«Hoy hay en el mundo un gran sentimiento de orfandad: muchos tienen muchas cosas, pero falta el Padre«, dijo el Papa Francisco este domingo en la homilía de la misa en Casa Santa Marta.
En ella pidió especialmente por las personas que limpian los hospitales y las calles, «un trabajo que nadie ve, pero necesario para sobrevivir: que el Señor les bendiga y ayude».
La búsqueda del Padre
En su comentario al Evangelio del día, versículos de San Juan en los que Jesucristo
le dice a los apóstoles que no les dejará «huérfanos», Francisco
explicó que Él quiso así protegerles de «ese dolor de la orfandad», que
se repite en la historia de la Humanidad «cuando falta el Padre».
Algo que está presente incluso en la mitología griega, recordó, mencionando a Edipo (obsesionado hasta el crimen y la automutilación por conocer la identidad de su padre) y a Telémaco
(que creció sin su padre, que había ido a luchar en la guerra de
Troya): «Cuando falta el padre, siempre está el deseo de conocerle, de
encontrarle… la búsqueda del padre que falta».
«Hoy podemos decir», insistió, «que vivimos en una sociedad donde falta el Padre, con un sentimiento de orfandad que afecta al sentido de pertenencia y a la fraternidad«.
Jesús promete el Espíritu Santo justo «para señalar el camino al Padre
que Jesús abrió»: «No existe una espiritualidad del Hijo solo, o del
Espíritu Santo solo, el centro es el Padre. El Hijo es enviado por el
Padre y vuelve al Padre. El Espíritu Santo es enviado por el Padre para
recordar y enseñar el acceso al Padre».
El Padre hace que haya hermanos y formen una familia
«Solo con esta conciencia de hijos que no son huérfanos podemos vivir en paz
entre nosotros», dijo Francisco como enseñanza extraída de ese
Evangelio: «Las guerras, las pequeñas o las grandes, tienen siempre una
dimensión de orfandad, [porque] falta el Padre que ‘haga’ las paces«.
Y el Espíritu Santo nos enseña «la dulzura de los hijos del Padre, no
nos enseña a insultar. Una de las consecuencias del sentimiento de
orfandad es el insulto y la guerra, porque si no hay Padre, no hay hermanos, desaparece la fraternidad. La dulzura, el respeto, la mansedumbre, son actitudes de pertenencia a una familia segura de tener un Padre».
El Papa concluyó la homilía pidiendo al Espíritu Santo «que nos
recuerde que tenemos un Padre, y que le dé a esta sociedad, que tienen
un gran sentimiento de orfandad, la gracia de encontrar al Padre que da sentido a la vida y hace que los hombres formen una familia«.
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