«Dar la tabarra predicando», la respuesta de un católico acostumbrado a aburrirse cuando le predican

Tomás de Zárate es un ilustrador católico canario que cuenta entre sus clientes con la revista Vida Nueva, la revista Gesto de las Obras Misionales Pontificias y Vatican Insider.
Como cualquier católico que acude a la iglesia cada domingo, en la misa
se encuentra con la homilía del sacerdote. Y este el punto central de
su libro, la predicación del cura y el aburrimiento que en muchas
ocasiones experimentan los feligreses que les escuchan.


Desde el otro lado de la barrera, Tomás de Zárate ofrece en su libro Dar la Tabarra predicando, publicado en Amazon, la experiencia de un feligrés, lo que puede servir de guía para que la predicación sea más atractiva.


– ¿Por qué el título?


– Igual podía haberse llamado “Dar el tostón” o, simplemente, “aburrir”.
El caso es que el católico medio está acostumbrado a eso, a aburrirse
de lo lindo cuando le predican. Es como algo que tenemos asumido. Y si
para los que estamos dentro es aburrido, ¿qué será para los más
alejados?


– ¿De dónde surgió la idea de escribir sobre la predicación?


– Un amigo sacerdote me invitó a un retiro al que no pude ir. Al cabo
de unas semanas, me invitó a uno que iba a ocupar solo un día: yo podía
y fui. Mi amigo es al que dedico el libro, él se llama Jorge pero en
éste país (Eslovenia) se dice Juri. Es un vasco muy simpático, pero
cuando predica es más bien aburrido. Y allí estaba yo, en el retiro,
escuchándole. Como tantas veces pasa cuando uno se aburre, hay como un
segundo cerebro que te dice cosas tipo “no saqué el pollo del
congelador” o “a ver si hablo con Fulano, que hace tiempo que no le
veo”. Y ese segundo cerebro me dijo “¿por qué es esto tan aburrido? ¿y
si hubiera un libro que hablara sobre ello? ¿y si tú lo escribieras?”. Creo que el Espíritu Santo se sirve muchas veces de ese segundo cerebro interior.


– ¿Crees que es un tema relevante?


– Pues mucho. Miremos a Jesús: nada hay en el Evangelio que aburra.  Y cuando digo nada es eso, nada. Pero los que hoy hablan de Jesús son muchos veces maestros en el arte de aburrir.
Hay muchos que se aburren a sí mismos cuando hablan. Yo, que ronco, a
veces me despierto del ruido que hago. Pues algo así. Pero antes no era
así, no podía ser así ¿Qué se ha perdido? Yo en el libro echo mucho la
culpa a San Pablo de lo que ha pasado después y lo contrasto con el
Apocalipsis. Los más interesante de San Pablo no son sus cartas, sino su
vida, su experiencia personal. Y lo más interesante del Apocalipsis no
es el argumento (muchos no entendemos ni jota) sino las imágenes que
utiliza. ¿Es un tema relevante? El Evangelio es la mejor historia que
nunca se ha escrito, pero hemos conseguido que suene a aburrida. Como
decía Eduardo Galeano en uno de sus cuentos: el indígena, tras oír
hablar al misionero, dijo “me gusta. Rasca y rasca bien. Pero rasca
donde no pica”. Yo creo que se equivocó. Y la Nueva Evangelización va
por ahí, en demostrar que el picor solo puede ser calmado con Dios.


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– ¿Qué va a encontrar el lector tras este título tan peculiar?


– Un testimonio más o menos erudito de alguien que se ha aburrido durante años. Hay muchos “no vayas por ahí” y al final algunos pocos “por aquí sí”. Pero yo no soy un maestro del arte de la predicación (casi al revés).


– ¿Entiende la vida católica sin la predicación?


– “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio” ¿quién dijo eso?


– ¿Hay algún sexo con más facilidades para predicar?


– Pues no lo creo. Pero sí hay dos edades predilectas: una son los
niños, los que saben reconocer y apreciar un buena historia, los que
diferencian entre algo aburrido y algo entretenido. La otra edad es la
senectud, cuando la vida vivida se llena de historias “de abuelo”.


– Dice que muchos están acostumbrados a aburrirse en la predicación… ¿puede explicar esto?


– No hay mucho que decir. Yo puedo contar con los dedos de la mano
las predicaciones donde no me he aburrido de lo lindo. Y creo que todos
podemos hacerlo. Pero hay una parte de nosotros que está sedienta de
Dios. Nos tragamos el lodo por el agua que contiene. Pero “Fray Ejemplo
es el mejor predicador” y por el ejemplo nos llega el agua limpia, pura.
La presencia de Dios no está tanto en las palabras sino en los hechos.
Como digo en el libro, saber hablar y predicar es secundario, muy
secundario, respecto a lo más importante. Lo único importante es la
relación con Jesús.


– ¿Es necesario predicar para hablar sobre ello?


– Pues espero que no, porque yo haría un papel muy pobre. El libro no tiene trampa ni cartón: yo soy muy malo hablando. Eso sí, en lo de aburrirse soy todo un maestro.


– ¿Cuál cree que es el nivel de la predicación en los ambientes católicos?


– Pues según parece -por las películas- vamos muy por detrás de los
Protestantes. La cosa del testimonio personal no se lleva mucho, como si
fuera algo reñido con la Liturgia. Yo en el libro no hablo del
testimonio personal como si fuera el ingrediente fundamental, pero creo
que puede serlo. La liturgia da momentos para que el oyente sepa que lo mejor que le ha pasado en la vida al orador es encontrarse con Jesús.
Una vida normal. Eso es lo que el oyente quiere oír. No importa que lo
oiga cada Domingo. O que el que lo diga sea un Obispo. Al revés.


– ¿Cuáles son los ingredientes básicos para una buena predicación?


– Al final del libro doy con la clave básica: dejarse llevar por el Espíritu Santo.
De camino a esa entrega, aconsejo muchas cosas: utilizar imágenes,
humor… y, al final, “contar historias personales e historias del
Evangelio”


– Usted es ilustrador, ¿cómo se le ocurrió meterse a escribir y sin poner ninguna ilustración?


– Ya conté cómo se me ocurrió. Iba a meter ilustraciones en cada
capítulo, pero no me gustaban y aquello se alargaba demasiado. Además,
soy un caos. En el propio libro se ve: cómo enfoco cada capítulo es diferente conforme se avanza, de forma que el final poco tiene que ver con el principio. Nunca había escrito un ensayo. Tengo un par de novelitas, pero nunca un ensayo.


– ¿Tiene algún otro libro en mientes?


– ¿En plan ensayo? Pues sí, pienso en uno sobre la relación de la Iglesia con la Estética.
Pero aparte del título (que no les puedo decir) no he ido más allá.
Cuando lo tenga, se lo haré saber a Religión en Libertad. Me encanta su
página web.


– ¿Quién es tu predicador preferido?


– No sé… el otro día estuve oyendo a Jacques Philippe. Me
encantó su buen humor. Posiblemente siga muy pocas de las directrices
que recomiendo, pero deja ver en sus palabras el amor que le tiene a
Dios y el amor que sabe que El le tiene. Es lo que más importa.


También me gusta mucho escuchar a Richard Rohr, aunque imagino que es más por los temas que toca, tan profundos…


– ¿Te gusta como predica el Papa Francisco?


– Mucho. Cada Domingo escucho con atención el Ángelus. Es por
él que di con la idea de qué importante es repetir algo para señalarlo:
él no para de repetir que debemos leer el Evangelio. Y también repite lo
de “recen por mi´”.


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