II Domingo de Pascua. Domingo de la Divina Misericordia

CITA

Chevrot, “A aquél que dice: no veo a Dios, ¿tenemos derecho a acusarle de orgullo? Se llama a si mismo ateo, pero ¿está muy seguro de su incredulidad? Su vida es una búsqueda incesante, sólo que mal orientada; y como no encuentra el camino que lleva a la luz, de momento continúa negándola. Pero la inquietud del que busca la verdad, y el dolor del que anhela la virtud, son oraciones que Dios escucha y a las que el día menos pensado dará la respuesta anhelada.” (“El pozo de Sicar”, p. 34)

Cirilo de Alejandría “Los que gozan de la presencia de Cristo, es lógico que estén tranquilos y serenos”. Sobre el evangelio de san Juan, Lib. 12, cap. 1: PG 74, 703-706

San Agustín, “¿A quiénes llamó dichosos, hermanos, sino a nosotros? Y no solamente a nosotros, sino a todos los que vengan después de nosotros”. Sermón 88, 1-2: Edit Maurist t. 5 469-470

«las puertas cerradas no impidieron la entrada de ese cuerpo en el que habitaba la divinidad. Aquel que naciendo había dejado intacta la virginidad de su madre, pudo entrar en el Cenáculo a puerta cerrada» (In Ioh.121, 4: CCL 36/7, 667)

S. Ignacio de Antioquía «Los que vivían según el orden de cosas antiguo han pasado a la nueva esperanza, no observando ya el sábado, sino el día del Señor, en el que nuestra vida es bendecida por El y por su muerte»

Gregorio Magno: “Sólo cree de verdad el que practica lo que cree”.

“¿Tu fe se ve acechada por la duda? Mira a Pedro que llora amargamente su debilidad.”

“¿Es que pensáis que aconteció por pura casualidad que estuviera ausente entonces aquel discípulo elegido, que al volver oyese relatar la aparición, y que al oír dudase, dudando palpase y palpando creyese? No fue por casualidad, sino por disposición de Dios. La divina clemencia actuó de modo admirable para que tocando el discípulo dubitativo las heridas de la carne en su Maestro, sanara en nosotros las heridas de la incredulidad. Así el discípulo, dudando y palpando, se convirtió en testigo de la verdadera resurrección”. (Homiliae in Evangelia 26,7).

“nuestro Redentor se presentó, después de su Resurrección, con un cuerpo de naturaleza incorruptible y palpable, pero en un estado de gloria (cfr.Hom. in Evang., 21, 1: CCL141, 219).

“Sentencia en la que sin duda estamos señalados nosotros que confesamos con el alma al que no hemos visto en la carne. Se alude a nosotros, con tal que vivamos conforme a la fe; porque sólo cree de verdad el que practica lo que cree” Homilías sobre los Evangelios, 26, 9.

San Atanasio de Alejandría, «Por el Espíritu Santo participamos de Dios […] Por la participación del Espíritu venimos a ser partícipes de la naturaleza divina […] Por eso, aquellos en quienes habita el Espíritu están divinizados» (Epistula ad Serapionem, 1, 24).

San Bernardo «¿Dónde podrá encontrar nuestra debilidad un descanso seguro y tranquilo, sino en las llagas del Salvador?»

«las heridas que su cuerpo recibió nos dejan ver los secretos de su corazón; nos dejan ver el gran misterio de piedad, nos dejan ver la entrañable misericordia de nuestro Dios».

«me remorderá mi conciencia, pero no perderé la paz, porque me acordaré de las llagas del Señor. Él, en efecto, “fue traspasado por nuestras rebeliones” (Is 53,5). ¿Qué hay tan mortífero que no haya sido destruido por la muerte de Cristo?» (Comentario al Cantar de los Cantares Disc. 61,3-5; Opera omnia 2,150-151)

san Zenón, «En este día, alejada la melancolía del pasado invierno, bajo el suave soplo del acariciador viento Favonio, los prados germinan por doquier, exhalando fragancia de flores diversas según su especie, color y perfume. ¿Quién no entiende que todo esto es un símbolo de los misterios celestiales de la Pascua?»

Pablo VI, “La Iglesia se renovará de verdad cuando vuelva de verdad su mirada a Cristo”. Ecclesiam suam

Yves Congar: “He tardado bastante en dar a Jesucristo el lugar central que ocupa hoy en mi pensamiento y en mi vida. Para mí Jesucristo lo es todo; es él quien me da el calor y la luz. Su Espíritu es el que me da movimiento, vitalidad. Cada día me interpela, me impide detenerme; el evangelio y su ejemplo me arrancan de la tendencia instintiva que me ata a mí mismo, a mis hábitos, a mi egoísmo”.

monseñor Casaldáliga: “¡Feliz el que sabe que seguir a Jesucristo es vivir en comunidad, siempre unido al Padre y a los hermanos! No te engañes: quien se aleja de la comunidad, en busca de ventajas personales, se aleja de Dios; quien busca la comunidad se encuentra con Dios”.

san Juan Pablo II: Cristo resucitado os da la paz y la reconciliación como su primer don. Dios, paz eterna, ha dado la paz al mundo a través de Cristo, Príncipe de la paz. La paz ha sido derramada en nuestros corazones y en ellos está esparcida más profundamente que todas las inquietudes de vuestras mentes, más que todos los tormentos de vuestros corazones. Que el Dios de la paz dirija vuestras mentes y vuestros corazones. Que Dios os dé su paz, no como una posesión para retener, sino como un tesoro que poseéis sólo cuando lo compartís con los demás. Mensaje para el día de la paz del año 1985,

El temor que se había apoderado del corazón de los Apóstoles, tenía sus raíces más profundas en esta muerte: fue el temor nacido, por decirlo así, de la muerte de Dios. El temor atormenta también a la generación contemporánea de los hombres, quizá lo sienten más profundamente aquellos que han aceptado la muerte de Dios en el mundo humano. Homilía en la Catedral de Turín (13-IV-1980)

Benedicto XVI “Aunque el cielo esté gris, en el corazón llevamos la alegría de la Pascua, la certeza de la Resurrección de Cristo, que triunfó definitivamente sobre la muerte.

Queridos amigos, también hoy el Resucitado entra en nuestras casas y en nuestros corazones, aunque a veces las puertas están cerradas. Entra donando alegría y paz, vida y esperanza, dones que necesitamos para nuestro renacimiento humano y espiritual. Sólo él puede correr aquellas piedras sepulcrales que el hombre a menudo pone sobre sus propios sentimientos, sobre sus propias relaciones, sobre sus propios comportamientos; piedras que sellan la muerte: divisiones, enemistades, rencores, envidias, desconfianzas, indiferencias. Sólo él, el Viviente, puede dar sentido a la existencia y hacer que reemprenda su camino el que está cansado y triste, el desconfiado y el que no tiene esperanza”. Audiencia General (11-04-2012)

Sus heridas son para nosotros el signo de que nos comprende y se deja herir por amor a nosotros. Nosotros podemos tocar sus heridas en la historia de nuestro tiempo, pues se deja herir continuamente por nosotros. ¡Qué certeza de su misericordia nos dan sus heridas y qué consuelo significan para nosotros! ¡Y qué seguridad nos dan sobre lo que es él: “Señor mío y Dios mío”! Nosotros debemos dejarnos herir por él.

Cristo resucitado necesita testigos que se hayan encontrado con Él, hombres que lo hayan conocido íntimamente a través de la fuerza del Espíritu Santo (Homilía, 7 de mayo).

FRANCISCO– “Jesús nos invita a mirar sus llagas, nos invita a tocarlas, como a Tomás, para sanar nuestra incredulidad. Nos invita, sobre todo, a entrar en el misterio de sus llagas, que es el misterio de su amor misericordioso”. 12 de marzo de 2015

«Creemos a» Jesús cuando aceptamos su Palabra, su testimonio, porque él es veraz «Creemos en» Jesús cuando lo acogemos personalmente en nuestra vida y nos confiamos a él, uniéndonos a él mediante el amor y siguiéndolo a lo largo del camino (Lumen Fidei)

Quien cree, ve; ve con una luz que ilumina todo el trayecto del camino, porque llega a nosotros desde Cristo resucitado, estrella de la mañana que no conoce ocaso. (Lumen Fidei)

CONC. VAT. II. “Solamente con la luz de la fe y con la meditación de la palabra divina es posible reconocer siempre y en todo lugar a Dios, en quien nos movemos y existimos (Hech 17, 28); buscar su voluntad en todos los acontecimientos, contemplar a Cristo en todos los hombres, próximos o extraños, y juzgar con rectitud sobre el verdadero sentido y valor de las realidades temporales, tanto en sí mismas como en orden al fin del hombre” Decr. Apostolicam actuositatem, 4.

Dives in misericordia, “El misterio pascual es el culmen de esta revelación y actuación de la misericordia, que es capaz de justificar al hombre, de restablecer la justicia en el sentido del orden salvífico querido por Dios desde el principio para el hombre y, mediante el hombre, en el mundo” (nº, 7).

ALGUNAS CITAS “SIN CITAR”

John Henry Newman “Creer significa ser capaz de soportar la duda”.

Autor desconocido “Creo en Dios, como el ciego cree en el sol no porque lo vea sino porque lo siente”.

G. K. Chesterton “Cuando se deja de creer en Dios, enseguida se cree en cualquier cosa”.

“Puedo creer lo imposible, pero no lo improbable”.

Madre Teresa de Calcuta “El que cree de verdad, predica sin predicar”.

Swami Vivekananda “Somos creyentes pero nuestra conducta es la de los ateos”.

San Anselmo “Yo no intento comprender para creer, sino que creo para comprender”.

Patriarca Máximo IV en el Vaticano II «Yo tampoco creo en el dios en que los ateos no creen»,

Santa Faustina – “Quédate tranquila, Hija Mía, precisamente a través de tal miseria quiero mostrar el poder de Mi misericordia.” (Diario 133)

“Proclama que la misericordia es el atributo más grande de Dios. Todas las obras de Mis manos están coronadas por la misericordia.” (Diario 301)

“Te doy tres formas de ejercer misericordia al prójimo: la primera – la acción; la segunda – la palabra; la tercera – la oración. En estas tres formas está contenida la plenitud de la misericordia y es el testimonio irrefutable del amor hacia Mí. De este modo el alma alaba y adora Mi misericordia.” (Diario 742)

William Shakespeare “Nuestras dudas son traidoras, y nos hacen perder el bien que podríamos ganar, por temor a intentar”.

Jacques Leclercq señala en El problema de la fe: “La conversión es un encuentro con Cristo; encuentro personal con la persona viva de Cristo, es una auténtica experiencia vital. Si Cristo es lo que dice ser, no hay más remedio que seguirle, y no hay cosa alguna fuera de ésta, que pueda interesarnos. Así, pues, la fe cristiana es un contacto de hombre a hombre, de creyente a Salvador. Se presenta como un estado de confianza en una persona determinada”.

José A. Pagola “Para los cristianos, es vital reconocer y confesar cada vez con más hondura el misterio de Jesús el Cristo. Si ignora a Cristo, la Iglesia vive ignorándose a sí misma. Si no le conoce, no puede conocer lo más esencial y decisivo de su tarea y misión. Pero para conocer y confesar a Jesucristo, no basta llenar nuestra boca con títulos cristológicos admirables. Es necesario seguirlo de cerca y colaborar con él día a día. Esta es la principal tarea que debemos promover en los grupos y comunidades cristianas”.

Eclesiastés 1, 8-10 Todas las cosas cansan y nadie es capaz de explicarlas. No se sacian los ojos de ver, ni se hartan los oídos de oír. Lo que pasó volverá a pasar; lo que ocurrió volverá a ocurrir: nada hay nuevo bajo el sol. De algunas cosas se dice: «Mira, esto es nuevo». Sin embargo, ya sucedió en otros tiempos, mucho antes de nosotros.

CHISTE

SANTO TOMÁS NO ESTABA TAN SEGURO

«Dos cazadores están en el bosque cuando uno de ellos se desmaya y cae al suelo. No parece estar respirando y sus ojos están vidriosos. El otro saca su teléfono y llama a los servicios de emergencia. Cuando una voz de mujer lo atiende, desesperado grita:

¡Mi amigo está muerto! ¿Qué puedo hacer? La operadora lo calma y le dice:

Te puedo ayudar. En primer lugar, vamos a asegurarnos de que tu amigo está muerto. Hay un silencio, y luego se escucha un disparo. De vuelta en el teléfono, el hombre le dice:

Listo, ¿y ahora qué?».

ORACIÓN

Coronilla de la Divina Misericordia

Para recitar la Coronilla de la Divina Misericordia se usa un rosario normal y se sigue esta secuencia:

1. La señal de la Cruz: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
2. Padre Nuestro
3. Ave María
4. Credo (Símbolo de los Apóstoles)

5. En cada grano mayor del Rosario, cuando normalmente se dice el Padre Nuestro, diga:

Padre Eterno,
Te ofrezco
el Cuerpo, la Sangre,
el Alma y la Divinidad
de Tu amadísimo Hijo,
Nuestro Señor Jesucristo,
como propiciación
de nuestros pecados
y los del mundo entero.

6. En cada grano menor del Rosario, cuando normalmente se dice el Ave María, diga:

Por Su dolorosa Pasión,
ten misericordia de nosotros
y del mundo entero.

7. Invocación: Al final de la corona, la siguiente oración se reza tres veces seguidas:

Santo Dios,
Santo Fuerte,
Santo Inmortal,
ten misericordia de nosotros
y del mundo entero.

8. Oración para concluir (opcional)

Oh Dios Eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de compasión inagotable, vuelve a nosotros Tu mirada bondadosa y aumenta Tu misericordia en nosotros, para que en momentos difíciles no nos desesperemos ni nos desalentemos, sino que, con gran confianza, nos sometamos a Tu santa voluntad, que es el Amor y la Misericordia mismos. Amén.

CONTO

EL FUEGO Y LAS BRASAS

“Un hombre, que regularmente asistía a Misa los domingos, sin ningún aviso dejó de participar en las celebraciones.

Después de algunas semanas, una noche muy fría el párroco de aquella comunidad decidió visitarlo.

Encontró al hombre en casa, solo, sentado frente a una chimenea donde ardía un fuego brillante y acogedor. Adivinando la razón de la visita, el hombre dio la bienvenida al cura. Se hizo un gran silencio.

Los dos hombres sólo contemplaban la danza de las llamas de los troncos de leña que crepitaban en la chimenea.

Al cabo de algunos minutos el sacerdote, sin decir palabra, examinó las brasas que se formaban y seleccionó una de ellas. La más incandescente de todas, retirándola a un lado del brasero con unas tenazas. Volvió entonces a sentarse.

El feligrés prestaba atención a todo, fascinado pero inquieto. Al poco rato, la llama de la brasa solitaria disminuyó, hasta que sólo hubo un brillo momentáneo y el fuego se apagó repentinamente.

En poco tiempo, lo que era una muestra de luz y de calor, no era más que un negro, frío y muerto pedazo de carbón.

Muy pocas palabras habían sido dichas desde el saludo.

El sacerdote, antes de prepararse para salir, con las tenazas regresó el carbón frío e inútil, colocándolo de nuevo en medio del fuego.

De inmediato, la brasa se volvió a encender, alimentada por la luz y el calor de los carbones ardientes en torno suyo.

Cuando el párroco alcanzó la puerta para irse, el anfitrión le dijo: Gracias por tu visita y por tu bellísima lección. Regresaré a la Misa en comunidad.

Adaptación del cuento popular

El faro de los marineros, es una luz débil encendida en el acantilado de la costa; alumbra el puerto, pero no el camino; el mar sigue tan negro, las nubes tan sombrías, las olas tan oscuras. Pero si el marino dijera: – Yo desprecio esa luz débil que no me da claridad para la ruta; yo quiero otra luz más potente que me alumbre sin tinieblas el camino, y se desviara del rayo salvador, conocería el naufragio, pero no conocería nunca la salvación.

La luz de la fe es luz de faro; es una luz débil encendida en el acantilado de la eternidad; alumbra el puerto, pero no alumbra el camino; la verdad sigue a oscuras, el misterio sombrío, la doctrina en sombras; pero el hombre que la sigue sabe que llegará a salvarse. Y si el hombre soberbio dice: – Yo quiero la luz clara de la razón, ésta me basta; conocerá el naufragio de la verdad, pero no la eterna salvación.

(ROMERO, F., Recursos Oratorios, Tomo II. Ed. Sal Terrae, Santander, 1959, p. 12)

UN TROZO DE CIRIO

Hace muchos años, en una casita humilde de una gran ciudad, vivían una pareja de ancianos, de piel arrugada, de ojos vivaces y de sonrisa fácil.

Ayer habían estado recordando sus tiempos pasados, como buenos abuelitos, y se contaban el uno al otro las cosas que habían hecho durante todos los años que fueron catequistas. Te acuerdas del día que empezamos? Y cuando aquel grupo nos dejo mudos sin saber que responder? Y así siguieron recordando tantas aventuras, alegrías, problemas y meteduras de pata. Recordaron a los curitas, a tantos y tantos papás y niños…

¿Te acuerdas de Carmen y Rafael? ¿Y de Pedro e Isabel? ¿Y de Juan y Maca que estaban separados y…? Oye, ¿te acuerdas de todo lo que sufrió Josefa? ¿Y de Claudia con su enfermedad y con tantos pequeños? ¿Y de lo mal que lo pasamos con todas las críticas? ¿Y de todo lo que tuvimos que hacer para que se pudiera operar Rosita?

Y así, se pasaron toda la tarde recordando y al final su rostro se fue llenando de silencio y de nostalgia, con un rasgo de tristeza. Los dos guardaron silencio, pues no querían preocupar al otro, pero en el adentro se preguntaban cada uno: ¿qué habrá sido de la vida de tantos papás y niños? ¿dónde estarán, qué harán, cómo será su vida? ¿Serán buenas personas y buenos cristianos? ¿Habrá servido de algo todo nuestro esfuerzo y privaciones, nuestra dedicación y entusiasmo, nuestro deseo de servir al Señor, de que conocieran su amor y fueran más felices?

Se hizo noche y esta vez se fueron a la cama con una arruga más en la frente y en el corazón.

A la mañana siguiente oyeron temprano el timbre de la puerta. Salió el abuelo y era el cartero que depositó en sus manos un pequeño paquete. Los ancianos, después de mirarlo unos minutos con asombro, se dispusieron a abrirlo con cuidado. Dentro había un trocito de cirio muy pequeño, viejo, amarillento y consumido, y una tarjeta del presidente de una importante empresa que decía: “Gracias. Esta luz ha iluminado siempre nuestra vida. Un abrazo, José y Juana”.

(José Luis Fernández de V.) MSC

UN SACERDOTE Y UN FABRICANTE DE JABÓN

Érase una vez un sacerdote y un fabricante de jabón que estaban dando un paseo.

El fabricante de jabón le dijo: “Padre, ¿para qué sirve la religión? Mire la miseria y las guerras y el sufrimiento que hay en el mundo. Después de tantas oraciones, sermones y enseñanzas todo sigue igual. Si la religión es buena y verdadera, ¿por qué todo sigue igual?”

Siguieron caminando y se encontraron con un niño todo sucio.

El sacerdote le dijo al fabricante de jabón: “Mire ese niño. Usted dice que el jabón limpia, pero ese niño sigue estando sucio. ¿Para qué sirve el jabón?”.

El fabricante de jabón le contestó: “Padre, el jabón no puede evitar la suciedad a no ser que sea usado todos los días.”

Exacto replicó el sacerdote, exacto.

Tomado de P. Félix Jiménez

ANÉCDOTA

¿Cómo los católicos y ortodoxos no celebran la Pascua en la misma fecha sino que estos últimos la celebran, en general, uno o dos domingos después de nosotros? Lo explico de inmediato. El concilio de Nicea del año 325 fijó una fecha común para todos los cristianos, que estuvo en vigor hasta 1582. En este año, el papa Gregorio XIII reformó el antiguo calendario «Juliano», que, desde aquel tiempo, se llama, de hecho, calendario «gregoriano». Los griegos no aceptaron esta modificación, incluso, porque no habían sido consultados por el papa; y, así, la Pascua comenzó a ser celebrada en fechas diversas en Oriente y en Occidente. Hay un proyecto entre las distintas Iglesias cristianas para resolver desde la raíz este problema, estableciendo para la Pascua un Domingo fijo en el año, siempre el mismo, que evite las actuales oscilaciones entre «Pascua alta» y «Pascua baja» con las dificultades que se derivan.

El 21 de mayo de 1996, fueron muertos cruelmente en Tibhirina, en Argelia, siete monjes trapenses. Uno de ellos, el hermano Lucas, había puesto aparte desde hacía tiempo una cinta con una canción grabada, que deseaba fuese cantada en el día de su funeral. Algunas semanas antes del siniestro, con ocasión de su octogésimo cumpleaños, la había hecho oír a sus compañeros, a fin de que no se equivocasen. No era un canto de iglesia. Era la canción de Edith Piaf: le ne regrette rien

(Yo, no, no volveré nunca). Escuchemos una traducción castellana, porque creo que si uno puede hacer suyas las palabras de esta canción con el significado que ellas tuvieron para el hermano Lucas, éste puede llegar a decir que una vez en la vida ha vivido la Pascua.

«No, nada de nada, no añoro nada…

Ni el bien, que he recibido, ni el mal.

Todo me da igual.

Todo está apagado, arrojado fuera, olvidado.

Me río del pasado.

Con mis recuerdos he encendido un fuego.

Mis disgustos, mis placeres,

¡ya para nada más tengo necesidad de ellos!

Destruidos fuera los amores, con su «temblor».

Arrojados para siempre. Vuelvo a empezar de cero.

No, nada de nada, no añoro nada…

Mi vida, mis joyas, todo comienza hoy CONTIGO».

La única variación, en esta versión pascual de la canción, es que el «contigo» final está escrito con letras mayúsculas: es Cristo.

Tomado de Rainiero Cantalamessa

CANTO

Señor mio y Dios mio AIN KAREM

Jesús en vos confio – Canto a la Divina Misericordia

Coronilla de la Divina Misericordia – Por Kairy Marquez

Delegación para el Clero de Santiago de Compostela