demolerá la roca. Aunque las olas se agiten, no podrán hundir la barca de Jesús [. . . ]. Me importa poco cuanto el mundo considera como temible. Me río de sus bienes. Ni temo la pobreza, ni deseo la riqueza. Ni tengo miedo a la muerte, ni deseo seguir viviendo, si no es para aprovechamiento espiritual (SAN JUAN CRISOSTOMO, Hom. antes de partir para el destierro).
1231 El se anticipó a sanarnos, y continuará interviniendo después para que alcancemos nuestro desarrollo; se adelantó para llamarnos, y nos seguirá hasta que logremos la gloria; previno las cosas para que vivamos piadosamente, porque sin El nada podemos (SAN AGUSTIN, Trat. sobre la naturaleza y la gracia,30).
1232 No debes desconfiar de Dios ni desesperar de su misericordia; no quiero que dudes ni que desesperes de poder ser mejor: porque, aunque el demonio te haya podido precipitar desde las alturas de la virtud a los abismos del mal, ¿cuanto mejor podrá Dios volverte a la cumbre del bien, y no solamente reintegrarte al estado que tenías antes de la caída, sino también hacerte mas feliz de lo que parecías antes? (RABANO MAURO, Tres libros a Bonosio,3,4).
1233 El alma del hombre recto, al buscar en la oración el remedio a sus heridas, se hace tanto mas acreedora a ser escuchada por Dios cuanto mas rechazada se ve de la aprobación de los hombres (SAN GREGORIO MAGNO, Moralia, lO).
1234 Buscad el rostro de Aquel que habita siempre, con presencia real y corporal, en su Iglesia. Haced, al menos, lo que hicieron los discípulos. Tenían sólo una fe débil, no tenían una gran confianza ni paz, pero por lo menos no se separaban de Cristo [. . . ] No os defendais de El, antes bien, cuando esteis en apuro acudid a El, día tras día, pidiéndole fervorosamente y con perseverancia aquellos favores que solo El puede otorgar. Y así como en esta ocasión que nos narran los Evangelios, El reprochó a sus discípulos, pero hizo por ellos lo que le habían pedido, así, aunque observe tanta falta de firmeza en vosotros, que no debía existir, se dignará increpar a los vientos y al mar y dirá: «Paz, estad tranquilos». Y habrá una gran calma (CARD, J. H. NEWMAN, Sermón para el Domingo IV después de Epifania; Cat. S. Chaud 1848).
Jesucristo ha prometido estar con sus discípulos hasta la consumación de los siglos
1235 El me ha garantizado su protección, no es en mis fuerzas donde me apoyo. Tengo en mis manos su palabra escrita. Este es mi báculo. Esta es mi seguridad, este es mi puerto tranquilo. Aunque se turbe el mundo entero, yo leo esta palabra escrita que llevo conmigo, porque ella es mi muro y mi defensa. ¿Que es lo que ella me dice? Yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo. Cristo esta conmigo, ¿que puedo temer? Que vengan a asaltarme las olas del mar y la ira de los poderosos; todo eso no pesa mas que una tela de araña (SAN JUAN CRISOSTOMO, Hom. antes de partir para el destierro).
1236 El que promete estar con sus discípulos hasta la consumación de los siglos, manifiesta que ellos habrán de vencer siempre, y que El nunca se habrá de separar de los que crean (SAN JERONIMO, en Catena Aurea, volt III, p. 433).
1237 Qui habitat in adiutorio Altissimi, in protectione Dei coeli commorabitur (Sal 90,1), habitar bajo la protección de Dios, vivir con Dios: esta es la arriesgada seguridad del cristiano. Hay que estar persuadidos de que Dios nos oye, de que está pendiente de nosotros: así se llenará de paz nuestro corazón (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa,58).
1238 Y como les había hecho encargos de gran importancia, queriendo animarles les dice: Y mirad que yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación de los siglos (Mt 28,28). Como diciendo: no digais que es difícil cumplir lo que se os manda, porque estoy con vosotros, que todo lo hago fácil. Y no dijo que estaría sólo con ellos, sino con todos los que creyeron después de ellos [. . . ], ya que los Apostoles no iban a vivir hasta el final de los tiempos (SAN JUAN CRISOSTOMO, en Catena Aurea, volt III, p. 432).
Confianza en Dios, a pesar de las propias faltas y pecados
1239 (Mas libranos del mal). Nada queda ya que deba pedirse al Señor cuando hemos pedido su protección contra todo lo malo; la cual, una vez obtenida, ya podemos considerarnos seguros contra todas las cosas que el demonio y el mundo pueden hacer. ¿Que miedo puede darnos el siglo, si en el tenemos a Dios por defensor? (SAN CIPRIANO, en Catena Aurea, volt 1, pp. 371-372).
1240 Yo soy muy aficionada a San Agustín, porque el monasterio a donde estuve seglar era de su Orden; y también por haber sido pecador, que en los santos que después de serlo el Señor tornó a si, hallaba yo mucho consuelo, pareciéndome en ellos había de hallar ayuda; y que como los había el Señor perdonado, podía hacer en mi; salvo que una cosa me desconsolaba, como he dicho, que a ellos sola una vez los había el Señor llamado y no tornaban a caer, y a mi eran ya tantas, que esto me fatigaba. Mas considerando en el amor que me tenía, tornaba a animarme, que de su misericordia jamás desconfié; de mi, muchas veces (SANTA TERESA, Vida,9,3).
1241 Con razon tengo puesta en El la firme esperanza de que sanarán todas mis dolencias por medio de El, que esta sentado a tu diestra y que intercede por nosotros; de otro modo desesperaría. Porque muchas y grandes son mis dolencias; sí, son muchas y grandes, aunque mas grande es tu medicina (SAN AGUSTIN, Confesiones, l0,43).
La nave de Cristo no se hunde
1242 La nave de Jesús no puede hundirse [. . . ]. Las olas no quebrantan la roca, sino que se tornan ellas mismas espuma. Nada hay mas fuerte que la Iglesia. Deja, pues, de combatirla, para no destrozar tu fuerza en vano. Es inútil pelear contra el cielo. Cuando combates contra un hombre, o vences o eres vencido; pero si peleas contra la Iglesia, el dilema no existe. Dios es siempre mas fuerte (SAN JUAN CRISOSTOMO Hom. antes de partir para el destierro).
1243 Permitió el Señor que peligrasen sus discípulos para que se hicieran sufridos, y no los asistió en seguida, sino que los dejó en peligro toda la noche (hace referencia a la tempestad en el lago de Genezaret), a fin de enseñarles a esperar con paciencia y que no se acostumbrasen a recibir inmediatamente el socorro en las tribulaciones (TEOFILACTO, Trat. Evang. S. Marcos).
OBEDIENCIA (Tomado de Fdz. Carvajal)
Jesús, durante su estancia en Nazaret, obedecía a José y a Maria: Lc 2,51.
Obediencia de Maria al serle comunicado el misterio de la Encarnación: Lc 1,35-38.
Fruto de la obediencia de Maria: su maternidad divina: Lc 1,35.
Nuestro Señor ve en los que cumplen la voluntad de Dios a su madre y a sus hermanos: Mt 12,48-50 Mc 3,33-35 Lc 8,21.
Obediencia de José al ángel: Mt 1,18-25 Mt 2,13-14.
Obediencia de José y Maria al decreto de César Augusto: Lc 2,2-5.
Obediencia de José y Maria a la Ley judaica: Lc 2,21-24.
Obediencia de los Magos a la inspiración de Dios: Mt 2,1-12.
La obediencia debe ser norma de todos nuestros actos: Mt 3,36 Jn 13,3-9.
Obediencia a la vocación: Mt 4,18-22 Mt 9,9 Mc 1,16-20 Mc 2,13-14 Lc 5,27-28.
Obediencia del diácono Felipe: Ac 8,26-27.
Obediencia de Saulo: Ac 9,5-9.
Obediencia de Ananías: Ac 9,11-17.
Obediencia del Centurión Cornelio: Ac 10,7-9.
Obediencia de Pablo a una orden recibida en sueños en Tróade: Ac 16,9-10.
Cómo Pablo obedece primeramente a Dios: Ac 18,19.
Cómo Pablo es obedecido por sus compañeros: Ac 21,14-15.
Obediencia de Nuestro Señor a su Padre Dios: Rm 5,19.
Por la obediencia ha rescatado Nuestro Señor a los hombres: Rm 5,19.
Todos los que obedecen al Espíritu Santo son hijos de Dios: Rm 8,14.
La obediencia de los primeros cristianos se hizo notoria en todo el mundo, por la cual los alaba San Pablo: Rm 16,19.
La obediencia debe ser efectiva. Parábola de los dos hijos enviados a la viña: Mt 21,28-31.
Dios Padre otorga al Espíritu Santo a los que obedecen: Ac 5,32.
Hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres: Ac 5,29.
Hijos, obedeced a los padres en todo. Col 3,20.
Obedeced a vuestros superiores y estadles sujetos, que ellos velan sobre vuestras almas como quien ha de dar cuenta de ellas, para que lo hagan con alegría y sin queja, que esto seria para vosotros sin utilidad. He 13,17.
Aquel, pues, que escucha mis palabras y las pone por obra, será el varón prudente, que edifica su casa sobre roca. Mt 7,24.
Se humilló haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Ph 2,8.
«Mejor es la obediencia que las víctimas». Saul rechazado por Dios: 1S 15,10-23.
Si hubieses atendido a mis mandamientos, tu paz seria como un río, y tu justicia como las olas del mar. Is 48,18.
Facilidad y dificultades de la obediencia
3673 . . . Decir que dejaremos nuestra voluntad en otra parece muy fácil, hasta que probándose se entiende que es la cosa más recia que se puede hacer, si se cumple como se ha de cumplir (SANTA TERESA, Camino de perfección,32,5).
3674 Te mandan una cosa que crees estéril y difícil. -Hazla. -Y verás que es fácil y fecunda. (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 623).
3675 Fueron, pues, los que habían sido enviados, y hallaron al pollino. . . Asi también debemos hacer nosotros, que debemos acometer con mucho afecto y gran solicitud cuanto se nos mande, por bajo que sea, sabiendo que todo lo que se hace por Dios no es pequeño, sino digno del reino de los cielos (TITO BOSTRENSE en Catena Aurea, vol. Vl, p. 349)
3676 Dijome una vez (el Señor), que no era obedecer si no estaba determinada a padecer; que pusiese los ojos en lo que El había padecido y todo se me haría fácil (SANTA TERESA, Vida,26).
3677 A veces el Señor sugiere su querer como en voz baja, allá en el fondo de la conciencia: y es necesario escuchar atentos, para distinguir esa voz y serle fieles. En muchas ocasiones, nos habla a través de otros hombres, y puede ocurrir que la vista de los defectos de esas personas, o el pensamiento de si están bien informados, de si han entendido todos los datos del problema, se nos presente como una invitación a no obedecer (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa,17).
Frutos, eficacia y poder de la obediencia
3678 ¡Oh poder de la obediencia!-El lago de Genesaret negaba sus peces a las redes de Pedro. Toda una noche en vano. -Ahora, obediente, volvió la red al agua y pescaron «piscium multitudinem copiosa». «-una gran cantidad de peces-Créeme: el milagro se repite cada día (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 629).
3679 Para adquirir este tesoro, no hay mejor camino que cavar y trabajar para sacarle de esta mina de la obediencia; que mientras más caváremos, hallaremos más, y mientras más nos sujetáremos a los hombres, no teniendo otra voluntad sino la de nuestros mayores, más estaremos señores de ella para conformarla con la de Dios (SANTA TERESA, Fundaciones,5,13).
3680 Dios no necesita de nuestros trabajos, sino de nuestra obediencia (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo,56).
3681 Tiene por compañeras la honra y la dignidad, porque no es esclavitud o servidumbre de hombre a hombre, sino sumisión a la voluntad de Dios, que reina por medio de los hombres (LEÓN XIII, Enc. Immortale Dei).
3682 Yo creo que, como el demonio ve que no hay camino que más presto lleve a la suma perfección que el de la obediencia, pone tantos disgustos y dificultades debajo de color de bien (SANTA TERESA, Fundaciones,5,10).
3683 Haz que tu padre espiritual te señale las obras de piedad que has de practicar, y con eso tendrán duplicada gracia y bondad, una por si misma, puesto que son piadosas, y otra por la obediencia, que las ordena y en cuya virtud se ejecutan. Bienaventurados los que obedecen, porque Dios no permitirá jamás que se extravien (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida devota,3,11).
3684 Mientras nos sometemos humildemente a la voz ajena nos superamos a nosotros mismos en el corazón (SAN GREGORio MAGNO, Moralia,35).
3685 Muchas veces me parecía no se poder sufrir el trabajo conforme a mi bajo natural, me dijo el Señor: Hija, la obediencia da fuerzas (SANTA TERESA, Fundaciones, pról. 2).
3686 Si no entristeces a esta gracia, conocerás los secretos que el Verbo comunica por medio de quien quiere y cuando quiere [. . . ]. Si te acercas atentamente, sabrás todo lo que Dios concede a los que verdaderamente aman (cfr. 1Co 2,9).
Se convierten en un jardín de delicias; en ellos va a crecer un árbol fecundo y vigoroso que los colmará de ricos frutos. Ellos son el terreno en que fueron plantados el árbol del conocimiento y el árbol de la vida. Porque lo que mata no es el árbol del conocimiento, sino la desobediencia (Epístola a Diogneto XI,3 y XII,2-3).
Seguridad de la obediencia
3687 Obedecer. . . , camino seguro. -Obedecer ciegamente al superior. . . , camino de santidad. -Obedecer en tu apostolado. . . , el único camino: porque, en una obra de Dios, el espiritu ha de ser obedecer o marcharse (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 941).
3688 ¡Oh, Señor, cuán diferentes son vuestros caminos de nuestras torpes imaginaciones, y cómo de un alma que está ya determinada a amaros y dejada en vuestras manos no queréis otra cosa, sino que obedezca y se informe bien de lo que es más servicio vuestro y eso desee! (SANTA TERESA, Fundaciones,5,6).
3689 Obediencia que con toda verdad puedo decir que es la virtud propia de la criatura racional que actúa bajo la potestad de Dios; y también que el primero y mayor de todos los vicios es el orgullo, que lleva al hombre a querer usar de su potestad para la ruina, y tiene el nombre de desobediencia (SAN AGUSTiN, Sobre el Génesis,8).
3690 Gran cosa es estar en obediencia, y vivir debajo de prelado, y no ser suyo propio: mucho más seguro es estar en sujeción que en mando (Imitación de Cristo,1,9,1).
3691 La obediencia es virtud que inclina la voluntad a cumplir el mandato legitimo del superior, en cuanto es manifestación de la Voluntad de Dios (SANTO TOMÁS, Suma Teológica,2-2, q. 104).
3692 La humildad, como virtud especial, considera principalmente la sujeción del hombre a Dios, en cuyo honor se humilla sometiéndose incluso a otros (SANTO TOMAS, Suma Teológica,2-2, q. 161, a. 1).
3693 ¿Qué importa que Dios nos manifieste su voluntad por si mismo o por sus ministros, ya sean ángeles, ya sean hombres? (SAN BERNARDO, De praeceptis et dispositionibus 9).
3694 Pierde ella (el alma) su regalo, y lo tiene por bien perdido porque no se acuerda de su contento, sino en cómo hacer más la voluntad del Señor, y así es en la obediencia. Seria recia cosa que nos estuviese claramente diciendo Dios que fuésemos a alguna cosa que le importa, y no quisiéramos porque estamos más a nuestro placer (SANTA TERESA, Fundaciones,5,5).
3695 Es conveniente obedecer sin ningún género de fingimiento, porque no es a éste o a aquel obispo que vemos a quien se trataria de engañar, sino que el engaño iria dirigido contra el obispo invisible; es decir, en este caso ya no es contra un hombre mortal, sino contra Dios, a quien aun lo escondido está patente (SAN IGNACIO DE ANTIOQUIA, Carta a los Magnesios,1).
3696 Cada uno entienda que el fin de todos estos ejercicios y de toda la vida espiritual es la obediencia de los mandamientos de Dios y el cumplimiento de la divina voluntad, para lo cual es necesario que muera la voluntad propia, para que así viva y reine la divina, pues es tan contraria a ella (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la oración y meditación,11,5).
Obedecer los consejos del confesor
3697 Yendo con limpia conciencia y con obediencia, nunca el Señor permite que el demonio tenga tanta mano que nos engañe de manera que pueda dañar el alma; antes viene él a quedar engañado (SANTA TERESA, Fundaciones,4,2).
3698 Muchas veces me ha dicho el Señor que no deje de comunicar toda mi alma y las mercedes que el Señor me hace con el confesor, y que sea letrado, y que le obedezca. Esto muchas veces (SANTA TERESA, Vida,26,3).
3699 Siempre que el Señor me mandaba una cosa en la oración, si el confesor me decia otra me tornaba el mismo Señor a decirme que le obedeciese; después su Majestad le volvía para que me lo tornase a mandar (SANTA TERESA, Vida,26,5).
Cualidades de quien ejerce la autoridad
3700 Ninguno manda con seguridad sino el que aprendió a obedecer de buena gana (Imitación de Cristo, 1,20,3).
3701 (El ejercicio de la autoridad no es más que) un oficio de amor (SAN AGUSTIN, Trat. Evang. S. Juan,123).
3702 (Recomienda la santa a la madre priora): Procure que sea amada para que sea obedecida (SANTA TERESA, Constituciones,9,1).
Cualidades de la obediencia
3703 El enemigo: ¿obedecerás. . . hasta en ese detalle «ridículo»? Tú, con la gracia de Dios: obedeceré. . . hasta en ese detalle «heroico» (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 618).
3704 Has de obedecer cuando te manden cosas agradables, como es el comer y divertirse, pues aunque entonces no parece gran virtud el hacerlo, el no hacerlo seria gran defecto; has de obedecer en las cosas indiferentes, como ponerte tal o tal vestido, ir por tal o por cual camino, cantar o callar, y ésta será una obediencia muy loable; has de obedecer también en las cosas difíciles, ásperas y duras, y ésta será obediencia perfecta; has de obedecer, finalmente, con dulzura, sin enfado y, sobre todo, por amor (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida devota,3,11).
3705 Hay tres modos diferentes de obedecer: separándonos del mal por temor al castigo, y entonces nos colocamos en una actitud servil; o por alcanzar el premio ofrecido, y en este caso nos asemejamos a los mercenarios; o por amor al bien y por afecto a aquel que nos manda, y entonces imitamos la conducta de los buenos hijos (SAN BASILIO, en Catena Aurea, vol. Vl, p. 207).
3706 Purificad vuestras almas en la obediencia, la cual no debe proceder sólo de la necesidad, sino de una franca voluntad y deseo de agradar a Dios. La voluntad del superior, sea como sea conocida por nosotros, ha de servirnos de precepto. Las consideraciones que deseo en vuestra obediencia se encierran todas en una; pues no deseo más que la sencillez, que rinde dulcemente el corazón a las órdenes y se siente feliz obedeciendo hasta en las cosas que repugnan, y más en éstas que en ninguna otra.
No deseéis, pues, nada más que lo que Dios quiere y haced lo que os diga el que os mande, con tal que no haya pecado en ello. Quered lo que quieren los superiores y querréis lo que Dios quiere: con ello seréis de veras obedientes y dichosos (SAN FRANCISCO DE SALES, Epistolario, fragm. 46, I. c. ,p. 680).
3707 La obediencia hace meritorios nuestros actos y sufrimientos, de tal modo que, de inútiles que estos últimos pudieran parecer, pueden llegar a ser muy fecundos. Una de las maravillas realizadas por nuestro Señor es haber hecho que fuera provechosa la cosa más inútil, como es el dolor. El lo ha glorificado mediante la obediencia y el amor. La obediencia es grande y heroica cuando por cumplirla está uno dispuesto a la muerte e ignominia (R. GARRIGOU LAGRANGE, Las tres edades de la vida interior, vol. II, p. 683).
El ejemplo de Jesucristo
3708 Jesucristo, en cumplimiento de la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el reino de los cielos, nos reveló su misterio y realizó la redención con su obediencia (CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium,3).
3709 Cristo, a quien el universo está sujeto, estaba sujeto a los suyos(SAN AGUSTIN, Sermón 51).
3710 La señal de la humildad es la obediencia, mientras que la soberbia nos inclina a hacer la propia voluntad y a buscar aquello que nos ensalza, y a no querer dejarnos dirigir por los demás, sino a dirigirlos a ellos. La obediencia es lo contrario de la soberbia. Mas el Unigénito del Padre, venido del cielo para salvarnos y sanarnos de la soberbia, hizose obediente hasta la muerte en la cruz (R. GARRIGOU LAGRANGE, Las tres edades de la vida interior, vol. II, p. 683).
3711 Baja del cielo por obedecer a un hombre y se deja poner sobre los altares en cuanto los hombres quieren. Asi está sin moverse por si mismo, déjase estar donde lo ponen, o expuesto en la custodia, o cerrado en el sagrario; déjase conducir por donde lo llevan, así por las calles como por las casas; permite que cualquiera le reciba en la comunión, sea justo o pecador. Mientras vivió en este mundo, dice San Lucas, obedecía a Maria Santísima y a San José, mas en este Sacramento obedece a tantas criaturas como son en el mundo los sacerdotes (SAN ALFONSO M. a DE LIGORIO, Visitas al Stmo. Sacramento,25).
Obediencia de la Virgen
3712 Tratemos de aprender, siguiendo su ejemplo en la obediencia a Dios, en esa delicada combinación de esclavitud y de señorío. En Maria no hay nada de aquella actitud de las vírgenes necias, que obedecen, pero alocadamente. Nuestra Señora oye con atención lo que Dios quiere, pondera lo que no entiende, pregunta lo que no sabe. Luego, se entrega toda al cumplimiento de la voluntad divina: he aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra (Lc I,38) (J. ESCRIVA DE BAEAGUER, Es Cristo que pasa,173).
MIEDO (Tomado de pensamientos.org)
A lo único que tenemos que temer es al miedo por sí mismo. Franklin Delano Roosevelt
El deseo vence al miedo, atropella inconvenientes y allana dificultades. Mateo Alemán
“El enemigo debe tener miedo de nosotros y no nosotros del enemigo.” Santa Faustina Kowalska
El ignorante tiene valor; el sabio miedo. Alberto Moravia
El miedo atento y previsor es madre de la seguridad. Edmund Burke
El miedo es más ingenioso que el odio. Pierre Bayle
El miedo es un sufrimiento que produce la espera de un mal. Aristóteles
El miedo hace a los hombres creer lo peor. Curzio Malaparte
El hombre que tiene miedo sin peligro, inventa el peligro para justificar su miedo. Alain Émile Chartier
El miedo es el más ignorante, el más injurioso y el más cruel de los consejeros. Edmund Burke
El miedo es un sufrimiento que produce la espera de un mal. Aristóteles
El miedo es un ácido que se bombea en la propia atmósfera. Causa asfixia mental, moral y espiritual; mata la energía y todo crecimiento. Horace Fletcher
El miedo puede llevar a los hombres a cualquier extremo. George Bernard Shaw
El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son. Tito Livio
El miedo siempre viene de la ignorancia. Ralph Waldo Emerson
El Señor que te creó dice: No temas pues yo te rescaté; yo te llame por tu nombre; eres mío. Cuando pases por aguas profundas y gran tribulación yo estaré contigo. Isaías 43:1-2
El valiente tiene miedo del contrario; el cobarde, de su propio temor. Francisco de Quevedo y Villegas
Cuando una mujer tiene miedo de su rival, está perdida. Marie Jeanne Bécu, condesa du Barry
Cuánto más dinero entra, más inestable te sientes, porque tienes miedo de perderlo. Luis Gordillo
De lo que tengo miedo es de tu miedo. William Shakespeare
Hay una manera de vencer el miedo y es cultivando la paz interior. Lama Gangchen
La ignorancia es madre del miedo. Henry Kames
Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo… del miedo al cambio. Octavio Paz
La primera cosa contra la que el hombre tiene que batallar desde su nacimiento es el miedo. Es la gran represión, la gran dictadura. Miguel Bosé
La violencia es el miedo a los ideales de los demás.
Mahatma Gandhi
Lo más triste de la vida no son sus pérdidas y desventuras, sino sus miedos. A. C. Benson
Los enemigos son grandes según el miedo que nos producen. No tengas miedo a nadie y no tendrás enemigos. Francisco García Salve
Los tímidos tienen miedo antes del peligro; los cobardes, durante el mismo; los valientes, después. Jean-Paul Richter
¿Miedo a la muerte? Uno debe temerle a la vida, no a la muerte. Marlene Dietrich
Nadie llegó a la cumbre acompañado por el miedo. Publio Siro
No debemos tener miedo de la solidaridad, de poner a disposición de Dios lo que somos y tenemos. SS. Francisco
No es valiente el que no tiene miedo, sino el que sabe conquistarlo. Nelson Mandela
No hay que tener miedo, porque las cruces y dificultades están pesadas en la balanza del amor. Paco Cerro
“No tengáis miedo, pequeño rebaño!” (Lc 12,32)
Para quien tiene miedo, todo son ruidos. Sófocles
Siempre se tiene miedo a lo que hay afuera, y muchas veces las condiciones hacen que te pongas una coraza. Joaquín Cortés
«Amparado en Cristo, lánzate, sin respeto humano, sin miedo, sin temor al fracaso, a la batalla apostólica, en la seguridad de que Cristo te acompaña y protege» Regnum Christi
Sólo se tiene miedo cuando no se está de acuerdo con uno mismo. Hermann Hesse
Todo aquel que emprende algo nuevo en la vida siente el miedo. Mari Carrillo
Y Jehová va delante de tí. El estará contigo, no te dejará ni te desamparará; no temas ni te intimides. Deuteronomio 31:8
CONTO
EL MEJOR REGALO PARA JESÚS
Alguien me acercó un cuento de Navidad que leyó en alguna parte. Lo contaré a continuación porque realiza un hermoso viaje al corazón de Jesús Niño. Se dice que, cuando los pastores se alejaron y la quietud volvió, el niño del pesebre levantó la cabeza y miró la puerta entreabierta. Un muchacho joven, tímido, estaba allí, temblando y temeroso. -Acércate -le dijo Jesús- ¿Por qué tienes miedo? -No me atrevo… no tengo nada para darte. -Me gustaría que me des un regalo -dijo el recién nacido. El pequeño intruso enrojeció de vergüenza y balbuceó: -De verdad no tengo nada… nada es mío; si tuviera algo, algo mío, te lo daría… mira. Y buscando en los bolsillos de su pantalón andrajoso, sacó una hoja herrumbrada que había encontrado. -Es todo lo que tengo, si la quieres, te la doy… -No -contestó Jesús- guárdala. Querría que me dieras otra cosa. Me gustaría que me hicieras tres regalos. -Con gusto -dijo el muchacho- pero ¿qué? -Ofréceme el último de tus dibujos. El chico, cohibido, enrojeció. Se acercó al pesebre y, para impedir que María y José lo oyeran, murmuró algo al oído del Niño Jesús: -No puedo… mi dibujo es muy feo ¡nadie quiere mirarlo…! -Justamente, por eso yo lo quiero… siempre tienes que ofrecerme lo que los demás rechazan y lo que no les gusta de ti. Además quisiera que me dieras tu plato. -Pero… ¡lo rompí esta mañana! – tartamudeó el chico. -Por eso lo quiero… Debes ofrecerme siempre lo que está roto en tu vida, yo quiero arreglarlo… Y ahora – insistió Jesús- repíteme la respuesta que le diste a tus padres cuando te preguntaron cómo habías roto el plato. El rostro del muchacho se ensombreció; bajó la cabeza avergonzado y, tristemente, murmuró: -Les mentí… Dije que el plato se me cayó de las manos, pero no era verdad… ¡Estaba enfadado y lo tiré con rabia! -Eso es lo que quería oírte decir -dijo Jesús- Dame siempre lo que hay de malo en tu vida, tus mentiras, tus calumnias, tus cobardías y tus crueldades. Yo voy a descargarte de ellas… No tienes necesidad de guardarlas… Quiero que seas feliz y siempre voy a perdonarte tus faltas. A partir de hoy me gustaría que vinieras todos los días a mi casa y así será siempre Navidad en tu vida, porque Navidad no es otra cosa que dejar que mi amor y mi perdón renueven tu corazón..
Tomado de P. Diego Millán
«¿QUÉ ANDAS BUSCANDO, MULLAH?
Mi llave. La he perdido. Y arrodillados los dos se pusieron a buscar la llave perdida. Al cabo de un rato dijo el vecino: ¿Dónde la perdiste? En casa. ¡Santo Dios! y entonces, ¿por qué la buscas aquí? Porque aquí hay más luz. ¿De qué vale buscar a Dios en lugares santos, si donde lo has perdido es en tu corazón?»
Anthony de Mello
LAS SIETE MARAVILLAS DEL MUNDO
Un grupo de estudiantes de geografía estudiaban las siete maravillas del mundo. Al término de la clase, se les pidió que hicieran una lista de las que ellos consideraban deberían ser actualmente las siete maravillas del mundo.
A pesar de algunos desacuerdos, la mayoría votó por las siguientes:
– las pirámides de Egipto.
– El Taj Mahal.
– El Gran cañón.
– La muralla China.
– Machu Pichu.
– El Canal de Panamá.
– La plaza de San Pedro en Roma.
Mientras hacían la votación, el maestro notó que una estudiante permanecía callada y no había entregado aún su lista. Así que le preguntó si tenía algún problema para terminar su selección.
La muchacha respondió con cierta timidez:
– si, un poco. Son tantas las maravillas que no termino por decidirme.
El maestro le dijo:
– bueno, lee lo que has escrito y tal vez podamos ayudarte.
La muchacha titubeó un momento y después empezó a leer:
Creo que las siete maravillas del mundo son:
- Poder tocar.
- Poder saborear.
- Poder ver.
- Poder escuchar.
- Poder sentir.
- Poder reír
- Y poder amar.
Tomado de Alejandro Illescas, Los cuentos de mis homilías
Tomado de Juan Jáuregui
Tomado de Parábolas.org
Tomado de Los cuentos que yo cuento
Tomado del P. Rainiero Cantalamesa
Tomado de Anecdonet
Tomado del Chatgpt
Tomado de P. Chinaglia
Tomado de P. Félix Jiménez
F. Kafka
Tomado de Lacompañiademaría.com
Anthony de Mello El canto del pájaro.
Tomado de MSC
2022
LAS SIETE MARAVILLAS
Un grupo de estudiantes de Geografía, estudiaban las Siete Maravillas del Mundo. Al término de la clase, se les pidió que hicieran una lista de las que ellos consideraban las Siete Maravillas del Mundo, en el día de hoy. A pesar de algunos desacuerdos, la mayoría votó por lo siguiente:
Las pirámides de Egipto…
El Taj Mahal de la india…
El gran cañón de Arizona…
El canal de panamá…
El Empire State de Nueva York…
La Basílica de san Pedro en roma…
La muralla china…
Mientras votaban, el maestro notó que una estudiante permanecía callada y no había entregado aún su lista. Así que le preguntó si tenía algún problema para hacer su elección.
La joven tímidamente respondió: Sí, un poco; no puedo decidirme pues son tantas las maravillas.
El maestro, le dijo:
-Bueno, dinos lo que has escrito, tal vez podamos ayudarte.
-Creo que las Siete Maravillas, más importantes de este mundo son:
Poder tocar…
Poder saborear…
Poder ver…
Poder escuchar…
Poder sentir…
Poder reír…
Poder amar.
Al terminar de leerlas, todos los presentes quedaron en un absoluto silencio, nadie supo qué contestar.
Tomado de Alejandro Illescas
EL SUEÑO DE LA VIRGEN MARÍA
Tuve un sueño, José, y realmente no lo puedo comprender, pero creo que se trataba del nacimiento de nuestro hijo. La gente estaba haciendo preparativos con seis semanas de anticipación , decoraban las casas, compraban ropa nueva, salían de compras muchas veces y adquirían elaborados regalos. Era un tanto extraño, ya que los regalos no eran para nuestro hijo; los envolvían en vistosos papeles y los ataban con preciosos lazos y todo lo colocaban debajo de un árbol. Sí, un árbol José.
Dentro de sus casas, esta gente había decorado el árbol y las ramas estaban llenas de adornos brillantes y había una figura en lo alto del árbol, me parecía que era un ángel, era realmente hermoso. Luego vi una mesa espléndidamente servida, con platillos deliciosos, y muchos vinos, todo se veía exquisito y todos estábamos invitados.
Toda la gente se veía feliz, sonriente y emocionada por los regalos que se intercambiaban unos a otros, pero, sabes José, no quedaba ningún regalo para nuestro hijo, me daba la impresión de que nadie lo conocía porque nunca mencionaron su nombre.
¿No te parece extraño que la gente trabaje y gaste tanto en preparativos para celebrar el cumpleaños de alguien a quien ni siquiera mencionan y que da la impresión de que no lo conocen?
Tuve la extraña sensación de que si nuestro hijo hubiera entrado a esos hogares, para la celebración hubiera sido solamente un intruso.
Todo se veía tan hermoso y la gente se veía feliz, pero yo sentía enormes deseos de llorar, porque nuestro hijo era ignorado por casi toda esa gente que lo celebraba.
¡Qué tristeza para Jesús, no ser deseado en su propia fiesta de cumpleaños!
Estoy contenta porque solo fue un sueño, pero ¡qué terrible sería si esto se convirtiera en realidad!
Web Católico de Javier
Un día, cuando yo era niño, un anciano me colocó sobre sus rodillas y puso su mano sobre mi cabeza como si me fuera a dar una bendición.
Alexis, me dijo, te voy a decir un secreto. Eres muy pequeño para entenderlo ahora, pero mira, ni el cielo ni la tierra son suficientemente grandes para contener a Dios, sólo el corazón humano es bastante grande para albergar a Dios.
Así pues, Alexis, ten mucho cuidado, que mi bendición te acompañe siempre y nunca, nunca, hieras el corazón de otra persona.
Cuentan que un grupo de estudiantes iban a representar la escena del nacimiento antes de las vacaciones y el joven que iba a desempeñar el papel de San José enfermó y llamó al director para comunicarle que no podría hacer su papel.
«Ya es muy tarde para buscar a otro que haga el papel de José», dijo el director. Lo tendremos que eliminar de la obra. José quedó eliminado y casi nadie lo echó en falta el día de la representación. San José pinta poco en ésta y en toda la historia de la salvación, pero tuvo un importante papel que jugar. Sin su presencia hasta la misma vida de Jesús habría sido más que sospechosa e inaceptable. Y la vida de María habría sido imposible en su Nazaret natal.
Tomado de P. Félix Jiménez
En la vida hay muchos caminos, el del crecimiento, el del éxito, el de la fe, el de la felicidad…
Estaba yo un día en uno de esos caminos cuando vi a lo lejos un toro enorme y amenazante bloqueando mi camino. Estaba yo muerto de miedo y orando para que desapareciera, pero el toro no se movía. En ese momento escuché una voz interior que me decía: haz lo que tengas que hacer, pero tienes que seguir adelante.
Decidí reunir todas mis fuerzas y coger el toro por los cuernos, pasara lo que pasara.
Caminé con decisión y me enfrenté al toro.
No creerán lo que sucedió. El toro me dijo: «¿Por qué tardaste tanto tiempo en llegar hasta mí? ¿Tenías miedo? Te he estado esperando para llevarte, sube a mi lomo y dime adonde quiere ir».
Lo que a veces parece un gran problema se convierte en una bendición.
Valor para encontrar la bendición y superar el miedo es lo que necesitamos.
«José, no tengas miedo de tomar a María como esposa»…
PELUCHE
Se estaba acercando la Navidad en nuestro pueblo. Lo que suele poner en movimiento muchos sentimientos diferentes. Desde los tiernamente familiares hasta aquellos religiosos más profundos. Y por supuesto otros no tan elevados, como los que tienen referencia a los hábitos alimenticios y los
comerciales.
Una de las grandes jugueterías se había surtido generosamente a fin de satisfacer todos los requerimientos de sus clientes.
En las estanterías podía verse de todo, desde artefactos bélicos de plástico, habitados por monstruos del más pésimo gusto televisivo, hasta muchas otras cosas bonitas y dignas de ser obsequiadas en la alegría navideña.
Entre éstas se encontraba un precioso osito de peluche, de gran tamaño. Realmente era bonito.
Parecía trasuntar cariño, y sus ojitos pequeños y brillantes le daban una extraña vida que cautivaba a quienes quisieran mirarlo con interés. Era un juguete valioso, y por tanto nada barato. Y Peluche lo sabía.
Sin delirios de grandeza, él se sentía entre lo mejor que se podía conseguir en aquel lugar.
Justamente ése era su drama. Porque los que tenían suficiente dinero como para comprarlo, no tenían niños a quienes obsequiárselo. Y los que tenían muchos niños carecían de dinero. El ser valioso era la causa de sus problemas. Porque a medida que se acercaba la Nochebuena, Peluche veía cómo las estanterías se iban vaciando de juguetes, mientras que él continuaba siendo admirado, pero sin que nadie se decidiera a adquirirlo para alegría de un niño.
La ansiedad que había ido creciendo con las horas se le transformó en angustia, cuando vio que el dueño de la juguetería bajaba lentamente las pesadas cortinas metálicas de aquella juguetería. Luego se apagaron las luces y dentro reinó el silencio. De afuera, en cambio, llegaba todo el bullicioso festejo navideño.
En la oscuridad, a Peluche le entraron ganas de llorar. Se dio cuenta que pasaría la primera Navidad de su vida de la manera más triste que se podía imaginar. Solo y sin nadie con quien compartir todo eso valioso que sentía poseer. Lo que más le dolía era saber que se había quedado solo, justamente
por ser valioso. Si hubiera sido barato ya estaría en manos de alguien, compartiendo la fiesta, aunque más no fuera que por unas horas.
De repente se sobresaltó. Creyendo soñar, vio que la sala se iluminaba con una luz suave y bella.
Y sus ojitos brillaron de estupor cuando vio al mismísimo Jesús, que había entrado en la juguetería con una gran bolsa en la mano. Había venido a buscar juguetes a fin de distribuirlos él también. Porque tienen que saber que aquí, a los chicos ricos son sus padres quienes les traen regalos. Mientras que a los pobres, se los manda Dios.
Peluche tuvo la certeza de que esta vez alguien se lo llevaría con él para ser la alegría de un chico. Este Señor tenía muchos niños, y además era suficientemente rico como para pagar su precio y adquirirlo. Esperó, por tanto, con ansiedad, que se le acercara.
Cuando estuvo delante, el Señor lo miró -como nunca nadie antes lo había mirado- y le dirigió la palabra con toda naturalidad: Peluche, ¿quieres acompañarme esta Nochebuena para repartir regalos a los chicos?
Y como la palabra del Señor es poderosa y da vida a todo aquél a quien se dirige, Peluche sintió que un extraño temblor se apoderaba de todo su cuerpo. Saltó de la estantería y dando cuatro vueltas en el piso se puso a bailar lleno de alegría. De no haber sido de peluche hubiera hecho un ruido infernal.
Pero nadie sintió nada. Sobre todo porque todos estaban ocupadísimos, celebrando la Navidad. Tan entretenidos estaban en ello que ni siquiera vieron a Jesús con la bolsa al hombro y con Peluche de la mano, caminando por sus calles rumbo a la salida. Hubo quienes al verlo desde atrás pensaron que se trataba de un vagabundo, acompañado de su perrito. Es tan fácil confundir al Señor con un pobre cualquiera… ¡y más en Navidad!
Cuando ganaron las afueras del pueblo, Peluche quedó extasiado. Vio por primera vez la noche de los campos. El cielo estaba que hervía de estrellas. Los grillos cantaban desde los pastos y los bichitos de luz iluminaban la noche del verano. A lo lejos los perros y los gallos indicaban dónde vivían los pobres.
– ¡Qué hermosa es la noche!, exclamó Peluche.
– Sobre todo si vas de mi mano, le dijo Jesús.
Y así fueron visitando los ranchos. Cuando se acercaban a uno de ellos, les salían al encuentro los perros. Los perros del indio no ladran. Van derecho al bulto. Pero cuando descubrían que era Jesús quien venía, inmediatamente se abuenaban.
Y mientras el Señor los acariciaba para entretenerlos, Peluche sacaba de la bolsa un regalo, y entrando sigilosamente por la ventana abierta lo dejaba al lado de los niños dormidos. Y todavía se quedaba un ratito para mirarlos sonreír en sueños. Como sucede en Navidad. Y así se fue gastando la noche.
Cuando ya quería ir saliendo el lucero, Jesús le dijo a Peluche: Mira, ahora vamos todavía a visitar el rancho de Doña Matilde. El mejor de los regalos tiene que ser para su nietito, que está enfermo.
Y nuevamente, mientras el Señor se entretenía con los perros de Doña Matilde, Peluche buscó en la bolsa el regalo mejor. Pero descubrió con sorpresa que ya no había más regalos. Estaba completamente vacía. Y perplejo se lo dijo a Jesús. Pero éste, guiñándole un ojo, como quien ya sabía el asunto, le dijo:
– Haz como yo. ¡Regálate tú!
Nota: Nunca se supo cómo hizo Doña Matilde para conseguirle a su nietito un regalo tan hermoso. Y hasta hubo gente malintencionada que sospechó de ella… Son tan ladrones los pobres… Si te acercas, te roban el corazón.
Mamerto Menapace (extracto)
Hay un cuento en mi tierra que no sé si será cierto, pero que tiene su filosofía. El hijo se marchaba para América. Pero antes, el padre le mandó que se subiese a la mesa. Y luego le dice:
– “Hijo tírate que yo te cogeré en mis brazos”. El chico obedeció y se tiró. Y el padre dejó que se pegase un trompazo en el suelo.
– ¡Pero papá!
– Esto, hijo, es para que en tu vida no fíes de nadie. Ni de tu padre
LA CIENCIA NO LO EXPLICA TODO
Un joven universitario se sentó en el tren frente a un señor de edad, que devotamente pasaba las cuentas del rosario. El muchacho con la arrogancia de los pocos años y la pedantería de la ignorancia, le dijo:
“Parece mentira, todavía cree usted en esas antiguallas”….
Así es ¿tú no?”, le respondió el anciano ¡Yo! Dijo el estudiante lanzando una estrepitosa carcajada. Créame: tire ese rosario por la ventanilla y aprenda lo que dice la ciencia”.
¿La ciencia?”, preguntó el anciano con sorpresa. No la entiendo así. ¿Tal vez tú podrías explicármelo?”.
Déme su dirección, replicó el muchacho, haciéndose el importante y en tono protector, y le puedo mandar algunos libros que le podrán ilustrar”.
El anciano sacó de la cartera un tarjeta y se la alargó al estudiante, que leyó asombrado; “Louis Pasteur, Instituto de Investigaciones Científicas de París”.
El pobre muchacho se sonrojó y no sabía donde meterse. Se había ofrecido a instruir en la ciencia al que, descubriendo la vacuna atirrábica, había prestado, precisamente con su ciencia, uno de los mayores servicios a la humanidad. Pasteur, el sabio que tanto bien hizo a los hombres, no ocultó nunca su saber y ciencia, pero tampoco su convicción religiosa”.
Tomado de P. Juan Jáuregui
EL PESEBRE DE LOS HUMILDES
Cuenta una leyenda que cuando nació Jesús, un ángel decidió reunir a todos los animales de la tierra para encontrar a los que fueran dignos de estar en el Pesebre de Belén.
Entre los voluntarios, se presentó primero el león. El ángel le preguntó que por qué él se consideraba el más digno de los animales para estar en el Portal de Belén.
El león le respondió: -Está claro, yo soy el rey de la selva y qué mejor que un rey para estar cuidando del Rey del mundo. Además, soy el animal más fuerte de todos y puedo defender como nadie al Niño Jesús de todos los peligros y enemigos.
El ángel lo miró y le dijo: -Gracias, león, por tus buenas intenciones de defender al Niño Jesús, pero eres demasiado pretencioso y demasiado creído. Además, tu presencia y tus rugidos puede asustar al Niño.
Inmediatamente, se presentó el zorro y le dijo al ángel: -Yo soy el animal más apropiado para estar junto a Jesús.
-¿Por qué? -. preguntó el ángel. –Pues porque yo podría robar todas las noches leche y miel para alimentar al Niño y a sus padres y así no pasarían hambre.
El ángel lo miró con una sonrisa y le dijo: -Gracias, zorro, pero eres demasiado poco honesto para estar junto a quien viene al mundo para ser la Verdad.
Llegó otro animal y el ángel quedó impresionado por su belleza. -¿Quién eres tú?, dijo el ángel. –Yo soy el pavo real, ¿acaso no te has dado cuenta?. Soy el más vistoso y bello de todos las aves y quién mejor que yo para estar en el Pesebre y adornar con mis hermosas plumas un lugar tan pobre, sucio y desangelado.
El ángel le dijo: – Gracias, pavo real, pero eres demasiado vanidoso para estar junto a quien ha querido venir al mundo en la sencillez de un pesebre.
Y así fueron pasando todos los animales, sin que ninguno lograra agradar al ángel. Cuando ya parecía que no habría ningún animal digno de estar en el Portal de Belén, de pronto, escondidos, el ángel divisó a dos robustos animales que le llamaron la atención: -¿Quiénes sois?.
– Somos el buey y la mula.
– Y ¿por qué vosotros no os habéis presentado como candidatos para estar junto al Niño Jesús?, volvió a preguntarles el ángel.
-¿Nosotros?. Pero si no servimos más que para trabajar y trabajar y estamos siempre debajo del amo que nos utiliza como animales de carga. ¿Qué podríamos ofrecerle al Niño Jesús?.
Yo, dijo el buey, lo único que podría hacer es espantarle las moscas con el rabo para que no le molesten.
Y yo, dijo la mula, solamente sabría darle calor con mi aliento para que no pase frío.
El ángel, emocionado, les dijo: -¡Vosotros, vosotros sois los animales que he estado buscando, vosotros sois los más dignos de estar con el Niño Jesús, porque El ha venido para los pobres y los humildes!. Y así es como el buey y la mula pasaron a ser los famosos animales del Pesebre de Belén.
Tomado de P. Diego Millan García
EL MEJOR REGALO PARA JESÚS
Alguien me acercó un cuento de Navidad que leyó en alguna parte. Lo contaré a continuación porque realiza un hermoso viaje al corazón de Jesús Niño. Se dice que, cuando los pastores se alejaron y la quietud volvió, el niño del pesebre levantó la cabeza y miró la puerta entreabierta. Un muchacho joven, tímido, estaba allí, temblando y temeroso. -Acércate -le dijo Jesús- ¿Por qué tienes miedo? -No me atrevo… no tengo nada para darte. -Me gustaría que me des un regalo -dijo el recién nacido. El pequeño intruso enrojeció de vergüenza y balbuceó: -De verdad no tengo nada… nada es mío; si tuviera algo, algo mío, te lo daría… mira. Y buscando en los bolsillos de su pantalón andrajoso, sacó una hoja herrumbrada que había encontrado. -Es todo lo que tengo, si la quieres, te la doy… -No -contestó Jesús- guárdala. Querría que me dieras otra cosa.
Me gustaría que me hicieras tres regalos. -Con gusto -dijo el muchacho- pero ¿qué? -Ofréceme el último de tus dibujos. El chico, cohibido, enrojeció. Se acercó al pesebre y, para impedir que María y José lo oyeran, murmuró algo al oído del Niño Jesús: -No puedo… mi dibujo es muy feo ¡nadie quiere mirarlo…! -Justamente, por eso yo lo quiero… siempre tienes que ofrecerme lo que los demás rechazan y lo que no les gusta de ti.
Además quisiera que me dieras tu plato. -Pero… ¡lo rompí esta mañana! – tartamudeó el chico. -Por eso lo quiero… Debes ofrecerme siempre lo que está roto en tu vida, yo quiero arreglarlo… Y ahora – insistió Jesús- repíteme la respuesta que le diste a tus padres cuando te preguntaron cómo habías roto el plato. El rostro del muchacho se ensombreció; bajó la cabeza avergonzado y, tristemente, murmuró: -Les mentí… Dije que el plato se me cayó de las manos, pero no era verdad… ¡Estaba enfadado y lo tiré con rabia! -Eso es lo que quería oírte decir -dijo Jesús- Dame siempre lo que hay de malo en tu vida, tus mentiras, tus calumnias, tus cobardías y tus crueldades. Yo voy a descargarte de ellas… No tienes necesidad de guardarlas… Quiero que seas feliz y siempre voy a perdonarte tus faltas. A partir de hoy me gustaría que vinieras todos los días a mi casa y así será siempre Navidad en tu vida, porque Navidad no es otra cosa que dejar que mi amor y mi perdón renueven tu corazón..
Tomado de P. Diego Millan García
ANÉCDOTA
«JESÚS»,
nombre propio muy frecuente entre los judíos de aquella época, puede ser traducido como «Dios ayuda», «Dios salva». «Jesús», «Yehoshuá» o «Yoshuá» en hebreo, que quiere decir: «Dios es salvador».
“JUSTO”, que en términos bíblicos es como decir “santo”.
LE PONDRÁS POR NOMBRE JESÚS
Entre los hebreos no se le ponía al recién nacido un nombre cualquiera, de forma arbitraria, pues el «nombre», como en casi todas las culturas antiguas, indica el ser de la persona, su verdadera identidad, lo que se espera de ella.
Por eso el evangelista Mateo tiene tanto interés en explicar desde el comienzo a sus lectores el significado profundo del nombre de quien va a ser el protagonista de su relato. El «nombre» de ese niño que todavía no ha nacido es «Jesús», que significa «Dios salva». Se llamará así porque «salvará a su pueblo de los pecados».
En el año 70, Vespasiano, designado como nuevo emperador mientras estaba sofocando la rebelión judía, marcha hacia Roma, donde es recibido y aclamado con dos nombres: «Salvador» y «Benefactor». El evangelista Mateo quiere dejar las cosas claras. El «salvador» que necesita el mundo no es Vespasiano, sino Jesús.
La salvación no nos llegará de ningún emperador ni de ninguna victoria de un pueblo sobre otro. La humanidad necesita ser salvada del mal, de las injusticias y de la violencia; necesita ser perdonada y reorientada hacia una vida más digna del ser humano. Esta es la salvación que se nos ofrece en Jesús.
Mateo le asigna además otro nombre: «Emmanuel». Sabe que nadie ha sido llamado así a lo largo de la historia. Es un nombre chocante, absolutamente nuevo, que significa «Dios con nosotros». Un nombre que le atribuimos a Jesús los que creemos que, en él y desde él, Dios nos acompaña, nos bendice y nos salva.
Las primeras generaciones cristianas llevaban el nombre de Jesús grabado en su corazón. Lo repetían una y otra vez. Se bautizaban en su nombre, se reunían a orar en su nombre. Para Mateo, el nombre de Jesús es una síntesis de su fe. Para Pablo, nada hay más grande. Según uno de los primeros himnos cristianos, «ante el nombre de Jesús se ha de doblar toda rodilla» (Filipenses 2,10).
Después de veinte siglos, los cristianos hemos de aprender a pronunciar el nombre de Jesús de manera nueva: con cariño y amor, con fe renovada y en actitud de conversión. Con su nombre en nuestros labios y en nuestro corazón podemos vivir y morir con esperanza.
José Antonio Pagola
REVOLUCIÓN DE LA TERNURA, CORAZÓN DE JESÚS
La reflexión teológica y el recorrido espiritual acerca del Sagrado Corazón de Jesús comienza con los Padres de la Iglesia y atraviesa la Historia de diferentes formas, para detenerse con intensidad en Francia. Allí en Paray le Monial, en un sencillo monasterio de la Orden de la Visitación, en pleno siglo XVII, santa Margarita Mª de Alacoque recibe una profunda experiencia del Amor de Dios. Cierto es que tras ella muchos y muchas vivirán su fe de la mano del encuentro con el Amor de Dios, manifestado en el Corazón de Jesús (Claudio de la Colombiére, Croiset, Gallifet, Bernardo de Hoyos, Rafaela María, José Mª Rubio, Arnáiz, Tarin…) pero con ella se produce algo especial: Dios le recuerda su sufrimiento, también a Él le pesa la indiferencia de los hombres y las mujeres de nuestro mundo, y busca recibir la ternura que los hijos trasmiten al abrazar a un padre.
por Sergio Rosa | creer
Tomado de Pastoral Sj
EL PRIMER PREMIO: LA CERCANÍA DE DIOS (EMMANUEL)
¿Está Dios con nosotros, o estamos dejados de la mano de Dios? Esta pregunta no es moderna ni fruto de gente escéptica, casi atea. La formularon algunos israelitas ya hace muchos siglos. La respuesta la dio el profeta Isaías. En el año 734 a.C. los reyes de Siria y Efraím se coaligaron para conquistar Judá y deponer al rey Acaz de Jerusalén. Cuando llegó la noticia, «se agitó el corazón del rey y del pueblo como se agitan las hojas de los árboles con el viento». El profeta se presenta ante el rey y le ofrece una señal, un signo portentoso realizado por Dios, para mantener la calma. Acaz, que ha pedido ayuda a Asiria, confía en este imperio (los EE. UU de la época) más que en Dios, y responde que no quiere pedir señal alguna. Pero Isaías se la da: «la muchacha está encinta y da a luz un hijo, y le pone por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros». El nacimiento del niño garantizará la salvación de Judá y de Jerusalén. Dios, aunque sea de forma misteriosa, aparentemente débil, está con nosotros.
EL SEGUNDO PREMIO: LA SALVACIÓN (evangelio)
En tiempos de Isaías, algunos pensaron que la muchacha encinta era la esposa del rey, y Emmanuel el hijo que nacería dentro de poco: Ezequías. Este niño fue un buen rey, pero no cumplió las grandes esperanzas depositadas en él. Pasaron los siglos y Emmanuel no llegaba. Hasta que los cristianos ven cumplida la promesa en el nacimiento de Jesús. Este viene del Espíritu Santo y José le pondrá ese nombre «porque él salvará a su pueblo de los pecados». No salvará de los asirios, ni de los romanos, ni de Putin, sino de nuestros pecados, muriendo por nosotros. Y Mateo añade: «Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el profeta». Ya no hay que seguir esperando. Ha salido el segundo premio, tan importante como el primero.
Tomado de J.L.Sicre
GÉNESIS APÓCRIFO
Encontrado en Qumrán, en el que leemos algo parecido a propósito del patriarca Lamec: advierte que su mujer, Bitenós, está encinta, y duda de que ese hijo sea suyo (el estado fragmentario del texto no permite saber por qué duda). La angustia del personaje la refleja el autor de forma casi patética:
“Entonces pensé que la concepción era obra de los Vigilantes, y la preñez de los Santos, y pertenecía a los Gigantes […] y mi corazón se trastornó en mi interior por causa de este niño. Entonces yo, Lamec, me asusté y acudí a Bitenós, mi mujer, y dije […]: júrame por el Altísimo, por el Gran Señor, por el Rey del Universo […] que de veras me harás saber todo, me harás saber de veras y sin mentiras si esto […]. Júrame por el Rey de todo el Universo que me estás hablando sinceramente y sin mentiras […]Entonces Bitenós, mi esposa, me habló muy reciamente, lloró y dijo: ¡Oh, mi hermano y señor! Recuerda mi placer, el tiempo del amor, el jadear de mi aliento en mi pecho […] Yo te juro por el Gran Santo, por el Rey de los cielos, que de ti viene esta semilla, de ti viene este embarazo, de ti viene la siembra de este fruto, y no de ningún extranjero, ni vigilante, ni hijo del cielo. ¿Por qué está la expresión de tu rostro tan alterada y deformada, y tu espíritu tan deprimido?” (1QapGn Col. II, 1-17). Ni siquiera con estas palabras de su esposa queda tranquilo Lamec; acude a su padre, Matusalén, para que le pregunte a Henoc y se informe de todo con certeza. Es una pena que la columna esté tan estropeada en algunos momentos capitales para la interpretación del argumento. El relato de Mt parece en muchos detalles como la antítesis del Génesis Apócrifo.
Tomado de J.L.Sicre
EL MITO DE LA “MADRE VIRGEN”
El relato evangélico que habla de la virginidad de María no tiene nada de original. El mito de la “madre virgen” recorre toda la antigüedad, desde Egipto hasta la India. Horus, en Egipto, nace de la virgen Isis (tras el anuncio que le hace Thaw); Attis, en Frigia, de la virgen Nama; Krishna, en la India, de la virgen Devaki; Dionisos, en Grecia, y Mitra, en Persia, de vírgenes innominadas… Por cierto, de prácticamente todos ellos se dice que nacieron un 25 de diciembre, en el solsticio de invierno –en el hemisferio Norte-, justo cuando el Sol vuelve a “nacer”, venciendo a la noche.
El mito reclama una lectura simbólica. Entendido literalmente, produce confusión o provoca rechazo en una cultura que, como la nuestra, ha superado la etapa mítica. Se comprende que la consciencia moderna vea irrisoria la afirmación de que una mujer puede ser madre sin dejar de ser virgen.
Trascendida la literalidad, la lectura simbólica orienta en una doble dirección: ¿qué puede significar el arquetipo de la “madre virgen”?
Por una parte, habla de una disponibilidad total. La “virginidad” es la desapropiación del yo (del ego), que permite que Dios (la Vida, el Misterio) pase a través de nosotros, de nuestra “forma” individual, como cauce o canal por el que se expresa. La virginidad tiene poco que ver con lo biológico; es, más bien, sinónimo de disponibilidad.
Por otra parte, la “maternidad virginal” es un recurso para afirmar que el ser humano está naciendo en permanencia de la divinidad. Para entenderlo mejor, es necesario recordar que, en la antigüedad, pensaban que el hijo nacía exclusivamente de la “semilla” que el padre depositaba en el seno de la madre, el cual servía únicamente de receptáculo. En tal contexto, afirmar que en el embarazo no había existido intervención del hombre, equivalía a decir que el padre de la criatura era únicamente Dios mismo (o el Espíritu).
De ese modo, el símbolo de la “madre virgen” habla -no puede ser de otro modo- de cada ser humano. Crecemos en comprensión cuando reconocemos que en cada instante -en permanencia- estamos “naciendo” del Fondo que nos constituye y cuando nos vamos liberando de la falsa identificación con el yo.
Enrique Martínez Lozano
SHAKESPEARE,
que ve el mundo como un Teatro de los sueños cuando en Como gustéis decía:
“El mundo entero es un escenario,
y hombres y mujeres, meros actores.
Entran en escena, salen de ella, y cada uno utiliza
su tiempo para representar muchos papeles”.
Gran Teatro del Universo y de los sueños que, con el filósofo marxista Louis Althusser (Argelia 1818-París 1990), nos permite soñar que “Ha llegado el momento de instaurar una religión que proponga la idea de un Dios encarnado en toda la materia. (Louis Althusser). Un Dios que, como las pinturas rupestres de Cantabria, se revelan como magma sonoro en progresión constante, manteniendo los valores del pasado.
Tomado de Vicente Martínez
SAN JOSÉ
En nuestros nacimientos eres, buen José,
una figura de segundo plano;
casi de tan poca importancia,
como el buey y la mula,
que una vieja y bella tradición franciscana,
situó a ambos lados del Niño.
Tú quedas ahí, casi escondido,
al lado del misterio del gran Dios,
convertido en carne de niño.
Poetas conocidos -también los del pueblo-
han cantado a ese niño pequeño,
Palabra bendita del Dios hecho carne;
y también a la madre pura y sencilla
cuyas manos trémulas y firmes
acunaban al recién nacido.
De ti, con tu barba blanca,
hasta sonreían nuestros villancicos,
con ratones que roían tus calzones…
Y tú estabas firme allí,
sintiendo la emoción del padre
que espera a su primer hijo.
Porque, ¿era tan importante y definitivo
que no llevase tu misma sangre?
«No tengas reparo»,
te había dicho el ángel.
No porque dudases de tu esposa,
sino porque dudabas de ti mismo;
no te considerabas digno,
hombre bueno y humilde,
de estar cerca del misterio del Dios,
que se había metido en tu hogar.
«No tengas reparo»:
también lo escucharías en tu interior
en la noche de la cueva de Belén…
«Le pondrás por nombre Jesús»:
Eres tú el que tienes que ponerle ese nombre,
que es salvador de los hombres.
Eres tú, con tus brazos jóvenes y firmes,
-¿por qué te hemos pintado anciano?-
el que trabajarás para él;
eres tú, en el que el niño se mirará
para aprender a ser hombre,
cuando crezca día a día,
en años, estatura y sabiduría.
«No tengas reparo»:
nos lo dice hoy el buen José,
a los que no osamos acercarnos
al misterio del buen Dios…
Dios necesita nuevos hombres justos,
figuras de segundo plano,
que ponen sus manos y su corazón,
al servicio del Dios hombre
y también del hombre hermano,
hecho ya sacramento de aquel
que tuvo José entre sus manos
en la noche oscura de Belén.
Javier Gafo Dios a la vista Homilías ciclo C Madris 1994.Pág. 37 ss.
Tomado de Dies Domini
EVANGELIO DE JOSÉ
A los dos primeros capítulos del evangelio de Mateo se les ha llamado el evangelio de José, puesto que es él el que representa el papel principal frente a las intervenciones de Dios. Es una narración con fuerte sabor bíblico: “José, su esposo, que era un hombre justo…” Observa estrictamente la ley, dando así pruebas de su bondad.
Tomado de P. Felipe Santos SDB
VIRGEN A JUAN DIEGO
«No se turbe tu corazón. ¿No estoy aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mí regazo? No te apene ni te inquiete otra cosa».
Tomado de P. Carlos Padilla
ÉPOCA CONFLICTIVA (CUÁL NO?) LA DEL REY ACAZ.
Amenazan guerra e invasión los reinos vecinos. ¿Estará el reino de Judá condenado a desaparecer, pese a las promesas de Dios? Sueña el rey con alianzas militares y ayudas de potencias extranjeras. No cree en las promesas de Yahvéh. Una buena alianza con Asiria es más rentable, realista y eficaz que la vaga esperanza en su Dios. Y a pesar de las palabras de Isaías «si no os afirmáis en mí, no seréis firmes», Acaz piensa afirmar su seguridad en Asiria; y como signo gráfico de tal decisión, toma los tesoros del templo y se los envía como presente a su rey. El profeta insiste en llamar al rey a conversión:
-Pide una señal al Señor tu Dios.
Pero el rey de Judá no está por angelismos, sino por alianzas que se contabilicen en armas y soldados que puedan aportar victorias reales. Y con suficiencia sutilmente irónica de hombre agnóstico, responde:
-No la pido. No quiero tentar al Señor.
Y dice Dios: Pues el mismo Señor os va a dar una señal: la Virgen da a luz un Hijo, y se llama Emmanuel=»Dios-con-nosotros».
La solemnidad del oráculo y el significado estricto del nombre del niño, Dios-con-nosotros, hacen que la profecía del Emmanuel rebase el momento histórico, de modo que la tradición judía lea aquí un anuncio mesiánico, y la tradición cristiana vea, desde el evangelio de hoy, el anuncio de la concepción virginal de Cristo.
Tomado de Miguel Flamarique Valerdi
Escrutad Las Escrituras Reflexiones Sobre El Ciclo A
Desclée De Brouwer/Bilbao 1989 .Pág. 24
PONER NOMBRE AL QUE NO TIENE NOMBRE
Cualquiera que acomete la tarea de profundizar en el conocimiento de la Biblia descubre la importancia de la «teología del nombre». Saber el nombre de alguien, pronunciarlo, dan al que lo hace un cierto predominio sobre la persona nombrada. Por eso Dios no tiene nombre: «Yo soy el que soy» (YHWH): «Yo soy me envía».
Ahora las cosas han cambiado tanto que un mortal le va a poner nombre al innombrable, a Dios: «le pondrás por nombre Emmanuel». José se ve comprometido en esta tarea y le da miedo. Es algo nuevo, inaudito, inconcebible, totalmente opuesto a sus convicciones religiosas, a sus ideas, a sus principios. Y se asusta. Y decide poner tierra por medio, al amparo del recurso legal del repudio, entre Dios y él. No se siente digno de vivir bajo el mismo techo que aquella mujer en la que Dios ha obrado maravillas.
Tomado de L. GRACIETA
DABAR 1992/04
MARTÍN DESCALZO
se pone a elucubrar sobre los distintos estados de ánimo que le habrían embargado: «No podía creerlo». Por eso, no reaccionó con cólera, ni con un deseo de venganza, sino que se sintió anonadado, en un total desconcierto.
–Pensó quizá que «María habría sido violada», en aquel viaje a Ain-Karín, tan peligroso, con caminos llenos de bandidos y desalmados.
–Pudo pensar también que aquel embarazo podía provenir de Dios. (Son muchos los comentaristas que esto piensan). Y fue entonces cuando salieron a flote las grandes virtudes de José: su respeto profundo ante lo que no entendía: su impresionante humildad «¿quién soy yo para vivir con la madre de mi Señor?» Y se reconocería indigno de acercarse a ese «misterio». Como, por otra parte, «él era justo», es decir, cumplidor de la ley, y la ley mandaba «denunciar a la adúltera», «decidió abandonarla en secreto», cargando de ese modo todas las sospechas sobre sí, todas las acusaciones. ¡Bendito José!
Tomado de Elvira-1.Págs. 11 s.
ISAIAS 7, 10-14:
Este texto se halla contenido dentro de los seis capítulos (7 a 12) de Isaías, cuyo conjunto se denomina «libro del Enmanuel». El signo del «niño nacido o por nacer» es el hilo que organiza y engarza los seis capítulos y hace de ellos una unidad. El texto expresa un oráculo de anunciación. Está enmarcado por un hecho histórico. Jerusalén va a ser atacada por el reino del norte, Israel y por Siria. Sus reyes Rasín y Pécaj acampan cerca para sitiar la ciudad. Entonces Dios envía a Isaías para anunciar a Acaz, Rey de Judá, que tenga calma, que no sucederá tal ataque a Jerusalén. Ordinariamente las anunciaciones o avisos ofrecen un «signo» o prueba que garantice la palabra dada. (Lc 1, 36). El signo aquí es un niño que va a nacer: el futuro rey Ezequías; y la Virgen que quedará embarazada es la joven esposa del Rey Acaz, que todavía no ha tenido su primer hijo. En la versión de los Setenta, la palabra «joven» se tradujo como «Virgen». La tradición cristiana atribuye este texto a María y así lo ha vivido la liturgia. El niño por nacer, como legítimo descendiente de la dinastía davídica es señal de esperanza y bendición. Las bendiciones de la tierra adelantaron la gran bendición del Redentor.
Tomado de Servicio Biblico Latinoamericano
LOS DESPOSORIOS
Se llamaban qiddûshîn, literalmente: «santificaciones», «consagraciones» — eran un compromiso de unión matrimonial, con los efectos jurídicos y morales del verdadero matrimonio (cfr Dt 20,7); de hecho, el adulterio de la desposada debía castigarse con la lapidación (cfr Dt 22,23-24). Al cabo de un año, o más, se celebraba el matrimonio —nissûîn— con la conducción de la esposa a la casa del esposo. El texto, con las indicaciones del v. 19, nos enseña hasta qué punto José era justo, con una justicia que iba más allá de la letra de los preceptos (cfr 5,20), pues su actitud equivalía a dejar a María libre de los compromisos de desposada. No es extraño que muchos autores —Orígenes, San Efrén, San Basilio, San Jerónimo, Santo Tomás de Aquino, etc.— interpretaran su gesto no como sospecha sino como señal de su intuición de una acción de Dios en María: «José se juzgaba indigno y pecador, y pensaba que no debía convivir con una mujer que le asombraba por la grandeza de su admirable dignidad. Él veía con temblor que Ella llevaba el signo cierto de la gestación de la divina presencia, y, como no podía penetrar en el misterio, determinó dejarla. (…) Se maravilló de la novedad del milagro y de la profundidad de misterio» (S. Bernardo, Laudes Mariae, Sermo 2,14).
YEHOSHU‘A, «EL SEÑOR SALVA»—,
«porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (v. 21). En el contexto del Antiguo Testamento, salvar al pueblo significaba liberarlo de los enemigos; tras el destierro, como se lee en el libro de Isaías, se entendía también como la restauración de Israel como Reino de Dios, una vez que sus pecados hubieran sido expiados. Como el ángel, también Jesús, en la Última Cena (26,28), afirma que por su obra se perdonan los pecados: «Jesús es el nombre propio del que es Dios y hombre, el cual significa Salvador, y no le fue impuesto casualmente ni por disposición humana, sino por consejo y mandato de Dios» (Catechismus Romanus 1,3,5). Todos los nombres profetizados en el Antiguo Testamento para el Hijo de Dios se pueden referir a éste, porque «mientras los demás se referían a algún aspecto de la salvación que se nos había de dar, éste compendia en sí mismo la realidad y la causa de la salvación de todos los hombres» (ibidem 1,3,6).
DONCELLA-VIRGEN
La madre es una doncella, es decir, una mujer joven que no ha tenido hijos antes. Podría referirse a la joven esposa de Ajaz o a una joven indeterminada. En todo caso, al presentar su embarazo en el marco de una señal que se da al rey, se indica que estamos ante un hecho novedoso. No es extraño, por eso, que los intérpretes posteriores, especialmente los que tradujeron el texto al griego hacia el siglo II a.C., para subrayar esa novedad asombrosa tradujeran la palabra hebrea «doncella» por la palabra griega «virgen». Después, los evangelistas San Mateo (Mt 1,23) y San Lucas (Lc 1,26-31) indicaron que la virginidad de María era la señal de que su Hijo es el Mesías, el verdadero Dios con nosotros, que trae la salvación.
Tomado de Biblia de Navarra
EN EL AÑO 740 A DE C.,
los reyes de Siria e Israel subieron a la ciudad de Jerusalén, capital de Judá, con ánimo de expugnarla, pero no pudieron apoderarse de ella. Ante el asedio, Ajaz, rey de Judá y su pueblo se estremecieron: «Se agitó su corazón y el de su pueblo como se agitan los árboles del bosque con el viento». El Señor tranquilizó por medio de Isaías al rey y le anunció que el reino permanecerá. Yahve se compromete a ayudarle, y a través de Isaías, le pide que tenga confianza en el Señor y no en las coaliciones humanas. El reino subsistirá. El reino será eterno. Y le da una señal: la virgen está encinta de Emmanuel. Dios estará con nosotros (Isaías 7,10).
Tomado de Servicio Biblico Latinoamericano
DERROTADOS
Los ejércitos de Israel y Damasco fueron derrotados por los asirios en el 732 a. C. La guerra sirio-efraimita fue un fracaso, incluso para Judá, que tuvo que pagar tributo a Asiria; pero la palabra profética se cumplió: un descendiente davídico seguiría ocupando el trono.
Tomado de Fray Miguel de Burgos, O.P.
EL VERBO ‘OBEDECER’
deriva del latín y está compuesto del prefijo «ob» (hacia) y «audire» (oír). Su sentido original es ‘saber escuchar’, y más tarde fue derivando hacia ‘cumplir una orden’ o ‘hacer caso’. Normalmente se entiende como hacer caso a la fuerza, por imposición de una autoridad, pero esto es erróneo. El hecho de acatar una orden no significa que la persona que lo hace actúe por coacción: la decisión puede tomarse libremente, ya sea por respeto a quien nos lo pide, o porque, si se ha sabido escuchar y se ha analizado esa petición, le hemos encontrado sentido.
Tomado de ACG
JESÚS
El nombre de Jesús es el propio nombre de Cristo; porque los demás que se han dicho hasta ahora, y otros muchos que se pueden decir, son nombres comunes suyos, que se dicen de Él por alguna semejanza que tiene con otras cosas, de las cuales también se dicen los mismos nombres. Los cuales y los propios difieren: lo uno, en que los propios, como la palabra lo dice, son particulares, de uno, y los comunes competen a muchos; y que los propios, si están puestos con arte y con saber, hacen significación de todo lo que hay en su dueño, y son, como imagen suya; mas los comunes dicen algo de lo que hay, pero no todo. Así que, pues JESÚS es nombre propio de Cristo, y nombre que le puso Dios por la boca del Ángel; por la misma razón no es como los demás nombres, que le significan por partes, sino como ninguno de los demás, que dice todo lo de Él, y que es como una figura suya, que nos pone en los ojos su naturaleza y sus obras, que es todo lo que hay y se puede considerar en las cosas.
Mas conviene advertir que Cristo, así como tiene dos naturalezas tiene dos nombres propios; uno según la naturaleza divina en que nace del Padre eternamente, que solemos en nuestra lengua llamar VERBO o PALABRA; otro según la humana Naturaleza que es el que pronunciamos JESÚS. Los cuales ambos son, cada uno conforme a su cualidad, retratos de Cristo perfectos y enteros. Retratos, digo, enteros, que cada uno en su parte dice todo lo que hay en ella, cuanto a un hombre es posible. Y digamos de ambos, y de cada uno por sí.
Y presupongamos primero que en estos dos nombres, unos son los originales y otros son los traslados Los originales son aquellos mismos que reveló Dios a los profetas, que los escribieron en la lengua que ellos sabían, que era siríaca o hebrea. Y así, en el primer nombre que decimos PALABRA, el original es DABAR; y en el segundo nombre, JESÚS, el original es IEHOSUAH. Y porque sea más cierta la doctrina, diremos de los originales nombres.
De los cuales, en el primero:
1º DABAR [VERBO] digo que es propio nombre de Cristo según la naturaleza divina… (Fr. Luis de León explica aquí el nombre VERBO, lo cual omitimos)
2º JESÚS, también es nombre de Cristo propio, y que le conviene según la parte que es Hombre. Porque, así como DABAR es nombre propio suyo según que nace de Dios, por razón de que este nombre sólo, con sus muchas significaciones, dice de Cristo lo que otros muchos nombres juntos no dicen; así JESÚS es su propio nombre, según la naturaleza humana que tiene, porque con una significación y figura que tiene sola, dice la manera de ser de Cristo Hombre, y toda su obra y oficio, y le representa y significa más que otro ninguno. A lo cual mirará todo lo que desde ahora dijere (…)
El original de este nombre Iehosuah tiene todas las letras de que se compone el nombre Dios, cuatro letras, y además tiene otras dos. El nombre de Dios no se pronunciaba, por el respeto debido a Dios, y porque es inefable, al no caber Dios en entendimiento ni lengua humana. Pero el nombre de JESÚS, por razón de las dos letras que se añaden tiene significación entendida. Para que acontezca en el nombre de Cristo lo mismo que pasó en su persona: En la persona de Cristo se junta la divinidad con el alma y con la carne del hombre; y la Palabra divina que no se leía, junta con estas letras, se lee; y sale a luz lo escondido, hecho conversable y visible; y es Cristo un JESÚS, esto es, un ayuntamiento de lo divino y humano, de lo que no se pronuncia y de lo que pronunciarse puede y es causa que se pronuncie lo que se junta con ello.
(…) JESÚS, pues, significa salvación o salud; que el Ángel así lo dijo (Lc. 1, 31). Pues si se llama salud Cristo, cierto será que lo es; y si lo es, que lo es para nosotros; porque para sí no tiene necesidad de salud el que en sí no padece falta, ni tiene miedo de padecerla. Y si para nosotros Cristo es JESÚS y salud, bien se entiende que tenemos enfermedad nosotros, para cuyo remedio se ordena la salud de JESÚS. Veamos, pues, la cualidad de nuestro estado miserable, y el número de nuestras flaquezas, y los daños y males nuestros: que de ellos conoceremos la grandeza de esta salud y su condición, y la razón que tiene Cristo para que el nombre de JESÚS, entre tantos nombres suyos, sea su propio nombre.
El hombre, de su natural, es movedizo y liviano y sin constancia en su ser; y por lo que heredó de sus padres, es enfermo en todas las partes de que se compone su alma y su cuerpo. Porque en el entendimiento tiene oscuridad, y en la voluntad flaqueza, y en el apetito perversa inclinación, y en la memoria olvido, y en los sentidos, en unos engaño y en otros fuego, y en el cuerpo muerte; y desorden entre todas estas cosas que he dicho y disensiones y guerra, que le hacen ocasión de cualquier género de enfermedad y de mal. Y lo que peor es, heredó la culpa de sus padres, que es enfermedad en muchas maneras: por la fealdad suya que pone, y por la luz y la fuerza de la gracia que quita, y porque nos enemista con Dios que es fiero enemigo, y porque nos sujeta al demonio y nos obliga a penas sin fin. A esta culpa común añade cada uno las suyas; y para ser del todo miserables, como malos enfermos ayudamos el mal, y nos llamamos la muerte con los excesos que hacemos. Por manera que nuestro estado, de nuestro nacimiento, y por la mala elección de nuestro albedrío, y por las leyes que Dios contra el pecado puso, y por las muchas cosas que nos convidan siempre a pecar, y por la tiranía cruel y el cetro durísimo que el demonio sobre los pecadores tiene; es infelicísimo y miserable estado sobre toda manera, por donde quiera que le miremos. Y nuestra enfermedad no es una enfermedad, sino una suma sin número de todo lo que es doloroso y enfermo.
El remedio de todos estos males es Cristo, que nos libra de ellos en las formas que ayer y hoy se ha dicho en diferentes lugares; y porque es el remedio de todo ello, por eso es y se llama JESÚS, esto es, salvación y salud. Y es grandísima salud, porque la enfermedad es grandísima. Y nómbrase propiamente de ella, porque, como la enfermedad es de tantos senos, y enramada con tantos ramos; todos los demás oficios de Cristo y los nombres que por ellos tiene, son como partes que se ordenan a esta salud, y el nombre de JESÚS es el todo, según que todo lo que significan los otros nombres, o es parte de esta salud, que es Cristo, y que Cristo hace en nosotros, o se ordena a ella o se sigue de ella por razón necesaria. Que si es llamado Pimpollo Cristo, y si es, como decíamos, el parto común de las cosas, ellas sin duda le parieron para que fuese su JESÚS y salud. Y así Isaías (45, 8), cuando les pide que lo paran y que lo saquen a luz y les dice: Rociad, cielos, dende lo alto; y vos, nubes, lloved al Justo, luego dice el fin para que le han de parir; porque añade: Y tú, tierra, fructificarás la salud. Y si es Faces de Dios, lo es porque es nuestra salud, la cual consiste en que nos asemejemos a Dios y le veamos, como Cristo lo dice (Jn. 17, 3) : Esta es la vida eterna, conocerte a ti y a tu Hijo. Y también si le llamamos Camino y si le nombramos Monte, es camino porque es guía, y es monte porque es defensa; y cierto es que no nos fuera JESÚS si no nos fuera guía y defensa; porque la salud, ni se viene a ella sin guía, ni se conserva sin defensa. Y de la misma manera es llamado Padre del Siglo Futuro, porque la salud que el hombre pretende no se puede alcanzar si no es engendrado otra vez; y así Cristo no fuera nuestro JESÚS si primero no fuera nuestro engendrador y nuestro padre. También es Brazo y Rey de Dios, y Príncipe de paz: Brazo para nuestra libertad, Rey y Príncipe para nuestro. gobierno; y lo uno y lo otro, como se ve, tiene orden a la salud: lo uno que se le presupone, y lo otro que la sustenta. Y así, porque Cristo es JESÚS, por el mismo caso es Brazo y Rey. Y lo mismo podemos decir del nombre de Esposo, porque no es perfecta la salud sola y desnuda sino la acompaña el gusto y deleite. De arte que diciendo que se llama Cristo JESÚS, decimos que es Esposo y Rey, y Príncipe de paz y Brazo, y Monte y Padre, ,y Camino y Pimpollo; y es llamarle, coma también la Escritura le llama, Pastor y Oveja, Hostia y Sacerdote, León y Cordero, Vid, Puerta, Médico, Luz, Verdad y Sol de justicia y otros nombres así.
Si le faltaran todos estos oficios y títulos, no fuera JESÚS entero ni salud cabal, así como nos es necesaria. Porque nuestra salud (…) no podía hacerse ni venir a colmo si Cristo no fuera Pastor que nos apacentara y guiara, y Oveja que nos alimentara y vistiera, y Hostia que se ofreciera por nuestras culpas, y Sacerdote que interviniera por nosotros y nos desenojara a su Padre, y León que despedazara al león enemigo, y Cordero que llevara sobre sí los pecados del mundo, y Vid que nos comunicara su jugo, y Puerta que nos metiera en el cielo, y Médico que curara mil llagas, y Verdad que nos sacara de error, y Luz que nos alumbrara los pies en la noche de esta vida oscurísima, y finalmente, Sol de justicia que en nuestras almas, ya libres por Él, naciendo en el centro de ellas, derramara por todas las partes de ellas sus lucidos rayos para hacerlas claras y hermosas. Y así el nombre de JESÚS está en todos los nombres que Cristo tiene porque todo lo que en ellos hay se endereza y encamina a que Cristo sea perfectamente JESÚS. Como escribe bien San Bernardo, diciendo (In Circumcisione Domini Sermo II): Dice Isaías (9, 6): «Será llamado Admirable, Consejero, Dios, Fuerte, Padre del Siglo Futuro, Príncipe de paz.» Ciertamente grandes nombres son éstos; mas, ¿qué se ha hecho del nombre que es sobre todo nombre, el nombre de Jesús, a quien se doblan todas las rodillas? Sin duda hallarás este nombre en todos estos nombres que he dicho, pero derramado por cierta manera; porque de él es lo que la Esposa amorosa dice (Cant. 1, 2): «Ungüento derramado tu nombre.» Porque de todos aquestos nombres resulta un nombre, JESÚS, de manera que no lo fuera, ni se lo llamara, si alguno de ellos le faltara por caso. ¿Por ventura cada uno de nosotros no ve en sí y en la mudanza de sus voluntades, que se llama Cristo ADMIRABLE? Pues eso es ser JESÚS. Porque el principio de nuestra salud es, cuando comenzamos a aborrecer lo que antes amábamos, dolernos de lo que nos daba alegría, abrazarnos con lo que nos ponía temor, seguir lo que huíamos, y desear con ansia lo que desechábamos con enfado. Sin duda, admirable es quien hace tan grandes maravillas. Mas conviene que se muestre también CONSEJERO en el escoger de la penitencia y en el ordenar de la vida, porque acaso no nos lleve el celo demasiado, ni le falte prudencia al buen deseo. Pues también es menester que experimentemos que es Dios, conviene a saber, en el perdonar lo pasado; porque no hay sin este perdón salud, ni puede nadie perdonar pecados sino es solo Dios. Mas ni aun esto basta para salvarnos, si no se nos mostrare ser FUERTE, defendiéndonos de quien nos guerrea, para que no venzan los antiguos deseos, y sea peor que lo primero lo postrero. ¿Paréceos que falta algo para quien es, por nombre y por oficio, JESÚS? Sin duda faltara una cosa muy grande si no se llamara y si no fuera PADRE DEL SIGLO FUTURO, para que engendre y resucite a la vida sin fin a los que somos engendrados para la muerte por los padres de este presente siglo. Ni aun esto bastara si, como PRÍNCIPE DE PAZ, no nos pacificara a su Padre, a quien hará entrega del reino.” San Bernardo concluye que los nombres que Cristo tiene son todos necesarios para que se llame enteramente JESÚS, porque para ser lo que este nombre dice, es menester que tenga Cristo y que haga lo que significan todos los otros nombres. Y así, el nombre de JESÚS es propio nombre suyo entre todos.
Y es suyo propio también porque, como el mismo Bernardo dice, no le es nombre postizo, sino nacido nombre, y nombre que le trae embebido en el ser; porque, como diremos en su lugar, su ser de Cristo es JESÚS, porque todo cuanto en Cristo hay es salvación y salud.
La cual, además de lo dicho, quiso Cristo que fuese su nombre propio, para declararnos su amor. Porque no escogió para nombrarse ningún otro título suyo de los que no miran a nosotros, teniendo tantas grandezas en sí cuanto es justo que tenga, en quien, como San Pablo (Col. 2, 9) dice, reside de asiento y como corporalmente toda la riqueza divina; sino escogió para su nombre propio lo que dice los bienes que en nosotros hace y la salud que nos da, mostrando clarísimamente lo mucho que nos ama y estima, pues de ninguna de sus grandezas se precia ni hace nombre, sino de nuestra salud. Que es lo mismo que a Moisés dijo en el Éxodo (3, 15), cuando le preguntaba su nombre, para poder decir a los hijos de Israel que Dios le enviaba; porque dice allí así: De esta manera dirás a los hijos de Israel: El Señor Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán y Dios de Isaac y Dios de Jacob, me envía a vosotros; que éste es mi nombre para siempre, y mi apellido en la generación de las generaciones. Dice que es su nombre Dios de Abrahán, por razón de lo que hasta ahora ha hecho y hará siempre por sus hijos de Abrahán, que son todos los que tienen su fe: Dios que nace de Abrahán, que gobierna a Abrahán, que lo redime y bendice; esto es, Dios que es JESÚS de Abrahán. Y dice que este nombre es el nombre propio suyo, y el apellido que Él más ama, y el título por donde quiere ser conocido y de que usa y usará siempre, y señaladamente, en la generación de las generaciones, esto es, en el renacer de los hombres nacidos, y en el salir a la luz de la justicia los que habían ya salido a esta visible luz llenos de miseria y de culpa; porque en ellos propiamente, y en aquel nacimiento, y en lo que le pertenece y se le sigue, se muestra Cristo a la clara JESÚS. (…)
Mas: quiso Cristo tomar por nombre propio a la salud, que es JESÚS, porque salud no es un solo bien, sino una universalidad de bienes innumerables. Porque en la salud están las fuerzas, y la ligereza del movimiento, y el buen parecer, y la habla agradable, y el discurso entero de la razón y el buen ejercicio de todas las partes y de todas las obras del hombre. El bien oír, el buen ver y la buena dicha y la industria, la salud la contiene en sí misma. Por manera que salud es una preñez de todos los bienes. Y así, porque Cristo es esta preñez verdaderamente, por eso este nombre es el que más le conviene. Porque Cristo, así como en la divinidad es la idea y el tesoro y la fuente de todos los bienes, conforme a lo que poco ha se decía; así según la humanidad tiene todos los reparos y todas las medicinas y todas las saludes que son menester para todos. Y así, es bien y salud universal, no sólo porque a todos hace bien, ni solamente porque tiene en sí la salud que es menester para todos los males, sino también porque en cada uno de los suyos hace todas las saludes y bienes, y para cada uno le es JESÚS de innumerables maneras. Porque, aunque entre los justos hay grados, así en la gracia que Dios les da como en el premio que les dará de la gloria, pero ninguno de ellos hay que no tenga por Cristo, no sólo todos los reparos que son necesarios para librarse del mal, sino también todos los bienes que son menester para ser ricos perfectamente; esto es, que no hay de ellos ninguno a quien a la fin JESÚS no les dé salud perfecta en todas sus potencias y partes, así en el alma y sus fuerzas como en el cuerpo y sus sentidos.
(…) Vamos más adelante. La salud es un bien que consiste en proporción y en armonía de cosas diferentes; y lo mismo es el oficio que Cristo hace; que es otra causa por qué se llama JESÚS. Porque, no solamente según la divinidad, es la armonía y la proporción de todas las cosas; mas también según la humanidad, es la música y la buena correspondencia de todas las partes del mundo. Que así dice el Apóstol (Col. 1, 20) que pacifica con su sangre, así lo que está en el cielo como lo que reside en la tierra. Y en otra parte dice también que quitó de por medio la división (Efes. 2, 11-17) que había entre los hombres y Dios, y en los hombres entre sí mismos, unos con otros, los gentiles con los judíos, y que hizo de ambos uno. Y por lo mismo es llamado piedra en el S. 117,22), puesta en la cabeza del ángulo. Porque es la paz de todo lo diferente, y el nudo que ata en sí lo visible con lo que no se ve, y lo que concierta en nosotros la razón y el sentido; y es la melodía acordada, y dulce sobre toda manera, a cuyo santo sonido todo lo turbado se aquieta y compone. Y así es JESÚS con verdad.
Demás de esto llámase Cristo JESÚS y salud, para que por este su nombre entendamos cuál es su obra propia y lo que hace señaladamente en nosotros; esto es, para que entendamos en qué consiste nuestro bien y nuestra santidad y justicia, y lo que habemos de pedirle que nos dé, y esperar de él que nos lo dará. Porque así como la salud en el enfermo no está en los refrigerantes que le aplican por defuera, ni en las epítimas (fomento que se aplica exteriormente al corazón o hígado) que en el corazón le ponen, ni en los regalos que para su salud ordenan los que le aman y curan; sino consiste en que, dentro de él sus cualidades y humores, que excedían el orden, se compongan y se reduzcan a templanza debida, y hecho esto en lo secreto del cuerpo, luego lo que parece defuera, sin que se le aplique cosa alguna, se templa, y cobra su buen parecer y su color conveniente: así es salud Cristo, porque el bien que en nosotros hace es como aquesta salud, bien propiamente, no de sola apariencia ni que toca solamente en la sobrehaz y en el cuero, sino bien secreto y lanzado en las venas, y metido y embebido en el alma; y bien que no solamente pinta las hojas, sino que propia y principalmente purifica la raíz y la fortifica. Por donde decía bien el Profeta (Is., 12, 6): Regocíjate, hija de Sión y derrama loores, porque el Santo de Israel está en medio de ti. Esto es, no alrededor de ti, sino dentro de tus entrañas, en tus tuétanos mismos, en el meollo de tu corazón, y verdaderamente de tu alma en el centro. Porque su obra propia de Cristo es ser salud y JESÚS, conviene a saber: componer entre sí y con Dios las partes secretas del alma, concertar sus humores e inclinaciones, apagar en ella el secreto y arraigado fuego de sus pasiones y malos deseos.
Las cosas externas son cosas que otros muchos, antes de Cristo y sin Él, las supieron enseñar a los hombres y los inducieron a ellas, y les tasaron lo que habían de comer, y les ordenaron la dieta, y les mandaron que se lavasen y ungiesen, y les compusieron los ojos, los semblantes, los pasos, los movimientos; mas ninguno de ellos puso en nosotros salud pura y verdadera que sanase lo secreto del hombre y lo compusiese y templase, sino solo Cristo, que por esta causa es JESÚS.
¡Qué bien dice acerca de esto el glorioso Macario! (Homilía V): “Lo propio, dice, de los cristianos no consiste en la apariencia y en el traje y en las figuras de fuera, así como piensan muchos, imaginándose que para diferenciarse de los demás les bastan estas tres demostraciones y señales que digo; y cuanto a lo secreto del alma y a sus juicios, pasa en ellos lo que en los del mundo acontece, que padecen todo lo que los demás hombres padecen; las mismas turbaciones de pensamientos, la misma inconstancia, las desconfianzas, las angustias, los alborotos. Y diferéncianse del mundo en el parecer y en la figura del hábito y en unas obras exteriores bien hechas; mas en el corazón y en el alma están presos con las cadenas del suelo, y no gozan en lo secreto, ni de la quietud que da Dios ni de la paz celestial del espíritu, porque ni ponen cuidado en pedírsela ni confían que le aplacerá dársela. Y ciertamente, la nueva criatura, que es el cristiano perfecto y verdadero, en lo que se diferencia de los hombres del siglo es en la renovación del espíritu y en la paz de los pensamientos y afectos, en el amar a Dios, y en el deseo encendido de los bienes del cielo; que esto fue lo que Cristo pidió para los que en Él creyesen, que recibiesen estos bienes espirituales. Porque la gloria del cristiano y su hermosura y su riqueza, la del cielo es, que vence lo que se puede decir, y que no se alcanza sino con trabajo y con sudor y con muchos trances y pruebas, y principalmente con la gracia divina”.
Vamos a lo segundo que dije; que Cristo, llamándose JESÚS y salud, nos demuestra a nosotros el único y verdadero blanco de nuestra vida y deseo. Que es más claramente decir que, pues el fin del cristiano es hacerse uno con Cristo, esto es, tener a Cristo en sí, transformándose en É1; y pues Cristo es JESÚS que es salud; y pues la salud no es el estar vendado o fomentado o refrescado por defuera el enfermo, sino el estar reducidos a templada armonía los humores secretos; entienda el que camina a su bien que no ha de parar antes que alcance esta santa concordia del alma; porque hasta tenerla no conviene que él se tenga por sano, esto es, por JESÚS. Que no ha de parar aunque haya aprovechado en el ayuno, y sepa bien guardar el silencio y nunca falte a los cantos del coro; y aunque ciña el cilicio, y pise sobre el hielo desnudos los pies, y mendigue lo que come y lo que viste paupérrimo, si entre esto bullen las pasiones en él, si vive el viejo hombre y enciende sus fuegos, si se huele en el alma la ira, si se hincha la vanagloria, si se ufana el propio contento de sí, si arde la mala codicia; finalmente, si hay respectos de odios, de envidias, de pundonores, de emulación y ambición. Que si esto hay en él, por mucho que le parezca que ha hecho y que ha aprovechado en los ejercicios que referí, téngase por dicho que aún no ha llegado a la salud, que es JESÚS. Y sepa y entienda que ninguno, mientras que no sanó de esta salud, entra en el cielo ni ve la clara vista de Dios; como dice San Pablo (Hebr. 12, 14): Amad la paz y la santidad, sin la cual no puede ninguno ver a Dios. Por tanto, despierte el que así es, y conciba ánimo fuerte; y puestos los ojos en este blanco que digo, y esperando en JESÚS, alargue el paso a JESÚS. Y pídale a la salud que le sea salud; y en cuanto no lo alcanzare, no cese ni pare, sino, como dice de sí San Pablo (Fil. 3, 13-14) : Olvidando lo pasado y extendiendo con el deseo las manos a lo porvenir, corra y vuele a la corona que le está puesta delante.
Y como es mentira y error tener por malas o por no dignas de premio las observancias de fuera, así también es perjuicio y engaño pensar que son ellas mismas la pura salud de nuestra alma, y la justicia que formalmente nos hace amables en los ojos de Dios; que esa propiamente es JESÚS, esto es, la salud que derechamente hace dentro de nosotros y no sin nosotros, JESÚS. Que es lo que habemos dicho, y por quien San Pablo (Rom., 1, 4), hablando de Cristo, dice que fue determinado ser hijo de Dios en fortaleza según el espíritu de la santificación en la resurrección de los muertos de Jesucristo. Que es como si más extendidamente dijera, que el argumento cierto y la razón y señal propia por donde se conoce que JESÚS es el verdadero Mesías, Hijo de Dios prometido en la ley, como se conoce por su propia definición una cosa, es porque es JESÚS; esto es, por la obra de JESÚS que hizo, que era obra reservada por Dios y por su ley y profetas para solo el Mesías. Y ésta ¿qué fue? Su poderío, dice, y fortaleza grande. Mas ¿en qué la ejercitó y declaró? En el espíritu, dice, de la santificación; conviene, a saber, en que santifica a los suyos, no en la sobrehaz y corteza de fuera, sino con vida y espíritu. Lo cual se pone por obra en la resurrección de los muertos de Jesucristo, que es decir los que murieron en Él cuando Él murió en la cruz, a los cuales Él después de resucitado comunica su vida. Que, como la muerte que en Él padecimos es causa que muera nuestra culpa cuando según Dios nacemos; así su resurrección, que también fue nuestra, es causa que cuando muere en nosotros la culpa, nazca la vida de la justicia (…)
Digo más. No se llama JESÚS así porque solamente hace la salud que decimos, sino porque es él mismo esa salud. Porque aunque sea verdad, como de hecho lo es, que Cristo en los que santifica hace salud y justicia por medio de la gracia que en ellos pone asentada y como apegada en su alma; mas sin eso, como decíamos ayer. Él mismo, por medio de su Espíritu, se junta con ella, y juntándose, la sana y agracia; y esa misma gracia que digo que hace resplandor que resulta en ella de su amable presencia. Así que Él mismo por sí, y no solamente por su obra y efecto, es la salud. Dice bien San Macario, y dice de esta manera: “Como Cristo ve que tú le buscas, y que tienes en Él toda tu esperanza siempre puesta, acude luego Él y te da caridad verdadera: esto es, dásete a sí, que, puesto en ti, se te hace todas las cosas; paraíso, árbol de vida, preciosa perla, corona, edificador, agricultor, compasivo, libre de toda pasión, hombre, Dios, vino, agua vital, oveja, esposo, guerrero y armas de guerra, y finalmente, Cristo, que es todas las cosas en todos” Así que el mismo Cristo abraza con nuestro espíritu el suyo, y abrazándose, le viste de sí, según San Pablo (Rom. 13, 14) dice: Vestíos de nuestro Señor Jesucristo. Y vistiéndole, le reduce y sujeta a sí misma, y se cala por él totalmente. Porque se debe advertir que, así como toda la masa es insípida y desazonada de suyo, por donde se ordenó la levadura que le diese sabor, a la cual con verdad podremos llamar, no sólo la sazonadora, sino la misma sazón de la masa, por razón de que la sazona no apartada de ella, sino junto con ella, adonde ella por sí cunde por la masa y la transforma y sazona; así, porque la masa de los hombres estaba toda dañada y enferma, hizo Dios un JESÚS, digo, una humana salud, que no solamente estando apartada, sino juntándose, fuese salud de todo aquello con quien se juntase y mezclase. Y así Él se compara a levadura a sí mismo (Mt. 13, 33). De arte que, como el hierro que se enciende del fuego, aunque en el ser es hierro y no es fuego, en el parecer es fuego y no hierro; así Cristo, ayuntado conmigo y hecho totalmente Señor de mí, me purifica de tal manera en mis daños y males, y me incorpora de tal manera en sus saludes y bienes; que yo ya no parezco yo, el enfermo que era, ni de hecho soy ya enfermo; sino tan sano, que parezco la misma salud que es JESÚS.
¡Oh bienaventurado salud! ¡Oh JESÚS dulce, dignísimo de todo deseo! ¡Si ya me viese yo, Señor, vencido enteramente de ti! ¡Si ya cundiese, oh salud, por mi alma y mi cuerpo! ¡Si me apurases ya de mi escoria, de toda aquesta vejez! ¡Si no viviese, ni pareciese, ni luciese en mí, sino Tú! ¡O si ya no fuese quien soy! Que, Señor, no veo cosa en mí que no sea digna de aborrecimiento y desprecio. Casi todo cuanto nace de mí son increíbles miserias; casi todo es dolor, imperfección, lepra y poca salud. Y como en el libro de Job (7, 3-8) se escribe: “Cada día siento en mí nuevas lástimas; y esperando ver el fin de ellas, he contado muchos meses vacíos, y muchas noches dolorosas han pasado por mí. Cuando viene el sueño, me digo: “¿Amanecerá mi mañana?” Y cuando me levanto y veo que no me amanece, alargo a la tarde el deseo. Y vienen las tinieblas, y vienen también mis ayes y mis flaquezas, y mis dolores más acrecentados con ellas. Vestida está y cubierta mi carne de mi corrupción miserable; y de las torpezas del polvo que me compone están ya secos y arrugados mis cueros. Veo, Señor, que se pasan mis días, y que me han volado muy más que vuela la lanzadera de la tela; acabados cuasi los veo, y aún no veo, Señor, mi salud. Y si se acaban, acábase mi esperanza con ellos. Acuérdate, Señor, que es ligero viento mi vida, y que si paso sin alcanzar este bien, no volverán jamás mis ojos a verle. Si muero sin ti, no me verán para siempre en descanso los buenos. Y tus mismos ojos, si los enderezares a mí, no verán cosa que merezca ser vista”. Yo, Señor, me desprecio, me despojo de mí, me huyo y desamo, para que, no habiendo en mí cosa mía, seas Tú solo en mí todas las cosas: mi ser, mi vivir, mi salud, mi JESÚS.
Cristo, pues, se llama JESÚS porque El mismo es salud. Y no por eso solamente, sino también porque toda la salud es solo Él (…)
Es toda la salud: porque como la razón de la salud, según dicen los médicos, tiene dos partes: una que la conserva y otra que la restituye; una que provee lo que la puede tener en pie, otra que receta lo que la levanta si cae; y como así la una como la otra tienen dos intenciones solas, a que enderezan coma a blanco sus leyes, aplicar lo bueno, y apartar lo dañoso; y como en las cosas que se comen para salud, unas son para que críen sustancia en el cuerpo, y otras para que le purguen de sus malos humores; unas que son mantenimiento, otras que son medicina: así esta salud que llamamos JESÚS, porque es cabal y perfecta salud, puso en sí aquestas dos partes juntas: lo que conserva la salud y lo que la restituye cuando se pierde; lo que la tiene en pie y lo que la levanta caída; lo que cría buena sustancia y lo que purga nuestra ponzoña.
(…) Son salud sus palabras; digo, son JESÚS sus palabras, son JESÚS sus obras, su vida es JESÚS y su muerte es JESÚS. Lo que hizo, lo que pensó, lo que padeció, lo que anduvo; vivo, muerto, resucitado, subido y asentado en el cielo, siempre y en todo es JESÚS. Que con la vida nos sana, y con la muerte nos da salud; con sus dolores quita los nuestros, y como Isaías (53, 5) dice, somos hechos sanos con sus cardenales. Sus llagas son medicina del alma; con su sangre vertida se repara la flaqueza de nuestra virtud. Y no sólo es JESÚS y salud con su doctrina, enseñándonos el camino sano y declarándonos el malo y peligroso; sino también con el ejemplo de su vida y de sus obras hace lo mismo; y no sólo con el ejemplo de ellas nos mueve al bien y nos incita y nos guía, sino con la virtud saludable que sale de ellas, que la comunica a nosotros, nos aviva y nos despierta, y nos purga y nos sana. Llámese, pues, con justicia JESÚS quien todo Él, por donde quiera que se mire, es JESÚS (…)
Es JESÚS y salud, no para una enfermedad sola, sino para todo accidente malo, para toda llaga mortal, para todo vicio y para todo sujeto vicioso, ahora y en todo tiempo JESÚS. Y no sana solamente de un vicio, sino de cualquier vicio que haya habido en ellos, o que haya, los sana. Que a nuestra soberbia es JESÚS, con su caña por cetro; y con su púrpura por escarnio, vestida para nuestra ambición, es JESÚS. Su cabeza, coronada con fiera y desapiadada corona, es JESÚS en nuestra mala inclinación al deleite; y sus azotes y todo su cuerpo dolorido, en lo que en nosotros es carnal y torpe, es JESÚS. Lo es, para nuestra codicia, su desnudez; para nuestro coraje, su sufrimiento admirable; para nuestro amor propio, el desprecio que hizo siempre de sí.
Y así la Iglesia, enseñada del Espíritu Santo y movida por Él, en el día en que cada año representa la hora cuando esta salud se sazonó para nosotros en el lagar de la cruz, como presentándola delante de Dios y mostrándosela enclavada en el leño, y conociendo lo mucho que esta ofrenda vale y lo mucho que puede delante de Él, ¿qué bien o qué merced no le pide? Pídele, como derecho, salud para el Cuerpo. Pídele los bienes temporales y los eternos. Pídele para los papas, los obispos, los sacerdotes, los clérigos, para los reyes y príncipes, para cada uno de los fieles según sus estados. Para los pecadores, penitencia; para los justos, perseverancia; para los pobres, amparo; para los presos, libertad; para los enfermos, salud; para los peregrinos, viaje feliz y vuelta con prosperidad a sus casas. Y porque todo es menos de lo que puede y merece aquesta salud, aun para los herejes, aun para los paganos, aun para los judíos ciegos que la desecharon, pone la Iglesia delante de los ojos de Dios a JESÚS muerto y hecho vida en la cruz para que les sea JESÚS (…)
Fr. Luis de León, De los Nombres de Cristo, Ed. Poblet, Bs. As., 1946, pp. 527-528; 537-581
«DIOS-CON-NOSOTROS»
El evangelio de Mateo cita una an gua historia acaecida en la ciudad de Jerusalén y relatada en el libro del profeta Isaías (Isaías 7,10-14); historia que se conver rá en la profecía del niño Em manuel, palabra hebrea que signifi ca: Dios-con-nosotros. El contexto histórico de esta profecía es el siguiente: el rey Acaz de Jerusalén, cercado y asedia do por la coalición bélica del rey de Damasco y del rey de Samaria, está totalmente fuera de sí y a punto de ofrecer en sacrifi cio a su propio hijo. Isaías va a verle y le pide que no tema, puesto que: si guarda su «fe» en Dios, su dinas a está asegurada por una promesa divina… Dios mismo envía a este monarca un signo: se anuncia al rey Acaz que le nacerá un hijo, un futuro heredero para el trono de David. Ese hijo prome do por Dios fue Ezequías, un rey bueno y piadoso que reinó en Jerusalén. La solemnidad de ese oráculo, el nombre dado al niño: «Dios-con-nosotros»… el término que designa a su madre, la «virgen»… le ha conver do en un signo de Dios. Y ha orientado a los teólogos a considerar esta profecía como anuncio del futuro Mesías.
EL MAGNÍFICAT
«Magnífi cat» es la primera palabra la na con que comienza el cán co o himno de alabanza y acción de gracias que proclamó la Virgen María al visitar a Isabel (Lc 1,46-55). El himno habla de la misericordia de Dios, de su preferencia por los pobres y los humildes, de su fi delidad a las promesas. María canta la generosidad que Dios ha tenido con ella, su misericordia y su poder, manifestados en la historia de la salvación. Este cán co resume diversos textos del An guo Testamento. Es la oración agradecida de una muchacha joven que con a en Dios. Está construido sobre la base del Cán co de Ana, la madre de Samuel (1º Samuel 2,1-19). A él se añaden varias frases de los salmos.
JUAN BAU STA, EL PRECURSOR
Juan Bau sta fue un profeta de contrastes. Consagrado a Yahvé desde su infancia, se habituó a una vida austera, coherente y sin comodidad alguna. Sus padres debieron introducirlo en alguna comunidad de ermitaños hebreos a la edad de seis años, como «nazir» (Consagrado a Yahvé). Desde su infancia debió frecuentar los roquedales de las desér cas montañas que se alzan a escasos kilómetros de Jericó, lugar donde los eremitas judíos desarrollaban ayunos y penitencias. Ya adulto, desarrollo su misión en algún lu gar del curso del río Jordán. Allí bau zaba a quienes creían en la posibilidad de un empo nuevo. Algunos discípulos suyos pasaron a ser seguidores de Jesús de Nazaret. Monjes cris anos del siglo V levantaron un monasterio en mitad del Monte de las Tentaciones, paraje desér co frecuentado por ermitaños judíos anteriores a la era cris ana. (ver imagen) Pero Juan Bau sta, tras una preparación en el desierto, se acercó al río Jordán. Así como este caudal de agua era vida para una región semidesér ca, Juan Bau sta estaba consagrado a Yahvé para anunciar una vida nueva y ser el precursor del Mesías.
SAN ESTEBAN
Esteban es uno de los primeros diáconos y el primer már r cris ano. En los Hechos de los Apóstoles el nombre de Esteban se encuentra con ocasión del nombramiento de los primeros diáconos (Hechos 6, 5). Habiéndose suscitado insa sfacción en la distribución de las limosnas del fondo de la comunidad, los Após toles eligieron a siete hombres para que se ocuparan del socorro de los pobres. De estos siete, Esteban es el primer mencionado y el más conocido. La vida de Esteban anterior a este nombramiento permanece casi enteramente en la oscuridad. Su nombre es griego y sugiere que fuera un helenista, esto es, uno de esos judíos que habían nacido en alguna erra extranjera y cuya lengua na va era el griego; sin embargo, según una tradición del Siglo V, el nombre de Stephanos era el equivalente griego del arameo Kelil (que signifi ca: corona), que puede ser el nombre ori ginal del protomár r y así fue inscrito en una losa encontrada en su tumba. Algunos autores aventuran que Esteban debió ser discípulo del rabino Gamaliel, por el magnífi co discur so de Esteban ante el Sanedrín repasando la historia de Israel, desde Abraham hasta la construcción del Templo, acusando a los líderes religiosos de resis r constantemente al Espíritu Santo. Furiosos por este discurso, la mul tud lo saca de la ciudad y lo apedrea hasta la muerte. Es el primer már r cris ano.
JUAN, APÓSTOL Y EVANGELISTA
Juan (Yehojanan = Yahvé salvará) debía de ser oriundo de Betsaida. Era hijo de Zebedeo y Salomé y herma no de San ago el Mayor. Aparece al principio como discípulo del Bau sta (Jn 1,35-40). Pero desde el Jordán, abandonando al Bau sta, sigue a Cristo a Galilea, asis endo al milagro de las bodas de Caná. No debió de ser allí un discípulo total, pues por segunda vez es llamado por Cristo, y abandonó todo por seguirle. Él y su hermano, por su ardiente celo, fueron llamados por el Señor “boaergés” (ben regesch = hijos del trueno). Junto con Pedro y su hermano San ago, fue tes go privilegiado de la resurrección de la hija de Jairo, la Transfi guración y la oración en Getsemaní. Estuvo junto a la cruz, y Jesús le encomendó a su Madre. Fue el primero de los discípulos que reconoció al Señor resucitado junto al lago de Tiberíades. Nos dejó el cuatro evangelio. Junto a interesantes datos históricos y socioculturales, profundiza en Jesu cristo y describe con gran profundidad los valores y ac tudes que deben orientar la vida del discípulo. Su evangelio se representa con un águila por la altura teológica del escrito.
HUIDA A EGIPTO DE LA SAGRADA FAMILIA
El camino que une Israel con Egipto, bordeando la costa del Mar Mediterráneo, era un i nerario frecuente para los israelitas que emigraban hacia las erras de Egipto. Es muy probable que María, José y el Niño se desplazaran a alguna de las múl ples colonias judías. La ciudad de Alejandría, enclavada en el Delta del Nilo, contaba con una próspera población judía. Pero la intencionalidad del evangelio es presentar a Jesús de Nazareth como «el nuevo Moisés». Y, así como Moisés guió desde Egipto al an guo pueblo, Jesús que es el «Nuevo Moisés», regresará de Egipto para crear y guiar a la Iglesia, nuevo pueblo de Dios.
EL ANCIANO SIMEÓN
Su nombre proviene del verbo hebreo «sham’a»: escuchar. Signifi ca: el que escucha. No se le atribuye función sacerdotal ni pertenencia a ninguna clase social. Representa al creyente sencillo, perseverante en la fe y abierto al cumplimiento de las promesas. El evangelio sitúa este encuentro en el Templo, signo de la iden dad nacional y lugar donde muchos anhelaban la intervención salvadora de Dios para restaurar la jus cia y la libertad de su pueblo con intervenciones poderosas y señales espectaculares. Pero Simeón no par cipa de estas concepciones mesiánicas. Él percibe la presencia salvadora de Dios en la sencillez de un bebé en brazos de su madre. El texto escrito por Lucas, corrige las pretensiones de poder polí co que anidaron en algunos de los seguidores de Jesús. «Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel»
«HABÍA UNA ANCIANA PROFETISA»
Ana no dice nada. Su presencia llena la escena. Ha gastado su vida entera en el Templo. Tras una existencia llena de rituales y sacrifi cios de animales, intuye que la salvación de Dios no llega por ri tos externos sino por la sencillez de corazón, la entrega generosa y la fraternidad. Percibe que todo el amor de Dios puede hacerse presente en la sencillez de una madre que lleva en brazos a Jesús bebé. Llena de gozo se convierte en «evangelizadora»: anuncia a todos la Buena Nueva descubierta.
Tomado de Tiempo Interior
MIDRASH
Dicen los especialistas, con razón, que estos relatos han sido escritos en una forma muy peculiar. Le llaman midrash , en este caso haggada , porque es narrativo, ya que intenta actualizar un texto del AT y aplicarlo a una situación nueva. Esto es verdad y muy significativo. No estaban «relatando» en el sentido más estricto, sino actualizando. No podemos tomar al pie de la letra lo del sueño, pero sí debemos tomar en consideración su mensaje. José no está herido de infamia por haber sido engañado por su prometida. Lo importante para Mateo es que él debe desempeñar una misión, la de ponerle el nombre, ya que el nombre tiene una importancia decisiva en el lenguaje bíblico. Y el nombre, en este caso, no es el nombre histórico con el que Jesús ha saltado a la fama. Es el oráculo de Is 7 el que se quiere actualizar y por ello se le pondrá – ¡que extraño! – Jesús, cuando en el oráculo era Enmanuel (Dios con nosotros), aunque también en las palabras de Isaías no hay relación directa entre Enmanuel y el hijo de Ajaz, Ezequías. El hecho real es que José puso nombre a «su» hijo: Jesús. Con ese nombre, según el relato midrashico, se estaba cumpliendo la profecía del Enmanuel.
Tomado de Fray Miguel de Burgos Núñez
ULTIMA TECNOLOGÍA
Un famoso periodista, simulando interesarse por lanzar una start-up de Distanciamiento anti estrés, ha conseguido entrevistar a ambos personajes para un “Especial Navidad 2019”: – “Hay que ir por pasos,- ha recomendado el levita, sacando de su zurrón un dispositivo electrónico: lo primero me compré este inhibidor de proximidad que evita que cualquier dato desagradable (aquel hombre apaleado, por ejemplo…) suelte su carga de alarma y me haga pensar que tiene algo que ver conmigo, causándome inquietud. Presionando por control remoto este botón, se activa una aspersión de humo de efecto difuminador, la escena se vuelve borrosa, pierde su aspecto traumático y se ve mucho más distante de lo que en realidad está. Como además añadí este simple ecuanimizador emocional, me olvidé en seguida de lo que había visto y recuperé el estado de relax”.
Interviene el sacerdote con aire de superioridad: -“¡Todo eso está ya obsoleto!: gracias al 5G, yo he conseguido ya una interconectividad absoluta aumentando radicalmente mi velocidad de transferencia. Aquel día me hubiera gustado atender al herido de la cuneta, pero me esperaba el técnico para enseñarme a descargar y subir contenidos en Ultra HD y vídeo en 3D. Por cierto, creo que hay en Netflix una serie fantástica sobre una banda que asalta a los que se paran en las áreas de descanso de las autopistas y despellejan a los que se detienen allí. Muy cruda pero superrealista. Y yo soy de los que piensan que hay que estar informado de las cosas que están pasando”.
Tomado de Dolores Aleixandre RSCJ
Tomado de P. Felipe Bloom
Tomado de Jose Antonio Pagola
Buenas Noticias Navarra 1985.Pág. 165 S.
Tomado de Pastoral Sj
Tomado de Sobrado 2019
Tomado de Anecdonet
C. H. Spurgeon.
Tomado de P. Félix Jiménez
Padre Justo López Melús
Tomado de Motivaciones.org
Tomado de Javier Gafo
Dios a la vista Homilías ciclo C. Madris 1994.Pág. 107 ss
Francisco Bartolomé González
Acercamiento A Jesús De Nazaret- 4 Págs. 90-9
Tomado de 500 ilustraciones
Tomado de Ángel Calvo, En otras palabras
Tomado de Fray Marcos
Tomado de Enrique Martínez Lozano
Tomado de Fe adulta
Tomado de Rainiero Cantalamessa
Tomado de P. Félix Jiménez
Tomado de Tiempo Interior
Tomado de Anecdonet
Guillermo Blasco
Tomado de Anecdonet
Tomado de Juan Jáuregui
Tomado de Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf.
Tomado de Mercaba
Tomado de Servicio Bíblico Latinoamericano 2004
Fray Miguel de Burgos Núñez
Tomado de Alforjas de pastoral
EUCARISTÍA 1992, 15
Tomado de Mercaba
San Juan Eudes, “Vida y Reino de Jesús”
Tomado de Centro Bíblico Pastoral CELAM
EJEMPLOS PREDICABLES
SAN PEDRO DE ALCÁNTARA
Este santo procuró que sus hijos y discípulos fueran muy devotos del misterio de la Encarnación. De él aprendieron todos a repetir muchas veces las palabras del Evangelio en que se habla de la Encarnación del hijo de Dios, viendo alguna vez confirmada esta devota costumbre con milagrosos efectos.
Así lo experimentaron dos religiosos que, habiendo salido de Arenas en dirección al Convento del Rosario, distante unas tres leguas, a las márgenes del río Tiétar, se vieron sorprendidos en el camino por una horrorosa tempestad. Temían los religiosos de Arenas por la vida de los dos caminantes, pero el Santo Padre los tranquilizo diciendo: “No tengáis pena, que Fray Miguel lleva buen reparo y con él su compañero. Ahora va diciendo el Evangelio de San Juan: In principio erat Verbum, y donde con devoción se prenuncian o se oyen estas misteriosas palabras no puede haber daño ni riesgo alguno”. Y así lo comprobaron los religiosos, pues ni aun les había tocado una gota de la lluvia que arrojó la tempestad”
(Vida de San Pedro Alcántara, Apost. de la Prensa, Madrid, 1947, p.52 ss).
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EL «ANGELUS»
“Este piadoso saludo a la Virgen, llamado ordinariamente el “Angelus” por el incipit de algunos versículos unidos posteriormente a las tres avemarías primitivas, fué introducido en la Iglesia en épocas diversas. De la más antigua, la de la tarde, se encontró el primer testimonio en un decreto del capítulo general de los franciscanos celebrado en Pisa en el 1623 bajo la presidencia de San Buenaventura, en el que se estableció que fratres in sermonibus populum inducerent ut in completorio, pulsante campana, beatam Mariam aliquibus vocibus salutarent, porque, se añadía, era sentencia de graves doctores que en aquella hora, la Señora, la Virgen Santísima, recibió el anuncio del ángel. No hay duda de que la propaganda activa de los franciscanos contribuyó eficazmente a difundir por todas partes la piadosa práctica. En el año 1274 la encontramos establecida en Maguncia y Wurzburgo, en 1296 en Génova, y en la primera mitad del siglo siguiente en casi todas las regiones de Europa.
[…] En cuanto al Angelus del mediodía el P. Thurston cree encontrar los orígenes en aquella plegaria (tres Pater y tres Ave) que el papa Calixto III en 1456 mandó recitar a la cristiandad todos los días al son de la campana, entre nona y vísperas, para obtener la paz de la Iglesia “contra el peligro de invasión de los turcos. De todos modos, es cierto que fué adoptado muy tarde, no antes del siglo XVI. Sé comenzó en Francia en 1472 con una orden de Luis Xl, y de allí lentamente se extendió al resto de Europa. Los tres versículos Angelus Domini… Ecce ancilla… Et Verbum… unidos al triple Ave con la creación Gratiam tuam… aparecen primero en el Exercitium quotidiannm, pequeño manual de piedad, editado en Roma bajo Pío V (muerto en 1572) y la triple doxología final, en cl Manuale catholicorum de San Pedro Canisio (1588)”.
(o.c., ibid., p. 206-267).
Tomado de Mercaba
(ROMERO, F., Recursos Oratorios, Editorial Sal Terrae, Santander, 1959, p. 166)
Tomado de MSC
2022
Hace años leí en un periódico las manifestaciones de una actriz, Jane Fonda. Las he recordado al preparar este punto que acabo de señalar. Decía así: “Yo me arrepiento de dos cosas y una de ellas es la de no haber cuidado de mi vida interior antes. Pero más vale tarde que nunca. Ahora tengo una necesidad de búsqueda espiritual, de rezar, de sentir a Dios en mi hombro. Y en ese camino estoy. Soy una buscadora nata. Para que la vida sea de verdad vida, necesitas saber que creces hasta el final. Si de algo estoy orgullosa es de haber mantenido la curiosidad y la apertura de espíritu toda mi vida”.
«Finalmente se celebraba el matrimonio… tenía lugar la entrada de la esposa en la casa del marido; la cual solía hacerse con gran solemnidad y consistía en el cortejo nupcial y el banquete nupcial. El esposo adornada su cabeza de una guirnalda y acompañado de sus amigos, iba a buscar a la esposa… y la conducía a su propia casa… Entonces se celebraba el «banquete nupcial»
(José J. Reboli, S.J.).
δικαιος en griego tiene el sentido de persona observante de la ley: » δικαιος es usado para designar a una persona de perfecta rectitud, a quien cumple la voluntad de Dios»
(Ceslas Spicq, O.P.)
La palabra ‘almah‘ es un sustantivo que aparece en la versión en hebreo del pasaje de Isaías. Aparece en otros 8 lugares. Se suele traducir como jovencita o doncella. (Vines,Unger, White). Sin embargo en el Cantar 6,8 algunos traducen ‘almah‘ en el sentido de virgen. ‘Almah‘ se suele usar para designar a una doncella no casada. En la venerable versión del Antiguo Testamento en griego, los LXX, se dice parthénos (παρθενος) , esto es, explícitamente virgen. (Kittel V, 826ss.) Aun cuando la palabra puede tener también una variedad de sentidos en el griego, como joven, por ejemplo en Gen 34,3. Los autores de las Escrituras canónicas neotestamentarias suelen citar según la autoridad de los LXX, más que según la versión hebrea. El p. Benoit (en ¿ Está inspirada la versión de los Setenta?) destaca la evolución teológica que se percibe en la versión de los LXX de la que cita San Mateo el pasaje de Isaías, y se pregunta «¿es legítimo preguntarnos si ese progreso en materia dogmática ha podido realizarse sin una intervención especial del Espíritu Santo?» El profeta Isaías, e incluso la misma versión de los LXX, emplean unas palabras que sólo la posterior evolución de la revelación divina, especialmente recogida en el Evangelio según San Mateo, para explicar el «maravilloso acontecimiento» del nacimiento virginal, da un pleno sentido de profecía.
Tomado de deiverbum,org
En la novela “El evangelio de Jesús” de Saramago, el novelista se inventa la biografía de José, muy bella y casi creíble. Un José atormentado por haber salvado sólo la vida de su hijo Jesús y por no haber hecho nada por salvar a los niños inocentes de Belén. Un José que va en busca de su amigo y vecino Ananías que, lleno de celo por el Dios de la Alianza, como tantos otros israelitas se había echado al monte para guerrear contra las legiones del imperialismo romano y defender la soberanía de Dios sobre el país. En su búsqueda, José es confundido con uno de esos guerrilleros y es crucificado en Séforis a los 33 años. El José que, de pasada, nombra el evangelio de Mateo no tiene ni historia ni hazañas, acepta su papel secundario para salvar las apariencias turbadoras.
El relato evangélico que habla de la virginidad de María no tiene nada de original. El mito de la “madre virgen” recorre toda la antigüedad, desde Egipto hasta la India. Horus, en Egipto, nace de la virgen Isis (tras el anuncio que le hace Thaw); Attis, en Frigia, de la virgen Nama; Krishna, en la India, de la virgen Devaki; Dionisos, en Grecia, y Mitra, en Persia, de vírgenes innominadas… Por cierto, de prácticamente todos ellos se dice que nacieron un 25 de diciembre, en el solsticio de invierno –en el hemisferio Norte-, justo cuando el Sol vuelve a “nacer”, venciendo a la noche.
Tomado de E. Martínez Lozano
El evangelio de Mateo cita una antigua historia acaecida en la ciudad de Jerusalén y relatada en el libro del profeta Isaías (Isaías 7,10-14); historia que se convertirá en la profecía del niño Emmanuel, palabra hebrea que significa: Dios-con-nosotros.
El contexto histórico de esta profecía es el siguiente: el rey Acaz de Jerusalén, cercado y asediado por la coalición bélica del rey de Damasco y del rey de Samaria, está totalmente fuera de sí y a punto de ofrecer en sacrificio a su propio hijo. Isaías va a verle y le pide que no tema, puesto que: si guarda su «fe» en Dios, su dinastía está asegurada por una promesa divina… Dios mismo envía a este monarca un signo: se anuncia al rey Acaz que le nacerá un hijo, un futuro heredero para el trono de David. Ese hijo promeƟdo por Dios fue Ezequías, un rey bueno y piadoso que reinó en Jerusalén.
La solemnidad de ese oráculo, el nombre dado al niño: «Dios-con-nosotros»… el término que designa a su madre, la «virgen»… le ha convertido en un signo de Dios. Y ha orientado a los teólogos a considerar esta profecía como anuncio del futuro Mesías.
HUMOR
Tomado de Chatgpt
Tomado de Anecdonet
2022
Una mujer, al despertarse por la mañana, le dijo a su marido: He tenido un sueño maravilloso. Soñaba que era la víspera de Navidad y que me regalabas un collar de perlas. ¿Qué crees que puede significar ese sueño?
Su marido le contestó: Lo sabrás el día de Navidad.
A la mañana siguiente se dirigió a su marido y le dijo otra vez: Acabo de soñar que me regalabas un collar maravilloso para Navidad. ¿Qué crees que puede significar?
Lo sabrás mañana, le contestó el marido.
Por tercera vez, la mujer se despertó, sonrió a su marido y le dijo: Acabo de soñar que me regalabas un collar de perlas maravilloso. ¿Qué crees que puede significar?
Su marido sonrió y le dijo: Lo sabrás esta noche.
Cuando su marido regresó aquella noche llevaba un paquete envuelto en papel dorado y se lo dio a su mujer. Ésta lo abrió con mucho cuidado y encontró un libro que se titulaba: “El significado de los sueños”.
El parto virginal es un mito que se extendía en la antigüedad desde Egipto hasta la India. Horus, en Egipto, nace de la virgen Isis (tras el anuncio que le hace Thaw); Attis, en Frigia, de la virgen Nama; Krishna, en la India, de la virgen Devaki; Dionisos, en Grecia, y Mitra, en Persia, de vírgenes innominadas… Por cierto, de prácticamente todos ellos se dice que nacieron un 25 de diciembre, en el solsticio de invierno –en el hemisferio Norte–, justo cuando el Sol vuelve a “nacer”, venciendo a la noche.
Sin embargo, tal mito encierra una gran sabiduría. En su propio lenguaje, podría expresarse de este modo: Dios está naciendo en todo lo que nace.
POEMA
LA PRÉDICA DEL CURA
Fui condenado
por parodiar al cura en latinajos
que nadie en aquel pueblo comprendía.
Ni yo, ni el pueblo, ni los pájaros,
pero él erre que erre
con sus dominicales prédicas.
Al terminar la misa,
los feligreses salían de la iglesia,
se encogían de hombros y se iban
a celebrar con vino en la taberna
la incomprendida prédica del cura.
Y yo, que era el monaguillo,
quedé condenado para siempre
por la inicua condena
de aquel inicuo cura sin sustancia.
………………………..
¡Pobre Evangelio, pobre misa,
y pobres los vecinos de aquel pueblo!
Tomado de Vicente Martínez
“Por doquiera, el campo se abre en estallidos, en crujidos, en un hervidero de vida sana y nueva. Parece que estuviéramos dentro de un gran panal de luz, que fuese el interior de una inmensa y cálida rosa encendida”.
Juan Ramón Jiménez en Platero y yo
Tomado de Vicente Martínez
La Virgen está encinta
Por su infidelidad, Acaz, indigno
del empeño y el don de la realeza,
rehúye la palabra de certeza
que le brinda el profeta fidedigno:
una virgen puérpera es el signo
del Señor, que es poder y fortaleza…;
un niño hará visible la terneza
y la proximidad del Dios benigno…
José vence la duda en el empeño
de su amor, que se afirma con un sueño
en que la fe por la palabra crece.
Abre tu corazón a la aventura
de fiarte de Dios…, y a la locura
de creer que aconteció lo que acontece.
Pedro Jaramillo
Tomado de alforjas depastoral
ESTE EVANGELIO, EN VERSO, SUENA ASÍ:
Dios quiso «salvar al mundo»
y tomó la iniciativa
de «encarnarse» y formar parte
de nuestra misma familia.
Para cumplir sus deseos
buscó dos protagonistas:
a MARÍA y a JOSÉ,
las personas más sencillas.
María dijo que «SÍ»
a la Palabra divina.
El «milagro» floreció
en sus entrañas de niña.
José se fio del ángel
Y acogió a su «prometida».
Después puso nombre al hijo,
según las leyes judías.
Sin la bondad de José
y sin la fe de María,
jamás hubiera nacido
el Salvador, el Mesías…
Para nacer en nosotros
espera nuestra acogida.
Nos llenará el corazón
de paz, amor y alegría.
¡Ven Jesús! Necesitamos
tu amistad, tu compañía.
Tú serás para nosotros
Camino, Verdad y Vida.
Javier Pérez Benedí
Tomado de alforjas depastoral
(Franck Widro)
Tomado de Padre Fidel Oñoro CJM
Rubén Darío en Poemas del alma.
(Pedro Casaldáliga)
2022
ORACIÓN
EL ADVIENTO DE JOSÉ Y MARÍA
Ojos limpios y serenos
para otear el horizonte sin miedo
y verte en otros rostros siempre.
Brazos fuertes y extendidos
para abrazar con seguridad y mimo
a todos los débiles y perdidos.
Manos suaves y cálidas
para acariciar a ancianos y niños
y crear redes de vida.
Oídos abiertos y atentos
para escuchar los susurros y gritos
y llegar a tiempo a tu encuentro.
Olfato sensible y bien dispuesto
para percibir las fragancias y olores
que te preceden y hacen presente.
Pies firmes y ligeros
para andar por la vida
siguiendo tu brisa y tus sendas.
Corazón tierno y grande
para sentir tus latidos
en este aquí y ahora que vivimos.
Entrañas maternales
para acogerte siempre
aunque nos sorprendas y descoloques…
en las noches oscuras
y en las alboradas,
vengan con pesadillas o blanca escarcha.
Así es el Adviento de José y María,
Así queremos que sea el nuestro cada día.
Florentino Ulibarri
EN UNA ORACIÓN ATRIBUIDA A CLEMENTE IX
se recoge una bella expresión del amor a la Voluntad de Dios:
Offero tibi, Dómine,
cogitánda, ut sint ad te;
dicénda, ut sint de te;
faciénda,
ut sint secúndum te;
ferénda, ut sint propter te.
Volo quidquid vis,
volo quia vis,
volo quómodo vis,
volo quámdiu vis.
«Te ofrezco, Señor, mis pensamientos, ayúdame a pensar en ti; te ofrezco mis palabras, ayúdame a hablar de ti; te ofrezco mis obras, ayúdame a cumplir tu voluntad; te ofrezco mis penas, ayúdame a sufrir por ti. Todo aquello que quieres Tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo quieres tú, como tú lo quieras y durante todo el tiempo que lo quieras».
P. Antonio Izquierdo
Tomado de Mercaba
¡DÁNOS TU CONFIANZA, MARIA!
Para que Dios nazca en nosotros sin pedir nada a cambio
y, sea nuestro corazón,
una cálida cuna donde Jesús encuentre cobijo y consuelo.
¡DÁNOS TU CONFIANZA, MARIA!
Para que, en estas horas de santa tensión,
donde el cielo y la tierra juegan a juntarse
podamos también nosotros hambrear
el manjar de Amor que se sirve en Belén.
¡DÁNOS TU CONFIANZA, MARIA!
Queremos que, Tú, seas una puerta
por la que podamos entrar
y disfrutar del Misterio de Dios humanado.
Una puerta que, cuando se abra desde fuera
entendamos y comprendamos
que es Dios quien lo hace desde dentro
que es Dios quien tira desde el cielo.
¡DÁNOS TU CONFIANZA, MARIA!
Para que no vacilemos ni en el amor ni en la fe
Para que nos pongamos en camino hacia Aquel que viene
Para que seamos heraldos de la Buena Noticia
Para que, el Niño que quiere salir de tus entrañas,
encuentre aquí y ahora
hermanos que le amen, le ayuden y le sigan
¡DÁNOS TU CONFIANZA, MARIA!
Para que Dios esté pronto con nosotros
Para que nosotros, pronto estemos con El
Para que creamos, aun sin ver
Para que aún sin ver, creamos por encima de todo
¡DÁNOS TU CONFIANZA, MARÍA!
Sólo así, podremos vivir, celebrar
cantar y festejar el encanto de la Navidad.
Javier Leoz
VINISTE A ESTE MUNDO, JESÚS
Y a nosotros nos gusta contar tu nacimiento
con figuritas, con musgos,
con juguetes de niño, para no tomarnos
demasiado en serio tu venida.
Llegaste a este mundo porque vivíamos sin Dios
viniste a decirnos que así no merece la pena
seguir viviendo,
que estamos poco contentos,
que gastamos demasiada vida
en las pequeñeces domésticas,
en los desencuentros relacionarles,
en tener razón o en razonar nuestra sinrazón.
A veces preferimos escuchar villancicos,
canciones casi de cuna,
para no hacer silencio y dejar que nos susurres
al oído tu Buena Noticia.
Para que no nos recuerdes que estamos salvados
si vivimos queriéndonos mucho,
muchísimo a nosotros mismos,
tanto como nos quieres Tú
y tienes un gran proyecto para cada uno.
Y no te queremos escuchar invitarnos
a querer a los otros igual,
con todo el corazón, con toda nuestra
capacidad de entrega, de respeto, de empatía,
de facilitarles el camino de la vida.
A veces preferimos ver tu foto de familia
y enseñarte la nuestra,
para que no nos hables de otros hermanos,
que están muy lejos,
que tienen una existencia demasiado complicada
que nos liarían la vida, si la entretejiéramos
con la nuestra…
Ya que… ¡bastante tenemos nosotros
con el trajín de cada día!
No queremos oírte que todavía te duelen
más ellos que nosotros,
que tus preferidos son los pobres,
y que te encantaría enviarnos a ellos,
colárnoslos en el corazón,
para que juntos cambiáramos
este mundo nuestro que no funciona,
en un espacio común en el que todos
vivamos bien.
Viniste a este mundo, Jesús, no te vayas,
a ver si conseguimos de una vez por todas,
vivir a tu manera.
Mari Patxi Ayerra
ESPERABA UN HIJO, POR OBRA DEL ESPÍRITU SANTO
Señor Jesús, estamos en vísperas
de la celebración de tu venida al mundo.
Pronto nos reuniremos para festejar
tan magno acontecimiento.
Nos alegraremos de tu nacimiento
porque somos tus seguidores.
Se nos hablará de paz, fraternidad,
humildad, sencillez y amor de Dios.
Habrán otras voces que nos invitarán
a consumir, gastar… etc.
Será Navidad.
Tu venida entre nosotros fue obra
del Espíritu Santo y de María.
Así el ángel se lo anunció a José:
“No tengas reparo en llevarte a María,
tu mujer, porque la criatura que hay en ella
viene del Espíritu Santo”.
Así el ángel se lo dijo también a María:
“El Espíritu Santo vendrá sobre ti
y el poder del Altísimo
te cubrirá con su sombra;
por eso el que ha de nacer será santo y será
llamado Hijo de Dios”
Por obra del Espíritu Santo
nosotros también somos seguidores tuyos,
discípulos-misioneros, apóstoles.
Por obra del Espíritu Santo
pertenecemos a la Iglesia
y en ella a la Acción Católica General.
Hoy, Señor Jesús,
queremos reconocer la presencia
del Espíritu Santo en cada uno de nosotros
y en la Asociación.
El que fecundó el seno de María,
fecunda también a la Iglesia
y en ella a la Acción Católica General
y cada una de nuestras vidas.
Por obra del Espíritu Santo,
también nosotros somos lo que somos:
hacemos las reuniones, los retiros,
nos comprometemos en la transformación
de nuestro mundo en sus múltiples aspectos
y estamos implicados en distintas actividades
de la parroquia.
Danos, Señor Jesús,
fe en la acción del Espíritu en la Iglesia,
en los movimientos
y en cada uno de nosotros.
Danos, Señor Jesús, tu Espíritu.
A lo mejor podemos tener el defecto
y confiar excesivamente en nosotros
y olvidarnos que es tu Espíritu
quien nos ayuda a hacer presente
el Reino de Dios
y quien hace fecundos nuestros proyectos.
Gracias, Señor Jesús,
porque no nos has dejado solos.
Gracias porque tu Espíritu nos acompaña.
¡Señor Jesús!
te pedimos que tu Espíritu Santo
se haga presente en nosotros y en la Iglesia
para la evangelización del mundo
según tu Proyecto
y para que la Iglesia sea, toda ella,
portadora de paz, justicia, amor
y esperanza en nuestro mundo.
Señor, Jesús,
de todo corazón te rogamos
que nos dejemos fecundar por tu Espíritu
como lo hizo María.
María, Tú ocupas estos días del Adviento
Protagonismo, ofreciéndonos,
presentándonos a tu Hijo.
¿Cuáles fueron tus sentimientos
en aquellas vísperas de la primera Navidad?
¿Qué le dirías a Dios
y qué comentarías con José?
El Evangelio nos deja una imagen
muy interpelante de tu vida: “María
guardaba todas esas cosas en su corazón”
María,
enséñanos a guardar en nuestro corazón,
como Tú lo hacías, tantas cosas:
de nuestro mundo entero,
de la Iglesia,
de nuestras comunidades eclesiales,
de nuestras familias,
de nuestro barrio,
de nuestro pueblo,
de nuestros distintos ambientes,
de la Acción Católica General.
Así sea.
Acción Católica General.
Tomado de Alforjas de Pastoral
Oremos a san José, Maestro de vida interior: “José está con María y María está con el Padre. Y también nosotros, para que Dios, en fin, pueda ser acogido ya que sus obras traspasan nuestra razón, para que su luz no sea extinguida por nuestra lámpara y su palabra por el ruido que hacemos, para que cese el hombre y para que vuestro Reino venga y se haga vuestra santa voluntad, para que reencontremos el origen con profundas delicias, para que se pacifique el mar y comience María, la que tiene la mejor parte, y que, del antiguo Israel, acabe la resistencia: Patriarca interior, José, consíguenos el silencio”
(Paul Claudel, “Feuilles de Saints)
Tomado de ACG
(Rafael Ángel Marañón Barrio)
Tomado de Motivaciones.org
2022
«Creo, sencillamente, quiero disfrutar de la serenidad del creer. Desligar el creer del sentir.
Creo, mi Dios y basta, te creo en tus misterios sin entenderlos, te creo en mí y en el pan blanco.
En el prójimo y en la creación.
Sin verte en ningún lado.
Creo, Señor, sencillamente porque creer es confiar y cómo me gusta creerte sintiendo dudas.
Creo, sencillamente. Digo que eres amor.
Escucho que soy tu amado.
No siento y qué más da. Te quiero y eso basta.
Amo, Señor, sencillamente. Porque amar es
entregarse.
Y cómo me gusta amarte estando frío.
Espero en tu palabra.
Vivo en tu promesa.
Gozo en ti.
Lo que aún me falta.
Espero Señor, sencillamente.
Porque esperar es descansar.
Y cómo me gusta esperarte sintiendo miedo».
De la canción “Sencillamente” grupo HAKUNA
¡DÁNOS TU CONFIANZA, MARIA!
Para que Dios nazca en nosotros sin pedir nada a cambio
y, sea nuestro corazón,
una cálida cuna donde Jesús encuentre cobijo y consuelo.
¡DÁNOS TU CONFIANZA, MARIA!
Para que, en estas horas de santa tensión,
donde el cielo y la tierra juegan a juntarse
podamos también nosotros hambrear
el manjar de Amor que se sirve en Belén.
¡DÁNOS TU CONFIANZA, MARIA!
Queremos que, Tú, seas una puerta
por la que podamos entrar
y disfrutar del Misterio de Dios humanado.
Una puerta que, cuando se abra desde fuera
entendamos y comprendamos
que es Dios quien lo hace desde dentro
que es Dios quien tira desde el cielo.
¡DÁNOS TU CONFIANZA, MARIA!
Para que no vacilemos ni en el amor ni en la fe
Para que nos pongamos en camino hacia Aquel que viene
Para que seamos heraldos de la Buena Noticia
Para que, el Niño que quiere salir de tus entrañas,
encuentre aquí y ahora
hermanos que le amen, le ayuden y le sigan
¡DÁNOS TU CONFIANZA, MARIA!
Para que Dios esté pronto con nosotros
Para que nosotros, pronto estemos con El
Para que creamos, aun sin ver
Para que aún sin ver, creamos por encima de todo
¡DÁNOS TU CONFIANZA, MARÍA!
Sólo así, podremos vivir, celebrar
cantar y festejar el encanto de la Navidad.
Tomado de Javier Leoz
ORACIÓN A S. JOSÉ
San José, tú eres el hombre que sueña,
enséñanos a recuperar la vida espiritual
como el lugar interior en el que Dios se manifiesta y nos salva.
Quita de nosotros el pensamiento de que rezar es inútil;
ayuda a cada uno de nosotros a corresponder a lo que el Señor nos indica.
Que nuestros razonamientos estén irradiados
por la luz del Espíritu, nuestro corazón alentado por Su fuerza
y nuestros miedos salvados por Su misericordia.
Amén.
Papa Francisco
MEDITACIÓN
DIOS ESTÁ CON NOSOTROS
La Navidad está tan desfigurada que parece casi imposible hoy ayudar a alguien a comprender el misterio que encierra. Tal vez hay un camino, pero lo ha de recorrer cada uno. No consiste en entender grandes explicaciones teológicas, sino en vivir una experiencia interior humilde ante Dios.
Las grandes experiencias de la vida son un regalo, pero, de ordinario, solo las viven quienes están dispuestos a recibirlas. Para vivir la experiencia del Hijo de Dios hecho hombre hay que prepararse por dentro. El evangelista Mateo nos viene a decir que Jesús, el niño que nace en Belén, es el único al que podemos llamar con toda verdad «Emmanuel», que significa «Dios con nosotros». Pero ¿qué quiere decir esto? ¿Cómo puedes tú «saber» que Dios está contigo?
Ten valor para quedarte a solas. Busca un lugar tranquilo y sosegado. Escúchate a ti mismo. Acércate silenciosamente a lo más íntimo de tu ser. Es fácil que experimentes una sensación tremenda: qué solo estás en la vida; qué lejos están todas esas personas que te rodean y a las que te sientes unido por el amor. Te quieren mucho, pero están fuera de ti.
Sigue en silencio. Tal vez sientas una impresión extraña: tú vives porque estás arraigado en una realidad inmensa y desconocida. ¿De dónde te llega la vida? ¿Qué hay en el fondo de tu ser? Si eres capaz de «aguantar» un poco más el silencio, probablemente empieces a sentir temor y, al mismo tiempo, paz. Estás ante el misterio último de tu ser. Los creyentes lo llaman Dios.
Abandónate a ese misterio con confianza. Dios te parece inmenso y lejano. Pero, si te abres a él, lo sentirás cercano. Dios está en ti sosteniendo tu fragilidad y haciéndote vivir. No es como las personas que te quieren desde fuera. Dios está en tu mismo ser.
Según Karl Rahner, «esta experiencia del corazón es la única con la que se puede comprender el mensaje de fe de la Navidad: Dios se ha hecho hombre». Ya nunca estarás solo. Nadie está solo. Dios está con nosotros. Ahora sabes «algo» de la Navidad. Puedes celebrarla, disfrutar y felicitar. Puedes gozar con los tuyos y ser más generoso con los que sufren y viven tristes. Dios está contigo.
José Antonio Pagola
**Jesús es el hambriento que debe ser saciado.
**Jesús es el desnudo que debe ser vestido.
**Jesús es el enfermo que debe ser asistido.
**Jesús es el hombre despreciado, que debe ser acogido.
**Jesús es el borracho, que debe ser escuchado.
**Jesús es el enfermo psíquico que debe ser protegido.
**Jesús es la prostituta que merece una gran comprensión.
**Jesús es el anciano, que requiere nuestros oídos.
Madre Teresa de Calcuta
DE LA RAMA BROTÓ LA FLOR
“El bienaventurado Mateo, después de enumerar las generaciones que preludian la esperanza de nuestra salvación, prosigue así: „El nacimiento de Cristo ocurrió de este modo: su Madre, María, siendo esposa prometida de José, antes de comenzar a vivir en común se encontró en estado de gravidez por obra del Espíritu Santo‟. Es este, pues, el misterio celeste, es este el sacramento escondido y arcano desde hacía siglos, esto es, que la Virgen concibió por obra del Espíritu Santo. Observa bien el modo como fue restituida al mundo la salvación; ella fue obrada inversamente al modo como el pecado había entrado en el mundo al comienzo de los tiempos. Adán fue plasmado de una tierra virgen; el Hijo de Dios nació de la Virgen María. En el primer caso, una virgen lo llevó a la muerte; aquí una virgen da a luz la vida. Allí el hombre cayó por causa de una virgen; aquí el hombre puede levantarse todavía más alto (…). De María brotó la flor de la carne humana, esto es, Cristo. ()
San Cromacio de Aquilea, In Matth. tr. 2, 1.5
Tomado de Fidel Oñoro
La importancia del matrimonio de José y María
“Y también para la Iglesia, si es importante profesar la concepción virginal de Jesús, no lo es menos defender el matrimonio de María con José, porque jurídicamente depende de este matrimonio la paternidad de José. De aquí se comprende por qué las generaciones han sido enumeradas según la genealogía de José.
„¿Por qué -se pregunta san Agustín- no debían serlo a través de José? ¿No era tal vez José el marido de María? (…) La Escritura afirma, por medio de la autoridad angélica, que él era el marido. No temas, dice, recibir en tu casa a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo. Se le ordena poner el nombre del niño, aunque no fuera fruto suyo. Ella, añade, dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. La Escritura sabe que Jesús no ha nacido de la semilla de José, porque a él, preocupado por el origen de la gravidez de ella, se le ha dicho: es obra del Espíritu Santo. Y, no obstante, no se le quita la autoridad paterna, visto que se le ordena poner el nombre al niño. Finalmente, aun la misma Virgen María, plenamente consciente de no haber concebido a Cristo por medio de la unión conyugal con él, le llama sin embargo padre de Cristo‟ (S. Agustín, Sermo 51, 10, 16: PL 38, 342).
El hijo de María es también hijo de José en virtud del vínculo matrimonial que les une:
„A raíz de aquel matrimonio fiel ambos merecieron ser llamados padres de Cristo; no sólo aquella madre, sino también aquel padre, del mismo modo que era esposo de su madre, ambos por medio de la mente, no de la carne‟ (San Agustín, De nuptiis et concupiscentia, I. 11, 12: PL 44, 421)‟.
En este matrimonio, no faltaron los requisitos necesarios para su constitución:
„En los padres de Cristo se han cumplido todos los bienes del matrimonio: la prole, la fidelidad y el sacramento. Conocemos la prole, que es el mismo Señor Jesús; la fidelidad, porque no existe adulterio; el sacramento, porque no hay divorcio‟ (San Agustín, De nuptiis et concupiscentia, I, 11, 43: PL 44, 421)”.
Juan Pablo II, Exhortación Apostólica “Custodio del Redentor”, No.7
Tomado de Fidel Oñoro
AD PORTAS DE LA NAVIDAD
“Solsticio de invierno – Navidad cósmica”
“Aunque yo me callara, hermanos, el tiempo nos advierte que la Navidad del Cristo Señor está cerca; en estos últimos días se anticipa a mi discurso. 13 El mundo con sus propias angustias habla de la inminencia de algo que se renovará. Y desea con una expectativa impaciente que el esplendor de un sol más refulgente ilumine sus tinieblas. Al mismo tiempo que, por la brevedad de las horas, teme que su camino esté para llegar al fin, con una cierta esperanza descubre que el año está transformando su curso. Esta expectativa de la creación nos persuade también a nosotros para esperar el nacer de Cristo, nuevo Sol, para que ilumine las tinieblas de nuestros pecados. Que este sol de justicia, con la fuerza de su nacimiento, disipe la densa niebla de nuestras culpas y no permita que nuestra vida se encierre en una densa oscuridad, sino más bien que se expanda por la gracia de su poder. Y ya que podemos presentir la Navidad del Señor a partir de los mismos signos de la naturaleza, hagamos también nosotros lo que ella hace: tal como ese día comienza a aumentar la duración de la luz sobre la tierra, así también nosotros aumentemos la medida de nuestra virtud” ()
San Máximo de Turín, Sermón 61A, 1-2
Tomado de Fidel Oñoro
¿VIVE CRISTO EN TI?
«Cuando en ti el amor por Cristo no es tan fuerte como para hacerte, por el gozo en Él, impasible a todas las aflicciones, has de saber que en ti el mundo vive más que Cristo.
Cuando la enfermedad, las necesidades, el tormento del cuerpo o el miedo que brota de sus penalidades, turban tu pensamiento, alejándolo del gozo de tu esperanza y de la clara meditación de nuestro Señor, has de saber que lo que en ti vive es el cuerpo y no Cristo.
Lo que vive en ti es aquello cuyo amor tiene sobre ti un poder más grande».
Isaac de Nínive, El don de la humildad
Tomado de Anecdonet
¿MIEDO? ¡MIEDO A NADIE!
¡Ni a Dios!… porque es mi Padre
Un día de agosto de 1941, Josemaría Escrivá dirige la meditación en la penumbra del oratorio de Diego de León, 14, en Madrid. Habla de fe, de audacia, de atreverse a pedir ¡la luna! con una confianza indesmontable en que Dios puede darla…
-¿Miedo? ¡Miedo a nadie! ¡Ni a Dios!… porque es mi Padre.
Se vuelve hacia el sagrario y, mirando hacia ese punto, con la naturalidad de quien de veras conversa con alguien que está allí, en aquella misma habitación, agrega:
-Señor: no te tenemos miedo…, porque te amamos.
Pilar Urbano, “El hombre de Villa Tevere”
Tomado de Anecdonet
LA EXPECTACIÓN DEL PARTO
(Nuestra Señora de la O / Virgen de la Esperanza)
En esta última semana de Adviento, es imposible preparar la Navidad prescindiendo de la contemplación del indecible gozo esperanzado que poseyó Santa María por el futuro próximo inmediato de su parto.
Eso es lo que se quiere expresar con «La Expectación del Parto», o «El día de Santa María» como se le llamó también en otro tiempo, o «Nuestra Señora de la O» como popularmente también se le denomina hoy. Fue en España, concretamente en Toledo, en el décimo concilio que se celebró en el año 656, siendo S. Eugenio III el obispo de aquella sede y que posteriormente un muy devoto de la Virgen María San Ildefonso- se tomó bastante en serio propagar. La intuición del pueblo denominando a la expectante Doncella joven «Virgen de la O» está basada en la directa contemplación de las obras pictóricas o esculturales que presentan piadosamente la natural redondez abultada de la Virgen grávida.
El origen del título es no obstante más espiritual, más fino, más litúrgico y menos somático. Tiene su origen en que las antífonas marianas del rezo de vísperas comienzan con la O: Oh Sapientia, Oh Adonai, Oh Enmanuel… veni!
Tomado de Anecdonet
Fray Marcos
CARITAS Un dios para tu hermano
Tomado de ADVIENTO Y NAVIDAD 1991.Págs. 55-59
Tomado de Anecdonet
Sobrado 1 mayo, 2022
2022
Tengo que nacer del agua y del Espíritu.
Nadie puede hacerlo por mí; ni siquiera el mismo Dios.
El Espíritu ya está dentro de mí.
Mi tarea es darle a luz; es decir, tomar conciencia de esa realidad y manifestarla en mi vida, para que la descubran los demás.
Ese proceso me llevará a la plenitud humana.
Fray Marcos
CANTO
“EL FIAT SILENCIOSO DE JOSÉ
Estribillo
Fiat, Señor, en mi silencio,
hágase en mí tu voluntad.
Luz de tu amor, ven a mis miedos,
trae a mi noche tu resplandor.
I. El estupor de José (Narrador)
Tembló José, ardía la noche,
María espera en soledad.
Su pobre mundo se hace pedazos,
viene un hijo y no es su verdad.
El Santo Espíritu obra en María,
sin consultarle el corazón.
Tiembla, se siente atado y solo,
quiere marcharse de esa unión.
II. El ángel y el miedo (Ángel solista)
José, hijo de David, no temas,
todo este signo viene de Dios.
No es infidelidad ni engaño,
es pura gracia sobre los dos.
El que creó la luz con “Hágase”,
busca en tu casa techo y calor.
Toma a María, cuida al Mesías,
tu fiat calla su dolor.
Estribillo (José)
Fiat, Señor, en mi silencio,
hágase en mí tu voluntad.
Luz de tu amor ven a mis miedos,
trae a mi noche tu claridad.
III. El hijo de David oculto (Narrador)
Él, del linaje santo de David,
sin trono, espada ni poder.
Rey escondido en un taller humilde,
con sus heridas y su saber.
Mientras un falso rey teme y mata,
Dios elige la oscuridad.
En manos duras, fiel carpintero,
nace en silencio la realeza real.
IV. El gran arco del Fiat (Coro + Ángel)
Dijo el Señor: “Hágase la luz”,
y hubo caminos, cielo y mar.
Dijo María: “Hágase en mí”,
el Verbo vino a nuestra bondad.
José no habla, solo obedece,
hace en su vida lo que oyó.
Su fiat manso, hecho de gestos,
da un hogar tierno al Hijo de Dios.
Estribillo final (Todos)
Fiat, Señor, en mi silencio,
hágase en mí tu voluntad.
Como en María y como en José,
sea mi vida puro “hágase”.
Fiat, Señor, en mi silencio,
haz de mi noche tu Belén.
Que mi pequeño sí en la tierra
hable de Cristo, Rey y Emmanuel.
Ven Señor no tardes más Marco Frisina
La Anunciación Pablo Coloma
Cántico Espiritual – Jésed
Que ves en la noche – Juan Antonio Espinosa
2022
Veni, Veni, Emmanuel | Canto de Adviento
ROBERT RAMIREZ – YOU ARE NOT ALONE
Sencillamente Hakuna
Nada es imposible de Ixcís
Como María Ixcís
Confío Ixcís
Como Ella (canto a la Virgen María) – Marcela Gael
Emmanuel Veronica Sanfilippo
Llena de Gracia – The Vigil Project, Verónica Sanfilippo
Hágase en Mí [MÚSICA CATÓLICA] – The Vigil Project, Athenas
CANCIÓN DE ADVENTO E NADAL
Ven Emmanuel – Jésed
Oh ven Emanuel – Alfarero
https://youtu.be/YWW6ib8L4UQ Marcos Witt
https://youtu.be/BOsL78YZA54 Jaime Murrell
https://youtu.be/7ZAm7S2AAwU Blest
https://youtu.be/BiO8Zo5CmYA David Archuleta
https://youtu.be/hS6_Ms00o5o Jaci Velasquez
https://youtu.be/2OlNwQFe3co Lizzette Sánchez
https://youtu.be/p5sAaAsoZJ0 Job Gonzalez– Lakewood
LIVING – Emmanuel (Dios Con Nosotros) Videoclip Oficial
Dios Con Nosotros Jesus Adrian Romero
Jaz Jacob || Dios Con Nosotros
No Estoy Solo Tercercielo
VIDEO
Equipo Quiero Ver: Dios con nosotros.
2022
VÍDEOS PARA ESTE DOMINGO:
4º Adviento A- Mateo 1, 18-24: “Jesús nacerá de María”.
-Mt. 1,18-25, dibujos: https://www.youtube.com/watch?v=jQ2tZtG57XI https://youtu.be/anYOYZ0FtYM https://youtu.be/bhtBq_Sc4-k
-Mt 1,18-24, película; 7,31 min.: https://www.youtube.com/watch?v=pQR6JL-i45E
-Mt 1,18-24, película; breve, 3,44 min.: https://www.youtube.com/watch?v=yllE197uc8o
-Mt 1,18 24, película: https://www.youtube.com/watch?v=cyufVJ3YTp4;
-Mt 1,18 24, película: https://www.youtube.com/watch?v=5DMHaVj9e-A
-Resumen del año, Verbo Divino-2013, reflexión: https://www.youtube.com/watch?v=TYnyvapc26c
-Cambio de planes, Verbo Divino-2016, reflexión: https://www.youtube.com/watch?v=ZYtJGT4HKlA
-El mejor regalo de Navidad, Verbo Divino-2019, reflexión: https://www.youtube.com/watch?v=uLixWzvGOyY
-La vida es un sueño impredecible, Verbo Divino 2022, reflexión: https://youtu.be/mN8u7_GROn4
-Maranathá, canción con película: https://www.youtube.com/watch?v=pK5qASuJRCg
-La Anunciación, canción de Javier Brú: https://www.youtube.com/watch?v=qRS-DTrS2BY
-Evangelio en lenguaje de signos: https://youtu.be/j97hZjShmQ0 https://youtu.be/OW3bRGcBFFU
-Exposición de cada domingo del evangelio en YouTube por Alex Navarro Mulet (“Cosas de Dios”) https://www.youtube.com/channel/UCft6btUTuaN3TRF_syJixww/videos
-Cantos sobre s. José:Arde, S. José, canción de Hakuna: https://www.youtube.com/watch?v=IEA4tMpD3YY
S. José corazón de padre: https://www.youtube.com/watch?v=ptuZDgUTNj8&t=1s
Himno de S. José, Toño Casado: https://www.youtube.com/watch?v=Gbk_cWZ8vP4
Bendición de las imágenes del Niño Jesús.
Dios, Padre nuestro, tú nos has amado tanto, que nos has mandado a tu Hijo único Jesús, nacido de la Virgen María, para salvarnos y guiarnos de nuevo a ti.
Te pedimos que, con tu bendición, estas imágenes de Jesús, que está a punto de venir a nosotros, sean en nuestros hogares signo de tu presencia y de tu amor.
Padre bueno, bendícenos también a nosotros, a nuestros padres, a nuestras familias y a nuestros amigos.
Abre nuestro corazón, para que recibamos a Jesús con alegría, para que hagamos siempre lo que él nos pide y lo veamos en todos los que necesitan nuestro amor.
Te lo pedimos en nombre de Jesús, tu Hijo amado, que viene para dar al mundo la paz.
Él vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Te lo pedimos con María, reina de las Misiones. Amén.
Bendición de la mesa de Navidad
Padre: Hoy celebramos la Navidad,
el día en que tu Hijo, por amor a nosotros,
se hizo hombre y nació de María.
Ese Niño nos reúne en esta noche,
alrededor de la mesa que vamos a compartir
llenos de alegría, porque El
nos hace sentir más que nunca, Familia.
Por eso te pedimos, que nos bendigas
y bendigas el pan que tu Amor nos ofrece.
Y te pedimos por aquellos
que no tienen pan, casa o trabajo,
por aquellos que no tienen paz,
porque les faltas Tú.
Por mediación de María, te rogamos
que el corazón de cada cristiano
sea un humilde pesebre,
donde Jesús pueda nacer,
y así, superando todo lo que nos divide,
construyamos un mundo de hermanos.
Te lo pedimos con María, reina de las Misiones. Amén.
MATERIAL MULTIMEDIA
2025
Rendirte. Por Robert Adams.¿Qué haces con todo tu tiempo durante el día? No hay tal cosa como que estés demasiado ocupado para practicar la autoindagación. Esto debería ser lo primero en tu vida, porque esta es tu vida. Todo lo demás es secundario. Si esto te parece demasiado difícil al principio, entrégate todo a Dios. Deja que Dios se encargue de todo por ti…
Ha nacido la Luz. La luz verdadera que nace cada Navidad, es Jesús, que me transforma… ¡¡otra vez!!
Salomé Arricibita: Emmanuel. Como María daremos a luz el Amor, El Amor nos habita, nunca más solos, siempre con Él.
Un solo corazón (Himno navideño). En un mundo con tantas divisiones… Himno Navideño Épico para recordarnos que, al final del día, todos latimos al mismo ritmo.
Equipo Quiero Ver: Dios con nosotros. ¿Es posible creer de manera razonable que Dios está conmigo, si yo no tengo alguna experiencia personal por pequeña que sea? El misterio de Dios tiene, sin duda, sus caminos para hacerse presente en cada vida. Pero se puede decir que, en la cultura actual, si no lo experimentamos de alguna manera dentro de nosotros, difícilmente lo hallaremos fuera. Por el contrario, si percibimos su presencia en nuestro interior, nos será más fácil rastrear su misterio en nuestro entorno.
Despierta Humanidad. Por Naurea Soma. Es un himno, un llamado, un recuerdo que estaba esperando volver. Una voz que atraviesa el miedo, despierta memorias antiguas y nos recuerda que, más allá de todo, somos un solo corazón. Este himno nace para expandir la conciencia, para unir lo que parecía separado y recordar lo que nunca se perdió.
2022
Las personas que deciden ser felices. Las personas que deciden ser felices no tienen nada que tú no tengas, sólo han ajustado sus sentidos para detectar lo bueno. Saber apreciar lo que se tiene. Ser coherente y abandonar las expectativas es fundamental para tener paz…
Canto Eucarístico. Por Cristóbal Fones S.J. Entre heridas y división, surgen voces de comunión y reconocemos su corazón, herido de un Amor que salva al mundo.
Salomé Arricibita: Te espero. Que mi vida se alimenta del deseo de saberte caminando mi sendero.
Yo soy luz. Canción India.Arie. ¡Somos seres de luz viviendo una experiencia humana! Mi alma ha elegido este cuerpo para evolucionar. Yo soy luz. Yo soy inocencia. Yo soy amor puro. “Soy la divinidad definida, yo soy el Dios en el interior, una parte del Todo”. ¡¡Vivámoslo en estas fiestas!!
Equipo Quiero Ver: La vida es un sueño impredecible. Las grandes experiencias de la vida son un regalo. Pero sólo las viven aquellos que están dispuestos a recibirlas. Para vivir la experiencia de la Navidad hay que prepararse por dentro.
She, un cuento de Navidad. Por JB Spain. Hay personas que se sienten incómodas o rechazadas en sus propias familias, y no pueden celebrar junto a ellas. Ojalá que esta historia nos hiciera reflexionar, para que en estas fechas siempre pueda haber hueco en la mesa para la aceptación, el respeto y, sobre todo, la celebración. Hay Ganas de Celebrarnos.
2019
Compasión en la infancia. Por Thupten Jinpa. El cultivo de la conciencia, de la atención y de la regulación emocional, unidos al acercamiento social de considerar empáticamente al otro, es muy importante en los niños y en el desarrollo de la compasión con la que nacen.
Qué feliz. Por Lola Montes. Letra Vicente Simón. “Qué feliz soy solo siendo”. Preciosa canción para estas fechas y los momentos especiales que vivimos durante ellas. ¡¡No te la pierdas!!
Salomé Arricibita: El mandamiento principal. Te amaré con mi Alma y con mi Ser.
Mira al cielo. Por Grupo Amadeus. “Canta y haz el bien sin pedir más, Él está en tu corazón, Él está en cada rincón” Impresionante villancico que te llegará al alma.
Equipo Quiero Ver: El mejor regalo de Navidad. Las grandes experiencias de la vida son un regalo. Ser cristiano es descubrir con gozo que Dios está con nosotros, compartiendo nuestros problemas y aspiraciones.
Esto os pedimos Reyes Magos. Por Álvaro Fraile, letra y música. ¡¡Esto sí es una carta a los Reyes Magos!! ME APUNTO A CADA PALABRA.
2016
No hay problemas. Por Borja Vilaseca.Sólo hay oportunidades de aprendizaje. Vivir en armonía con la Vida, con Dios, con el Amor, conlleva estos momentos.
Hijos de la oscuridad. Franco de Vita. Recuerda siempre que cada día de tu vida puedes vestir las alas de aquel ángel que alguien espera.
Salomé Arricibita: No es lo mismo. Apareciste en mi vida y ya nada fue lo mismo. Tu llegada me cambió para siempre.
Salomé Arricibita: Ven a mí. Quiero aprender a verte, quiero escucharte mi Dios, adivinarte entre estas notas recuperando fuerzas, para vivir y no hacerlo en vano, quiero moverme y andar el camino hacia tu abrazo.
Equipo Quiero Ver. Domingo IV de Adviento.
El momento presente. Viviendo el momento presente, podré ver el Amor Incondicional, que está en la esencia de todo lo creado. Texto: Claudio M. Domínguez.
SOBRADO
El rey Acaz está inquieto ante la progresión de los ejércitos enemigos en su territorio. También lo está por la situación interior de su pueblo, descontento éste y cansado por los desórdenes de los Reyes de la dinastía de David. ¿Qué hacer ante esta situación desesperada? Rechaza acudir a la protección del Señor e invoca en cambio al poderoso rey de Asiria. Comienza así la escalada de violencia que llevará a la pérdida del reino de David. Pero Dios no se cansa. Intervendrá de una manera desconcertante a través de ese hijo real al que llamarán «Emmanuel, Dios con nosotros». Con nosotros sí, pero no con nuestro ejércitos. El signo será la joven encinta que da a luz a un hijo que será alimentado con cuajada y miel y sabrá rechazar el mal y escoger el bien.
Esto nos lleva a un par de preguntas: ¿Cómo es nuestra confianza en Dios? ¿Aceptamos que su acción nos desconcierte y oramos para que se haga su voluntad y no la nuestra? El niño pobre y desarmado que esperamos en Navidad nos enseña que los medios que emplea no son los nuestros ¿Somos conscientes de que solo los que se hacen pequeños como el niño Dios, solo ellos, entraran en el reino de los cielos?
San Pablo nos regala hoy con un mensaje lleno de sabiduría espiritual y lleno de fe: Se trata de la Buena Nueva, prometida desde antiguo por los profetas de la Sagrada Escritura, y que le ha sido revelada a él: La presencia del Dios con nosotros, como uno de los nuestros nacido de una madre virgen y que es también, como revela el Espíritu Santo, Hijo de Dios desde toda la eternidad. No es ese Jesús nacido en la carne solamente un hombre perfecto, el campeón de una causa humana, de una revolución de los corazones o de una transformación de las relaciones entre los seres humanos. Ese niño que desde su Natividad hace 2020 años, comparte nuestra condición humana, es el verdadero Hijo de Dios que después de su Resurrección ha entrado de nuevo en el cielo, como hombre y en su condición divina, sentándose a la derecha de Dios su Padre.
JOSÉ LUIS SICRE
La publicidad (1ª lectura)
Este premio no se anuncia en verano, con pocos meses de antelación, como la Lotería de Navidad, sino varios siglos antes. En el año 734 a.C. los reyes de Siria y Efraím se coaligaron para conquistar Judá y deponer al rey Acaz de Jerusalén. Cuenta el profeta Isaías que, cuando llegó la noticia, «se agitó el corazón del rey y del pueblo como se agitan las hojas de los árboles con el viento». El profeta se presenta ante el rey y le ofrece una señal, un signo portentoso realizado por Dios, para mantener la calma. Acaz, que ha pedido ayuda a Asiria, confía en este imperio (los EE. UU de la época) más que en Dios, y responde que no quiere pedir señal alguna. Pero Isaías se la da: «la muchacha está encinta y da a luz un hijo, y le pone por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros». El nacimiento del niño garantizará la salvación de Judá y de Jerusalén.
El sorteo (evangelio)
En tiempos de Isaías, algunos pensaron que la muchacha encinta era la esposa del rey, y Emmanuel el hijo que nacería dentro de poco: Ezequías. Este niño fue un buen rey, pero no cumplió las grandes esperanzas depositadas en él. Pasaron los siglos y Emmanuel no llegaba. Hasta que los cristianos ven cumplida la promesa en el nacimiento de Jesús. Este viene del Espíritu Santo y José le pondrá ese nombre «porque él salvará a su pueblo de los pecados». No salvará de los asirios, ni de los romanos, sino de nuestros pecados, muriendo por nosotros. Y Mateo añade: «Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el profeta». Ya no hay que seguir esperando. Ha salido el primer premio.
Los afortunados (2ª lectura)
En esta lotería todos tienen premio. Incluso cabe la posibilidad de comprar el décimo después de que haya sido premiado. Es lo que dice Pablo a los romanos. El premio no es solo para los judíos, también para los paganos. No toca solo en Jerusalén o Belén, también en Roma. Allí, entre los paganos, se ha difundido el evangelio y se sienten «amados por Dios y llamados a formar parte de su pueblo santo». Igual que nosotros, al cabo de veinte siglos, debemos sentir la alegría de haber sido beneficiados por Dios. El evangelio del domingo pasado hablaba del desconcierto de Juan Bautista, y nos obligaba a pensar en el desconcierto y escándalo que podemos sentir ante la conducta y el mensaje de Jesús. El evangelio del cuarto domingo da un paso adelante. El desconcierto y el escándalo se pueden superar. El asombro se da ante el misterio y no acaba nunca, dura toda la vida.
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Lo anterior es un sencillo esquema que ayuda a entender el mensaje del cuarto domingo y a prepararnos para la Navidad. Para comprender mejor el evangelio entresaco algunos datos de mi comentario El evangelio de Mateo. Un drama con final feliz (Verbo Divino, Estella 2019, pp. 52-56.
Mateo da un título a lo que va a contar: El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera. Sin embargo, no es eso lo que cuenta, se limita a ofrecer una serie de datos sobre ese misterio.
El relato consta de los elementos típicos: planteamiento, nudo y desenlace. Como en cualquier novela policíaca. Pero existe una diferencia. Mientras Agatha Christie dedica la mayor parte al nudo, a las peripecias de Hércules Poirot en busca del asesino, Mateo es brevísimo en las dos primeras partes y pasa enseguida al desenlace. No se trata de un relato dramático, sino didáctico.
Planteamiento
Parte de unos personajes que da por conocidos para el lector, María y José, y de una costumbre que también da por conocida entre judíos: después de los desposorios (la petición de mano), los novios son considerados como esposos, con el compromiso de fidelidad mutua, pero siguen viviendo por separado. De repente, resulta que María espera un hijo del Espíritu Santo. Mt no deja al lector ni un segundo de duda. Con perdón del Espíritu Santo, y siguiendo el símil policiaco, el lector sabe desde el principio quién es el asesino.
Nudo
La duda es para José, hombre bueno. Según el Deuteronomio, si un hombre se casa con una mujer y resulta que no es virgen, si la denuncia, “sacarán a la joven a la puerta de la casa paterna y los hombres de la ciudad la apedrearán hasta que muera, por haber cometido en Israel la infamia de prostituir la casa paterna” (Dt 22,20ss). José prefiere interpretar la ley en la forma más benévola. La ley permite denunciar, pero no obliga a hacerlo. Por eso, decide repudiar a María en secreto para no infamarla. Mt escribe con enorme sobriedad, no detalla las dudas y angustias de José. Como mejor se advierte esto es comparando el relato con un fragmento del Génesis Apócrifo encontrado en Qumrán, en el que leemos algo parecido a propósito del patriarca Lamec: advierte que su mujer, Bitenós, está encinta, y duda de que ese hijo sea suyo (el estado fragmentario del texto no permite saber por qué duda). La angustia del personaje la refleja el autor de forma casi patética:
“Entonces pensé que la concepción era obra de los Vigilantes, y la preñez de los Santos, y pertenecía a los Gigantes […] y mi corazón se trastornó en mi interior por causa de este niño. Entonces yo, Lamec, me asusté y acudí a Bitenós, mi mujer, y dije […]: júrame por el Altísimo, por el Gran Señor, por el Rey del Universo […] que de veras me harás saber todo, me harás saber de veras y sin mentiras si esto […]. Júrame por el Rey de todo el Universo que me estás hablando sinceramente y sin mentiras […]Entonces Bitenós, mi esposa, me habló muy reciamente, lloró y dijo: ¡Oh, mi hermano y señor! Recuerda mi placer, el tiempo del amor, el jadear de mi aliento en mi pecho […] Yo te juro por el Gran Santo, por el Rey de los cielos, que de ti viene esta semilla, de ti viene este embarazo, de ti viene la siembra de este fruto, y no de ningún extranjero, ni vigilante, ni hijo del cielo. ¿Por qué está la expresión de tu rostro tan alterada y deformada, y tu espíritu tan deprimido?” (1QapGn Col. II, 1-17). Ni siquiera con estas palabras de su esposa queda tranquilo Lamec; acude a su padre, Matusalén, para que le pregunte a Henoc y se informe de todo con certeza. Es una pena que la columna esté tan estropeada en algunos momentos capitales para la interpretación del argumento. El relato de Mt parece en muchos detalles como la antítesis del Génesis Apócrifo.
Desenlace
En cuanto José toma la decisión, se aparece el ángel que resuelve el problema. José obedece, y María da a luz un hijo al que José pone por nombre Jesús. En esta sección final, entre las palabras del ángel y la obediencia de José introduce Mt unas palabras para explicar el misterio: se trata de cumplir la profecía de Is 7,14 (que se lee hoy como 1ª lectura).
Mensaje
Este análisis literario demuestra que Mt no ha intentado poner en tensión al lector. Sabe desde el comienzo a qué se debe el misterio. Entonces, ¿qué pretende decirnos con este episodio? Tres cosas fundamentales a propósito del protagonista de su obra.
¿Quién es Jesús? Al comienzo del evangelio, en la genealogía, Mt acaba de indicarnos que es verdadero israelita y descendiente de David. ¿Significa que sea el Mesías? Para eso hace falta algo más según la tradición de ciertos grupos judíos. El Mesías debe nacer de una virgen, según está anunciado en Is 7,14. Este episodio demuestra que Jesús cumple ese requisito. Pero hay otro dato que no contiene el texto de Isaías: Jesús viene del Espíritu Santo, con lo cual se quiere expresar su estrecha relación con Dios.
¿Qué hará Jesús? Lo indica su nombre: salvar a su pueblo de los pecados. Salvar de los pecados no es lo mismo que perdonar los pecados. Perdonar los pecados se puede hacer de forma cómoda, sentado en el confesionario, o incluso paseando o tomando un café. Salvar de los pecados sólo se puede hacer ofreciendo la propia vida. Sabemos desde niños que Jesús, para salvarnos de nuestros pecados, dio su vida por nosotros. Pero no debe dejar de asombrarnos. Porque la actitud normal de un judío piadoso ante el pecado no es comprenderlo ni justificarlo, mucho menos morir por el pecador. Es condenarlo.
¿Qué repercusiones tiene su aparición? Mt, al escribir su evangelio, parte de la experiencia de su comunidad, perseguida y rechazada por aceptar a Jesús como Mesías. Mt le indica desde el comienzo que las dificultades son normales. Incluso las personas más ligadas al Mesías, sus propios padres, sufren problemas desde que es concebido. El cristiano debe ver en José un modelo que le ayuda y anima. No debe tener miedo a aceptar a Jesús y seguirlo, porque “viene del Espíritu Santo” y “salvará a su pueblo de los pecados”.
JUAN JÁUREGUI
Hay un cuento en mi tierra que no sé si será cierto, pero que
tiene su filosofía. El hijo se marchaba para América. Pero antes,
el padre le mandó que se subiese a la mesa. Y luego le dice: –
“Hijo tírate que yo te cogeré en mis brazos”. El chico obedeció y
se tiró. Y el padre dejó que se pegase un trompazo en el suelo.
– ¡Pero papá!
– Esto, hijo, es para que en tu vida no fíes de nadie. Ni de tu
padre.
Es triste tener que caminar por la vida sin poder fiarse de nadie ni
creer en la palabra de nadie. Hoy la palabra ya no sirve, decimos.
Y los mismos papeles, tampoco gran cosa, porque hasta te puede
falsificar la firma.
Este cuarto domingo del Adviento, bien lo pudiéramos llamar con
el sugerente título: “Todavía la palabra vale”. O simplemente
“Todavía hay quien cree en la palabra”. Porque a decir verdad, en
la encarnación de Jesús todo se mueve en torno a la palabra dicha
y la palabra creída.
María cree en la palabra del Ángel.
No entiende nada. Ni sabe adónde le puede llevar aquella palabra.
Para ella todo es misterio. Le hablan de los planes de Dios que no
entran en las posibilidades y cálculos de su cabeza. “Un hijo que
no tendrá padre”. “Una maternidad sin varón”. “Un hijo que
salvará a su pueblo”. Y ella, una pobre aldeana de Nazaret.
Vistas así las cosas todo parece cosa de locos. Todo parece traído
por los pelos.
Y sin embargo, ella cree en la palabra del Ángel. Se fía de la
palabra, por más que no tenga razones por las que deba creer.
“Hágase en mí, según tu palabra”.
Que viene de parte de Dios, váyaselo usted a creer.
Que Dios se ha fijado en ella, cuando nadie le da importancia en
el pueblo.
Que a Dios le ha caído bien, porque es la llena de gracia. ¡Pues,
vaya gracia!
Y a pesar de todo: “Hágase en mí, según tu palabra”.
José cree en la palabra del ángel.
Y ahora, el lío de José cuando ya está a punto de darle el libelo de
repudio.
Sus ojos están viendo algo que anuncia un adulterio.
Sus ojos no pueden engañarse con lo que ven.
Quiere creer en la inocencia de María, pero tampoco puede
negarse a lo que sus ojos están viendo.
El se sabe inocente. Y quiere creer en la inocencia de ella. Pero
¿cómo negar una realidad que está a la vista? Y hasta es posible
que la gente del barrio ya anduviese con el chisme de boca en
boca. Porque estas cosas no pueden pasar desapercibidas. Y la
gente tiene ojos. Y también lengua.
Y de repente, el mismo Ángel le dice, y además en sueños, que no
se preocupe.
Que la reciba en su casa.
Que todo aquello es obra del Espíritu Santo.
Bueno, ¿me estarán tratando de tonto?
¿Me van a decir a mí cómo vienen los hijos al mundo?
¿Me van a decir a mí cómo se hacen los hijos?
Y sin embargo, José creyó “en la palabra del Ángel”.
Y rompió su libelo. Y aceptó a María. Y la llevó a su casa.
Y no le hizo preguntas. Ni puso en duda su reputación.
Y creyó al Angel. Y creyó en ella.
“Dichosa tú que has creído ….”
Y hasta Isabel considera bienaventurada a María, no tanto por su
maternidad, que ya es mucho decir, sino “que has creído que se
cumplirán las cosas que te fueron dichas de parte del Señor”. (Lc
1,45)
La encarnación de Jesús se mueve entre la Palabra que se dice y la
Palabra que es creída. Y cuando María y José han creído en la
Palabra del Ángel, la Palabra se hace carne y nació la Navidad. La
Navidad es el nacimiento de la Palabra. Y visitar el Belén es
hacernos creyentes de la palabra.
No podemos vivir ni humana ni cristianamente una vida digna
dudando de todo y de todos. Se nos ha dado la palabra para
comunicarnos, para decirnos los unos a los otros, para compartir
nuestra verdad, nuestros sentimientos. Y no creer en la palabra del
otro, es no tener fe en el otro.
La vida de la pareja es palabra. Palabra dicha y palabra
creída.
La vida de padres e hijos es palabra. Palabra dicha y
creída.
Creer en la palabra de los demás es creer en su dignidad, en su
sinceridad y honestidad.
No creer en la palabra de los demás es negar su dignidad, su
sinceridad y su honestidad.
No creer en la palabra hace imposible el amor y la comunión y
comunidad.
Vamos a celebrar la Navidad de la Palabra. Y la celebraremos
creyendo de verdad en esa Palabra de Dios encarnada y creyendo
en las palabras de los demás. Que esta Navidad sea para todos:
Creo en tu palabra de esposo.
Creo en tu palabra de esposa.
Creo en tu palabra de padre.
Creo en tu palabra de hijo.
Creo en la palabra de mis hermanos los hombres.
Creo en la Palabra de D
CANTO
Delegación para el Clero de Santiago de Compostela






