
CITA
«Alégrate, hija de Sión, grita de gozo Israel…
El Señor, tu Dios está en medio de ti.
Sofonías 3,14-17
««Si el Señor está conmigo, miedo… ¿a qué enemigo?».
San Son
S. Ireneo, «por su obediencia fue causa de la salvación propia y de la de todo el género humano».
San Ambrosio: «Ved la humildad de la Virgen, ved su devoción. Prosigue, pues: “Y dijo María: He aquí la sierva del Señor”. Se llama sierva la que es elegida como Madre, y no se enorgullece con una promesa tan inesperada. Porque la que había de dar a luz al manso y al humilde, debió ella misma manifestarse humilde. Llamándose también a sí misma sierva, no se apropió la prerrogativa de una gracia tan especial, porque hacía lo que se le mandaba. Por ello sigue: “Hágase en mí según tu palabra”. Tienes el obsequio, ves el voto. “He aquí la sierva del Señor”, es su disposición a cumplir con su oficio. “Hágase en mí según tu palabra”, es el deseo que concibe».
San Agustín Más que contigo, El está en tu corazón, se forma en tu seno, llena tu espíritu, llena tu vientre. (En el serm. de Nativit. Dom. 4)
«María concibió por fe y dio a luz por fe»; más aún, que «concibió a Cristo antes en el corazón que en el cuerpo».
San Gregorio «Por un misterio profundo, a causa de su concepción santa y su parto inefable, la misma Virgen fue Sierva del Señor y Madre, según la verdad de las dos naturalezas».
San Bernardo dice que María, lo único que pidió fue la gracia.
«Sólo por esta vez -dice Bernardo- no seas humilde, sino magnánima. Danos tu «sí».»
San Pedro Crisólogo, El nombre hebreo de María se traduce por Domina en latín; el Ángel le da, por tanto, el título de Señora (Sermón sobre la Anunciación de la B. Virgen María, 142).
S. Luis M. Grignon de Monfort: «La Virgen María es la afortunada persona a la que fue dirigido este divino saludo para concluir «el negocio» más importante y grande del mundo: la encarnación del Verbo eterno, la paz entre Dios y los hombres y la redención del género humano. Gracias al saludo angélico, Dios se hace hombre, una virgen es hecha Madre de Dios, el pecado fue perdonado, la gracia nos fue dada. En definitiva, el saludo angélico es el arco iris, el signo de la clemencia y de la gracia que Dios concedió al mundo. El saludo del ángel es uno de los cánticos más bellos con los que podemos glorificar al Altísimo. Por eso repetimos este mismo saludo, para agradecer a la Santísima Trinidad por tantos e inestimables beneficios suyos. Alabamos a Dios Padre porque amó de tal manera al mundo que le dio a su Hijo para salvarlo. Bendecimos a Dios Hijo porque bajó del cielo a la tierra, se hizo hombre y nos redimió. Glorificamos a Dios Espíritu Santo, porque en el seno de la Virgen Santísima formó el cuerpo purísimo que fue la víctima por nuestros pecados» (S. Luis M. G. de Monfort, El secreto admirable del Santo Rosario, nn. 44-45).
Amadeo de Lausanne Nadie se apartó jamás triste o deprimido de su lado, o ignorante de los misterios celestiales. Todos volvían contentos a sus casas, habiendo alcanzado por la Madre del Señor lo que deseaban. Homilía 7: SC 72, 188. 190.192. 200
Vaticano II María fue «dotada por Dios con dones a la medida de una misión tan importante» (LG 56).
«La Toda Santa» (Panaghia), la celebran «como inmune de toda mancha de pecado y como plasmada y hecha una nueva criatura por el Espíritu Santo» (LG 56).
San Josemaría, «Nuestra Señora oye con atención lo que Dios quiere, pondera lo que no entiende, pregunta lo que no sabe. Luego, se entrega toda al cumplimiento de la voluntad divina (…). ¿Veis la maravilla? Santa María, maestra de toda nuestra conducta, nos enseña ahora que la obediencia a Dios no es servilismo, no sojuzga la conciencia: nos mueve íntimamente a que descubramos la libertad de los hijos de Dios (cfr. Rm 8,21)» Es Cristo que pasa, n. 173.
Catecismo de la Iglesia católica, «el nombre de Jesús significa que el nombre mismo de Dios está presente en la persona de su Hijo hecho hombre para la redención universal y definitiva de los pecados» (n. 432).
Pablo VI: «En María vemos la respuesta que Dios da al misterio del hombre; y la pregunta que el hombre hace sobre Dios y la propia vida».1974
San Juan Pablo II, Aprendamos a repetir con amor el santo nombre de Jesús… Ángelus(22-12-1996)
Así, en ella y en su castísimo esposo vemos realizadas las condiciones indispensables para prepararnos a la Navidad de Cristo. Ante todo, el silencio interior y la oración, que permiten contemplar el misterio que se conmemora. En segundo lugar, la disponibilidad a acoger la voluntad de Dios, sea cual sea la forma en que se manifieste. Ángelus(22-12-2002)
En virtud de la riqueza de la gracia del Hijo Bienamado, en virtud de los méritos redentores de aquel que debía ser su Hijo, María fue preservada de la herencia del pecado original. Así, desde el primer momento de su concepción, es decir, desde su existencia, pertenece a Cristo, participa de la gracia salvífica y santificante y del amor que tiene su fuente en el “Hijo bienamado”, en el Hijo del Padre eterno que, por la encarnación, es su propio Hijo. Por esto, por el Espíritu en el orden de la gracia, es decir, de la participación en la naturaleza divina, María recibe la vida de aquel al que ella misma, en el orden de la generación terrena, da la vida como madre… Y porque María recibe esta vida nueva en una plenitud que conviene al amor del Hijo hacia su Madre –y pues a la dignidad de la maternidad divina- el ángel de la Anunciación la llama “llena de gracia.» Carta Encíclica “Redemptoris Mater”, n. 7, 10.
María es Madre de la Iglesia, porque en virtud de la inefable elección del mismo Padre Eterno y bajo la acción particular del Espíritu de Amor ella ha dado la vida humana al Hijo de Dios, por el cual y en el cual son todas las cosas y del cual todo el Pueblo de Dios recibe la gracia y la dignidad de la elección. Su propio Hijo quiso explícitamente extender la maternidad de su Madre -y extenderla de manera fácilmente accesible a todas las almas y corazones- confiando a ella desde lo alto de la Cruz a su discípulo predilecto como hijo. El Espíritu Santo le sugirió que se quedase también ella, después de la Ascensión de Nuestro Señor, en el Cenáculo, recogida en oración y en espera junto con los Apóstoles hasta el día de Pentecostés, en que debía casi visiblemente nacer la Iglesia, saliendo de la oscuridad. Posteriormente todas las generaciones de discípulos y de cuantos confiesan y aman a Cristo -al igual que el apóstol Juan- acogieron espiritualmente en su casa a esta Madre, que así desde los mismos comienzos, es decir, desde el momento de la Anunciación, quedó inserida en la historia de la salvación y en la misión de la Iglesia. Así pues, todos nosotros, que formamos la generación contemporánea de los discípulos de Cristo, deseamos unirnos a ella de manera particular (Juan Pablo II, Enc. Redemptor hominis, 22).
María debe encontrarse en todas las vías de la vida cotidiana de la Iglesia. Mediante su presencia materna, la Iglesia se cerciora de que vive verdaderamente la vida de su Maestro y Señor, que vive el misterio de la Redención en toda su profundidad y plenitud vivificante (Juan Pablo II, Enc. Redemptor hominis, 22).
Benedicto XVI, Dejémonos «contagiar» por el silencio de san José. Ángelus(18-12-2005)
Santa María «nos mira como Dios la miró a ella, humilde muchacha de Nazaret, insignificante a los ojos del mundo pero elegida y preciosa para Dios» Discurso, 8-XII-2010.
Papa Francisco, Para llenarse es necesario hacer espacio, vaciarse, hacerse a un lado. Como María, que supo escuchar la Palabra de Dios y confiar totalmente en su voluntad, aceptándola sin reservas en su propia vida. (Ángelus, 8 diciembre 2019)
«¡Qué importante es soñar juntos! Solos se corre el riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos». Encíclica Todos hermanos.
«José nos enseña que tener fe en Dios incluye además creer que Él puede actuar incluso a través de nuestros miedos, de nuestras fragilidades, de nuestra debilidad. Y nos enseña que, en medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca».
José Antonio Pagola En estos tiempos no siempre fáciles, ¿no necesitamos despertar en nosotros la confianza en Dios y la alegría de sabernos acogidos por él? ¿Por qué no nos liberamos un poco de miedos y angustias enfrentándonos a la vida desde la fe en un Dios cercano?
W. Pannenberg “La religiones mueren cuando fallan sus luces”,
José María Rubio, s.j.: El secreto de la sabiduría consiste en “hacer lo que Dios quiere y querer lo que Dios hace”.
Friedrich Nietzsche: “Quiero ser, un día, alguien que solo dice sí”.
Jesús Martí Ballester Lucas escribió lo que oyó contar a María. «Quise escribir un relato importante y trascendente para vuestra vida. Igual que yo me informé de María, vosotros podéis recibir también la palabra y el Espíritu del Señor y convertir en fruto ese mensaje. Podéis recibir a Jesús para vosotros y para llevarlo al mundo. Dios está también con vosotros, os ofrece llenaros de gracia, y lo que quiere hacer por vosotros no es cosa vuestra sino de él, con la única condición de que le deis un sí sin condiciones».
Raniero Cantalamessa Con estas palabras María hizo su acto de fe. Acogió a Dios en su vida, se confió a Dios. Con aquella respuesta suya al ángel es como si María hubiera dicho: «Heme aquí, soy como una tablilla encerada: que Dios escriba en mí todo lo que quiera». En la antigüedad se escribía en tablillas enceradas; nosotros ahora diríamos: «Soy un papel en blanco: que Dios escriba en mí todo lo que desee».
En verdad María nunca dijo «fiat» porque no hablaba latín, ni siquiera griego. Lo que con toda probabilidad salió de sus labios es una palabra que todos conocemos y repetimos frecuentemente. Dijo «¡Amen!». Esta era la palabra con la que un hebreo expresaba su asentimiento a Dios, la plena adhesión a su plan. 18 diciembre 2005
CONTO
Un el día Jesús fue en busca de San Pedro, el de las llaves del cielo, y le dijo: Me da la impresión de que dejas entrar en el cielo a gente un tanto sospechosa.
San Pedro le contestó: Lo sé, Señor. ¿Pero qué puedo hacer? Yo no les dejo entrar, pero cuando me doy la vuelta se van a la puerta de servicio, habla con tu madre y ella los mete dentro.
Tomado de P, Félix Jiménez
EL SUEÑO DE MARÍA
Tuve un sueño, José…. no lo pude comprender, realmente no, pero creo que se trataba del nacimiento de nuestro Hijo. Creo que sÍ era acerca de eso. La gente estaba haciendo los preparativos con seis semanas de anticipación.. Decoraban las casas y compraban ropa nueva. Salían de compras muchas veces y adquirían elaborados regalos. Era muy peculiar, ya que todos los regalos no eran para nuestro Hijo. Los envolvían con hermosos papeles y los ataban con preciosos lazos. Todo lo colocaban debajo de un árbol. Si, un árbol, José, dentro de una casa. Esta gente estaba decorando el árbol también. Las ramas llenas de esferas y adornos que brillaban. Había una figura en lo alto del árbol, me parecía ver una estrella o un ángel. Era verdaderamente hermoso. Toda la gente estaba feliz y sonriente. Todos estaban emocionados por los regalos; se los intercambiaban unos con otros, José, pero no quedó ninguno para nuestro Hijo. ¿Sabes?, creo que ni siquiera lo conocían, pues nunca mencionaron su nombre. ¿No te parece extraño que la gente se meta en tantos problemas para celebrar el cumpleaños de alguien que ni siquiera conocen? Tuve la extraña sensación de que si nuestro Hijo hubiera estado en la celebración, hubiese sido un intruso solamente. Todo estaba tan hermoso, José, y todos tan felices, pero yo sentí enormes ganas de llorar. ¡Qué tristeza para Jesús no querer ser deseado en su propia fiesta de cumpleaños! Estoy contenta porque sólo fue un sueño, pero que terrible José si esto hubiera sido realidad.
Tomado de P, Diego Millán
ANÉCDOTA
FIESTA DE MARÍA, MADRE DEL SEÑOR
Instituida por el X Concilio de Toledo, en el primero de sus cánones: «… declaramos y mandamos que el octavo día, antes del nacimiento del Señor, se consagra con toda solemnidad al honor de su Madre. De esta manera, así como la natividad del Hijo se celebra durante ocho días seguidos del mismo mes, podrá tener una Octava la festividad sagrada de María».
Afincada en la liturgia visigótica y mozárabe, en el día dieciocho de diciembre, esta fiesta de María, Madre del Señor, ha tenido en España, hasta hace poco, un arraigo singular, con dos nombres, a cual más sugerente, no sé si sucesivos o alternativos: La Expectación del parto de Nuestra Señora y Santa María de la O.
Tomado de Antonio Montero Moreno
Arzobispo emérito de Mérida-Badajoz
JAIRE y KAIRÓS
«Alégrate, llena de gracia.» Es digno de reflexión un nuevo aspecto de este saludo, chare: la conexión entre la alegría y la gracia. En griego, las dos palabras, alegría y gracia (chará y cháris), se forman a partir de la misma raíz. Alegría y gracia van juntas.
(BENEDICTO XVI, La infancia de Jesús, Editorial Planeta, Barcelona, 2012, p. 18 – 25).
EL MATRIMONIO HEBREO
Consideraba el compromiso matrimonial en dos etapas: había una primera fase, en la cual los novios se prometían uno a otro (los “esponsales”); sólo en una segunda fase surgía el compromiso definitivo (las ceremonias del matrimonio propiamente dicho).
Entre los “esponsales” y el rito del matrimonio, pasaba un tiempo más o menos largo, durante el cual cualquiera de las partes podía volverse atrás, aunque sufriendo una pena.
Durante los “esponsales”, los novios no vivían en común; pero el compromiso que los dos asumían tenía ya un carácter estable, de tal forma que, si nacía un hijo, este era considerado hijo legítimo de ambos. La Ley de Moisés consideraba la infidelidad de la “prometida” como una ofensa semejante a la infidelidad de la esposa (cf. Dt 22,23- 27). Y la unión entre los dos “prometidos” sólo podía disolverse con la fórmula jurídica del divorcio. José y María estaban, por tanto, en situación de “prometidos”: aún no habían celebrado el matrimonio, pero ya habían celebrado los “esponsales”.
Tomado de Dehonianos
“JAIRE”
En griego, es una invitación a la alegría mesiánica. Su contenido podríamos expresarlo de este modo: ¡Alégrate sobremanera, alégrate con un gozo incontenible, desbordante, porque Dios viene a visitar a su pueblo y por ti quiere dar cumplimiento a su promesa de enviar al Mesías esperado a su pueblo, el Salvador!
En este saludo resuena fuerte el eco de la invitación hecha por los antiguos profetas: «alégrate y exulta de todo corazón» (Sof 3,14; ver también Zac 9,9-10), «grita de gozo y regocíjate, hija de Sión, pues he aquí que yo vengo a morar dentro de ti» (Zac 2,14). “Jaire” es, pues, un saludo que va abriendo el horizonte del misterio que va a tener lugar: ha llegado la plenitud de los tiempos (ver Gál 4,4) y Dios, para reconciliar y elevar a la humanidad caída, quiere hacerse Hijo de Mujer.
Aquel saludo anuncia la definitiva realización de las promesas hechas no sólo a Israel sino también a la humanidad entera. Allí está la promesa del descendiente de la misteriosa Mujer que traería consigo la victoria definitiva sobre la serpiente antigua (ver Gén 3,15), así como también la promesa del Emmanuel, Dios-con-nosotros, que habría de nacer de una virgen (ver Is 7,14; Mt 1,23).
La causa de la alegría exultante que la joven virgen de Nazaret está llamada a experimentar se debe, pues, al cumplimiento de las promesas divinas, a la ya próxima presencia salvadora y reconciliadora de Dios en medio de su pueblo, presencia que tomará de sus entrañas virginales un rostro concreto, plenamente humano: Jesucristo, el Reconciliador de la humanidad.
Pero esta alegría procede también de la singular comunión vivida con quien es en sí mismo Comunión de Amor. Y es que por su “sí” generoso, una respuesta libre al amor que Dios le manifiesta, el Verbo eterno del Padre se encarna en sus entrañas purísimas por obra del Espíritu Santo, sin intervención alguna de varón. María entra en una comunión intensa con las tres Personas de la Trinidad, y ésa es la fuente última de la alegría cristiana. Cristiana, decimos, porque por Jesucristo, el Mediador entre Dios y los hombres, Santa María se inserta plenamente en la alegría que Dios vive en sí mismo, y es que «en el mismo Dios, todo es alegría, porque todo es un Don» (S.S. Pablo VI, Gaudete in Domino, 76).
Tomado de Dies Domini
“EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO”
Es una expresión que aparece con frecuencia ligada a los relatos de vocación del Antiguo Testamento (cf. Ex 3,12, vocación de Moisés; Jz 6,12, vocación de Gedeón; Jer 1,8.19, vocación de Jeremías; David en la primera lectura de hoy) y que sirve para asegurar al “llamado” la asistencia de Dios en la misión que se le pide. Estamos, por tanto, ante el “relato de vocación” de María: la visita del ángel es para presentar a la joven de Nazaret una propuesta de parte de Dios. Esa propuesta va a exigir una respuesta clara de María.
Tomado de Dehonianos
EL SALUDO DEL ÁNGEL A MARÍA.
En la traducción italiana el ángel dice: «Te saludo, María». Pero la palabra griega original —»Kaire»— significa de por sí «alégrate», «regocíjate».
Y aquí hay un primer aspecto sorprendente: el saludo entre los judíos era «shalom», «paz», mientras que el saludo en el mundo griego era «Kaire», «alégrate».
Es sorprendente que el ángel, al entrar en la casa de María, saludara con el saludo de los griegos: «Kaire», «alégrate», «regocíjate». Y los griegos, cuando leyeron este evangelio cuarenta años después, pudieron ver aquí un mensaje importante: pudieron comprender que con el inicio del Nuevo Testamento, al que se refería esta página de san Lucas, se había producido también la apertura al mundo de los pueblos, a la universalidad del pueblo de Dios, que ya no sólo incluía al pueblo judío, sino también al mundo en su totalidad, a todos los pueblos. En este saludo griego del ángel aparece la nueva universalidad del reino del verdadero Hijo de David.
Pero conviene destacar, en primer lugar, que las palabras del ángel son la repetición de una promesa profética del libro del profeta Sofonías. Encontramos aquí casi literalmente ese saludo. El profeta Sofonías, inspirado por Dios, dice a Israel: «Alégrate, hija de Sión; el Señor está contigo y viene a morar dentro de ti» (cf. Sf 3, 14). Sabemos que María conocía bien las sagradas Escrituras.
Su Magníficat es un tapiz tejido con hilos del Antiguo Testamento. Por eso, podemos tener la seguridad de que la Virgen santísima comprendió en seguida que estas eran las palabras del profeta Sofonías dirigidas a Israel, a la «hija de Sión», considerada como morada de Dios.
Y ahora lo sorprendente, lo que hace reflexionar a María, es que esas palabras, dirigidas a todo Israel, se las dirigen de modo particular a ella, María. Y así entiende con claridad que precisamente ella es la «hija de Sión», de la que habló el profeta y que, por consiguiente, el Señor tiene una intención especial para ella; que ella está llamada a ser la verdadera morada de Dios, una morada no hecha de piedras, sino de carne viva, de un corazón vivo; que Dios, en realidad, la quiere tomar como su verdadero templo precisamente a ella, la Virgen. ¡Qué indicación! Y entonces podemos comprender que María comenzó a reflexionar con particular intensidad sobre lo que significaba ese saludo.
Pero detengámonos ahora en la primera palabra: «alégrate», «regocíjate». Es propiamente la primera palabra que resuena en el Nuevo Testamento, porque el anuncio hecho por el ángel a Zacarías sobre el nacimiento de Juan Bautista es una palabra que resuena aún en el umbral entre los dos Testamentos. Sólo con este diálogo, que el ángel Gabriel entabla con María, comienza realmente el Nuevo Testamento. Por tanto, podemos decir que la primera palabra del Nuevo Testamento es una invitación a la alegría: «alégrate», «regocíjate». El Nuevo Testamento es realmente «Evangelio», «buena noticia» que nos trae alegría. Dios no está lejos de nosotros, no es desconocido, enigmático, tal vez peligroso. Dios está cerca de nosotros, tan cerca que se hace niño, y podemos tratar de «tú» a este Dios.
El mundo griego, sobre todo, percibió esta novedad; sintió profundamente esta alegría, porque para ellos no era claro que existiera un Dios bueno, o un Dios malo, o simplemente un Dios. La religión de entonces les hablaba de muchas divinidades; por eso, se sentían rodeados por divinidades muy diversas entre sí, opuestas unas a otras, de modo que debían temer que, si hacían algo en favor de una divinidad, la otra podía ofenderse o vengarse.
Así, vivían en un mundo de miedo, rodeados de demonios peligrosos, sin saber nunca cómo salvarse de esas fuerzas opuestas entre sí. Era un mundo de miedo, un mundo oscuro. Y ahora escuchaban decir: «Alégrate; esos demonios no son nada; hay un Dios verdadero, y este Dios verdadero es bueno, nos ama, nos conoce, está con nosotros hasta el punto de que se ha hecho carne». Esta es la gran alegría que anuncia el cristianismo. Conocer a este Dios es realmente la «buena noticia», una palabra de redención.
Tal vez a nosotros, los católicos, que lo sabemos desde siempre, ya no nos sorprende; ya no percibimos con fuerza esta alegría liberadora. Pero si miramos al mundo de hoy, donde Dios está ausente, debemos constatar que también él está dominado por los miedos, por las incertidumbres: ¿es un bien ser hombre, o no?, ¿es un bien vivir, o no?, ¿es realmente un bien existir?, ¿o tal vez todo es negativo? Y, en realidad, viven en un mundo oscuro, necesitan anestesias para poder vivir.
Así, la palabra: «alégrate, porque Dios está contigo, está con nosotros», es una palabra que abre realmente un tiempo nuevo. Amadísimos hermanos, con un acto de fe debemos acoger de nuevo y comprender en lo más íntimo del corazón esta palabra liberadora: «alégrate».
Esta alegría que hemos recibido no podemos guardarla sólo para nosotros. La alegría se debe compartir siempre. Una alegría se debe comunicar. María corrió inmediatamente a comunicar su alegría a su prima Isabel. Y desde que fue elevada al cielo distribuye alegrías en todo el mundo; se ha convertido en la gran Consoladora, en nuestra Madre, que comunica alegría, confianza, bondad, y nos invita a distribuir también nosotros la alegría.
Este es el verdadero compromiso del Adviento: llevar la alegría a los demás. La alegría es el verdadero regalo de Navidad; no los costosos regalos que requieren mucho tiempo y dinero. Esta alegría podemos comunicarla de un modo sencillo: con una sonrisa, con un gesto bueno, con una pequeña ayuda, con un perdón. Llevemos esta alegría, y la alegría donada volverá a nosotros. En especial, tratemos de llevar la alegría más profunda, la alegría de haber conocido a Dios en Cristo. Pidamos para que en nuestra vida se transparente esta presencia de la alegría liberadora de Dios.
Tomado de Benedicto XVI, Homilía(18-12-2005)
LUGAR DE LA ANUNCIACIÓN
Nazaret no es nombrado en la Biblia, ni en Josefo, ni en los infolios talmúdicos. Las vidas de Jesús hacen de ella encantadora descripción. En efecto, es uno de los más hermosos rincones de Galilea, con casas limpias adosadas a una alta colina que domina el Santuario de la Anunciación. Transportado, sin embargo, a los tiempos de Herodes, el cuadro no sería más que un engañador espejismo…
Siguiendo esta dirección se reconoce[1] que el antiguo Nazaret se hallaba asentado sobre un pequeño promontorio, que ni el nombre de colina merece, claramente dibujado por el oriente, pero que apenas se destaca de la alta colina del oeste, yendo del sur al norte hasta la fuente llamada de la Virgen. Allí estaba, sin duda, el Nazaret de los tiempos de Herodes, y si queremos encontrar la cumbre desde la que quisieron arrojar a Jesús (Lc 4, 29), no la busquemos en los puntos más elevados de la actual Nazaret, sino en la antigua y modesta acrópolis.
Inmediatas a la basílica de la Edad Media, el R. P. Próspero Viaud[2] ha descubierto grutas transformadas en habitaciones, que parecen representar el estado de la casa de la Virgen antes de que fuera transformada en cripta de na iglesia. Éste, sin duda, era el tipo más común de las viviendas de Nazaret: existen aún viviendas semejantes en las calles de la ciudad moderna, disimuladas por las casas nuevas. El no saber a punto fijo dónde estaba emplazada Nazaret nos obliga a creer que su transformación no se realizó hasta los tiempos cristianos, motivada por la atracción del santuario. Aun hoy la ciudad de María va subiendo hasta el santuario de Jesús Adolescente y se extiende por la colina oriental, tomando forma de anfiteatro, desde donde se explaya la vista hasta el infinito sobre la planicie de Esdrelón.
Es, pues, verosímil que fue en un modestísimo cuartito donde se hallaba aquella a quien el ángel Gabriel va a llevar un mensaje mucho más augusto que el que dio bajo los dorados artesonados del Templo de Jerusalén. Se llamaba María, Mariam en hebreo, nombre bastante común entonces, que, según las analogías de la lengua hablada, quería probablemente decir dama o señora. Aun ahora decimos Nuestra Señora para designar a la Madre de Jesús.
(Lagrange, Joseph. Vida de Jesucristo.Edibesa, 2002. Pag. 24-28)
EN EL SEXTO MES.
Un tiempo definido para el que ha leído la página precedente, el encuentro del ángel Gabriel con Zacarías en el templo. Pero, para María, que no lo sabe, este sexto mes es su “hoy”. Como para ella, también para nosotros es un hoy que es único. El lugar de la invitación a entrar en un proyecto pensado para nosotros. Pero este “hoy” no está aislado, está ligado a los tiempos de otros, cada uno único e irrepetible, un hoy para engarzarlo junto a otros hoy hasta que no se cumpla la Palabra de Dios. Es muy lineal el recorrido de la gracia. Hay un sujeto y es Dios. Un término de referencia: una virgen. Un mensajero: el ángel Gabriel. Un tiempo: el sexto mes. Un lugar: una ciudad de Galilea. Todo tiene un nombre: la ciudad se llama Nazareth. La virgen: María. El hombre con quien está desposada: José Todo tiene una colocación histórica bien precisa. El sexto mes es el de la preñez de Isabel. La virgen es esposa prometida. José es de la casa de David. Dios no se introduce nunca al acaso, entra con los parámetros ya existentes, que son aquellos parámetros humanos, trazados por personas que tienen un nombre.
Tomado de Mercaba
CHISTE
Un día un hombre encontró a un amigo de rodillas en el suelo buscando algo y le preguntó: ¿Qué estás buscando? La llave. He perdido la llave de casa. Los dos arrodillados buscaban y buscaban la llave sin encontrarla. Al cabo de un rato, le preguntó al amigo: ¿Dónde? ¿La has perdido? Y le contestó: en la casa.
Dios mío, ¿por qué la buscas aquí?
Porque aquí hay más luz.
Tomado de P, Félix Jiménez
POEMA
DE CÓMO EL HOMBRE QUE SE PIERDE LLEGA SIEMPRE A BELÉN
De noche,
cuando la sombra de todo el mundo se junta,
saldremos llevando el alma
en carne viva y desnuda;
de noche, cuando el camino
huele a romero y a juncia,
saldremos con los pastores
para ir de nuevo en Tu busca;
de noche iremos, de noche,
sin luna iremos, sin luna,
que para encontrar la fuente
solo la sed nos alumbra;
de noche, cuando hace frio
y es tan humana la angustia
que siempre hay un cuarto
donde el llanto mueve la cuna.
Luis Rosales
“RUEGA POR NOSOTROS, MADRE DE LA IGLESIA”.
Virgen del Adviento
esperanza nuestra,
de Jesús la aurora,
del cielo la puerta.
Madre de los hombres
de la mar la estrella,
llévanos a Cristo,
danos tus promesas.
Eres, Virgen Madre,
la de gracia llena,
del Señor la esclava,
del mundo la reina.
Alza nuestros ojos
hacia tu belleza,
guía nuestros pasos
a la vida eterna.
(Bernardo Velado Graña)
Jesús
La pena que la tierra soportaba
a causa del pecado, se ha trocado
en el canto que brota jubiloso,
en labios de María pronunciado.
El sí de las promesas ha llegado,
La alianza se cumple, poderosa;
el Verbo eterno baja de los cielos,
con nuestra débil se desposa.
Oh misterio que sólo la fe alcanza.
María es nuestro templo de gloria,
rocío matinal, nube que pasa,
luz nueva en su presencia misteriosa.
A Dios sea la gloria eternamente,
y al Hijo suyo amado Jesucristo,
el que quiso nacer para nosotros
para darnos su Espíritu divino.
Amén.
(Liturgia de las Horas. Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 227)
ORACIÓN
TODO EL MUNDO ESPERA LA RESPUESTA DE MARÍA
Oíste, Virgen, que concebirás y darás a luz a un hijo; oíste que no será por obra de varón, sino por obra del Espíritu Santo. Mira que el ángel aguarda tu respuesta, porque ya es tiempo que se vuelva al Señor que lo envió. También nosotros, los condenados infelizmente a muerte por la divina sentencia, esperamos, Señora, esta palabra de misericordia.
Se pone entre tus manos el precio de nuestra salvación; en seguida seremos librados si consientes. Por la Palabra eterna de Dios fuimos todos creados, y a pesar de eso morimos; mas por tu breve respuesta seremos ahora restablecidos para ser llamados de nuevo a la vida.
Esto te suplica, oh piadosa Virgen, el triste Adán, desterrado del paraíso con toda su miserable posteridad. Esto Abrahán, esto David, con todos los santos antecesores tuyos, que están detenidos en la región de la sombra de la muerte; esto mismo te pide el mundo todo, postrado a tus pies.
Y no sin motivo aguarda con ansia tu respuesta, porque de tu palabra depende el consuelo de los miserables, la redención de los cautivos, la libertad de los condenados, la salvación, finalmente, de todos los hijos de Adán, de todo tu linaje.
Da pronto tu respuesta. Responde presto al ángel, o, por mejor decir, al Señor por medio del ángel; responde una palabra y recibe al que es la Palabra; pronuncia tu palabra y concibe la divina; emite una palabra fugaz y acoge en tu seno a la Palabra eterna.
¿Por qué tardas? ¿Qué recelas? Cree, di que sí y recibe. Que tu humildad se revista de audacia, y tu modestia de confianza. De ningún modo conviene que tu sencillez virginal se olvide aquí de la prudencia. En este asunto no temas, Virgen prudente, la presunción; porque, aunque es buena la modestia en el silencio, más necesaria es ahora la piedad en las palabras.
Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al consentimiento, las castas entrañas al Criador. Mira que el deseado de todas las gentes está llamando a tu puerta. Si te demoras en abrirle, pasará adelante, y después volverás con dolor a buscar al amado de tu alma. Levántate, corre, abre. Levántate por la fe, corre por la devoción, abre por el consentimiento.
Aquí está -dice la Virgen- la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.
(san Bernardo, abad, sobre las excelencias de la Virgen Madre. Homilía 4, 8-9: Opera omnia, edición cisterciense, 4/ 19,661, 53-54)
MEDITACIÓN
ALÉGRATE
ALÉGRATE…
Porque Dios nos desborda en el encuentro, en el canto; como río en crecida que posibilita la vida en las áridas tierras a las que el agua aún no llega.
ALÉGRATE…
Porque Dios visita a su pueblo y viene con deseo de quedarse para siempre.
ALÉGRATE…
Porque Dios cuenta contigo y conmigo para llevar adelante su plan, más allá de nuestras cegueras, parálisis y miedos.
ALÉGRATE…
Porque Dios, en medio de la brega, nos da su pan, su agua, y derrocha toda clase de bendiciones.
ALÉGRATE…
Porque nuestro Dios nos declara su amor intensamente y nos invita a dejarnos atraer y seducir por Él…
…y todo…por pura Gracia.
Ain Karem
CANTO
Llena de Gracia – The Vigil Project, Verónica Sanfilippo
Hágase en Mí [MÚSICA CATÓLICA] – The Vigil Project, Athenas
DIJISTE SÍ (letra) | La Anunciación & Luispo
Ain Karem Ain Karem
VIDEO
Canción de la Anunciación – Valivan
Delegación para el Clero de Santiago de Compostela





