
Tras el paréntesis vacacional de julio, Francisco ha retomado las audiencias generales de los miércoles, y como no podía ser de otra forma, la que ha tenido lugar esta mañana en el Aula Pablo VI ha estado consagrada a valorar la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Lisboa la semana pasada.
«La Virgen apresurada»
«Ha sido sentida por todos como don de Dios, que ha vuelto a poner en movimiento los corazones y los pasos de los jóvenes para ir a encontrarse y encontrar a Jesús», afirmó el Papa, quien aprovechó esta simbología de la peregrinación para, tomando como modelo la visita de María a su prima Isabel, insistir en un concepto que utilizó en la JMJ: la «Virgen apresurada«.
«A mí me gusta mucho», dijo, «invocar a la Virgen bajo este aspecto: la Virgen ‘apresurada’, que siempre hace las cosas apresurada, nunca nos hace esperar, porque ella es la madre de todos». Por eso se apareció a los tres niños de Fátima y por eso él acudió allí: «Junto a algunos jóvenes enfermos recé a Dios para que sane al mundo de las enfermedades del alma: la soberbia, la mentira, la enemistad, la violencia».
Agradecimiento al cardenal Clemente y al neocardenal Aguiar
El Papa celebró el «ambiente festivo» vivido en la capital portuguesa, porque «donde hay jóvenes hay alegría». Y los jóvenes que acudieron fueron «a encontrar a Cristo», señaló, en un implícito desmentido a las polémicas afirmaciones que hizo el obispo auxiliar de Lisboa y futuro cardenal, Américo Aguiar, poco antes de su comienzo, en el sentido de que el evento no pretendía convertir a Cristo, sino expresar la fraternidad.
Eso sí, «la JMJ ha mostrado a todos que otro mundo es posible: un mundo de hermanos y hermanas, donde las banderas de todos los pueblos ondean juntas, una junto a la otra, ¡sin odio, sin miedo, sin cierres, sin armas! El mensaje de los jóvenes ha sido claro: ¿lo escucharán los ‘grandes de la tierra’? Me pregunto, ¿escucharán este entusiasmo juvenil que quiere paz?»
Francisco felicitó al propio Aguiar («al obispo coordinador», dijo) y al patriarca de Lisboa, el cardenal Manuel Clemente («¡lo ha hecho bien!»), y dio las gracias al presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, «que estuvo presente en todas las celebraciones».
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Y agradeció su labor, por supuesto, a los 25.000 voluntarios, antes de concluir: «Por intercesión de la Virgen María, el Señor bendiga a los jóvenes del mundo entero y bendiga al pueblo portugués«.






