Flores

Domingo de la Pascua de la Resurrección del Señor

Flores

CITA

San Agustín «La fe de los cristianos es la resurrección de Cristo. No es gran cosa creer que Jesús ha muerto; esto lo creen también los paganos; todos lo creen. Lo verdaderamente grande es creer que ha resucitado».

«El Señor pasó de la muerte a la vida, abriéndonos el camino a nosotros, que creemos en la resurrección, para pasar también nosotros de la muerte a la vida»

“En la cruz, ¿fue Cristo el que murió o fue la muerte la que murió en Él? ¡Oh, qué muerte, que mató a la muerte!”

San Ireneo de Lyon “nuestros cuerpos, tras su disolución en la sepultura, resucitarán a su tiempo por el poder del Verbo de Dios para la gloria del Padre, que revestirá de inmortalidad nuestra carne corruptible, pues la omnipotencia de Dios se manifiesta perfecta en lo que es débil y caduco”.

San Gregorio de Nisa, “Por la unidad de la naturaleza divina que permanece presente en cada una de las dos partes del hombre, las que antes estaban separadas y segregadas, éstas se unen de nuevo. Así la muerte se produce por la separación del compuesto humano, y la Resurrección por la unión de las dos partes separadas” (De tridui inter mortem et resurrectionem Domini nostri Iesu Christi spatio; cf. también DS 325; 359; 369; 539).

San León Magno “Jesús se apresuró a resucitar cuanto antes porque tenía prisa en consolar a su Madre y a los discípulos: estuvo en el sepulcro el tiempo estrictamente necesario para cumplirlos tres días profetizados. Resucitó al tercer día, pero lo antes que pudo, al amanecer, cuando aún estaba oscuro10, anticipando el amanecer con su propia luz”. Sermón 71, 2.

Santo Tomás de Aquino «cada uno de los argumentos de por sí no bastaría para demostrar la resurrección, pero, tomados en conjunto, la manifiestan suficientemente; sobre todo por el testimonio de la Sagrada Escritura (cfr especialmente Lc 24,25-27), el anuncio de los ángeles (cfr Lc 24,4-7) y la palabra de Cristo confirmada con milagros» (Summa theologiae 3,55,6 ad 1).

Antonio de Padua “El gozo que experimentaron los apóstoles por la resurrección de Cristo, superó cualquier otro gozo que ellos tuvieron, cuando Jesús estaba todavía con ellos en su cuerpo mortal”.

San Josemaría Escrivá “Cristo vive. Ésta es la gran verdad que llena de contenido nuestra fe. Jesús, que murió en la cruz, ha resucitado, ha triunfado de la muerte, del poder de las tinieblas, del dolor y de la angustia”.

S. Juan Pablo II: “Aquí, en la Basílica del Santo Sepulcro, me arrodillo ante el lugar de su sepultura: “Ved el lugar donde le pusieron”. La tumba está vacía. Es un testimonio silencioso del evento central de la historia humana: la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo”.

Papa Francisco “El sentimiento dominante que brota de los relatos evangélicos de la Resurrección es la alegría llena de asombro, ¡pero un asombro grande! ¡La alegría que viene de dentro! ¡Jesús ha resucitado! Dejemos que esta experiencia, impresa en el Evangelio, se imprima también en nuestro corazón y se transparente en nuestra vida. Dejemos que el asombro gozoso del Domingo de Pascua se irradie en los pensamientos, en las miradas, en las actitudes, en los gestos y en las palabras… ¡Ojalá fuésemos así de luminosos! Pero esto no es maquillaje. Viene de dentro, de un corazón inmerso en la fuente de este gozo” (21.IV.2014).

“¡Cristo ha resucitado! Y, en Él, por el Bautismo, también nosotros hemos resucitado, hemos pasado de la muerte a la vida, de la esclavitud del pecado a la libertad del amor. Esta es la buena noticia que estamos llamados a anunciar a los demás y en todo ambiente, animados por el Espíritu Santo. Nosotros anunciamos la resurrección de Cristo cuando su luz ilumina los momentos oscuros de nuestra existencia y podemos compartirla con los demás; cuando sabemos sonreír con quien sonríe y llorar con quien llora; cuando caminamos junto a quien está triste y corre el riesgo de perder la esperanza; cuando transmitimos nuestra experiencia de fe a quien está en búsqueda de sentido y felicidad. Con nuestra actitud, con nuestro testimonio, con nuestra vida decimos: ¡Jesús ha resucitado! Lo decimos con toda el alma (Papa Francisco 6.IV.2015).”

“Ya en esta vida nosotros participamos de la resurrección de Cristo. Si es verdad que Jesús nos resucitará al final de los tiempos, es también verdad que, en un aspecto, ya estamos resucitados con Él. ¡La Vida Eterna comienza ya en este momento! Comienza durante toda la vida hacia aquel momento de la resurrección final ¡Ya estamos resucitados!” Audiencia general del 4 de diciembre de 2013

CHISTE

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Llega el esposo a casa después de oír la misa del domingo de resurrección y se dirige a su esposa con una sonrisa, la abraza, la agarra en brazos y recorre con ella toda la casa.

Ella, llena de felicidad, le pregunta:

– ¿Y de qué fue el sermón del cura hoy? ¿Acaso de que los esposos deberían ser más cariñosos con sus esposas?…

Y él le contestó:

– No….¡dijo que debemos cargar nuestra cruz con júbilo y alegría!

ORACIÓN

«Cristo no tiene manos, sólo tiene nuestras manos para hacer hoy su trabajo; Cristo no tiene pies, tiene nuestros pies para dirigirse hoy a los hombres; Cristo no tiene labios, tiene nuestros labios para anunciar hoy el Evangelio. Nosotros somos la única Biblia que aún todos los hombres pueden leer. Nosotros somos la última llamada de Dios, escrita con palabras y con obras».

oración del siglo XVI, que cita Bruno Forte en una de sus obras

CONTO

LA ABUELITA VIVA Y LA ABUELITA MUERTA

-¿Por qué vas siempre al cementerio, mamá? -preguntó una niña.

-Para visitar a la abuelita y llevarle flores, mi cielo -explicó cariñosamente la madre.

-¿Abuelita está en el cementerio?

-siguió preguntando la pequeña.

-Sí, mi hijita -respondió tristemente la mamá.

¿y por qué no te la traes a casa entonces? -dijo la niña.

-Bueno, porque está muerta y enterrada -dijo la madre.

-¡Ah! ¡Cómo me engañaste! -respondió la chiquilla.

-¿Por qué te engañé? -preguntó la madre.

-Porque cuando la abuelita se fue, me dijiste que estaba con Dios en el cielo -contestó la niña.

-Bueno, en el cielo está la abuelita viva y en el cementerio está la abuelita muerta -intentó explicar un tanto acorralada la madre.

¡Era una abuelita y ahora son dos abuelitas! -pensó extrañada la niña-. Las personas grandes no se aclaran. Y siguió pidiendo explicaciones…

-y tú, a quién quieres más, mamá? ¿A la abuelita muerta del cementerio o a la abuelita viva del cielo?

Pero la mamá ya no sabía qué decir. Y terminaba diciendo:

-Después hablaremos, mi amor.

Tomado del libro “Enseñar con parábolas”

EL CUENTO DE LA ARAÑA SALVADORA

Se cuenta que una vez un hombre, era perseguido por varios malhechores que querían matarlo. El hombre ingresó a una cueva la cual se subdividía, a su vez, en varias. Los malhechores empezaron a buscarlo por las cuevas anteriores de la que el se encontraba.

Al sentirse atrapado, elevó desesperado una plegaria a Dios, de la siguiente manera: «Dios todopoderoso, haz que dos ángeles bajen y tapen la entrada, para que no entren a matarme«». En ese momento escuchó a los hombres acercándose a la cueva en la que él se encontraba, y vio que apareció una arañita.

La arañita empezó a tejer una telaraña en la entrada. El hombre volvió a elevar otra plegaria, esta vez más angustiado: «Señor, te pedí ángeles, no una araña». Y continuó: «Señor, por favor, con tu mano poderosa coloca un muro fuerte en la entrada para que los hombres no puedan entrar a matarme». Abrió los ojos esperando ver el muro tapando la entrada, y observo a la arañita tejiendo la telaraña. Estaban ya los malhechores ingresando en la cueva anterior de la que se encontraba el hombre y este quedó aterrado esperando su muerte.

Cuando los malhechores estuvieron frente a la cueva que se encontraba el hombre, ya la arañita había tapado toda la entrada, entonces se escuchó que uno de ellos decía: «Vamos, entremos a esta cueva». Pero otro de ellos le contestó: «No. No ves que hasta hay telarañas. Se ve que nadie ha entrado en esta cueva por años. Sigamos buscando en las demás cuevas».

En ocasiones esperamos que la respuesta de Dios sea según nuestro pobre pensar, olvidándonos de que Dios es infinitamente más sabio y poderoso. Pensemos cómo es nuestra oración al Señor.

El Papa Benedicto nos exhorta a sentirnos en presencia de Dios: «Que nadie cierre el corazón a la omnipotencia de este amor redentor. Jesucristo ha muerto y resucitado por todos: ¡Él es nuestra esperanza! Esperanza verdadera para cada ser humano. Hoy… Jesús resucitado nos envía también a todas partes como testigos de su esperanza y nos garantiza: Yo estoy siempre con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo (cf. Mt 28,20)»

churchforum.org

ANÉCDOTA

Se cuenta de Julien Green que, cuando comenzaba a rondarle en la cabeza la idea de la conversión, solía colocarse a la puerta de las iglesias para ver los rostros de los que de ella salían y, al contemplar sus caras, pensaba: si ahí se encuentran con Dios, y si ahí asisten a la muerte y resurrección de Jesucristo, tendrían que salir con rostros alegres, serenos, luminosos. Y se preguntaba: ¿dónde dejaron la alegría de la Pascua?

Se cuenta que Santo Tomás de Aquino, cada año en esta fiesta, aconsejaba a sus oyentes que no dejaran de felicitar a la Virgen por la Resurrección de su Hijo.

Fr. J. F. P., Vida y misericordia de la Santísima Virgen, según los textos de Santo Tomás de Aquino, Segovia 1935, pp. 181-182.

“TE HARÉ FUSILAR EL VIERNES…”

Durante la revolución francesa un tal Larevelliére se presentó a Napoleón para persuadirle que le apoyase en el propósito de fundar una nueva religión. “Estoy dispuesto a ayudarte” respondió Napoleón, “pero, para sustituir el cristianismo por otra religión, será necesario que tú presentes argumentos convincentes en favor de ella. Por eso, hagamos así: viernes próximo por la tarde yo te haré fusilar y tú el domingo siguiente, por la mañana, resucitarás y volverás a verme. Podremos así ponernos de acuerdo.

TUMBAS FAMOSAS

Son famosas las pirámides egipcias porque contienen los cuerpos momificados de los antiguos potentados egipcios. La Abadía de Westminster, en la ciudad de Londres, Inglaterra, es renombrada porque en ella descansan los restos de los nobles y notabilidades inglesas. El cementerio de Arlington en la ciudad de Washington, Distrito de Columbia, EE. UU. Es reverenciado porque es el honroso lugar donde descansan los restos de muchos americanos prominentes. Entre la tumba de Cristo y estos lugares que se acaban de mencionar existe una diferencia tan grande como la que existe entre la noche y el día. Estos lugares son famosos y atraen visitantes de cerca y de lejos por lo que contienen; mientras que la tumba de Cristo es famosa por lo que NO CONTIENE.

Tomado de Ilustraciones para predicar

CANTO

yo creo en tu resurreccion hermana Glenda

Secuencia de Pascua de Resurrección ROMINA GONZÁLEZ

Canción de la Resurrección, Valiván: https://youtu.be/_d02Eg8ELjE

Delegación para el Clero de Santiago de Compostela