II Domingo de Cuaresma

« Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo…»

(Romanos 8, 29).

Per crucem ad lucem!

«Superada la Tentación, llega la Transfiguración y la Misión»

S.Son

San Cirilo de Jerusalén, “A Él oíd”. Y más que a Moisés y a Elías, porque Cristo es el fin de la Ley y de los Profetas».

San Ambrosio Allí donde se muestra la Gloria del Señor que resucita, la gloria de los siervos cae en la oscuridad. Porque el sol, al levantarse, oscurece las estrellas, y todas las luces desaparecen frente al resplandor del eterno Sol de justicia (Ml 3,20) (Sobre el salmo 45, 2; CSEL 64, 6, 330-331).

Hugo de San Víctor, «toda la Escritura divina forma un solo libro, y ese único libro es Cristo, ya que toda la Escritura divina habla de Cristo y toda ella se realiza en Cristo» (De Arca Noe morali 2,8)

S. Agustín, “El que se pasa al lado de Cristo, pasa del temor al amor y comienza a poder cumplir con el amor lo que con el temor no podía” (S 32,8).

San León Magno, «Con esa Transfiguración pretendía especialmente sustraer el corazón de sus discípulos del escándalo de la cruz y evitar que la voluntaria ignominia de su Pasión hiciese flaquear la fe de los mismos» (Serm 51 Témp. de Cuaresma).

Sin duda, esta Transfiguración tenía por meta quitar del corazón de sus discípulos el escándalo de la Cruz, no hacer tambalear su fe por la humildad de la pasión voluntariamente aceptada… (Homilía 51/38, sobre la Transfiguración)

Máximo el Confesor, afirma que «los vestidos que se habían vuelto blancos llevaban el símbolo de las palabras de la Sagrada Escritura, que se volvían claras, transparentes y luminosas» (Ambiguum 10: pg 91, 1128 b).

San Beda «Cuando el Señor se transfigura, nos da a conocer la gloria de la Resurrección suya y de la nuestra. Porque tal y como se presentó a sus discípulos en el Tabor, se presentará a todos los elegidos después del día del juicio».

San Juan Damasceno,Hoy se manifiesta lo que los ojos de carne no pueden ver: un cuerpo terrestre irradiando esplendor divino, un cuerpo mortal rebosando la gloria de la divinidad… Las cosas humanas pasan a ser las de Dios, y las divinas las de los humanos. Homilía sobre la Transfiguración : PG 96, 545

Tomás de Kempis: «Muchos siguen a Jesús hasta partir el pan, pocos hasta beber el cáliz»

Fray Luís de León “La virtud no teme a la luz, antes desea venir siempre a ella; por es hija de ella, y criada para resplandecer y ser vista.”

Ignacio de Loyola, “¡Qué miserable me parece la tierra cuando contemplo el cielo!”

Santa Teresa de Jesús: «Estando una vez con esta presencia de las tres personas que traigo en el alma, era con tanta luz que no se puede dudar el estar allí Dios vivo y verdadero, y allí se me daban a entender cosas que yo no las sabré decir después».

“Quien tuviere experiencia lo entenderá, y verá que he atinado a decir algo; quien no la tenga, no me extrañaría que le parezca todo un desatino” (Teresa de Jesús, El Libro de la vida 26,6).

San Juan de la Cruz « Pon los ojos sólo en Él, porque en Él te lo tengo todo dicho y revelado, y hallarás en Él aún más de lo que pides y deseas (…);”» (Subida al Monte Carmelo 2,22,5).

Santa Teresita del Niño Jesús «Entonces busqué en los libros santos algún indicio del ascensor, objeto de mis deseos: Si alguno es pequeñito, que venga a mí. Un ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús. Y para esto, no necesito crecer, por el contrario, es menester que permanezca pequeña y que cada vez lo sea más» Historia de un alma

Catecismo, 142 Por su revelación, «Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía» (DV 2). La respuesta adecuada a esta invitación es la fe.

143 Por la fe, el hombre somete completamente su inteligencia y su voluntad a Dios. Con todo su ser, el hombre da su asentimiento a Dios que revela (cf. DV 5). La sagrada Escritura llama «obediencia de la fe» a esta respuesta del hombre a Dios que revela (cf. Rm 1,5; 16,26)

444 «Los Evangelios narran en dos momentos solemnes, el bautismo y la transfiguración de Cristo, que la voz del Padre lo designa como su ‘Hijo amado’. Jesús se designa a sí mismo como ‘el Hijo Único de Dios’ (Jn 3,16) y afirma mediante este título su preexistencia eterna. Pide la fe en ‘el Nombre del Hijo Único de Dios’ (Jn 3,18) (…)»

554 A partir del día en que Pedro confesó que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo, el Maestro «comenzó a mostrar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén, y sufrir … y ser condenado a muerte y resucitar al tercer día» (Mt 16,21): Pedro rechazó este anuncio (cf. Mt 16,22-23), los otros no lo comprendieron mejor (cf. Mt 17,23Lc 9,45). En este contexto se sitúa el episodio misterioso de la Transfiguración de Jesús (cf. Mt 17,1-8 par.: 2P 1,16-18), sobre una montaña, ante tres testigos elegidos por él: Pedro, Santiago y Juan. El rostro y los vestidos de Jesús se pusieron fulgurantes como la luz, Moisés y Elías aparecieron y le «hablaban de su partida, que estaba para cumplirse en Jerusalén» (Lc 9,31). Una nube les cubrió y se oyó una voz desde el cielo que decía: «Este es mi Hijo, mi elegido; escuchadle» (Lc 9,35).

555 Por un instante, Jesús muestra su gloria divina, confirmando así la confesión de Pedro. Muestra también que para «entrar en su gloria» (Lc 24,26), es necesario pasar por la Cruz en Jerusalén. Moisés y Elías habían visto la gloria de Dios en la Montaña; la Ley y los profetas habían anunciado los sufrimientos del Mesías (cf. Lc 24,27). La Pasión de Jesús es la voluntad por excelencia del Padre: el Hijo actúa como siervo de Dios (cf. Is 42,1). La nube indica la presencia del Espíritu Santo: «Tota Trinitas apparuit: Pater in voce; Filius in homine, Spiritus in nube clara» («Apareció toda la Trinidad: el Padre en la voz, el Hijo en el hombre, el Espíritu en la nube luminosa» (Santo Tomás, s.th. III 45,4, ad 2):

Tú te has transfigurado en la montaña, y, en la medida en que ellos eran capaces, tus discípulos han contemplado Tu Gloria, oh Cristo Dios, a fin de que cuando te vieran crucificado comprendiesen que Tu Pasión era voluntaria y anunciasen al mundo que Tú eres verdaderamente la irradiación del Padre (Liturgia bizantina, Kontakion de la Fiesta de la Transfiguración,)

556 La transfiguración del Señor en el monte es una manifestación de su identidad: Él, el Cristo, es el Hijo de Dios, y su misión es la de reconciliar a la humanidad entera por su muerte en Cruz, una muerte terrible que dará paso a la gloria por su Resurrección. Para todo aquél que quiera seguir al Señor, la Cruz será también para él el camino que conduce a la gloriosa transfiguración de su propia existencia ().

La Promesa y la oración de la fe

2570 Cuando Dios lo llama, Abraham se pone en camino “como se lo había dicho el Señor” (Gn 12, 4): todo su corazón “se somete a la Palabra” y obedece. La escucha del corazón a Dios que llama es esencial a la oración, las palabras tienen un valor relativo. Por eso, la oración de Abraham se expresa primeramente con hechos: hombre de silencio, en cada etapa construye un altar al Señor. Solamente más tarde aparece su primera oración con palabras: una queja velada recordando a Dios sus promesas que no parecen cumplirse (cf Gn 15, 2-3). De este modo surge desde los comienzos uno de los aspectos de la tensión dramática de la oración: la prueba de la fe en Dios que es fiel.

San Juan Pablo II El Evangelio de la Transfiguración del Señor pone delante de nuestros ojos la gloria de Cristo, que anticipa la resurrección y que anuncia la divinización del hombre.

Misterio de luz por excelencia es la Transfiguración, que según la tradición tuvo lugar en el Monte Tabor. La gloria de la Divinidad resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los apóstoles extasiados para que lo escuchen y se dispongan a vivir con Él el momento doloroso de la Pasión, a fin de llegar con Él a la alegría de la Resurrección y a una vida transfigurada por el Espíritu Santo carta apostólica Rosarium Virginis Mariae

Es necesario buscar…en este tiempo la cercanía de Cristo: “¡Qué hermoso es estar aquí!” (Mt 17,4). (15-III-1981).

Benedicto XVI «la íntima compenetración de su ser con Dios, que se convierte en luz pura. En su ser uno con el Padre, Jesús mismo es Luz de Luz» (Jesús de Nazaret, Madrid 2007, p. 361).

“La Transfiguración es un acontecimiento de oración: orando Jesús se sumerge en Dios, se une íntimamente a Él, adhiere con su propia voluntad la voluntad de amor del Padre, y así la luz lo invade y aparece visiblemente la verdad de su ser: Él es Dios, Luz de Luz” (17 Feb. 08).

Papa Francisco, El encuentro con Dios en la oración nos impulsa nuevamente a «bajar de la montaña» y volver a la parte baja, a la llanura, donde encontramos a tantos hermanos afligidos por fatigas, enfermedades, injusticias, ignorancias, pobreza material y espiritual. Ángelus (16-03-2014)

«Una fe auténtica implica siempre un profundo deseo de cambiar el mundo. ». a los jóvenes en Cracovia

También nosotros podamos ser transfigurados por el Amor ().

«‘Escúchenlo’. Es muy importante esta invitación del Padre. Nosotros, los discípulos de Jesús, estamos llamados a ser personas que escuchan su voz y se toman en serio sus palabras» ()

Papa León XIV: ser hoy “testigos inermes y desarmantes de la paz que viene de Cristo”.

Pagola, Tarde o temprano, todos corremos el riesgo de instalarnos en la vida, buscando el refugio cómodo que nos permita vivir tranquilos, sin sobresaltos ni preocupaciones excesivas, renunciando a cualquier otra aspiración.

CONTO

DEL ROBLE SALIÓ UNA VOZ…

En algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos.

Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: ¡No sabía quién era!

Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano: «Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosísimas manzanas, ¡ve que fácil es!»

«No lo escuches», exigía el rosal. «Es más sencillo tener rosas y ¡ve que bellas son!»

Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.

Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:
«No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la Tierra. Yo te daré la solución… No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas. Sé tú mismo, conócete… y para lograrlo, escucha tu voz interior.»

Y dicho esto, el búho desapareció.

«¿Mi voz interior?… ¿Ser yo mismo?… ¿Conocerme?…»

Se preguntaba el árbol desesperado, cuando de pronto, comprendió. Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole:

«Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje… Tienes una misión: ¡Cúmplela!»

Y el árbol se sintió fuerte y seguro de si mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.

Yo me pregunto al ver a mi alrededor, ¿Cuántos serán robles que no se permiten a sí mismos crecer?… ¿Cuántos serán rosales que por miedo al reto, sólo dan espinas?… ¿Cuántos, naranjos que no saben florecer?

En la vida, todos tenemos un destino que cumplir y un espacio que llenar. No permitamos que nada ni nadie nos impida conocer y compartir la maravillosa esencia de nuestro ser. ¡Nunca lo olvides!

Tomado de Anecdonet

ANÉCDOTA

LA TEOFANÍA DEL SINAÍ

Dios no se manifiesta en un espacio cualquiera, sino en un sitio especial, la montaña, a la que no tiene acceso todo el pueblo, sino sólo Moisés, al que a veces acompaña su hermano Aarón (Ex 19,24), o Aarón, Nadab y Abihú junto con los setenta dirigentes de Israel (Ex 24,1). La presen­cia de Dios se expresa mediante la imagen de una nube espesa, desde la que habla (Ex 19,9). Es también frecuente que se mencione en este contexto el fuego, el humo y el temblor de la montaña, como símbolo de la gloria y el poder de Dios que se acerca a la tierra. Estos elementos demuestran que los evangelistas no pretenden ofrecer un informe objetivo, “histórico”, de lo ocurrido, sino crear un clima semejante al de las teofanías del Antiguo Testa­mento.

LA SUBIDA A LA MONTAÑA

Jesús sólo elige a tres discípu­los, Pedro, Santiago y Juan. La exclusión de los otros nueve pretende indicar que va a ocurrir algo tan importante que no puede ser presen­ciado por todos. Se dice que subieron «a una montaña alta y apartada». La tradición cristiana, que no se contenta con estas indicaciones generales, la ha identificado con el monte Tabor, que tiene poco de alto (575 m) y nada de aparta­do. Lo evangelistas quieren indicar otra cosa: usan el frecuente simbolismo de la montaña como morada o lugar de revelación de Dios. Entre los antiguos cananeos, el monte Safón era la morada del panteón divino. Para los griegos se trataba del Olimpo. Para los israelitas, el monte sagrado era el Sinaí (u Horeb). También el Carmelo tuvo un prestigio especial entre ellos, igual que el monte Sión en Jerusalén. Una montaña «alta y apartada» aleja horizontalmente de los hombres y acerca verticalmente a Dios. En ese contexto va a tener lugar la mani­festación gloriosa de Jesús.

Tomado de J.L.Sicre

MOISÉS

Es el gran mediador entre Dios y su pueblo, el profeta con el que Dios hablaba cara a cara. Sin Moisés, humana­mente hablando, no habría existido el pueblo de Israel ni su religión. Elías es el profeta que salva a esa religión en su mayor momento de crisis, hacia el siglo IX a.C., cuando está a punto de sucumbir por el influjo de la religión cananea. Sin Elías habría caído por tierra toda la obra de Moisés. El hecho de que se aparezcan ahora a los discípu­los (no a Jesús) es una manera de garantizarles la importancia del personaje al que están siguiendo. No es un hereje ni un loco, no está destruyendo la labor religiosa de siglos, se encuentra en la línea de los antiguos profetas, llevando su obra a plenitud.

Tomado de J.L.Sicre

“AHORA YA PUEDO MORIR”

Esquilo, en su Agamenón, describe un soldado que regresa a su tierra natal después de la guerra de Troya, el cual en su alegría dice que siente deseos de morir. Shakespeare pone las mismas gozosas palabras en boca de Otelo después de los peligros de un viaje:

Si ahora fuera preciso morir,

sería este el momento más dichoso; porque temo

que mi alma posee ahora un gozo tan absoluto,

que ninguna otra satisfacción como ésta

le reserva el ignorado sino.

Tomado de Fulton J. Sheen, Vida de Cristo, Ed. Herder, Barcelona, 1968, cap. 18, pp. 169-173)

ABRAHAM SALE DE UNA TIERRA,

el Irán actual, a 200 kilómetros del mar Pérsico, y va a entrar en otra, Canaán. En un acontecimiento, no pequeño, le ha facilitado la Providencia, su salida: Teraj, su padre, ha muerto ya en Jarán. Señal de que aún se le trata como a niño. Las pruebas vendrán después. Llega a Canaán y sólo la recorre, porque aún no la posee. Al Señor le gusta hacer desear, porque cuanto más se desea más se alcanza. Hacer desear porque cuanto más se desea más se valora lo que se desea. Lo hace ahora con Abraham. Lo hará después con Moisés desde el monte Nebo, enseñándole la tierra prometida: «Te la hago ver con tus ojos, pero no entrarás en ella» (Dt 34,5). Es una manera de decirle que la paga la va a recibir en la otra tierra figurada por ésta. Abraham sale de la tierra de la humanidad dispersa, y entra en la tierra, posesión de un pueblo futuro, que va a nacer otra vez del Creador. Así es como hemos salido nosotros de la tierra de la dispersión y hemos entrado en el pueblo nuevo de Dios por el Bautismo. La humanidad de Babel quiere realizarse sin Dios; pero la verdadera grandeza sólo se construye con Dios y por Dios.

Pero Abraham tiene que pagar un alto precio por ese pueblo: emigrar de su tierra, el destierro. Y no es fácil romper con las propias raices. Dejar en Jarán a su hermano Najor (Gn 12, 4) y en Betel a su sobrino Lot, (Gn 13,11) y abandonar a Agar y a Ismael, hijo de ambos: «Abraham se levantó muy de mañana, tomó pan y un odre de agua y se lo dio a Agar: Se lo puso sobre su hombro, le entregó también al niño y la despidió» (Gn 21,14).Y su corazón quedó bramando en el desierto, como el de una leona que le arrebatan su cachorro. Por último se le pidió el sacrificio supremo: sacrificar a su hijo Isaac (Gn 22,1).¿Era crueldad? No. Era pedagogía. Necesidad. A Abraham se le pide que viva en otra dimensión, la de Dios, para que sea el fulgor de la fe.Los ojos y las mentes terrenas esto no lo pueden entender. No lo entenderán nunca, porque la sabiduría de la cruz es locura para los hombres (1 Cor 1,24).

Tomado de J. Marti Ballester

POEMA

EL ÁNGEL DE LOS POBRES 

“Yo continuaría creyendo, incluso si el mundo pierde esperanza.

Y continuaría amando, incluso si los otros destilan odio.

Yo continuaría construyendo, incluso si otros destruyen.

Yo continuaría hablando de paz, incluso dentro de una guerra.

Yo continuaría iluminando, incluso en medio de la obscuridad.

Yo continuaría sembrando, incluso si los otros pisotean la cosecha.

Y yo continuaría gritando, incluso si los otros se callan.

Y yo dibujaría sonrisas en los rostros con lágrimas.

Y yo aportaría alivio, cuando se vea dolor.

Y yo ofrecería motivos de alegría allí donde no hay más que tristeza.

Y yo invitaría a caminar aquel que ha decidido detenerse…

Y yo extendería los brazos a aquellos que se sienten agotados”.

(Abbé Pierre)

VOCACIÓN

Yo no soy flor nacida para todos los vientos

ni camino perdido para todos los pasos.

Yo no soy pluma suelta de destinos y acasos

arrojada a los aires cual despojo maldito.

Yo he nacido a la sombra de un mandato infinito,

de un misterio fecundo,

donde en letras de estrellas mi sendero está escrito.

Yo he venido a la vida con un nombre bendito.

Yo no soy hospiciano de las patrias del mundo.

J. Mª. Peman

Tomado de Mercaba

ORACIÓN

TABOR

El monte Tabor. La transfiguración.

La nube envolvente de la dicha.

La palabra de Dios afirmativa:

Sí, hijo mío.

La muerte y la pasión ya no importan.

Si hay Tabor ¿qué importa todo?

Un segundo de Tabor es suficiente

para llenar la vida,

para explicar la vida,

para explicar la muerte.

Una ráfaga de su blanca luz

ilumina todas las noches,

aun las más tristes.

Un poco de Tabor es lo que pido,

sólo un pequeño chispazo

sobre la tristeza

y el cansancio de mi corazón,

un poco más de Tabor

sobre la noche del mundo.

Caritas 1996-1.Pág. 52

Tomado de Mercaba

MEDITACIÓN

MOMENTOS DE TABOR

E1 Tabor, además de gracia, es el resultado del deseo, de la oración, del vaciamiento y la subida. Cuando te purificas del todo, brilla en ti la luz de Dios. Cuando te pones en camino, brilla la estrella. Cuando te esfuerzas por superarte, te trasciendes y transfiguras. Dios te concede experiencia de Tabor:

– Cuando pones tu voluntad en las manos de Dios.

– Cuando te alimentas de la palabra de Dios.

– Cuando buscas a Dios «día y noche».

– Cuando encuentras a Dios en el sufrimiento.

– Cuando sirves a Dios en los hermanos.

– Cuando compartes el sufrimiento de los pobres.

– Cuando te libras de un apego.

– Cuando sacrificas al hijo primogénito.

– Cuando conquistas una meta.

– Cuando eres creador.

– Cuando te gastas por el otro con amor.

– Cuando te olvidas de tu Tabor para que otros lo tengan.

Caritas 1996-1.Pág. 54-57

LA TENTACIÓN QUIERE ACORTAR EL CAMINO HACIA LA TRANSFIGUACIÓN

El domingo de la transfiguración sigue al de la tentación. Esto es muy significativo… La tentación viene a colocarse al comienzo del camino del sufrimiento y acecha todo a lo largo de él. Trata de desviar al alma del camino de sus sufrimientos saludables. Si el alma logra superarla, consigue la salvación, que no es otra cosa que la contemplación del Señor transfigurado y la propia divinización unida a El. La tentación pretende esencialmente acortar el camino, alcanzar una transfiguración prematura apoyándose en las propias fuerzas; quiere pasar por encima de las etapas fijadas en dicho camino, quiere rehuir la cruz. Si cede a todo esto, viene la muerte y el abismo. En último término, la caída de nuestros primeros padres no fue otra cosa, y la misma tentación de Cristo no apuntaba sino a que manifestase prematuramente y de modo arbitrario la gloria divina que en El residía.

(Emiliana Löhr, El año del Señor, el Misterio de Cristo en el año Liturgico I Edic.Guadarrama Madrid 1962.Pág. 265)

Tomado de MSC

CANTO

Transfigúrame Ixcís

Athenas – Qué Bien Se Está Aquí

VIDEO

Equipo Quiero Ver: Más allá del valle.

Delegación para el Clero de Santiago de Compostela