La celebración estuvo presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela y reunió a numerosos fieles, sacerdotes y seminaristas.El nuevo acólito asume una misión de servicio al altar y de atención pastoral a los enfermos.Mons. Francisco José Prieto destacó la importancia de la Eucaristía, la vocación y el compromiso con los más necesitados.

La ceremonia, presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto Fernández, reunió a familiares, amigos, feligreses de O Burgo y Ribeira, así como a numerosos seminaristas que quisieron acompañar al candidato en este importante momento de su camino vocacional. La celebración contó además con la participación del coro parroquial de Santiago de O Burgo, que contribuyó a realzar la solemnidad de la liturgia.
La Eucaristía fue concelebrada por el vicario territorial de A Coruña, Severino Suárez; el rector del Seminario Mayor Interdiocesano Apóstol Santiago, José Antonio Castro Lodeiro; el párroco de Santiago de O Burgo, Manuel Sierra, junto a otros sacerdotes de la archidiócesis que participaron en esta significativa celebración para la comunidad parroquial y para la Iglesia compostelana.
Durante la introducción de la celebración se destacó que la institución como acólito supone un paso significativo en el itinerario formativo de Francisco Javier Serrano hacia el sacerdocio ministerial. La Iglesia le confía la misión de colaborar con sacerdotes y diáconos en el servicio del altar, así como en la distribución de la Sagrada Comunión, especialmente a los enfermos.
En su homilía, el arzobispo dirigió unas palabras al candidato, subrayando que el ministerio recibido va más allá de una simple función litúrgica o de una etapa previa al diaconado y al presbiterado: “Es una gracia, es una llamada que recibes a configurar tu vida más profundamente con Cristo, que vino para servir”.
Mons. Prieto explicó que el ministerio de acólito sitúa al seminarista junto al misterio de Cristo entregado por la salvación del mundo y lo vincula de forma especial a la Eucaristía. Asimismo, recordó que la vocación cristiana y sacerdotal no está exenta de dificultades, pero encuentra su fortaleza en la confianza en Dios.
Inspirándose en las lecturas proclamadas durante la celebración, el arzobispo animó al nuevo acólito a perseverar en la fe, incluso en los momentos de prueba. También destacó que quienes sirven en la Iglesia no son servidores de una idea o de un proyecto humano, sino de la acción salvadora de Cristo.
A lo largo de su reflexión, destacó la dimensión eucarística del ministerio que Francisco Javier Serrano comienza a ejercer oficialmente. Señaló que el servicio al altar debe estar acompañado por una vida de coherencia cristiana y de atención a quienes sufren, especialmente los enfermos, los olvidados y las personas que viven en soledad o fragilidad.
“No tengáis miedo”, recordó el prelado citando las palabras del Evangelio, invitando al nuevo acólito y a todos los fieles a vivir la fe con serenidad, confianza y valentía en una sociedad marcada por la incertidumbre y la indiferencia religiosa.
Tras la homilía tuvo lugar el rito de institución. Mediante la oración de bendición y la entrega de la patena con el pan y del cáliz con el vino, Francisco Javier Serrano asumió públicamente el compromiso de servir dignamente la mesa del Señor.
La ceremonia concluyó con una oración por el nuevo acólito, para que permanezca fiel en el servicio eclesial y fortalezca su vocación mediante una profunda vida de fe, caridad y entrega al pueblo de Dios.







