
El miércoles 27 de agosto quedará grabado en la memoria de la peregrinación diocesana de Santiago de Compostela como una jornada especialmente intensa y emotiva. Fue el día en que los peregrinos compostelanos pudieron encontrarse con el Santo Padre en el marco del Jubileo de la Esperanza.
La audiencia general, prevista inicialmente en la Plaza de San Pedro, se trasladó al Aula Pablo VI debido al calor sofocante. Sin embargo, el recinto pronto se desbordó, y las multitudes ocuparon también los accesos, el patio y finalmente la basílica vaticana. Allí, entre la multitud llegada de todo el mundo, resonó el saludo a los peregrinos de la Archidiócesis de Santiago, que escucharon su nombre pronunciado en Roma como un puente entre la ciudad eterna y la ciudad del Apóstol.
Al término de la audiencia, el arzobispo compostelano, monseñor Francisco José Prieto Fernández, tuvo ocasión de saludar personalmente al papa León XIV. En ese instante de cercanía le transmitió la invitación a peregrinar a Santiago en el Año Santo de 2027 para rezar ante la tumba del Apóstol, compartiendo con él la ilusión de toda la Iglesia diocesana por recibirlo en la gran cita jubilar que ya se vislumbra en el horizonte.

La mañana se prolongó entre saludos y gestos de ternura, como los del Pontífice hacia los matrimonios recién casados a quienes dedicó tiempo y palabras. Más tarde, los diocesanos pudieron también verlo acercarse hasta la basílica para encontrarse con quienes allí aguardaban.
La jornada continuó en la Basílica de San Pablo Extramuros, donde los peregrinos celebraron juntos la Eucaristía en un ambiente de recogimiento. La tarde, en cambio, ofreció libertad para que pequeños grupos recorrieran Roma a su propio ritmo. Muchos se encaminaron hacia el Coliseo, los foros imperiales, la Plaza Venecia y la isla Tiberina, concluyendo la jornada en el barrio del Trastévere, donde la cena compartida y la visita a Santa María en Trastévere pusieron un broche festivo a un día marcado por la fe y la comunión.
Hoy jueves, el camino continúa con una larga peregrinación a pie: desde la Basílica de Santa María la Mayor hasta San Juan de Letrán, la primera de las iglesias de la cristiandad. Allí, en la catedral de Roma, los peregrinos volverán a reunirse en torno a la Eucaristía, prolongando este itinerario de esperanza que enlaza Compostela con Roma.
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