
El Seminario Menor de la Asunción celebró el viernes 18 de septiembre la inauguración del curso académico 2026/2027 con una Eucaristía presidida por el arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández.
La celebración reunió en la capilla al arzobispo emérito, monseñor Julián Barrio; al rector del Seminario Menor, Roberto Martínez Díaz; y al rector del Seminario Mayor Interdiocesano, José Antonio Castro Lodeiro. Participaron también los equipos formativos de la Casa do Neno y del Seminario Menor, junto con seminaristas, alumnado y familias.
En su homilía, el arzobispo explicó que la esperanza con la que comenzaba el curso no dependía solo de obtener buenas calificaciones o de cumplir los proyectos previstos, sino que encontraba su fundamento en Jesucristo, vivo y presente en la comunidad.
Para ilustrarlo, se detuvo en el pasaje evangélico que mostraba a Jesús recorriendo pueblos y ciudades acompañado por los Doce y por mujeres como María Magdalena, Juana y Susana. Eran personas distintas, con su propia forma de ser, pero compartían algo que las mantenía unidas: caminaban con Él.

Desde esa imagen, monseñor Prieto invitó al Seminario Menor y a la Casa do Neno a ser hogares donde aprender a caminar con Jesús. El estudio, la convivencia, la oración y la amistad debían ayudar a cada alumno a crecer y a descubrir qué podía aportar a los demás.
Esa invitación se dirigió a todas las edades. A los más pequeños les propuso aprender a compartir y cuidar a sus amigos; a los mayores, preguntarse por su futuro y por la manera de poner sus capacidades al servicio de otras personas. En el Seminario Menor, señaló, también debía tener cabida la pregunta por una posible vocación sacerdotal, una llamada que podía comenzar de forma discreta y que necesitaba tiempo y acompañamiento para madurar.
El arzobispo concretó esa llamada en gestos cotidianos para cuidar la convivencia: acercarse a quien estuviera solo, ayudar al compañero que atravesara dificultades, aprender a pedir perdón y volver a intentarlo cuando las cosas no salieran bien. Animó también a recibir los logros con humildad y a afrontar las incertidumbres del futuro desde la confianza en Cristo resucitado.
Situó así la presencia de Jesús en la vida diaria del Seminario Menor y de la Casa do Neno: en las aulas y los pasillos, en los patios, en la capilla y en el comedor. Una presencia que acompañaba tanto los momentos de alegría como las dificultades y que invitaba a hacer del cuidado mutuo una forma cotidiana de vivir la fe.







