El arzobispo de Santiago llama a la esperanza y al compromiso por el bien común en la Fiesta de la Traslación del Apóstol

El arzobispo de Santiago presidió la celebración en la Catedral y pidió “trazar nuevos mapas de esperanza”, con la Ofrenda Nacional a cargo del presidente del Parlamento gallego, Miguel Santalices.

Francisco José Prieto Fernández defendió la centralidad de la persona, el valor de la conciencia y una Europa fiel a sus raíces

El arzobispo de Santiago, mons. Francisco José Prieto Fernández, presidió esta mañana la tradicional fiesta de la Traslación del Apóstol Santiago, que se celebra cada 30 de diciembre en la Catedral compostelana, una tradición instaurada por Felipe V en el año 1646. En esta ocasión, la Ofrenda Nacional corrió a cargo del presidente del parlamento gallego, Miguel Santalices, quien actuó como Delegado Regio.

La celebración reunió a destacadas autoridades eclesiásticas y civiles, así como a numerosos fieles y peregrinos. Concelebraron con el arzobispo el cardenal arzobispo emérito de Madrid, mons. Antonio María Rouco Varela; el arzobispo emérito de Santiago, mons. Julián Barrio Barrio; el arzobispo de Mérida-Badajoz, mons. José Rodríguez Carballo; el obispo de Ourense, mons. Leonardo Lemos Montanet; así como miembros del Cabildo catedralicio y otros sacerdotes.

En su intervención, el presidente del Parlamento de Galicia recordó la importancia histórica y espiritual del Camino de Santiago y de la tradición jacobea como vehículo de valores culturales y cristianos compartidos. Santalices destacó la necesidad de diálogo, convivencia y cooperación y pidió protección para los más necesitados, la paz, los derechos humanos y la solidaridad. Finalmente, deseó que los preparativos del Año Santo Compostelano 2027 sean una ocasión de enriquecimiento espiritual y social para todos.

Por su parte, el arzobispo de Santiago inició su homilía situando la celebración en una perspectiva histórica y espiritual profunda, evocando a Vicente Risco, quien afirmaba que “non podemos sair do presente mais que pola lembranza ou pola esperanza, que veñen a ser os dous elementos da saudade”. Señaló que la Catedral es “santuario de fe” y testigo vivo de una fe que no se vive al margen de la historia, sino dentro de ella: “La Traslación del Apóstol celebra que el Evangelio se transmite, se encarna y sigue caminando con los pueblos”.

Una llamada a la esperanza

Mons. Prieto describió con claridad un tiempo marcado por la incertidumbre, el cansancio moral y las profundas heridas abiertas por los conflictos armados, las crecientes desigualdades sociales, la crisis de la vivienda, las migraciones forzadas y los abusos de poder y de conciencia. Ante este escenario complejo, subrayó que “más que nunca, nuestra sociedad y nuestra Iglesia necesita esperanza”.

En esta línea, y haciéndose ecos de las palabras del papa León XIV, el arzobispo subrayó la urgencia de “trazar nuevos mapas de esperanza”. Insistió en que la esperanza cristiana no consiste en escapar de la realidad, sino en mantener la convicción de que la historia sigue abierta y de que el bien sigue siendo posible. La fe, añadió, no es una forma de evasión, sino un modo responsable y comprometido de habitar el mundo. Para reforzar este mensaje, evocó al Concilio Vaticano II, recordando que “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias” de la humanidad son también los de la Iglesia.

Asimismo, aludió a la profunda sed de trascendencia que atraviesa a la sociedad contemporánea, incluso en un contexto dominado por la tecnología y el individualismo, donde persiste una búsqueda de sentido que ninguna satisfacción inmediata logra colmar.

Responsabilidad del testimonio en la vida pública

El arzobispo también reflexionó sobre el papel del testimonio cristiano en la sociedad actual. Inspirándose en los Hechos de los Apóstoles, recordó que el anuncio del Evangelio se realiza principalmente a través de coherencia de vida y confianza en Dios. “Daban testimonio… con mucho valor”, recordó subrayando que ese testimonio hoy se juega en la vida diaria.

Familia, trabajo, política, economía, educación y cultura fueron presentados como los ámbitos concretos donde la fe se encarna. Mons. Prieto defendió la centralidad de la conciencia personal, a la que definió como “lugar sagrado”, y afirmó que ninguna democracia puede sostenerse sin ciudadanos con convicciones éticas profundas.

En este contexto, insistió en que la fe no debe recluirse en el ámbito privado. Sin imponerse, puede y debe ofrecerse como una aportación al bien común, defendiendo la dignidad de toda persona y promoviendo una sociedad más justa y humana.

Autoridad como servicio y responsabilidad compartida

A la luz del Evangelio, el arzobispo recordó las palabras de Jesús: “El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor”. Gobernar, legislar o administrar, señaló, no es una forma de dominio, sino una vocación de servicio, especialmente hacia los más vulnerables. Desde esta perspectiva, defendió la centralidad de la persona humana como criterio fundamental de toda acción política y social, recordando que el ser humano es “el principio, el sujeto y el fin” de las instituciones sociales.

Europa, vivienda y migración: retos y caminos de esperanza

Desde Santiago de Compostela, meta del Camino que ha tejido durante siglos la identidad europea, Mons. Prieto dirigió también su mirada a Europa. Invitó al continente a reencontrar su alma y a reafirmar los valores que lo hicieron posible: dignidad, solidaridad, justicia y responsabilidad compartida.

Al referirse a la crisis de la vivienda y al fenómeno migratorio, el arzobispo remarcó que no se trata de estadísticas ni de balances económicos, sino de personas concretas, con rostro y dignidad. En esta línea, recordó que no puede hablarse de progreso auténtico cuando este deja a alguien atrás, una convicción que el papa Francisco expresa con claridad en Fratelli tutti, al insistir en que nadie puede quedar descartado y que la fraternidad debe traducirse en decisiones concretas.

Afirmó que acoger e integrar “no nos debilita, nos fortalece”, y llamó a promover políticas y respuestas sociales capaces de garantizar la seguridad sin sacrificar la dignidad humana, como condición indispensable para una convivencia verdaderamente justa y solidaria.

Sembradores de esperanza

El arzobispo exhortó a todos a convertirse en “sembradores de esperanza” mediante gestos cotidianos de honestidad, solidaridad y compromiso. Recogiendo la llamada del papa León XIV, advirtió frente a la “globalización de la impotencia” y animó a impulsar una cultura de la reconciliación, del compromiso y del cuidado del prójimo como respuesta concreta a los desafíos del tiempo presente.

Caminar juntos

En la conclusión, dirigida especialmente al oferente, Mons. Prieto acogió la ofrenda presentada y encomendó a la intercesión del Apóstol Santiago a los pueblos de España y, de manera especial, a Galicia. Elevó una oración por quienes ejercen responsabilidades públicas, pidiendo que trabajen por el bien común, la paz y la convivencia democrática.

El arzobispo tuvo también palabras de oración por Sus Majestades los Reyes y la Familia Real, así como por el presidente del Parlamento gallego y sus colaboradores.

La celebración de la Traslación del Apóstol, afirmó, es una invitación a “caminar juntos, como Iglesia y como sociedad”, sin perder la esperanza. Con la mirada puesta en el próximo Año Santo Compostelano 2027, recordó que la apertura de la Puerta Santa será un signo de gracia y de futuro: una llamada a renovar la fe, la esperanza y el compromiso con una sociedad más justa y solidaria.

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