
CITA
«Para el que es capaz de ver, nada es profano».
Teilhard de Chardin
«Pero tú no me buscarías, si no me hubieras encontrado
San Ignacio de Antioquía: «Partimos un mismo pan que es remedio de inmortalidad, antídoto para no morir, sino para vivir en Jesucristo para siempre (Eph 20,2)»
Mártires de los primeros siglos: «No podemos vivir sin el domingo».
San Ambrosio «Dios Padre es justo y juzgará a cada uno según sus obras. Por eso hemos de tomar en serio nuestra conducta en esta vida».
San Juan Crisóstomo “Has gustado la sangre del Señor y no reconoces a tu hermano. Deshonras esta mesa, no juzgando digno de compartir tu alimento al que ha sido juzgado digno de participar en esta mesa. Dios te ha liberado de todos los pecados y te ha invitado a ella. Y tú, aún así, no te has hecho más misericordioso ( hom. in 1Co 27,4)
S. Agustín, La ausencia del Señor no es ausencia. Ten fe, y estará contigo aquel a quien no ves. (Sermones (4º) (t. XXIV), Sermón 235, 1-4, BAC Madrid 1983, 419-22)
Caminaban, muertos, junto a la vida. Y tú, ¿quieres la vida? (sermón 235,3).
Aprende dónde buscarlo, aprende dónde encontrar al Señor: es el momento en el que todos juntos lo coméis (lo recibís en la comunión). (sermón 235,3).
Pseudo Eusebio de Alejandría), el ‘día del Señor’ es el ‘señor de los días’ (…).
San León Magno, «Durante estos días, el Señor se juntó, como uno más, a los dos discípulos que iban de camino y les reprendió por su resistencia en creer, a ellos que estaban temerosos y turbados, para disipar en nosotros toda tiniebla de duda. Sus corazones, por Él iluminados, recibieron la llama de la fe y se convirtieron de tibios en ardientes, al abrirles el Señor el sentido de las Escrituras. En la fracción del pan, cuando estaban sentados con Él a la mesa, se abrieron también sus ojos, con lo cual tuvieron la dicha inmensa de poder contemplar su naturaleza glorificada» (Sermón 73).
«Sus corazones, por Él iluminados, recibieron la llama de la fe y se convirtieron de tibios en ardientes, al abrirles el Señor el sentido de las Escrituras. En la fracción del pan, cuando estaban sentados con Él a la mesa, se abrieron también sus ojos, con lo cual tuvieron la dicha inmensa de poder contemplar su naturaleza glorificada» (Sermo 1 de ascensione Domini 3).
Teófilo, (Los discípulos de Emaús) habiendo dado a conocer su herida, encuentran la medicina, (en Catena Aurea, vol. VI, p. 532).
San Gregorio Magno, (c. 540-604) Pongamos atención, hermanos, en la grandeza de esta virtud. Recibamos a Cristo en nuestra mesa a fin de poder ser recibidos a su festín eterno. Demos ahora hospitalidad a Cristo presente en el extranjero para que en el juicio no seamos como extraños que no le conocemos (Lc 13,25), sino que nos reciba en su Reino como hermanos. Homilía 23; PL 76, 1182
Tomás de Kempis: «Muchos siguen a Jesús hasta partir el pan, pero no hasta beber el cáliz» ()»
Tendré los libros santos para consuelo y espejo de vida, y, sobre todo esto, el Cuerpo santísimo tuyo como singular remedio y refugio. (…) Sin estas dos cosas yo no podría vivir bien, porque la palabra de Dios es la luz de mi alma, y tu Sacramento el pan que da la vida» (Tomás de Kempis, De imitatione Christi 4,11,3-4).
San Josemaría Escriva de Balaguer, “Pan y Palabra, Hostia y Oración, si no, no tendrás vida sobrenatural” ().
Aquellos dos que -sin darse cuenta- han sido heridos en lo hondo del corazón por la palabra y el amor de Dios hecho hombre, sienten que se vayan. Porque Jesús les saluda “con ademán de continuar adelante”. No se impone nunca, este Señor Nuestro. Quiere que le llamemos libremente, desde que hemos entrevisto la pureza del Amor, que nos ha metido en el alma (Amigos de Dios, n. 313).
Se dijeron uno a otro: “¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc 24, 32). Estas palabras de los discípulos de Emaús debían salir espontáneas, si eres apóstol, de labios de tus compañeros de profesión, después de encontrarte a ti en el camino de su vida (Camino, n. 917).
«Jesús camina junto a aquellos dos hombres, que han perdido casi toda esperanza, de modo que la vida comienza a parecerles sin sentido. Comprende su dolor, penetra en su corazón, les comunica algo de la vida que habita en Él» (Es Cristo que pasa, n. 105).
«No se impone nunca, este Señor Nuestro. Quiere que le llamemos libremente, desde que hemos entrevisto la pureza del Amor, que nos ha metido en el alma. (…) Quédate con nosotros, porque nos rodean en el alma las tinieblas, y sólo Tú eres luz, sólo Tú puedes calmar esta ansia que nos consume» (Amigos de Dios, n. 314).
Concilio Vaticano II: “Para dar esta respuesta de la fe es necesaria la gracia de Dios, que se adelanta y nos ayuda, junto con el auxilio interior del Espíritu Santo, que mueve el corazón, lo dirige a Dios, abre los ojos del espíritu y concede a todos gusto en aceptar y creer la verdad” Dei Verbum, 5 (D.V. 5)…, 162-3
«la Iglesia necesitada siempre de purificación, va en continua busca de penitencia y de renovación» (L.G. 8).
Catecismo, 1402 En una antigua oración, la Iglesia aclama el misterio de la Eucaristía: «O sacrum convivium in quo Christus sumitur . Recolitur memoria passionis eius; mens impletur gratia et futurae gloriae nobis pignus datur» («¡Oh sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida; se celebra el memorial de su pasión; el alma se llena de gracia, y se nos da la prenda de la gloria futura!»). Si la Eucaristía es el memorial de la Pascua del Señor y si por nuestra comunión en el altar somos colmados «de toda bendición celestial y gracia» (MR, Canon Romano 96: «Supplices te rogamus»), la Eucaristía es también la anticipación de la gloria celestial.
1403 En la última cena, el Señor mismo atrajo la atención de sus discípulos hacia el cumplimiento de la Pascua en el reino de Dios: «Y os digo que desde ahora no beberé de este fruto de la vid hasta el día en que lo beba con vosotros, de nuevo, en el Reino de mi Padre» (Mt 26,29; cf. Lc 22,18; Mc 14,25). Cada vez que la Iglesia celebra la Eucaristía recuerda esta promesa y su mirada se dirige hacia «el que viene» (Ap 1,4). En su oración, implora su venida: «Maran atha» (1 Co 16,22), «Ven, Señor Jesús» (Ap 22,20), «que tu gracia venga y que este mundo pase» (Didaché 10,6).
1404 La Iglesia sabe que, ya ahora, el Señor viene en su Eucaristía y que está ahí en medio de nosotros. Sin embargo, esta presencia está velada. Por eso celebramos la Eucaristía «expectantes beatam spem et adventum Salvatoris nostri Jesu Christi» («Mientras esperamos la gloriosa venida de Nuestro Salvador Jesucristo», Embolismo después del Padre Nuestro; cf Tt 2,13), pidiendo entrar «en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria; allí enjugarás las lágrimas de nuestros ojos, porque, al contemplarte como tú eres, Dios nuestro, seremos para siempre semejantes a ti y cantaremos eternamente tus alabanzas, por Cristo, Señor Nuestro» (MR, Plegaria Eucarística 3, 128: oración por los difuntos).
1405 De esta gran esperanza, la de los cielos nuevos y la tierra nueva en los que habitará la justicia (cf 2 P 3,13), no tenemos prenda más segura, signo más manifiesto que la Eucaristía. En efecto, cada vez que se celebra este misterio, «se realiza la obra de nuestra redención» (LG 3) y «partimos un mismo pan que es remedio de inmortalidad, antídoto para no morir, sino para vivir en Jesucristo para siempre» (S. Ignacio de Antioquía, Eph 20,2).
San Juan Pablo II Del encuentro personal con Jesús brota, en el corazón de los creyentes, el deseo de dar testimonio de Él. (18-IV-1999)
Benedicto XVI Tened confianza: el Señor resucitado camina con vosotros ayer, hoy y siempre. Amén. Homilía(08-05-2011)
Papa Francisco, «“Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte” (EG 164)
«El encuentro con Dios en la oración, mediante la lectura de la Biblia y en la vida fraterna os ayudará a conocer mejor al Señor y vosotros mismos, descubriendo así el proyecto de amor que tiene para vuestras vidas»
Al Massih Kam / Bilhakika kam – ¡Cristo ha Resucitado! / ¡Verdaderamente ha Resucitado! Homilía(29-04-2017) Santa Misa en el Air Defense Stadium, El Cairo.
Papa León XIV: La Pascua es una victoria: de la vida sobre la muerte, de la luz sobre las tinieblas, del amor sobre el odio ().
Teilhard de Chardin «No se puede ser cristiano sin ser desesperadamente humano» ()
Pagola, Jesús no está ausente. Camina junto a nosotros.
Georges Bernanos «lo contrario de un pueblo cristiano es un pueblo triste».
Antonio Machado: «Creí mi hogar apagado, revolví las cenizas… me quemé la mano».
José Luis Sicre La palabra y el rito, sin el contacto personal con el Señor, nunca servirán para suscitar el entusiasmo y hacer que arda el corazón.
Henri J.M. Nouwen; Quienes no acuden a la Eucaristía no son mejores ni peores que nosotros.
Jesús tiene muchas maneras de aparecerse y de hacernos saber que está vivo. Lo que celebramos en la Eucaristía sucede de muchas más formas de las que nosotros podamos pensar.
Una vida eucarística ha de ser vivida con agradecimiento. La Historia de los dos amigos que iban a Emaús, que es también nuestra propia historia, nos ha mostrado que el agradecimiento no es una actitud obvia ante la vida. El agradecimiento necesita ser descubierto y vivido con gran finura interior. Con el Corazón en Ascuas
CONTO
SIEMPRE SE HA HECHO ASÍ
Cierto día, un becerro tuvo que atravesar un bosque virgen para volver a su pradera. El animal abrió un sendero tortuoso, lleno de curvas, subiendo y bajando colinas.
Al día siguiente, un perro que pasaba por allí usó ese mismo sendero para atravesar el bosque. Después fue el turno de un carnero, jefe de un rebaño, que viendo el espacio ya abierto hizo a su rebaño seguir por allí.
Más tarde, los hombres comenzaron a usar ese mismo sendero: entraban y salían, giraban a la derecha y a la izquierda, descendían, se desviaban de los obstáculos, quejándose y maldiciendo, con toda razón. Pero no hacían nada para crear una nueva vía.
Después de tanto uso, el sendero acabó convertido en una amplia carretera donde los pobres animales se cansaban bajo pesadas cargas, obligados a recorrer en tres horas una distancia que podría realizarse en treinta minutos, si no hubieran seguido la vía abierta por el becerro.
Pasaron muchos años y el camino se convirtió en la calle principal de un poblado y, finalmente, en la avenida principal de una ciudad. Todos se quejaban del tránsito, porque el trayecto intrincado era el peor de todos.
Mientras tanto, el viejo y sabio bosque se reía al ver que los hombres tienen esa ciega tendencia rutinaria a seguir la vía que ya está abierta, sin preguntarse si habría acaso una mejor opción o camino. Tal vez hubiesen descubierto otros paisajes más bellos.
Tomado de Los cuentos que yo cuento
ANÉCDOTA
«NOSOTROS ESPERÁBAMOS»…
Cita Nouwen a un capellán francés que, después de quince años de oir confesiones, había aprendido dos cosas: «Que la gente nunca está contenta y que nunca maduramos». ¡Cuántos planes frustrados, ilusiones desvanecidas, fracasos y contradicciones, frustraciones y desengaños!…Es la hora de decírselo al Señor. ¡Ojalá aprendamos a orar de esta manera, ahora que ya sabemos dónde podemos encontrar a Jesús, que es en todas partes! A él le gusta que le expongamos nuestras inquietudes e insatisfacciones problemas, penas, y decepciones. Los recovecos de nuestro corazón, las dificultades de nuestro temperamento, las pulsiones de nuestros instintos. Eso nos alivia, y él nos entiende mejor que nadie: ¡Es hombre y nos ha hecho El! Y nos quiere.
A una muchacha que rehuía confesarse con San Juan de la Cruz porque era santo, y le creía exigente, le dijo el Santo: «No soy santo, pero los santos son los más comprensivos de los confesores». Cuando tal vez no encontramos a nadie que nos quiera comprender, o aunque quiera, no pueda, nos va a resultar una medicina saludabilísima, ir a él y abrirle el corazón. Tiene paciencia para escucharnos. Y le gusta escucharnos. Que le hablemos, e incluso que le gritemos: «Descargad en él todo vuestro agobio, que él se interesa por vosotros» (1 Pe 5,7).
Tomado de Martí Ballester
LOS CORPORALES DE DAROCA
Durante la reconquista de España contra los musulmanes aconteció en el Reino de Valencia, y hacia el año 1239, que un gran ejército de moros vino a la conquista de un castillo defendido por huestes cristianas de Calatayud, Teruel y Daroca. Sólo un milagro y el favor de Dios harían que los cristianos triunfaran del numeroso ejército musulmán.
Los seis capitanes que mandaban el pequeño ejército cristiano determinaron pedir ayuda a Dios, confesando y comulgando y asistiendo al santo Sacrificio de la Misa. No podían hacerlo todos, pues había que vigilar la llegada del enemigo, que estaba muy cerca, y además había muy pocos sacerdotes. Estando los cristianos oyendo la santa Misa y consagradas seis formas, los moros atacaron al ejército cristiano. No les dio tiempo de comulgar. El sacerdote, ante lo inminente de la batalla, envolvió las seis sagradas formas en los corporales y los escondió debajo de unas piedras.
Oyendo Dios las súplicas de los cristianos y viendo la confianza que habían puesto en El, acudió en su socorro Y los cristianos derrotaron a los musulmanes. Llenos de gratitud a Dios por el triunfo obtenido, quisieron comulgar. El sacerdote se dirigió al lugar en donde había escondido los corporales. Al desdoblarlos sobre el altar halló las sagradas formas teñidas de sangre y pegadas a los corporales Todos quedaron sobrecogidos de emoción ante aquel prodigio. En aquel instante volvieron los moros. El sacerdote, subido a un alto, mostraba los corporales ensangrentados a la vista del ejército cristiano, con el fin de animarlos. Grande fue otra vez la victoria de los cristianos.
Acabada la batalla, comenzaron a disputar sobre qué región se guardaría los corporales. Varias ciudades de Aragón los reclamaban. Echaron tres veces a suertes y las tres recayeron en Daroca. Pero no quedaron satisfechos y tomaron otro acuerdo. Buscaron una mula que no había caminado nunca por tierras cristianas, pusieron encima de ella un cofre que guardaba los santos corporales y los dejaron ir por donde ella quisiera, y el lugar donde parase, aquel sería el sitio escogido para su depósito.
La mula iba delante y detrás los sacerdotes con cirios encendidos y tras ellos las gentes de guerra. De las villas y pueblos salían el clero acompañado del pueblo, que ofrecían a la mula alimentos para que parase y fuera en aquel lugar donde se guardaran los corporales. Mas la mula nunca se paró. Al llenar a Daroca entró en la ciudad y se encaminó a la Iglesia. Y acaeció otra maravilla. Estando dentro del templo la mula hincó las rodillas y expiró a la vista de todos. De esta manera quedaron los corporales para siempre en la ciudad de Daroca.
Dios premió con este maravilloso milagro a aquellos capitanes cristianos y valientes que quisieron comulgar antes de la batalla pidiendo favor y socorro a Dios en trance tan apurado.
Siete siglos han transcurrido desde este maravilloso milagro y las seis formas, que permanecen pegadas a los corporales, pueden verse aún en el altar gótico de la colegiata de Daroca.
Tomado de Dies domini
“SUS OJOS ESTABAN CIEGOS”
La forma pasiva sirve para indicar que una acción viene de Dios sin mencionar su Nombre, según la costumbre judía. Aquí, palabra a palabra: “Sus ojos estaban impedidos (krateô) — por Dios — para reconocerlo (epigignôskô).” La misma regla de lectura se aplica a la etapa siguiente: “Sus ojos fueron abiertos — por la intervención de Dios.” Versículos 16 y 31.
Tomado de P. Felipe Santos SDB
PEDRO UN TESTIGO Y SU INTERPRETACIÓN.
- Testigo: Se dirige a los vecinos de Jerusalén, a judíos e israelitas. Les habla de Jesús de Nazaret. Ese hombre fue acreditado por Dios ante el pueblo con milagros, signos y prodigios. Pero a ese hombre lo mataron en una cruz quienes habían visto sus obras. No fueron capaz de “reconocerlo”, aunque lo conocieron. No lograron creer en Él, saber de quién se trataba.
- Intérprete: Pedro les revela ahora la auténtica identidad de Jesús Lo hace sirviéndose de una ayuda externa y autorizada: el salmo 16. Es un salmo precioso, una auténtica joya. En él descubre Pedro la gran clave para entender la resurrección de Jesús. Ese salmo no se refería a David, dado que David murió y sus restos quedaron en el Sepulcro. Ese salmo se refería a Jesús.
José Cristo Rey García Paredes, CMF
LA LOCALIZACIÓN DE LA CIUDAD DE EMAÚS
Resulta problemática, porque a la distancia de los 60 estadios (11 kilómetros) que cita el evangelio, no hay ninguna ciudad llamada Emaús. La Emaús existente se hallaba a 160 estadios (a 31 kilómetros). Parece ser que esta diferencia se debe a errores de amanuenses.
La palabra Emaús hace referencia a «fuentes termales». En la ciudad de Emaús existen tres de estas fuentes cuyas aguas se conducía a través de canales. Fue un lugar de luchas nacionalistas, primeramente contra la invasión griega y posterior mente contra la dominación romana. Cien años después de la muerte de Jesús, esta ciudad fue destruida totalmente por los ejércitos romanos.
Tomado de Tiempo Interior
HUMOR
UN HOMBRE RECORRÍA UNA ETAPA DEL CAMINO DE SANTIAGO.
Ya estaba cansado. La etapa se le hacía larga, a pesar de la belleza del paisaje gallego.
Al llegar a una villa preguntó a un labriego cuánto faltaba para el siguiente pueblo.
Después de una pausa y una larga mirada, el lugareño le respondió:
– No sé.
Pasó un siglo en la espera. El peregrino se despidió vagamente. Siguió su camino.
Al cabo de medio minuto, oyó un grito del campesino:
– Cuarenta y cinco minutos.
Molesto por tanta pausa, le espetó:
– ¿Pero usted no es de aquí? ¿No me lo podía haber dicho antes?
– Sí. pero no le había visto andar, el indígena le explicó.
Tomado de Anecdonet
POEMA
«Creí mi hogar apagado, revolví las cenizas… me quemé la mano».
Antonio Machado «Proverbios y cantares» (LVIII)
ORACIÓN
, « BONE PASTOR, PANIS VERE, IESU, NOSTRI MISERERE… ».
“Buen pastor, pan verdadero,
o Jesús, piedad de nosotros:
nútrenos y defiéndenos,
llévanos a los bienes eternos
en la tierra de los vivos.
Tú que todo lo sabes y puedes,
que nos alimentas en la tierra,
conduce a tus hermanos
a la mesa del cielo
a la alegría de tus santos”.
Santo Tomás de Aquino
MEDITACIÓN
JESÚS ESTÁ PRESENTE EN LA FRACCIÓN DEL PAN
«Pues bien, hermanos, ¿cuándo se dejó reconocer el Señor? En la fracción del pan. En nosotros no hay ninguna sorpresa: partimos el pan y reconocemos al Señor. (…) Tú, que crees en El, que no llevas en vano el nombre de cristiano; tú, que no entras en la Iglesia por azar; tú, que escuchas la palabra de Dios con temor y esperanza, hallas consuelo en la fracción del pan. La ausencia de Dios no es una ausencia. Ten fe, y El estará contigo, aunque no lo veas. Estos discípulos durante su conversación con el Señor no tenían fe. No creían que hubiese resucitado y no sabían que podía resucitar. Caminaban, muertos, junto a un viviente; caminaban, muertos, junto a la vida. Junto a ellos caminaba la vida. Pero en sus corazones no había renacido vida alguna.
Si tú quieres la vida, imita a los discípulos y reconocerás al Señor. Le ofrecieron su hospitalidad. El Señor parecía decidido a seguir camino, pero lo retuvieron. Cuando llegaron al término de su viaje, le dijeron: «Quédate con nosotros, porque es tarde y el día se acaba» Retened con vosotros al extranjero, si queréis reconocer al Señor. La hospitalidad les devolvió lo que la duda les había quitado. El Señor se manifestó en la fracción del pan. Aprended a buscar al Señor, a poseerlo, a reconocerlo cuando coméis. Instruidos en esta verdad, los fieles entienden el sentido de este texto mejor que aquéllos que no son iniciados.
San Agustín Creer y tocar
CANTO
Emaús Seminario Pontificio Mayor de Santiago
Alleluia (Verbum panis)
VIDEO
Equipo Quiero Ver: Cuestión de fe
Delegación para el Clero de Santiago de Compostela








