Con el padre al templo budista, con la madre a misa, pero bloqueaba a Dios con su frenesí laboral

Trabajar duro, marcar una diferencia
laboral en el mundo, estudiar y estudiar, tener éxito profesional,
¡aprovecha el tiempo! ¡Logra un buen puesto!

No parecen malos valores para que una familia los inculque a su hijo…
pero en una sociedad como la de Singapur, y otras sociedades de Asia y
de Occidente, es un frenesí en lo material que deja completamente
orillado al Dios cristiano, que es un Dios del desierto, un Dios del «sabbath» con su descanso, un Dios de 30 años de vida oculta y solo 3 de vida pública…

Así lo experimentó Krish Jon Mathavan, que acaba de ser ordenado
sacerdote de la congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón en
Australia.

Con su padre, templo y doctrina budista

Nació en Singapur hace 41 años. Su padre, budista, lo llevaba al templo budista local y recibía clases de doctrina budista. Su madre, católica, lo llevaba a misa cada domingo. “Tuve una formación religiosa muy equilibrada”, explica al diario católico australiano The Southern Cross.

En unas jornadas católicas para jóvenes sintió que era el cristianismo lo que llenaba espiritualmente su corazón. Pero lo que llenaba su vida de verdad era la pasión por la biología y los estudios, empujados por la insistencia de su familia y de su entorno de triunfar en lo laboral, en la ciencia, en el estudio.

Dedicó años de ajetreo y frenesí a una investigación… que no llegó a buen puerto. Planteándose qué hacer con su vida, participó con 31 años en la JMJ de Sydney 2008, donde sintió que Dios le llamaba de alguna manera. Y de vuelta de la JMJ, se apuntó a un retiro de 8 días en silencio con los Misioneros del Sagrado Corazón.

El hombre acelerado en 8 días de silencio

Él, hombre de vida acelerada, de mil actividades, de aprovechar el
tiempo, cumplía con lo que le mandaban en el retiro, pero los 7 primeros
días sufría, se inquietaba, se tiraba del pelo, se agitaba con la
sensación de tiempo perdido… ¿Para qué tanto silencio y quietud? Él nunca había estado quieto ni en silencio de esa manera. 

«Hay saburía en el hecho de que el retiro dure 8 días: en el octavo día dio fruto», explicó luego en la web de los misioneros.

«Solo en el octavo día se estableció en mí una quietud confortable, sin preocupaciones ni inquietudes. Entonces experimenté
una paz profunda que descendía sobre mí y un amor apasionado
encendiéndome. Me sentí amado hasta los huesos y fue asombroso.
No era solo un subidón emocional sino una profunda convicción interior. Por primera vez, sentí que podía hacer cualquier cosa con mi vida.
Sin planearlo ni darme cuenra, estaba frente a la pregunta no de mi
carrera sino de mi vocación. Dios me mostró que el deseo por Dios que
había estado siempre ahí se encendía ahora para vivir y amar como Dios
hace».

Ahí nació su vocación religiosa y luego sacerdotal.

Cambiar de mentalidad: «dejarse hacer» por Dios

Durante los años de formación, dice, desaprendió con esfuerzo lo que le
habían inculcado: tanta necesidad de éxito, de eficacia, de rendimiento
visible, de cultura competitiva…. Tocaba ahora dejar hacer a Dios,
dejar obrar a Dios, pedir a Dios, estar con Dios, colocar el corazón
junto al corazón de Jesús y dejarse transformar por Él.

Como religioso, el padre Krish trabajó en la asistencia pastoral en las cárceles, hizo apostolado entre las comunidades aborígenes del
Territorio del Norte de Australia y un ministerio en el Stella Maris
Seafarer’s Centre en Melbourne (para gente del mar), todo mientras, por
su propia iniciativa, completaba sus estudios.

Ahora espera ser, dice, “un pastor con olor a oveja”, y “saber cómo amar
y servir a Dios y a la gente confiada a mi cuidado”. El padre Krish, a
quienes están pensando en la vocación sacerdotal o religiosa, les anima a
“abrazar el silencio y a escuchar la voz de Dios, a correr el riesgo de enamorarse, sólo hay que probarlo. No hay perder con Dios, y todo que ganar”.

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