Ukraine Bishop Pavlo Honcharuk from the Diocese of Kharkiv-Zaporizhia (right) with the bishop Mytrofan (left) from Kharkiv-Bohodukhovsk (Orthodox Church of Ukraine) visiting an injured man.

En el mismo búnker de Járkov están el obispo latino y el ortodoxo: caen bombas sin cesar

Ukraine Bishop Pavlo Honcharuk from the Diocese of Kharkiv-Zaporizhia (right) with the bishop Mytrofan (left) from Kharkiv-Bohodukhovsk (Orthodox Church of Ukraine) visiting an injured man.

Según declaró el Gobierno ucraniano el jueves 2 de marzo, la invasión rusa de Ucrania ya ha costado la muerte de 2.000 civiles en 7 días. Muchos de ellos han muerto en Járkov, la segunda ciudad del país, con 2 millones de habitantes en su área metropolitana. Desde el martes, el Ejército ruso decidió bombardear la ciudad, incluyendo el centro, barrios residenciales, lugares con población… a pesar de que la mayor parte de la población es rusohablante y se consideraría étnicamente rusa.

La crueldad del bombardeo contra Járkov fue remarcada por Josep Borrell, portavoz de la Unión Europea para asuntos exteriores: “El bombardeo contra infraestructura civil ayer en Kharkiv [Járkov] viola las leyes de la guerra”, escribió Borrell en Twitter.

“Kharkiv. ¡Un ataque inmisericorde y sin sentido contra un barrio residencial con misiles! ¡Cadáveres destrozados en las calles”, escribió en Telegram el Ministro de Interior de Ucrania, Gueráschenko.

En esta ciudad, su obispo latino y su obispo ortodoxo comparten búnker. Son Pavlo Honcharuk, obispo latino de Járkov-Zaporiyia, y el metropolita Mytrofan, de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana.

Juntos visitan heridos de la guerra y tratan de ayudar y alentar a las personas que pasan horas y horas escuchando la lluvia de fuego, el bombardeo incesante.

Antes del gran bombardeo, en la catedral de Járkov un joven que llevaba tiempo preparándose para bautizarse logró hacerlo y comulgar justo antes de ser enviado al ejército.

“Mi mensaje es corto porque hay bombardeos todo el tiempo y yo también estoy un poco nervioso, pero intentamos actuar con normalidad“, explica el obispo Honcharuk en un mensaje a Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN).

“«Estamos realmente sorprendidos y muy animados por la movilización de tantas personas, no solo en otras partes de Ucrania, sino también en el extranjero… y quiero agradecer especialmente a los benefactores de ACN que cumplen con su llamado a ser misericordiosos y mostrar su amor”, añade Honcharuk.

«Deseo que esta guerra termine lo antes posible. Pero a pesar de que el mal se ha vuelto tan poderoso, seguimos haciendo el bien. En cierto modo, el mal que experimentamos exprime el buen jugo de la uva, y ese buen jugo es nuestra compasión, nuestro apoyo y nuestro amor mutuo. Esto muestra el verdadero rostro de cada uno de nosotros», añade el obispo latino.

Desperfectos en el seminario cerca de Kiev

Járkov es la primera línea de frente, especialmente golpeada. Pero la situación se recrudece en otros lugares como Kiev o Odesa.

En la ciudad costera de Odesa sufren bombardeos aéreos y marítimos. Hay más violencia que hace dos días, pero también más recursos, porque poco a poco llegan a Odesa alimentos y ayuda del extranjero. Stanislav Shyrokoradiuk, obispo latino de Odesa, confirma que la ayuda llega allí, “pero nosotros vivimos el hoy y ahora, la situación es crítica. ¡Nos quedamos aquí y pedimos oración!”.

Leópolis (Lvov), cerca de Polonia, es la ciudad más alejada del frente, y también la más católica de Ucrania. Allí se amontonan los refugiados que intentar cruzar a la Unión Europea. Religiosos y religiosas les reciben y apoyan, porque muchos -sobre todo madres con niños- llegan agotados y hundidos.

“Mis amigos me llaman, quieren confesarse por teléfono”

Pater Justyn, un sacerdote paulino llegado a Leópolis desde la ciudad de Kamyanets Podilskij, en el oeste de Ucrania, describía a ACN lo que vio. “Recorrer 150 km me llevó ocho horas. Las carreteras estaban llenas, la gente huía hacia el oeste… atascos, colas en el camino en las tiendas, farmacias, en las gasolineras. La gente está asustada porque no sabe lo que va a pasar. Muchos de mis amigos me llaman y me preguntan por qué Ucrania tiene que soportar tanto mal. Algunos quieren confesarse, pero no puedo aceptar su confesión por teléfono. Solo puedo decir ‘reconcíliate con Dios, arrepiéntete, pide sinceramente perdón y Él te escuchará’. Hay que orar».

ACN (Ayuda a la Iglesia Necesitada) ha aprobado un paquete de ayuda de un millón de euros para apoyar a los sacerdotes y religiosos que trabajan con los más necesitados en Ucrania y sus parroquias y orfanatos golpeados por esta terrible emergencia.

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