Entrevista con el patriarca latino de Jerusalén, Su Beatitud Pierbattista Pizzaballa

Acude a Santiago a hablar de pastoral del turismo, ¿se puede evangelizar a través del turismo entendido como un fenómeno de masas?

La evangelización requiere encuentros personales, un encuentro; la masa, en cambio, siempre es anónima. Pero la peregrinación masiva, con cifras grandes, también se convierte en una oportunidad para los lugares sagrados, como los lugares de encuentro; y la oportunidad de captar a estas personas y hacer que el mensaje llegue, sin la pretensión de tratar de convencer a todo el mundo. Y también puede ser una oportunidad para los lugares sagrados para convertirse en puntos de encuentro cultural. El evangelio necesita contextos de comprensión más amplios. Es decir, el turismo numeroso trae también muchas oportunidades, pero no hay que tener la pretensión de cerrar el círculo, porque luego sí se necesita ya una fase mucho más pers

¿Cómo se hace llegar este mensaje a los jóvenes?

Todos los jóvenes tienen sed de vida, buscan la vida; necesitan experiencias auténticas, encontrarse con testigos verdaderos; por lo tanto, no van a ser nuestras estrategias personales o eclesiales las que llamen a los jóvenes, las que les atraigan. Necesitamos personas auténticas, creíbles, que puedan atraer a los jóvenes. Yo creo que los lugares sagrados, los santuarios, son puntos especiales para ello, porque están abiertos a todo el mundo y no representan un compromiso como puede suponer una parroquia. Son lugares abiertos y pueden ser una oportunidad muy bonita para los jóvenes.

Antiguamente se decía que Roma, Jerusalén y Santiago eran las tres grandes cunas de la peregrinación mundial, ¿qué representa este triángulo para el turismo? ¿Se está perdiendo su esencia tradicional?

Con el paso del tiempo, desde luego, cambian las cosas, cambian las sensibilidades, pero sí que hay un regreso a todo esto: el Camino de Santiago; la Vía Francígena a Roma o ahora, también, el Camino a Jerusalén. Hay una especie de recuperación de estos lugares antiguos, de referencia en las peregrinaciones de la antigüedad, pero también es cierto que en aquella época el mundo era Europa. Ahora el mundo ya no es solo Europa; está América Latina, África, Asia. Estas tres ciudades siguen siendo los referentes, pero también necesitan tener vínculos con el nuevo mundo.

Viene de Tierra Santa, la tierra de Jesús, ¿cómo es allí la convivencia entre religiones?

Hay que distinguir entre las religiones y los religiosos. La convivencia entre las religiones es prácticamente imposible en este momento, porque las religiones representan la herramienta que la política utiliza para marcar las diferencias entre unos y otros. Y sobre todo entre judíos y musulmanes; porque los cristianos son menos relevantes. Por el contrario, los religiosos… Bueno, depende de las personas. Si se trata de religiosos auténticos con ellos es mucho más fácil hablar, pero son casos muy concretos. En este momento, las religiones son una herramienta muy complicada para relacionarse en Tierra Santa.

El conflicto entre Israel y Palestina parece que no acaba más, ¿cuál es el papel de la Iglesia Católica en este escenario de tanta tensión?

El conflicto entre israelíes y palestinos todavía durará mucho tiempo. Sin duda, habrá que esperar a las nuevas generaciones. La Iglesia no puede representar un puente entre israelíes y palestinos, porque casi toda la Iglesia está formada por palestinos, por lo tanto, los israelíes lo perciben como la parte contraria. Pero la Iglesia tiene el deber de hacerlo. Hay una manera cristiana de estar en el conflicto. Nosotros tenemos la obligación de recordarle a todo el mundo que no puede haber una verdadera solución hasta que introduzcamos palabras como perdón, reconciliación, servicio y acogida en nuestro lenguaje.

¿Cómo es posible que el patriarca ortodoxo de Moscú pueda estar alentando la invasión de Ucrania y bendiciendo una guerra que está dejando miles de víctimas inocentes?

Desgraciadamente es una herida profunda, una herida para todas las Iglesias, para todas las religiones. Y esto nos muestra de una manera muy clara que cuando la religión, la fe institucional, se mezcla con la política se convierte en la mayor forma de manipulación que existe. Necesitamos recuperar nuestra libertad, recuperar nuestra credibilidad como líderes religiosos. Y esto es posible solo si miramos hacia Cristo. Si nos fijamos en otras cosas nos convertimos simplemente en unos profetas de la corte, como se dice en el Antiguo Testamento.

¿Mira hacia a Cristo el patriarca de Moscú?

Yo rezo para que lo haga.

Entrevista publicada en El Correo Gallego

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