II Domingo de Cuaresma

«Tú te cubres de luz como con un manto»

Sal 104:2; 1Ti 6:16

«Quisiera irradiar tu Luz como lo hace la luna»

S.Son

San Ireneo de Lyon El Espíritu prepara previamente al hombre para acoger al Hijo de Dios, el Hijo lo conduce al Padre, y el Padre le da incorruptibilidad y la vida eterna, que son fruto de la visión de Dios para aquellos que le contemplan. Del mismo modo que quienes ven la luz estan en la luz y participan de su esplendor, así los que ven a Dios estan en Dios y participan de su esplendor. Ahora bien, el esplendor de Dios es vivificante. Y por lo mismo, quienes vean a Dios tendran parte en la vida (Contra los herejes,4,20).

Pues así como los que ven la luz están en la luz y reciben claridad, así también los que ven a Dios están en Dios y reciben su claridad. La claridad de Dios vivifica y, por tanto, los que ven a Dios reciben la vida (Trat. contra las herejfas,4).

Orígenes, ″Ellos no soportaron la gloria y la fuerza de esta visión. Se recordaron entonces del oráculo: ‘El hombre no puede ver mi Rostro y seguir viviendo’ (Ex 33,20), y fueron prosternados por el poder de Dios» (Orígenes, Sobre Mt XII [PG 13,1084]).

«Moisés (la Ley) y Elías (los Profetas) son una sola y misma cosa en Jesús, es decir el Evangelio». (Sobre Mt XII [PG 13,1084]).

“Dios construyó para ellos una tienda más divina y,al mismo tiempo, más luminosa, como figura del reposo futuro”

S. Hilario, «Cristo aparece entre la Ley y los Profetas, Moisés y Elías, porque ellos son los testigos con los que Él juzgará a Israel; y también para enseñar que Él ha decidido conceder a los cuerpos humanos la gloria de la resurrección porque Moisés está ahí visible». (Sobre Mt 17, [PL 9, 1014]).

San Ambrosio Por eso hemos de trascender las cosas del mundo para poder ver a Dios cara a cara. Sube a un monte, anuncia a Sión la buena nueva (Is 40,9). Si debe subir a un monte quien anuncia a Sión, ¿cuánto más el que predica a Cristo y a Cristo que resucita para la gloria? (Tratado sobre el Evangelio de San Lucas (1) nº 7-21, BAC, Madrid, 1966, pp. 349-356

S. Basilio, El resplandor de la belleza divina es algo absolutamente inefable e inenarrable (Regla monastica, respuesta 2,1).

S. Gregorio de Nisa, Si el alma llegara a levantar los ojos hasta su cabeza, que es Cristo [. . . ], seria realmente feliz por la penetración de su visión, al poner sus ojos donde el mal no puede oscurecerlos (Homilia 5).

El que ve a Dios alcanza por esta visión todos los bienes posibles: la vida sin fin, la incorruptibilidad eterna, la felicidad imperecedera, el reino sin fin, la alegria ininterrumpida, la verdadera luz, el sonido espiritual y dulce, la gloria inaccesible, el jubilo perpetuo y, en resumen, todo bien (Hom. 6 sobre bienaventuranzas).

S. Agustín, ¿Qué es una montaña para quien posee el cielo? De ese cielo habla la Escritura, y en cierto modo lo vemos también con los ojos del corazón. Sermón 78

Desciende, Pedro. «Desciende a fatigarte en la tierra, a servir en la tierra, a ser despreciado, a ser crucificado en la tierra. Descendió la Vida para encontrar la muerte; bajó el Pan para sentir hambre; bajó el Camino para cansarse en el trayecto; descendió el Manantial para tener sed, y ¿rehúsas fatigarte tú? No busques tus cosas. Ten caridad, predica la verdad; entonces llegarás a la eternidad, donde encontrarás seguridad». Sermón 78

“[Pedro]… en el monte… tenía a Cristo come alimento del alma. ¿Por qué tuvo que bajar para volver a las fatigas y a los dolores, mientras allí arriba estaba lleno de sentimientos de santo amor hacia Dios, que le inspiraban por ello a una santa conducta?” (Discurso 78, 3: pl 38, 491).

Pedro no había comprendido… cuando deseaba vivir con Cristo en la montaña. Te ha reservado eso, oh Pedro, para después de la muerte. Pero ahora, él mismo dice: Desciende para penar en la tierra, para servir en la tierra, para ser despreciado y crucificado en la tierra. La Vida desciende para hacerse matar; el Pan desciende para tener hambre; el Camino desciende para fatigarse andando; la Fuente desciende para sentir la sed; y tú, ¿vas a negarte a sufrir? (Catecismo 556).

San León Magno, «Todo aquello que fue visible en nuestro Salvador ha pasado ahora a los sacramentos»

La felicidad del Reino no puede preceder al tiempo de la Pasión». (San León Magno, Sermón 51 [PL 54,311]).

San Beda En una piadosa permisión, les permitió gozar durante un tiempo muy corto la contemplación-de la alegría que dura siempre, para hacerles sobrellevar con mayor fortaleza la adversidad (Coment. Evang. sobre S. Marcos,8).

San Juan Damasceno en el momento de la Transfiguración “Cristo no estaba asumiendo algo que no era, ni transformándose en algo que no era, sino manifestando lo que era a sus discípulos”.

San Bernardo: «en los ojos se encuentra el fuego; en la lengua, que forma el habla, el aire; en las manos que tienen en propiedad el tacto, la tierra; y el agua en las partes genitales»

Que nuestra vida tenga su centro en nuestro interior donde Cristo habita (Sermón 5).

Santo Tomás de Aquino, «Para que alguien se mantenga en el recto camino hace falta que conozca previamente, aunque sea de modo imperfecto, el término de su andar (…). Y esto es tanto más necesario, cuanto más difícil y arduo es el camino y fatigoso el viaje, y alegre en cambio el final» (Summa theologiae 3,45,1).

Pero lo que presagia la Transfiguración es sobre todo nuestro estado glorioso en el cielo, donde el brillo del alma, llena de Dios, convertirá nuestros cuerpos resucitados en «gloriosos», libres de la pesadez terrestre y partícipes de la Gloria de Dios: Rm 5,2; 8,18.21; 1Cor 2,7; 15,43; 2Cor 4,17 (y || 2Cor 3,18); Flp 3,21; Col 3,4; 1Tes 2,12; 2Tes 2,14: es «el» Misterio que está al centro del Evangelio de San Pablo: «Cristo entre vosotros, esperanza de la gloria» (Col 1,27).

«Una visión anticipada del Reino: La Transfiguración… Por un instante, Jesús muestra su gloria divina, confirmando así la confesión de Pedro. Muestra también que para «entrar en su gloria» (Lc 24, 27), es necesario pasar por la Cruz en Jerusalén. Moisés y Elías habían visto la gloria de Dios en la montaña; la ley y los Profetas habían anunciado los sufrimientos del Mesías. La Pasión de Jesús es la voluntad por excelencia del Padre: el Hijo actúa como siervo de Dios. La nube indica la presencia del Espíritu Santo: «Apareció toda la Trinidad: el Padre en la voz, el Hijo en el hombre, el Espíritu en la nube luminosa» (Catecismo 554-555).

Santa Teresa de Jesús: Se ha dado Él mismo y no tiene nada más que dar ().

San Juan de la Cruz Pon los ojos sólo en Jesús, porque en él te lo tengo todo dicho y revelado, y hallarás en él aún más de lo que pides y deseas (San Juan de la Cruz, 2S 22,5).

Una palabra habló el Padre, que fue su Hijo, y esta habla siempre en eterno silencio, y en silencio ha de ser oída del alma (Juan de la Cruz).

Por grandes comunicaciones y presencias, y altas y subidas noticias de Dios que un alma en esta vida tenga, no es aquello esencialmente Dios, ni tiene que ver con él, porque todavía, a la verdad, le está al alma escondido, y por eso siempre le conviene al alma sobre todas esas grandezas tenerle por escondido y buscarle escondido. (CB 1,3)

“Si te tengo ya habladas todas las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra, ¿qué te puedo yo ahora responder o revelar que sea más que eso? Pon los ojos sólo en Él, porque en Él te lo tengo dicho y revelado, y hallarás en Él aún más de lo que pides y deseas; oídle a Él, porque ya no tengo más fe que revelar, ni más cosas que manifestar”

Cuanto mas conoce el alma a Dios, tanto mas le crece el deseo de verle y la pena de no verle (Cantico espiritual,6,2).

La contemplación es una cumbre en la cual Dios se comienza a comunicar y manifestar al alma. Pero no acaba de manifestarse, solo asoma. Pues por muy altas que sean las noticias que al alma se le dan de Dios en esta vida, no son mas que lejanas asomadas (Cantico espiritual,13,10).

Por mucho que a Dios se le conozca en esta vida, no se le conoce de verdad. Solo una partecita y muy de lejos (Cantico espiritual,6,5).

San Josemaría Escriva de Balaguer, Con la maravillosa normalidad de lo divino, el alma contemplativa se desborda en afán apostólico: me ardía el corazón dentro del pecho, se encendía el fuego en mi meditación (Sal 38,4)( Es Cristo que pasa,120).

Santa Teresa de Calcuta La confianza en la divina Providencia es la fe firme y viva en que Dios nos puede ayudar y lo hará. Que nos puede ayudar es evidente, porque es omnipotente. Que nos ayudará es seguro, porque lo ha prometido en muchos lugares de la Sagrada Escritura y es fiel a todas sus promesas ().

Concilio Vaticano II: «Ante la actual evolución del mundo, son cada día más numerosos los que se plantean las cuestiones más fundamentales: ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte que, a pesar de tantos progresos, subsisten todavía? ¿Qué hay después de esta vida temporal?»(GS 10).

Catecismo, 444: Los evangelios narran en dos momentos solemnes, el bautismo y la transfiguración de Cristo, que la voz del Padre lo designa como su «Hijo amado». Jesús se designa a sí mismo como «el Hijo Único de Dios» (Jn 3, 16) y afirma mediante este título su preexistencia eterna. Pide la fe en «el Nombre del Hijo Único de Dios» (Jn 3, 18). Esta confesión cristiana aparece ya en la exclamación del centurión delante de Jesús en la cruz: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios» (Mc 15, 39), porque es solamente en el misterio pascual donde el creyente puede alcanzar el sentido pleno del título «Hijo de Dios».

554 A partir del día en que Pedro confesó que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo, el Maestro «comenzó a mostrar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén, y sufrir … y ser condenado a muerte y resucitar al tercer día» (Mt 16,21): Pedro rechazó este anuncio (cf. Mt 16,22-23), los otros no lo comprendieron mejor (cf. Mt 17,23Lc 9,45). En este contexto se sitúa el episodio misterioso de la Transfiguración de Jesús (cf. Mt 17,1-8 par.: 2P 1,16-18), sobre una montaña, ante tres testigos elegidos por él: Pedro, Santiago y Juan. El rostro y los vestidos de Jesús se pusieron fulgurantes como la luz, Moisés y Elías aparecieron y le «hablaban de su partida, que estaba para cumplirse en Jerusalén» (Lc 9,31). Una nube les cubrió y se oyó una voz desde el cielo que decía: «Este es mi Hijo, mi elegido; escuchadle» (Lc 9,35).

555 «Por un instante, Jesús muestra su gloria divina, confirmando así la confesión de Pedro. Muestra también que para “entrar en su gloria” es necesario pasar por la cruz en Jerusalén. Moisés y Elías habían visto la gloria de Dios en la Montaña; la Ley y los profetas habían anunciado los sufrimientos del Mesías. La Pasión de Jesús es la voluntad por excelencia del Padre: el Hijo actúa como Siervo de Dios. La nube indica la presencia del Espíritu Santo: “Apareció toda la Trinidad: el Padre en la voz, el Hijo en el hombre, el Espíritu en la nube luminosa” (Sto. Tomás de Aquino, S. th. 3,45,4 ad 2)» ().

Catecismo Romano La claridad es cierto resplandor que, procedente de la suma felicidad del alma, redunda en el cuerpo como una cierta comunicación a éste de la felicidad que goza el alma. Pero no debe creerse que esta dote participen todos en la misma proporción. Porque, aunque todos los cuerpos de los santos serán igualmente impasibles, sin embargo no tendrán el mismo resplandor; pues,como dice el Apóstol, una es la claridad del sol, otra la claridad de la luna y otra la de las estrellas, e incluso hay diferencia en la claridad entre unas estrellas y otras; así sucederá en la resurrección de los muertos (I, 12,13).

Liturgia bizantina, Tú te has transfigurado en la montaña, y, en la medida en que ellos eran capaces, tus discípulos han contemplado Tu Gloria, oh Cristo Dios, a fin de que cuando te vieran crucificado comprendiesen que Tu Pasión era voluntaria y anunciasen al mundo que Tú eres verdaderamente la irradiación del Padre (Kontakion de la Fiesta de la Transfiguración,)

Pío XII: «Si queremos un mundo mejor, hagamos mejores a los hombres».

San Juan Pablo II « Pedro, Santiago y Juan aparecen como extasiados por la belleza del Redentor» ()

«La espiritualidad cristiana -escribió san Juan Pablo II- tiene como característica el deber del discípulo de configurarse cada vez más plenamente con su Maestro»

Hay que saber estar en silencio, crear espacios de soledad o, mejor, de encuentro reservado a una intimidad con el Señor. Hay que saber contemplar [. . . ]. Desgraciadamente, nuestra vida diaria corre el riesgo o incluso experimenta casos, mas o menos difundidos, de contaminación interior. Pero el contacto de fe con la Palabra del Señor nos purifica, nos eleva y nos vuelve a dar energia (Hom. 20-VII-1980).

J. Ratzinger, «Toda la historia de salvación es por así decir la historia de un éxodo. Esta historia comienza con Abraham, invitado a salir, y esta invitación sigue siendo continuamente el movimiento propio, que alcanza su verdadera profundidad en la Pascua de Jesucristo: en el «amor hasta el extremo», en el amor radical que va hasta el Éxodo total fuera de sí mismo, en la salida de sí mismo para ir al encuentro de los demás hasta el don radical de la muerte (Jn 13,1)». (Les principes de la théologie catholique, p. 210-211).

Benedicto XVI Para un cristiano, por tanto, rezar no es evadirse de la realidad y de las responsabilidades que ésta comporta, sino asumirlas hasta el fondo, confiando en el amor fiel e inagotable del Señor. Angelus 2010

Espero que los pastores “estén realmente impregnados de la Palabra de Dios, la conozcan verdaderamente, la amen hasta el punto de que realmente deje huella en su vida y forme su pensamiento” (cf. Homilía de la misa Crismal, 9 de abril de 2009).

Papa Francisco, “Escuchadlo”. ¡Esta palabra es importante! Nuestro Padre que dijo a los apóstoles, y también a nosotros: “Escuchad a Jesús, porque es mi Hijo predilecto”. Mantengamos esta semana esta palabra en la cabeza y en el corazón: “Escuchad a Jesús”. Y esto no lo dice el Papa, lo dice Dios Padre, a todos: a mí, a vosotros, a todos, a todos. Es como una ayuda para ir adelante por el camino de la Cuaresma. “Escuchad a Jesús”. No lo olvidéis. Ángelus 2014

Porque Jesús resucitó, nosotros resucitaremos; nosotros tenemos la esperanza en la resurrección porque Él nos abrió la puerta a esta resurrección. Y esta transformación, esta transfiguración de nuestro cuerpo se prepara en esta vida por la relación con Jesús, en los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía. Nosotros, que en esta vida hemos sido alimentados con su Cuerpo y con su Sangre, resucitaremos como Él, con Él y por medio de Él ().

La existencia humana es un camino de fe y, como tal, transcurre más en la penumbra que a plena luz, con momentos de oscuridad e, incluso, de tinieblas. Mientras estamos aquí, nuestra relación con Dios se realiza más en la escucha que en la visión; y la misma contemplación se realiza, por decirlo así, con los ojos cerrados, gracias a la luz interior encendida en nosotros por la palabra de Dios ().

“Qué bien se está aquí”, exclamó Pedro, después de haber visto al Señor Jesús transfigurado, revestido de gloria. ¿Podemos repetir también nosotros esas palabras? Pienso que sí, porque para todos nosotros es bueno estar aquí, en torno a Jesús. Él es quien nos acoge y se hace presente en medio de nosotros ().

¡Escuchadlo! es una consigna para los apóstoles y para nosotros. Escuchad a Jesús. Él es el Salvador: seguidlo. Escuchar a Cristo, en efecto, lleva a asumir la lógica de su misterio pascual, ponerse en camino con Él para hacer de la propia vida un don de amor para los demás, en dócil obediencia a la voluntad de Dios, con una actitud de desapego de las cosas mundanas y de libertad interior. Es necesario, en otras palabras, estar dispuestos a “perder la propia vida”, entregándola a fin de que todos los hombres se salven: así, nos encontraremos en la felicidad eterna. El camino de Jesús nos lleva siempre a la felicidad, ¡no lo olvidéis! El camino de Jesús nos lleva siempre a la felicidad. Habrá siempre una cruz en medio, pruebas, pero al final nos lleva siempre a la felicidad ().

«Jesús toma la decisión de mostrar a Pedro, Santiago y Juan una anticipación de su gloria, aquella que tendrá después de la Resurrección, para confirmarlos en la fe y alentarlos a seguirlo en el camino de la prueba, en el camino de la Cruz» ()

Javier Echevarría Cada palabra, cada gesto de Jesucristo -palabras y gestos de Dios- es una invitación con múltiples facetas que exige de nosotros una correspondencia múltiple también, porque Él se nos ha entregado del todo. No se ha desentendido el Maestro, en ningún momento, de su misión de Redentor ().

Rainiero Cantalamessa «subió al monte»: lo hizo «para orar». Fue la oración la que hizo su vestido blanco como la nieve y su rostro resplandeciente como el sol.

Alguien dijo: «Jesús es un hombre judío que no se siente idéntico a Dios. No se reza de hecho a Dios si se piensa que se es idéntico a Dios».

La Transfiguración es, por lo tanto, una ocasión para reflexionar algo sobre el «hermano cuerpo», como lo llamaba san Francisco de Asís.

Ch. Péguy «Cuerpo y alma, o serán dos manos juntas en eterna adoración, o dos muñecas esposadas por una maldad eterna» ().

Pagola, Sólo unos hombres que sepan vivir como «hombres nuevos», liberados de tantas «esclavitudes modernas», con un estilo de vida sencillo, solidario y servicial, animados por una profunda alegría interior, incansables en su fe en el Padre, pueden hacer creíble hoy el evangelio de Jesucristo.

El hombre contemporáneo se está quedando poco a poco sin silencio.

Schelling el filósofo idealista dijo que «todo el cosmos extenso en el espacio no es otra cosa que la expansión del corazón de Dios».

Targum Neofiti Según el || de 2 Mac 2,8 el símbolo de la Nube debía reaparecer en los tiempos mesiánicos. Es más, la tradición judía lo asociaba al símbolo de las «tiendas»: «Todos los ciudadanos de Israel habitarán en Cabañas, para que sepan vuestros descendientes que yo, el Señor, he hecho habitar a los hijos de Israel en las nubes gloriosas de mi Shekiná bajo la imagen de las Cabañas, cuando salieron de la tierra de Egipto».

Theillard de Chardin, “La Transfiguración termina por convertirse en la fiesta de mi predilección porque expresa exactamente lo que yo más espero de Cristo, que se realice en nosotros y a nuestros ojos la bienaventurada metamorfosis”. (1952)

San Columbano, Porque el Señor es bueno y suave; y, por más que lo bebamos y lo comamos, siempre seguiremos teniendo hambre y sed de él, porque esta nuestra comida y bebida no puede acabar nunca de comerse y beberse; aunque se coma, no se termina, aunque se beba, no se agota, porque este nuestro pan es eterno y esta nuestra fuente es perenne y esta nuestra fuente es dulce. Por eso, dice el profeta: Sedientos todos, acudan por agua.

Monjes del monte Athos: “Oh Dios, dame un corazón que sepa escuchar”.

CONTO

LA HISTORIA DEL HERRERO

Se cuenta la historia del herrero que, después de una juventud llena de excesos, decidió entregar su alma a Dios. Durante muchos años trabajó con ahínco, practicó la caridad, pero, a pesar de toda su dedicación, nada parecía andar bien en su vida, muy por el contrario sus problemas y sus deudas se acumulaban día a día. Una hermosa tarde, un amigo que lo visitaba, y que sentía compasión por su situación difícil, le comentó:

«Realmente es muy extraño que justamente después de haber decidido volverte un hombre temeroso de Dios, tu vida haya comenzado a empeorar. No deseo debilitar tu fe, pero a pesar de tus creencias en el mundo espiritual, nada ha mejorado”.

El herrero no respondió enseguida, él ya había pensando en eso muchas veces, sin entender lo que acontecía con su vida. Sin embargo, como no deseaba dejar al amigo sin respuesta, comenzó a hablar, y terminó por encontrar la explicación que buscaba. He aquí lo que dijo el herrero:

«En este taller yo recibo el acero aún sin trabajar, y debo transformarlo en espadas. ¿Sabes tú cómo se hace esto? Primero, caliento la chapa de acero a un calor infernal, hasta que se pone al rojo vivo; enseguida, sin piedad, tomo el martillo más pesado y le aplico varios golpes, hasta que la pieza adquiere la forma deseada; luego la sumerjo en un balde de agua fría, y el taller entero se llena con el ruido y el vapor, porque la pieza estalla y grita a causa del violento cambio de temperatura. Tengo que repetir este proceso hasta obtener la espada perfecta, una sola vez no es suficiente”.

El herrero hizo una larga pausa, y siguió: «A veces, el acero que llega a mis manos no logra soportar este tratamiento. El calor, los martillazos y el agua fría terminan por llenarlo de rajaduras. En ese momento, me doy cuenta de que jamás se transformará en una buena hoja de espada y entonces, simplemente lo dejo en la montaña de hierro viejo que ves a la entrada de mi herrería”. Hizo otra pausa más, y el herrero terminó:

«Sé que Dios me está colocando en el fuego de las aflicciones. Acepto los martillazos que la vida me da, y a veces me siento tan frío e insensible como el agua que hace sufrir al acero. Pero la única cosa que pienso es: Dios mío, no desistas, hasta que yo consiga tomar la forma que Tú esperas de mí. Inténtalo de la manera que te parezca mejor, por el tiempo que quieras, pero nunca me pongas en la montaña de hierro viejo de las almas. «

Tomado de P. Diego Millán

Hay un cuento muy conocido (con diferentes versiones) sobre dos albañiles que están levantando un muro. Una persona le pregunta a uno de ellos qué está haciendo y le responde con resignación: ‘Pues poner ladrillos. Es duro, pero con algo hay que ganarse la vida’. Un poco después la misma persona pregunta al otro albañil qué está haciendo, y éste le responde con ánimo alegre: ‘Estoy construyendo una catedral’. El trabajo es el mismo para los dos, pero lo viven de forma completamente diferente: mientras que para el primero es un trabajo pesado y rutinario cuyo único fin es ganar el sueldo, para el segundo ese trabajo pesado y rutinario tiene un objetivo, una meta más grande, y eso le proporciona satisfacción porque da sentido al esfuerzo que está realizando.

Tomado de ACG

ANÉCDOTA

«PER ASPERA AD ASTRA»

Éste era el lema episcopal de un obispo: Per aspera ad astra, “por lo difícil, hasta los astros”, por las dificultades se llega al Cielo. Esto es lo que nos enseña el evangelio de este Domingo: la Transfiguración del Señor (Lc 9,28-36).

Tomado de Vivirdecaraadios

ELEMENTOS QUE SON PROPIOS DE LC

A diferencia de Mc/Mt los días son “ocho”, Jesús sube “al” monte (como si supiéramos cuál es) y sube “para orar” lo que es muy frecuente en Lc; lo que ocurre sucede “mientras oraba”, como una consecuencia de esta oración. Lc agrega como algo importante el contenido de la conversación entre Jesús, Moisés y Elías. Agrega el temor en medio de la nube, Jesús es además de “Hijo” presentado como “elegido”. Finalmente Lc omite toda relación entre Elías y el Bautista en el descenso del monte. Es interesante que este monte no sea el monte Sión, lugar donde Dios se encuentra con su pueblo: la cita “este es mi hijo” remite al Sal 2 que en v.6 dice que “ha instalado a su rey en Sión, su monte santo”.

Tomado de Servicio Bíblico Latinoamericano

TEXTO RABÍNICO:

“Johanán ben Zachaí ha dicho: Dios dijo a Moisés: cuando yo envíe al profeta Elías, ambos habrán de venir juntos”.

Tomado de Servicio Bíblico Latinoamericano

TIENDAS

La tradición sitúa el relato de la Transfiguración sobre el Monte Tabor (imagen inferior), desde el que se domina una excelente panorámica del fértil valle de Yizreel. Pedro propone hacer tres «tiendas» para los personajes que allí aparecen. El pueblo de Israel denominaba a sus tiendas con la expresión: «casa de pelo» por estar elaboradas con una especie de lona fabricada con pelos de camello o pieles de cabra. La tienda no sólo era un refugio, sino un símbolo. Habitar en tiendas significaba regresar al tiempo del Éxodo; un tiempo de ilusión por consolidar la libertad con leyes de fraternidad; tiempo de cercanía y amistad con Yahvé. La tienda es también recuerdo de la «Tienda del Encuentro», santuario portátil del desierto en el que el pueblo de Israel podía vivir la presencia de Yahvé.

Tomado de Tiempo Interior

«OS ASEGURO QUE ALGUNOS DE LOS AQUÍ PRESENTES NO MORIRÁN HASTA QUE VEAN VENIR CON PODER EL REINO DE DIOS»» (9, 1).

¿Qué significa esto? ¿Anuncia Jesús quizás que algunos de los presentes seguirán con vida en su Parusía, en la irrupción definitiva del Reino de Dios? ¿O acaso preanuncia otra cosa?

Rudolf Pesch (II 2, p, 66s) ha mostrado convincentemente que la posición de estas palabras justo antes de la transfiguración indica claramente que se refieren a este acontecimiento. Se promete a algunos —los tres que acompañan a Jesús en la ascensión al monte— que vivirán una experiencia de la llegada del Reino de Dios «con poder». En el monte, los tres ven resplandecer en Jesús la gloria del Reino de Dios. En el monte los cubre con su sombra la nube sagrada de Dios. En el monte —en la conversación de Jesús transfigurado con la Ley y los Profetas— reconocen que ha llegado la verdadera fiesta de las Tiendas. En el monte experimentan que Jesús mismo es la Torá viviente, toda la Palabra de Dios. En el monte ven el «poder» (dýnamis) del reino que llega en Cristo.

Tomado de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, , Jesús de Nazaret (Primera Parte), Editorial Planeta, Santiago de Chile, 2007, pp. 356-370

CHISTE

POEMA

Yo no he venido aquí

a pedir un asiento en la gloria

ni a poner de rodillas al miedo.

Estoy aquí otra vez

para subrayar con mi sangre

la tragedia del mundo, el dolor de la tierra

para gritar con mi carne:

¡Ese dolor es mío también!..

Dios es el mar,

Dios es el llanto de los hombres…

El Verbo está en la carne dolorida del mundo.

(León Felipe)

ORACIÓN

EL TABOR DE HOY

Mi Tabor de hoy, es el silencio frente al ruido

La búsqueda frente al conformismo

Mi Tabor de hoy, es el ascender para ver

El descender para seguir creyendo

Mi Tabor de hoy, es la fortaleza ante la adversidad

La fe cuando asolan las dudas.

Mi Tabor de hoy, es la alegría de ser creyente

La seguridad de que, Jesús, ilumina el horizonte

Mi Tabor de hoy, es el ser fuerte cuando me siento débil

El no olvidar mí debilidad cuando me encuentro valiente

Mi Tabor de hoy, es estar en sintonía con Dios

Es escuchar su Palabra, llevándola a la práctica

Mi Tabor de hoy, es subir aún a riesgo de bajar

Es ganar mucho, aún a riesgo de perder algo

Mi Tabor de hoy, es mirar lo que soy

Es dejar a Dios que me haga como El quiera

Es vida cristiana en oración

Es oración con vida cristiana

Javier Leoz

MEDITACIÓN

CUARESMA

Ayuna

de proclamas hirientes, vacías,

de exigencia y reproches.

Ayuna de caprichos

y ocurrencias,

de murmuraciones,

de impertinencia.

Ayuna de ruido,

de polémicas,

de quejas.

Ayuna de evasiones,

de ensueños,

de tu propio reflejo

en espejos engañosos.

En lo escondido

vive el evangelio,

que todo renueva.

Entra en el desierto,

donde encontrarás

la verdad desnuda.

Descubre los signos

que del amor hacen

destino y escuela:

la mesa de todos,

el pan compartido,

la toalla ceñida.

Surgirá la cruz

en el horizonte,

y una encrucijada:

huir o quedarse,

siguiendo las huellas

de quien da la vida,

para que la luz

disipe las sombras

que ocultan a Dios.

(José María R. Olaizola, SJ)

Tomado de Rezando voy

CANTO

TE ENCONTRÉ – Isabel Rodríguez Y Joaquín Pelagaggi

Entre el Tabor y el Calvario Jésed

VIDEO

La Transfiguración en el Tabor invita a buscar solo a Jesús / Cardenal Raniero Cantalamessa Ofm Cap

Delegación para el Clero de Santiago de Compostela