El arzobispo de Santiago afirma en Viernes Santo que la cruz es signo de amor sin medida

El arzobispo mons. Francisco José Prieto invita a reflexionar sobre la verdad, el sufrimiento y la esperanza desde la cruz.

a Catedral de Santiago acogió hoy Viernes Santo la ceremonia litúrgica de la Pasión del Señor presidida por el arzobispo, mons. Francisco José Prieto Fernández.

La liturgia, marcada por la sobriedad propia de este día, alcanzó uno de sus momentos centrales con la proclamación de la Pasión. Tras la lectura, el arzobispo invitó a los presentes a adentrarse en el significado de la verdad, el sufrimiento y la entrega, tomando como referencia la figura de Cristo crucificado.

Durante la homilía, monseñor Prieto partió de la pregunta de Poncio Pilato, «¿qué es la verdad?”, para subrayar que, en el relato evangélico, la respuesta no llega en forma de discurso, sino a través de la propia vida de Jesús. “La respuesta de Jesús es Él mismo, su vida entregada”, afirmó, destacando que la verdad se manifiesta plenamente en el amor llevado hasta el extremo.

El arzobispo repasó las distintas actitudes que aparecen en el relato de la Pasión -la traición de Judas, la negación de Pedro o el clamor del pueblo- como ejemplos de cómo la verdad puede ser distorsionada o negada. Sin embargo, afirmó en que “la verdad no muere”, incluso cuando es crucificada, porque en ella reside una fuerza que trasciende el sufrimiento. En este sentido, definió la cruz como una “verdad que duele, pero que ilumina”.

El prelado también incluyó una llamada a no permanecer indiferentes ante el dolor ajeno. Evocó las realidades de guerra, violencia y sufrimiento que persisten en el mundo, señalando que “sigue habiendo cruces y crucificados” en la actualidad. En este contexto, animó a los fieles a convertirse en apoyo y consuelo para quienes padecen, como los cireneos del Evangelio.

Asimismo, tuvo un recuerdo para Tierra Santa, invitando a la oración y la solidaridad con sus habitantes, en una región que, recordó, continúa marcada por el conflicto y la incertidumbre.

Finalente, el arzobispo dirigió la mirada hacia la esperanza que se abre más allá del sepulcro. Así, subrayó la importancia del silencio propio del Viernes y Sábado Santo como tiempo de espera confiada.

La celebración concluyó con la adoración solemne de la cruz, vivido por los asistentes en un clima de oración contemplativa y profundo respeto. La Catedral permaneció en silencio durante buena parte del acto, reforzando el carácter introspectivo de la jornada.

Los actos litúrgicos continuarán este Sábado Santo con la Solemne Vigilia Pascual, que se celebrará a las 22:00 horas y estará también presidida por el arzobispo. Esta ceremonia marcará el paso del silencio del sepulcro a la proclamación de la Resurrección.

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