
El cardenal Marcello Semeraro, de 77 años, responsable de las Causas de los Santos, ha admitido en Avvenire, el diario propiedad de los obispos italianos, que «cuando el Colegio Cardenalicio comenzó a reunirse para preparar el Cónclave, todos estábamos preocupados. Los diferentes orígenes, la falta de conocimiento mutuo, las diferentes sensibilidades podrían haber llevado a la hipótesis de días difíciles«.
Pero en apenas 24 horas, la Iglesia ya tenía un nuevo Papa. «Y estoy realmente feliz de que hayamos elegido a Robert Prevost como Papa. Un hombre al que respeto mucho», asegura. Durante los últimos dos años se lo ha encontrado en el ascensor y las escaleras porque trabajan en el mismo edificio, el Palacio de las Congregaciones en la Plaza Pío XII, donde se encuentran el Dicasterio para los Obispos (que dirigía Prevost) y el Dicasterio para las Causas de los Santos, de Semeraro.
«Seguramente habrá continuidad entre los dos pontificados, pero yo añadiría que debemos esperar al menos un ochenta por ciento de novedad», concreta. Habrá una catolicidad, dice, de «encuentro de variedades valoradas armoniosamente».
«[Prevost] Tiene un estilo amable y delicado, a veces apacible. Pero al mismo tiempo es una persona fuerte, capaz de tomar decisiones cuando tiene el deber de hacerlo. Lo demostró como prefecto del Dicasterio para los Obispos; ya lo había revelado como prior general. de los Agustinos», avisa Semeraro, casi como previniendo a los que quieran probar temerariamente el margen de tolerancia del nuevo Pontífice.
Semeraro dice que los cardenales decidieron empezar escuchando. «En un Colegio Cardenalicio tan diverso hemos hecho exactamente lo que dice San Benito cuando, hablando del abad, pide que él escuche a todos. Pienso que fue una oportunidad celestial. Y, al mismo tiempo, el Espíritu nos guió a través de largos días de discusión sobre la Iglesia actual y futura. Luego comenzó el Cónclave. Cuando llegamos tarde a la primera votación, pensé: «Me pregunto qué dirán afuera porque no sale humo. A lo mejor piensan que nos estamos peleando…». En realidad, el horario de votación se había ampliado, ya que era el primer día».
Luego, el cardenal revela que «la mayoría que permitió la elección de León XIV se creó paso a paso, gradualmente, no de repente. Y todo esto lo considero un regalo del Señor. Así como fue un don la docilidad que lleva en cierto punto incluso a desistir cuando uno entiende que el viento sopla en otra dirección. La mayoría necesaria se alcanzó poco después».
