
CITA
Dios ha muerto, Nietszche ha muerto
y yo no gozo de buena salud
(Woody Allen)
“fuente y cumbre de toda la vida cristiana.”
(Lumen Gentium 11)
«¡Oh sagrado banquete, en el que se come a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da un anticipo de la gloria!».
S. Ignacio de Antioquía: «No encuentro ya deleite en el alimento material ni en los placeres de este mundo. Lo que deseo es el pan de Dios, que es la carne de Jesucristo, de la descendencia de David, y la bebida de su sangre, que es la caridad incorruptible. No quiero ya vivir más la vida terrena».
Y San Agustín: «…se inmoló una sola vez en sí mismo… sin embargo, en el sacramento se inmola todos los días»[ Epis. 98, 9; Pl 33, 363.].
«Después manifiesta en qué consiste comer su Cuerpo y beber su Sangre, diciendo: “El que come mi Carne y bebe mi Sangre, permanece en mí y yo en él”. Esto es, pues, comer aquella comida y beber aquella bebida, a saber: permanecer en Cristo y tener a Cristo permaneciendo en sí».
No te cambiarás tú en ti, como el alimento de tu carne, sino que tú te cambiarás en mí.
«Nuestro Señor ha puesto su cuerpo y sangre en estas cosas -el pan y el vino- que, de múltiples que son en sí se reducen a una sola, porque el pan, de muchos granos, se hace una sola cosa; el vino se forma de muchos granos, que hacen un solo licor».
“En este pan -escribe san Agustín- está grabado cómo cultivar la caridad. Ese pan no se forma con un solo grano; había muchos granos de trigo, pero antes de convertirse en pan estaban separados; fueron mezclados con agua después de ser triturados. Vosotros también habéis sido como triturados precedentemente, por medio del ayuno y de la humillación; a eso se agregó el agua del Bautismo: habéis sido como rociados para tomar la forma del pan. Pero todavía no hay un pan verdadero sin el fuego. ¿Qué significa el fuego? Nuestro fuego es el crisma, el aceite que simboliza el Espíritu Santo. Al agua del Bautismo se agregó entonces el fuego del Espíritu Santo y os habéis convertido en pan, es decir, en cuerpo de Cristo” (Ser. 227; PL 38, 1100).
San Juan Crisóstomo “¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo?. No lo desprecie, pues cuando lo encuentres desnudo, ni lo honres aquí en el templo con lienzos de seda, si al salir lo abandonas en su frío y desnudez. Porque el mismo que dijo “esto es mi cuerpo”, y con su palabra llevó a la realidad lo que decía, afirmó también: “Tuve hambre y me distéis de comer”, y más adelante: “Siempre que dejasteis de hacerlo a uno de estos pequeñuelos… ¿De qué serviría adornar la mesa de Cristo con vasos de oro, si el mismo Cristo muere de hambre? Da primero de comer al hambriento, y luego, con lo que te sobre, adorna la mesa de Cristo”. sobre el evangelio de san Mateo 50,3-4
San Isaac de Nínive, Signo luminoso de la belleza de tu alma será este: que tú, examinándote a ti mismo, te encuentres lleno de misericordia hacia todos los hombres, que tu corazón se conmueva por la compasión que sientes por ellos y que arda como el fuego, sin hacer distinción de personas. De esa manera, la imagen del Padre que está en los cielos se revelará continuamente en ti.
¿Quieres tener comunión con Dios en tu mente? ¡Persigue la misericordia! Porque cuando florecen en ti todos los actos de misericordia, viene a reflejarse, dibujada en ti, en todos sus rasgos, aquella santa belleza de la comunión con Dios. El don de la humildad)
S. Cirilo comentando el texto de S. Lucas 22, 19: “Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros”, declara: “No te preguntes si esto es verdad, sino acoge más bien con fe las palabras del Señor, porque él, que es la Verdad, no miente”». Catecismo 1381
San Pedro Crisólogo: «Este es el cordero que todos los días y perennemente es inmolado para ser nuestro banquete» Sermón 5, 6: «Hic est vitulus, qui in epulum nostrum cotidie ac iugiter inmolatur…].
San Ignacio: «En todo amar y servir».
San Juan María Vianney Nos dijo “El que come mi carne y bebe mi sangre, vivirá eternamente” (cf. Jn 6,53). ¡Qué felicidad para un cristiano aspirar a un honor tan grande como es el alimentarse del pan de los ángeles!… De qué es capaz el amor de Dios
Santa Teresa de Calcuta La santa comunión, como la palabra misma implica, es la unión íntima de Jesús con nuestra alma y nuestro cuerpo. Si queremos tener la vida y poseerla abundantemente, debemos vivir de la carne de nuestro Señor. Los santos lo comprendieron tan bien, que podían pasar horas preparándose y más todavía en acción de gracias. Jesús, la palabra hablada Capítulo 6.
San Josemaría Escrivá de Balaguer ¿Por qué abocarte a beber en las charcas de los consuelos mundanos si puedes saciar tu sed en aguas que saltan hasta la vida eterna?
Cuando hayáis comulgado, y el corazón se os vaya a dar gracias a Dios, considerad que habéis recibido la Humanidad Santísima de Jesucristo ‑su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad‑, y con ella, toda la Trinidad, porque el Padre, y el Hijo y el Espíritu Santo son inseparables. Pensad que, al destruirse las especies sacramentales, desaparece la presencia real, pero queda en nuestras almas y en nuestros cuerpos ‑que son su templo‑ Dios Espíritu Santo ().
San Alberto Hurtado S.I., Hacer de la Misa el centro de mi vida. Prepararme a ella con mi vida interior, mis sacrificios, que serán hostia de ofrecimiento; continuarla durante el día dejándome partir y dándome… en unión con Cristo.
¡Mi Misa es mi vida, y mi vida es una Misa prolongada!
Después de la comunión, quedar fieles a la gran transformación que se ha apoderado de nosotros. Vivir nuestro día como Cristo, ser Cristo para nosotros y para los demás:
¡Eso es comulgar!
(La Búsqueda de Dios , Ed. Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile, 2005, Pág. 213-216)
San Padre Pío de Pietrelcina -Padre ¡me siento tan indigno de comulgar!, Verdaderamente soy indigno de ello.
Respuesta: -Es verdad, no somos dignos de un tal don; pero una cosa es participar indignamente de la comunión, en estado de falta grave, y otra cosa es no ser dignos de ello. Todos somos indignos de comulgar; pero es Jesús mismo quien nos invita, es él quien lo desea. Seamos, pues, humildes, y recibámoslo con un corazón lleno de amor. Carta del Padre Pío, Vicenza 1969, p. 55
Pío XII, «Mas al poner el sacerdote sobre el altar la divina víctima, la ofrece a Dios Padre como una oblación para gloria de la Santísima Trinidad y para el bien de la Iglesia» . Carta Encíclica «Mediator Dei», n. 59, ed. cit., 1730.
La Misa no es una pura y simple conmemoración de la Pasión y Muerte de Jesucristo, sino un Sacrificio propio y verdadero por el que el Sumo Sacerdote, mediante su inmolación incruenta, repite lo que una vez hizo en la Cruz, ofreciéndose enteramente al Padre como víctima gratísima (Pío XII, Encíclica Mediator Dei).
San Juan Pablo II, Amando a los demás descubriréis el sentido de la vida.
Quien se alimenta de Cristo en la Eucaristía no tiene que esperar el más allá para recibir la vida eterna: la posee ya en la tierra como primicia de la plenitud futura, que abarcará al hombre en su totalidad. Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia: Fuente y cumbre nn. 14.16.18.22
«La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico. Jesús nos espera en este sacramento del amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las faltas graves y delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración» Catecismo 1380
¿Cómo imaginar los sentimientos de María al escuchar de la boca de Pedro, Juan, Santiago y los otros Apóstoles, las palabras de la Última Cena: “éste es mi cuerpo que es entregado por vosotros?” Aquel cuerpo entregado como sacrificio y presente en los signos sacramentales, ¡era el mismo cuerpo concebido en su seno! Recibir la Eucaristía debía significar para María como si acogiera de nuevo en su seno el corazón que había latido al unísono con el suyo y revivir lo que había experimentado en primera persona al pie de la Cruz
Benedicto XVI, no es el alimento eucarístico el que se transforma en nosotros, sino que somos nosotros los que gracias a él acabamos por ser cambiados misteriosamente. Cristo nos alimenta uniéndonos a él; « nos atrae hacia sí ». Exhortación Apostólica Post-Sinodal sobre la Eucaristía, fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia, n. 70.
La comunión diaria permite encontrar el centro de la vida. Luz para el mundo; El magisterio de Benedicto XVI, 2005-2006, Selección de textos, Editor Nicolás Massmann, Centro de estudios cultura cristiana, 2009, Chile, p.165.
En la procesión del Jueves Santo la Iglesia acompaña a Jesús al monte de los Olivos: la Iglesia orante desea vivamente velar con Jesús, no dejarlo solo en la noche del mundo, en la noche de la traición, en la noche de la indiferencia de muchos. En la fiesta del Corpus Christi reanudamos esta procesión, pero con la alegría de la Resurrección. El Señor ha resucitado y va delante de nosotros
Llevamos a Cristo por los calles de nuestra ciudad. Encomendamos estas calles, estas casas, nuestra vida diaria, a su bondad. Que nuestras calles sean calles de Jesús. Que nuestras casas sean casas para él y con él. Que nuestra vida de cada día esté impregnada de su presencia. Con este gesto, ponemos ante sus ojos los sufrimientos de los enfermos, la soledad de los jóvenes y los ancianos, las tentaciones, los miedos, toda nuestra vida. La procesión quiere ser una gran bendición pública para nuestra ciudad: Cristo es, en persona, la bendición divina para el mundo
Ella dio su carne, su sangre a Jesús y se convirtió en tienda viva del Verbo, dejándose penetrar en el cuerpo y en el espíritu por su presencia. Pidámosle a ella, nuestra santa Madre, que nos ayude a abrir cada vez más todo nuestro ser a la presencia de Cristo; que nos ayude a seguirlo fielmente, día a día, por los caminos de nuestra vida
S.S. Francisco, Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia, dice Jesús. Esta la verdadera riqueza, no la riqueza material.
La Eucaristía es “el memorial del amor” de Dios. Ahí “se celebra el memorial de su pasión”, del amor de Dios por nosotros, que es nuestra fuerza, el apoyo para nuestro caminar. No es una memoria abstracta, fría o conceptual, sino la memoria viva y consoladora del amor de Dios
La medida de Dios es sin medida. ¡Todo! ¡Todo! ¡Todo! No se puede medir el amor de Dios: ¡es sin medida! Ángelus (22-06-2014)
Porque este pan y este vino han sido, según la expresión antigua «eucaristizados» /cf. San Justino, Apologia, 1, 65), «llamamos a este alimento Eucaristía y nadie puede tomar parte en él si no cree en la verdad de lo que se enseña entre nosotros, si no ha recibido el baño para el perdón de los pecados y el nuevo nacimiento, y si no vive según los preceptos de Cristo» (San Justino, Apologia, 1, 66: CA 1, 180 [PG 6, 428]).«A tomar parte en tu cena sacramental invítame hoy, Hijo de Dios: no revelaré a tus enemigos el misterio, no te te daré el beso de Judas; antes como el ladrón te reconozco y te suplico: ¡Acuérdate de mí, Señor, en tu reino!» (Liturgia Bizantina. Anaphora Iohannis Chrysostomi, Oración antes de la Comunión) «Cuando en las fiestas [del Señor] los fieles reciben el Cuerpo del Hijo, proclaman unos a otros la Buena Nueva, se nos han dado las arras de la vida, como cuando el ángel dijo a María [de Magdala]: «¡Cristo ha resucitado!» He aquí que ahora también la vida y la resurrección son comunicadas a quien recibe a Cristo» (Fanqîth, Breviarium iuxta ritum Ecclesiae Antiochenae Syrorum, v. 1).
La Eucaristía no es un premio para los buenos, sino que es fuerza para los débiles, para los pecadores. Es el perdón, es el viático que nos ayuda a dar pasos, a caminar. En la fiesta del Corpus Christi tenemos la alegría no sólo de celebrar este misterio, sino también de alabarlo y cantarlo por las calles de nuestra ciudad. Que la procesión exprese nuestro reconocimiento por todo el camino que Dios nos hizo recorrer a través del desierto de nuestras pobrezas, para hacernos salir de la condición servir, alimentándonos con su Amor mediante el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre
Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1363 En el sentido empleado por la Sagrada Escritura, el memorial no es solamente el recuerdo de los acontecimientos del pasado, sino la proclamación de las maravillas que Dios ha realizado en favor de los hombres. En la celebración litúrgica, estos acontecimientos se hacen, en cierta forma, presentes y actuales. De esta manera Israel entiende su liberación de Egipto: cada que celebraba la pascua, los acontecimientos del Éxodo se hacen presentes a la memoria de los creyentes a fin de que conformen su vida a estos acontecimientos ().
Rainiero Cantalamessa, Conocemos distintos tipos de comunión. Una, muy íntima, es aquella entre nosotros y el alimento que comemos, porque éste se convierte en carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre. He oído a las madres decir a sus criaturas, mientras las estrechan contra su pecho y las besan: «¡Te quiero tanto que te comería!». Es verdad que el alimento no es una persona viva e inteligente con la que podamos intercambiar pensamientos y afectos, pero supongamos por un momento que el alimento fuera él mismo vivo e inteligente, ¿no parece que entonces se tendría finalmente la perfecta comunión?
No podemos hacer verdadera comunión con Cristo si estamos divididos entre nosotros, nos odiamos, no estamos dispuestos a reconciliarnos. «Si has ofendido a un hermano», decía San Agustín, «si has cometido una injusticia contra él, y después vas a recibir la comunión como si nada, tal vez lleno de fervor, te pareces a uno que ve llegar a un amigo a quien no ve desde hace tiempo. Corre a su encuentro, le echa los brazos al cuello y se eleva sobre la punta de sus pies para besarle en la frente… Pero, al hacer esto, no se da cuenta de que le está pisando los pies con zapatos de clavos. Los hermanos, de hecho, especialmente los más pobres y desamparados, son los miembros de Cristo, son sus pies posados aún en la tierra».
CONTO
Había en una ciudad un clérigo que estaba en pecado mortal, y no por eso dejaba de comulgar cada día; y estando un día diciendo misa, cuando pone las manos sobre el ara, vino fuego del cielo y quemóle ambas manos. Este y otros grandes males han acaecido por llegarse los hombres allí sucios. En un lugar estaba un hombre casado y era un mal hombre, que estaba en pecado mortal; y fue a confesarse con su cura, y él estaba en tal indisposición, que le dijo el cura que no comulgase; y no bastó esto, sino que otro día fue a comulgar entre otros. Cuando el cura le vio que venía a comulgar, no pudiendo hacer otra cosa, dijo: ‘Dios juzgue entre mí y ti’, porque, aunque el otro se llegaba indispuesto, no puede negar el cura el santo sacramento al que se lo pide en público (por razón del secreto de la confesión). Comulgólo, y luego, antes que acabase de pasar el Santísimo Sacramento, al instante cayó muerto, y llevaron los diablos su ánima; y abriéronle, y hallaron el Santísimo Sacramento en la boca. Yo sé de una persona que se llegó a comulgar con mala conciencia, y le fue dicho de parte de Dios que, si no rogara un santo del cielo por él, morirá en el altar, comulgando. ¡Dios nos libre de comulgar mal! Qui manducat indigne, et bibit, reuserit carnis et sanguinis Domini. Dice San Ambrosio en este paso: ‘Será castigado por la muerte del Señor, porque hace salir en balde su muerte; y también porque come en pecado, semejable a los que le mataron’.
Tomado de San Juan de Ávila,
Obras Completas II, BAC, Madrid, 1953, Pág. 927-929
LA EUCARISTÍA, UN TESORO PARA COMPARTIR
Un campesino estaba haciendo un pozo en su campo. Cuando llevaba horas cavando, encontró un cofre enterrado. Lo sacó de allí y al abrirlo, vio lo que nunca había visto en su vida: un fabuloso tesoro, lleno de diamantes, monedas de oro y joyas bellísimas.
Pasado el primer momento, el campesino se quedó mirando y al cofre y pensó que todo aquello era un regalo de Dios que él no merecía. Él era un simple campesino que vivía feliz trabajando la tierra. Seguramente habría habido alguna equivocación, por lo que tomó el camino que conducía a la casa donde vivía Dios para devolvérselo.
Mientras caminaba, encontró a una mujer llorando al borde del camino. Sus hijos no tenían nada para comer. El campesino tuvo compasión de ella y, pensando que a Dios no le importaría, abrió el cofre y le dio un puñado de diamantes y monedas de oro.
Más adelante vio un carro parado en el camino. El caballo que tiraba de él había muerto. El dueño estaba desesperado, porque su caballo era lo único que tenía para trabajar y vivir. El campesino abrió su cofre de nuevo y le dio lo suficiente para comprar un nuevo caballo.
Al anochecer llegó a una aldea donde un incendio había arrasado todas las casas. Los habitantes de la aldea dormían en la calle. El campesino pasó la noche con ellos y al día siguiente les dio lo suficiente para que reconstruyeran la aldea.
Y así iba recorriendo el camino aquel campesino. Siempre se cruzaba con alguien que tenía algún problema. Fueron tantos que, cuando le faltaba poco para llegar a la casa de Dios, sólo le quedaba un diamante. Era lo único que le había quedado para devolverle a Dios. Aunque poco le duró, porque cayó enfermo de unas fiebres, y una familia lo recogió para cuidarlo. En agradecimiento, les dio el diamante que le quedaba. Cuando llegó a la casa de Dios, éste salió a recibirle. Y antes de que el campesino pudiera explicarle todo lo ocurrido, Dios le dijo:
– Menos mal que has venido amigo. Fui a tu casa para decirte una cosa, pero no te encontré. Mira, en tu campo hay enterrado un tesoro. Por favor, encuéntralo y repártelo entre todos los que lo necesiten.
Tomado de P, Diego Millán
ANÉCDOTA
EJEMPLOS PREDICABLES
El Sacrificio de la MISA según los santos
El santo cura de Ars, San Juan María Vianney: “Si conociéramos el valor de La Santa Misa nos moriríamos de alegría”.
San Anselmo : “Una sola Misa ofrecida y oída en vida con devoción, por el bien propio, puede valer más que mil misas celebradas por la misma intención, después de la muerte”.
Santo Tomás de Aquino: “La celebración de la Santa Misa tiene tanto valor como la muerte de Jesús en la Cruz “.
San Francisco de Asís: “El hombre debería temblar, el mundo debería vibrar, el Cielo entero debería conmoverse profundamente cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote”.
Santa Teresa de Jesús: “Sin la Santa Misa, ¿que sería de nosotros? Todos aquí abajo pereceríamos ya que únicamente eso puede detener el brazo de Dios. Sin ella, ciertamente que la Iglesia no duraría y el mundo estaría perdido sin remedio”.
En cierta ocasión, Santa Teresa se sentía inundada de la bondad de Dios. Entonces le hizo esta pregunta a Nuestro Señor: “Señor mío, ¿cómo os podré agradecer?” Nuestro Señor le contestó: “ASISTID A UNA MISA”.
San Alfonso de Ligorio: “El mismo Dios no puede hacer una acción más sagrada y más grande que la celebración de una Santa Misa”».
Padre Pío de Pieltrecina: “Sería más fácil que el mundo sobreviviera sin el sol, que sin la Santa Misa. La Misa es infinita como Jesús… pregúntenle a un Ángel lo que es la misa, y El les contestará, en verdad yo entiendo lo que es y por qué se ofrece, mas sin embargo, no puedo entender cuánto valor tiene. Un Ángel, mil Ángeles, todo el Cielo, saben esto y piensan así».
San Lorenzo Justino: “Nunca lengua humana puede enumerar los favores que se correlacionan al Sacrificio de la Misa. El pecador se reconcilia con Dios; el hombre justo se hace aún más recto; los pecados son borrados; los vicios eliminados; la virtud y el mérito crecen, y las estratagemas del demonio son frustradas”.
San Leonardo de Porto Mauricio: “Oh gente engañada, qué están haciendo? Por qué no se apresuran a las iglesias a oír tantas Misas como puedan? ¿Por qué no imitan a los ángeles, quienes cuando se celebra una Misa, bajan en escuadrones desde el Paraíso y se estacionan alrededor de nuestros altares en adoración, para interceder por nosotros?”.
También: “Yo creo que sí no existiera la Misa, el mundo ya se hubiera hundido en el abismo, por el peso de su iniquidad. La Misa es el soporte poderoso que lo sostiene”.
Y también decía: “una misa antes de la muerte puede ser más provechosa que muchas después de ella”.
San Felipe Neri: “Con oraciones pedimos gracia a Dios; en la Santa Misa comprometemos a Dios a que nos las conceda”.
Santo Cura de Ars: “Sí supiéramos el valor del Santo Sacrificio de la Misa, qué esfuerzo tan grande haríamos por asistir a ella”. “Qué feliz es ese Ángel de la Guarda que acompaña al alma cuando va a Misa”. “ La Misa es la devoción de los Santos».
San Pedro Julián Eymard: “Sepan, oh Cristianos, que la Misa es el acto de religión más sagrado. No pueden hacer otra cosa para glorificar más a Dios, ni para mayor provecho de su alma, que asistir a Misa devotamente, y tan a menudo como sea posible”. En su último sermón dijo: “Tenemos la Eucaristía: ¿Qué más queréis?”. Y en su lecho de muerte repitió: “¿Por qué lloráis? Tenéis la Eucaristía; eso basta”.
San Bernardo: “Uno obtiene más mérito asistiendo a una Santa Misa con devoción, que repartiendo todo lo suyo a los pobres y viajando por todo el mundo en peregrinación”.
San Francisco Javier Bianchi: “Cuando oigan que yo no puedo ya celebrar la Misa , cuéntenme como muerto”.
San Buenaventura: “La Santa Misa es una obra de Dios en la que presenta a nuestra vista todo el amor que nos tiene; en cierto modo es la síntesis, la suma de todos los beneficios con que nos ha favorecido”.
San Gregorio el Grande: “El sacrificio del altar será a nuestro favor verdaderamente aceptable como nuestro sacrificio a Dios, cuando nos presentamos como víctimas”.
Cuando Santa Margarita María Alacoque asistía a la Santa Misa , al voltear hacia el altar, nunca dejaba de mirar al Crucifijo y las velas encendidas. ¿Por qué? Lo hacía para imprimir en su mente y su corazón, dos cosas: El Crucifijo le recordaba lo que Jesús había hecho por ella; las velas encendidas le recordaban lo que ella debía hacer por Jesús, es decir, sacrificarse consumirse por El y por las almas.
San Andrés Avellino : “No podemos separar la Sagrada Eucaristía de la Pasión de Jesús”.
San Pío X al permitir la comunión para los niños: “Habrá niños santos”
MI ÚNICA FUERZA, LA EUCARISTÍA
“Alrededor de la Mesa Eucarística se realiza y se manifiesta la armoniosa unidad de la Iglesia , misterio de comunión misionera, en la que todos se sienten hijos y hermanos” (Juan Pablo II, Mensaje para la XII Jornada Mundial de la Juventud , 1997, n. 7).
“¿Pudo usted celebrar la misa en la cárcel? “, es la pregunta que muchos me han hecho innumerables veces. Y tienen razón: la Eucaristía es la más hermosa oración, es la cumbre de la vida cristiana. Cuando les respondo que sí, ya sé cuál es la pregunta siguiente: “¿Cómo consiguió encontrar pan y vino? “.
Cuando fui arrestado tuve que salir inmediatamente, con las manos vacías. Al día siguiente me permitieron escribir y pedir las cosas más necesarias: ropa, pasta de dientes… Escribí a mi destinatario: “ Por favor, mandadme un poco de vino como medicina contra el dolor de estómago “. Los fieles entendieron lo que eso significaba: me mandaron una botellita de vino de misa con una etiqueta que decía: “ medicina contra el dolor de estómago “, y las hostias las ocultaron en una antorcha que se usa para combatir la humedad. El policía me preguntó:
– ¿Le duele el estómago?
-Sí.
-Aquí hay un poco de medicina para usted.
Nunca podré expresar mi gran alegría: todos los días, con tres gotas de vino y una gota de agua en la palma de la mano, celebraba la misa.
De todos modos, dependía de la situación. En el barco que nos llevó al norte celebraba la misa por la noche y daba la comunión a los prisioneros que me rodeaban. A veces tenía que celebrar cuando todos iban al baño, después de la gimnasia. En el campo de reeducación nos dividieron en grupos de 50 personas; dormíamos en camas comunes; cada uno tenía derecho a 50 cm . Nos las arreglamos para que estuvieran cinco católicos conmigo. A las 21:30 había que apagar la luz y todos debían dormir. Me encogía en la cama para celebrar la misa de memoria, y repartía la comunión pasando la mano bajo el mosquitero. Fabricamos bolsitas con el papel de los paquetes de cigarrillos para conservar el Santísimo Sacramento. Llevaba siempre a Jesús eucarístico en el bolsillo de la camisa.
Recuerdo lo que escribí: “Tú crees en una sola fuerza: la Eucaristía, el Cuerpo y la Sangre del Señor que te dará la vida. < He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia > “(Jn 10, 10). Como el maná aumentó a los israelitas en su viaje a la tierra prometida, así la Eucaristía te alimentará en tu camino de la esperanza (cf. Jn 6, 50)” (El camino de la esperanza, n. 983).
Cada semana tiene lugar una sesión de adoctrinamiento en la que debe participar todo el campo. Durante el descanso, mis compañeros católicos y yo aprovechamos para pasar un paquetito para cada uno de los otros cuatro grupos de prisioneros; todos saben que Jesús está en medio de ellos; El es el que cura todos los sufrimientos físicos y mentales. Durante la noche los presos se turnan en adoración; Jesús eucarístico ayuda inmensamente con su presencia silenciosa. Muchos cristianos vuelven al fervor de la fe durante esos días; hasta budistas y otros no cristianos se convierten. La fuerza del amor de Jesús es irresistible. La oscuridad de la cárcel se convierte en luz, la semilla germina bajo tierra durante la tempestad.
Ofrezco la misa junto con el Señor: cuando reparto la comunión me doy a mí mismo junto al Señor para hacerme alimento para todos. Esto quiere decir que estoy siempre al servicio de los demás.
Cada vez que ofrezco la misa tengo la oportunidad de extender las manos y de clavarme en la cruz de Jesús, de beber con Él el cáliz amargo.
Todos los días, al recitar y escuchar las palabras de la consagración, confirmo con todo mi corazón y con toda mi alma un nuevo pacto, un pacto eterno entre Jesús y yo, mediante su sangre mezclada con la mía (cf. 1 Cor. 11, 23-25).
Jesús empezó una revolución en la cruz. Vuestra revolución debe empezar en la mesa eucarística, y de allí debe seguir adelante. Así podréis renovar la humanidad.
He pasado nueve años aislado. Durante ese tiempo celebro la misa todos los días hacia las 3 de la tarde, la hora en que Jesús estaba agonizan do en la cruz. Estoy solo, puedo cantar mi misa como quiera, en latín, francés, vietnamita… Llevo siempre conmigo la bolsita que contiene el Santísimo Sacramento; “Tú en mí, y yo en Ti “. Han sido las misas más bellas de mi vida.
Por la noche, entre las 9 y las 10, realizo una hora de adoración, canto Lauda Sion, Pange Lingua, Adoro Te , Te Deum y cantos en lengua vietnamita, a pesar del ruido del altavoz, que dura desde las 5 de la mañana hasta las 11:30 de la noche. Siento una singular paz de espíritu y de corazón, el gozo y la serenidad de la compañía de Jesús, de María y de José. Canto Salve Regina , Salve Mater , Alma Redemptoris Mater , Regina coelí … en unidad con la Iglesia universal. A pesar de las acusaciones y las calumnias contra la Iglesia , canto Tu es Petrus , Oremus pro Pontifice nostro , Christus vincit … Como Jesús calmó el hambre de la multitud que lo seguía en el desierto, en la Eucaristía El mismo continúa siendo alimento de vida eterna.
En la Eucaristía anunciamos la muerte de Jesús y proclamamos su resurrección. Hay momentos de tristeza infinita. ¿Qué hacer entonces? Mirar a Jesús crucificado y abandonado en la cruz. A los ojos humanos, la vida de Jesús fracasó, fue inútil, frustrada, pero a los ojos de Dios, Jesús en la cruz cumplió la obra más importante de su vida, porque derramó su sangre para salvar al mundo. ¡Qué unido está Jesús a Dios en la cruz, sin poder predicar, curar enfermos, visitar a la gente y hacer milagros, sino en inmovilidad absoluta!
Jesús es mi primer ejemplo de radicalismo en el amor al Padre y a los hombres. Jesús lo ha da do todo: “ Nos amó hasta el extremo “ (Jn 13, 1), hasta el “ Todo está cumplido “ (Jn 19, 30). Y el Padre amó tanto al mundo “ que dio a su Hijo unigénito “ (Jn 3, 16). Darse todo como un pan para ser comido “por la vida del mundo” (Jn 6, 51).
Jesús dijo: “ Siento compasión de la gente “ (Mt 15, 32). La multiplicación de los panes fue un anuncio, un signo de la Eucaristía que Jesús instituiría poco después.
Queridísimos jóvenes, escuchad al Santo Padre: “Jesús vive entre nosotros en la Eucaristía… Entre las incertidumbres y distracciones de la vida cotidiana, imitad a los discípulos en el camino hacia Emaús… Invocad a Jesús, para que en los caminos de los tantos Emaús de nuestro tiempo, permanezca siempre con vosotros. Que Él sea vuestra fuerza, vuestro punto de referencia, vuestra perenne esperanza “ (Juan Pablo II, Mensaje para la XII Jornada Mundial de la Juventud , 1997, n. 7).
(Cardenal F. X. Nguyen Van Thuan, Cinco panes y dos peces , Ed. Ciudad Nueva, 2ª Ed. Buenos Aires, 2001, Pág. 40-45)
COMUNIÓIN
El nombre de Comunión que se da al hecho de recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo indica este hacerse uno con el Señor. Por eso, al comulgar se realizan aquellas palabras que san Agustín pone en boca de Jesús: No te cambiarás tú en ti, como el alimento de tu carne, sino que tú te cambiarás en mí.
Tomado de anecdotasycatequesis
LA FIESTA DE LA EUCARISTÍA.
Corpus Christi comenzó a celebrarse en Lieja en 1247. El motivo fue una visión de santa Juliana de Mont‑Cornillón. En 1208, esta santa tuvo una visión misteriosa en la que se le apareció la luna llena, faltando en su disco un trozo. La luna representaba la Iglesia de su tiempo, y el pedazo que faltaba indicaba la ausencia de una solemnidad en el año litúrgico: Dios quería dar a entender que debía celebrarse anualmente una fiesta para honrar con gran solemnidad a la Sagrada Eucaristía. Así surgió la fiesta que celebramos hoy en honor del Santísimo Sacramento.
Después de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, en el Misal promulgado por Pablo VI en 1970, se denomina Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, nombre que da una visión más completa del Sacramento, y además incluye la desaparecida fiesta de la Preciosísima Sangre, que se celebraba el 1 de julio.
Tomado de anecdotasycatequesis
PRESUNCIÓN.
Anécdota comentada por NEWMAN en la Carta al Duque de Norfolk
«¿Qué pretende el Papa? –afirmó Napoleón en julio de 1807– al amenazarme con la excomunión?
¿Cree que el mundo ha retrocedido mil años?
¿Cree que las armas caerán de las manos de mis soldados?»
A los dos años de escribirse estas palabras el Papa, excomulgó a Napoleón como castigo por haber confiscado parte de sus dominios y antes de cuatro años, efectivamente, las armas cayeron de las manos de sus soldados en la campaña de Rusia.
Los ejércitos aparentemente invencibles fueron diezmados y dispersados por la crudeza del invierno.
Los cronistas de la época describen con palabras como estas el hecho: «Las armas de los soldados resultaban de un peso insoportable para sus brazos entumecidos. Durante las frecuentes caídas se les iban de las manos, y quedaban abandonadas en la nieve porque no tenían fuerzas ni para recogerlas del suelo» ó «Los soldados eran incapaces de sostener las armas, se les caían de las manos incluso a los más valientes y robustos. Los mosquetes se caían de los brazos congelados que los portaban».
Vicente Huerta Solá
Tomado de anecdonet
PRIMER ALIMENTO Y BEBIDA QUE SE CONSUMIÓ EN LA LUNA
A los 89 años, Buzz Aldrin, con su pelo y barba gris plata lucen en perfecta armonía con el tono de la superficie de la Luna. Por la que en 1969 caminó; fue y vino; saltó y, por qué no, jugó como un niño. Buzz Aldrin se siente feliz y agradece estar vivo hoy, para celebrar el 50° aniversario del alunizaje.
“Cuando llegamos a la Luna, antes de prepararnos para descender de la nave, quise tomar la Comunión”, me recuerda cuando tengo la oportunidad de entrevistarlo en su país, los Estados Unidos.
“Quería agradecer por lo que estábamos viviendo, por el logro de la humanidad, como especie. Porque aunque teníamos tantos problemas en nuestro mundo, llegábamos a la Luna y lo hacíamos como una señal de esperanza, de fe”. Así lo asegura el ser humano al que la Nasa (sigla en inglés de Administración Nacional de Aeronáutica y Espacio) le permitió llevar un pequeño cáliz, una hostia y algunos centímetros cúbicos de vino, aunque no lo difundieran para evitar más conflictos después de que la transmisión de la lectura del Génesis por parte de la tripulación del Apolo 8 –en órbita lunar, durante las misiones previas– había generado polémica.
“Hoy es bueno que se sepa que el primer alimento y la primera bebida que se consumió en la Luna fueron el pan y el vino de la Santa Cena”, destaca como creyente.
Tomado de anecdonet
COMUNIONES ESPIRITUALES
Con su habitual y genial ingenuidad enseñaba el Santo Cura de Ars, San Juan María Vianney, que la comunión espiritual es semejante al soplo del fuelle sobre el rescoldo de unas cenizas que empiezan a apagarse: «Cuando sintamos que el amor de Dios se enfría-decía-, ¡pronto: una comunión espiritual!». Se cuenta también de él que, hallándose una vez muy afligido porque sólo le era dado comulgar una vez al día, cayó en la cuenta de su error al reflexionar que podía hacerlo con el deseo un número ilimitado de veces.
J. M. Iglesias Una costumbre cristiana: las comuniones espirituales
Tomado de anecdonet
VIVIR ETERNAMENTE
Esta fiesta comenzó a celebrarse en Bélgica en 1246, y adquirió su mayor difusión pública dos siglos más tarde, en 1447, cuando el Papa Nicolás V recorrió procesionalmente con la Sagrada Forma las calles de Roma. Dos cosas pretende: fomentar la devoción a la Eucaristía y confesar públicamente la presencia real de Jesucristo en el pan y el vino.
El 1 de junio de 2009, el vuelo 447 de Air France entre Rio de Janeiro y París desapareció en mitad de la noche con 216 pasajeros y 12 tripulantes. Se salvó un matrimonio, no recuerdo si porque llegó tarde al embarque o por un cambio de última hora. Pero ese matrimonio se hizo famoso porque murió en un accidente de automóvil pocos días después. La supervivencia a un accidente, a un ataque terrorista, a una calamidad, no garantiza vivir eternamente.
Tomado de José Luis Sicre
FIESTA DEL CORPUS CHRISTI
Precedentes. Ya en los s. VII y VIII el enfoque que los cristianos daban a la Eucaristía era algo distinto del de las épocas anteriores, y la diferencia aumentó con las controversias eucarísticas del s. IX, hasta el punto de ver en las especies eucarísticas, omitiendo todo simbolismo, la sola presencia real de Cristo. Simultáneamente, la conclusión teológica de la presencia de Cristo todo en cada una de las especies, junto con la tendencia a ver en cada rito y momento de la Misa una repetición detallada de la historia de la Pasión más que participación en el manjar sacrificial del cuerpo y la sangre de Cristo, van preparando el movimiento eucarístico que se origina. Berengario de Tours (m. 1088; v.) negó la presencia eucarística, pero su influencia fue minoritaria, debido a que su planteamiento fue racional. Son los movimientos cátaro (v.), albigense (v.) y valdense (v.), con su interpretación de la pobreza evangélica y su negación de la Eucaristía, los que por reacción influyen en el desarrollo de la devoción a la presencia real eucarística. Por parte católica se proliferan entonces abundantes milagros eucarísticos, de muchos de los cuales no se puede tener seguridad histórica. Con todo ello se fomenta inmensamente la devoción típica de estos tiempos de ver la hostia consagrada. Hubo algunos excesos, pero la prudencia de la Iglesia supo aprovechar de todo ello lo que verdaderamente había de enriquecer la auténtica piedad cristiana (V. EUCARISTÍA).
La fiesta del Corpus Christi. La fiesta se introdujo en el s. XIII y tuvo decisiva participación en ello la religiosa juliana de Rétine (v. JULIANA DE CORNILLON, BEATA), que tuvo una revelación privada según la cual el Señor deseaba la introducción de esta fiesta. Una comisión encargada por el obispo de Lieja aprobó esta visión y en 1246 se ordena su celebración en la diócesis. El papa Urbano IV, con la bula Transiturus de 11 ag. 1264, ordena la fiesta universal del Santísimo Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo. Clemente V (m. 1314) y el conc. de Vienne confirmaron la fiesta; ahí comenzó su rápida propagación y un inmenso movimiento de piedad popular en todo el Occidente.
El centro de la fiesta había de ser, según describía Urbano IV, un culto popular en himnos y alegría (no nombra ni la Misa ni la procesión). Por eso, lo primero que se estableció fue el oficio de lecciones, antífonas, himnos y responsorios. Se conservan restos de un primer oficio, pero el que ha predominado, con ligeros retoques en la reforma tridentina, se atribuye fundadamente a S. Tomás de Aquino. Consta que el santo, a petición de Urbano IV, compuso alrededor de 1264, dos oficios, uno, provisional e incompleto, encabezado por la antífona Sapientia aedificavit y otro, completo, encabezado por la antífona Sacerdos in aeternum. Estos oficios se basaron en alguna parte en el primitivo y no es extraño que no se los coloque entre las obras del Santo; sin embargo, su presencia es bien patente en la admirable síntesis bíblicoteológica de su composición, especialmente en las oraciones y en la antífona del Magníficat O Saerum Conviviurn. Las melodías no fueron originales, pues se conserva un manuscrito de 1309 que da las melodías previas a las que los nuevos textos se adaptaron. El oficio y la Misa son de una extraordinaria riqueza, especialmente por la admirable compenetración del Antiguo y Nuevo Testamentos.
El sentido de esta fiesta parece en un primer momento una repetición del gran misterio pascual celebrado el jueves Santo. Sin embargo, allí se considera el aspecto sacrificial y aquí la presencia real. Su colocación en el tiempo de Pentecostés resalta por encima de todo la profunda realidad de la presencia de la Eucaristía en la vida de la Iglesia a partir de la presencia efectiva que en la Iglesia y en la Eucaristía tiene el Espíritu Santo, como lo vivió la Teología primera y la Iglesia oriental.
La procesión del Corpus Christi. Esta procesión no es la primera en la historia de la piedad eucarística, pues ya en el s. XI, en el norte de Europa se llevaba en la procesión del Domingo de Ramos la Eucaristía, y también con una gran piedad popular se venían haciendolas procesiones al lugar de la reserva el Jueves y Viernes Santo. Si bien Urbano IV no hablaba de la procesión con la Eucaristía, sus mismas frases la estaban describiendo y por eso casi contemporáneamente a la institución de la fiesta se dan testimonios de la procesión: en la diócesis de Colonia en 1279, Cataluña en 1314, Inglaterra en 1325 y Roma en 1350. La Eucaristía se llevó en un principio cubierta dentro de cálices, vasos o custodias cerrados o velados, pero pronto se pasó a los más diversos e ingeniosos sistemas de ostensorios (v. CUSTODIA; VASOS SAGRADOS).
Inicialmente la procesión, como se describe en el ritual romano en 1614, era sencilla y terminaba con la bendición final única. Pero, al menos fuera de Roma, pronto se unió a esta procesión eucarística otra anterior, de uso en Alemania especialmente, de bendición de los campos. Esta procesión, por no ser acto litúrgico, quedó a la libertad de las diócesis y fuera de la legislación de Roma. De este modo la procesión con el cuerpo del Señor pasa a ser una procesión con cuatro paradas en diversos altares para bendecir los campos en la dirección de los cuatro puntos cardinales y recitando los comienzos de los cuatro evangelistas. La bendición final tendría ya menos significado, aunque el uso y tradición de las distintas naciones y ciudades es diverso. El conc. de Trento vio en la procesión una manifestación y oración de acción de gracias frente a la derrota de las herejías contemporáneas que negaban la Eucaristía (Denz.Sch. 144316}4).
Esta procesión ha de estar íntimamente unida a la Eucaristía (v.) como sacrificio, en la que se consagrará la hostia que se lleva en la procesión (Ritual Romano tit. 10, can. 5, n. 2). Así los fieles no disociarán la presencia real de Cristo en la sagrada forma de su misma presencia por la Misa en la que se ha confeccionado el sacramento. Incluso si dentro de ella se diera la comunión a los enfermos, como suele hacerse en ese día, se completaría el sentido total del culto eucarístico. Esto es lo que la Iglesia ha propuesto en la Instrucción de la Sagrada Congr. de Ritos de 25 mayo 1967, Eucharisticum Mysterium, n. 59, bien recomendando que la forma que se expone a la adoración sea consagrada en el sacrificio Santerior (n. 60) a la misma procesión, bien considerándola como la procesión por excelencia, con sus cantos de acción de gracias y populares. Es una manifestación solemnísima de la Iglesia local en torno a su centro: la Eucaristía; por eso en el mismo lugar o población no debe haber más que una y en ella se han de agrupar las parroquias y religiosos, salvo los de estricta clausura (CIC 1292,1). Los ordinarios han de cuidar de que efectivamente en los tiempos actuales y circunstancias locales su organización y oportunidad sean tales que se realice con dignidad y sin menoscabo de la reverencia a tan augusto misterio.
A. GONZÁLEZ FUENTE. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
FIESTA DEL CUERPO DE CRISTO
Esta fiesta se celebra en la Iglesia Latina el Jueves siguiente al Domingo de Trinidad para conmemorar solemnemente la institución de la Sagrada Eucaristía.
Del Jueves Santo, que conmemora este gran evento, se hace mención como Natalis Calicis (Nacimiento del Cáliz) en el Calendario de Polemio (448) para el 24 de Marzo, siendo el día 25 de Marzo considerado en algunos lugares como el día de la muerte de Cristo. Este día, sin embargo, estaba en Semana Santa, un tiempo de tristeza, durante el cual se espera que las mentes de los fieles se ocupen con pensamientos de la Pasión del Señor. Más aún, tantos otros actos tenían lugar en este día que el acontecimiento principal casi se perdía de vista. Esto se menciona como la razón principal para la introducción de la nueva fiesta, en la Bula “Transiturus”.
El instrumento de que se valió la Divina Providencia, fue Santa Juliana de Monte Cornillon, en Bélgica. Ella nació en 1193 en Retines cerca de Lieja. Huérfana a temprana edad, fue educada por las monjas Agustinianas de Monte Cornillon. Allí, andando el tiempo hizo su profesión religiosa y más tarde llegó a ser superiora. Intrigas de diversas clase la condujeron en varias ocasiones fuera del convento. Murió el 5 de Abril de 1258 en la Casa de las monjas Cisterciences en Fosses, y fue sepultada en Villiers.
Juliana, desde su temprana juventud, tuvo una gran veneración por el Santísimo Sacramento, y siempre anheló una fiesta especial en su honor. Se afirma haberse incrementado este deseo por una visión de la Iglesia bajo la apariencia de la luna llena que tenía un punto negro, el cual significaba la ausencia de tal solemnidad. Ella hizo conocer sus ideas a Robert de Thirete, entonces Obispo de Lieja, al erudito Dominico Hugo, más tarde cardenal legado en los Países Bajos, y a Jacques Pantaléon, entonces Archidiácono de Lieja, después Obispo de Verdun, Patriarca de Jerusalén, y finalmente Papa Urbano IV. El Obispo Robert quedó favorablemente impresionado, y, puesto que los obispos ya tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, convocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se realizara el siguiente año, también que un monje llamado Juan escribiera el Oficio para la ocasión. El decreto se conserva en Binterim (Denkwürdigkeiten, V, 1, 276), junto con partes del Oficio. El Obispo Robert no vivió para ver la ejecución de su orden, pues murió el 16 de Octubre de 1246; pero la fiesta fue celebrada por primera vez por los cánones de San Martín de Lieja. Jacques Pantaléon se convirtió en papa el 29 de Agosto de 1261. La hermitaña Eva, con quien Juliana había pasado algún tiempo, y quien también era una ferviente adoradora de la Sagrada Eucaristía, ahora recomendó encarecidamente a Enrique de Guelders, Obispo de Lieja, que solicitara al papa extender la celebración al mundo entero. Urbano IV, siempre un admirador de la festividad, publicó la Bula “Transiturus” (8 de Septiembre de 1264), en la cual, después de haber ensalzado el amor de Nuestro Señor como se expresaba en la Sagrada Eucaristía, ordenó la celebración anual de Corpus Christi en el Jueves siguiente al Domingo de Trinidad, concediendo al mismo tiempo muchas indulgencias a los fieles por su asistencia a la Misa y al Oficio. Este Oficio, compuesto a solicitud del papa por el Doctor Angélico Santo Tomás de Aquino, es uno de los más bellos en el Breviario Romano y ha sido admirado aún por los Protestantes.
La muerte del Papa Urbano IV (2 de Octubre de 1264), poco después de la publicación del decreto, obstruyó un poco la difusión de la festividad. Clemente V tomó de nuevo el asunto en sus manos y, en el Concilio General de Viena (1311), una vez más ordenó la adopción de la fiesta. Publicó un nuevo decreto que incorporaba el de Urbano IV. Juan XXII, sucesor de Clemente V, recomendó con insistencia su observancia.
Ningún decreto habla de la procesión teofórica como una característica de la celebración. Esta procesión, ya celebrada en algunos lugares, fue dotada con indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV.
La fiesta ha sido aceptada en 1306 en Colonia; Worms la adoptó en 1315; Estrasburgo en 1316. En Inglaterra fue introducida desde Bélgica entre 1320 y 1325. En los Estados Unidos y algunos otro países la solemnidad se celebra en el Domingo siguiente al de Trinidad.
En la Iglesia Griega la fiesta del Corpus Christi se conoce en los calendarios de los Sirios, Armenios, Coptos, Melquitas, y en los Rutenianos de Galicia, Calabria y Sicilia.
FRANCIS MERSHMAN
Tomado de mercaba
CHISTE
POEMA
PREGUNTAS DE AMOR
Si pan es lo que vemos, ¿cómo dura,
sin que comiendo dél se nos acabe?
Si Dios, ¿cómo en el gusto a pan nos sabe?
¿Cómo de sólo pan tiene figura?
Si pan, ¿cómo le adora la criatura?
Si Dios, ¿cómo en tan chico espacio cabe?
Si pan, ¿cómo por ciencia no sabe?
Si Dios, ¿cómo le come su hechura?
Si pan, ¿cómo nos harta siendo poco?
Si Dios, ¿cómo puede ser partido?
Si pan, ¿cómo en el alma hace tanto?
Si Dios, ¿cómo le miro y le toco?
Si pan, ¿cómo del cielo ha descendido?
Si Dios, ¿cómo no muero yo de espanto?
PAN DE ÁNGELES
Comida celestial, pan cuyo gusto
es tan dulce, sabroso y tan suave,
que al bueno, humilde, santo, recto y justo,
a manjar celestial, como es, le sabe;
Justa condenación del hombre injusto
si come el pan de Dios se encierra y cabe;
el sumo Dios que en sí se da y oculta
diga el bien que de tanto bien resulta.
Pan de ángeles, Dios tan verdadero,
que, aunque se quiebra, se divide y parte,
está un inmenso Dios, trino y entero,
en cualquiera migaja y menor parte;
Agnus Dei, sincerísimo Cordero
que en pan al pecador gustas de darte;
pues eres todo Dios, el que es bastante,
de su deidad en sí cifrada cante.
Eres, pues, Dios, de tu deidad tan digno
que no hay justo ni santo entre los santos
que no se juzgue y tenga por indigno
de bocado que da regalos tantos;
eres Pan para el bueno, tan benigno
que de tribulaciones y de llantos
le produces y das gloriosos bienes,
y para con el malo los detienes.
Eres, pan celestial, lo figurado
de aquel maná sabroso del desierto;
Tú lo vivo y aquello lo pintado,
aquello la figura y tú lo cierto;
eres, pan, tan glorioso y endiosado
que a decir tus grandezas yo no acierto:
las angélicas lenguas lo prosigan,
que faltas quedarán aunque más digan.
Fray Luis de León
Miguel de Unamuno no dejó nunca de plantearse la existencia de Dios y el destino del ser humano. Ante el cuadro del Cristo de Velázquez expresaba esas luces y sombras:
¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío?
¿Por qué ese velo de cerrada noche
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno cae sobre tu frente?
Miras dentro de Ti, donde está el reino
de Dios; dentro de Ti, donde alborea
el sol eterno de las almas vivas.
Blanco tu cuerpo está como el espejo
del padre de la luz, del sol vivífico;
blanco tu cuerpo al modo de la luna
que muerta ronda en torno de su madre
nuestra cansada vagabunda tierra.
Blanco tu cuerpo está como la hostia
del cielo de la noche soberana,
de ese cielo tan negro como el velo
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno cae sobre tu frente?
Miras dentro de Ti, donde está el reino
de Dios; dentro de Ti, donde alborea
el sol eterno de las almas vivas.
Blanco tu cuerpo está como el espejo
del padre de la luz, del sol vivífico;
blanco tu cuerpo al modo de la luna
que muerta ronda en torno de su madre
nuestra cansada vagabunda tierra.
Blanco tu cuerpo está como la hostia
del cielo de la noche soberana,
de ese cielo tan negro como el velo
de tu abundosa cabellera negra
Tomado de Vicente Martínez
COMPARTID
“Haced esto en memoria mía”.
Compartid el pan,
el vino y la palabra.
Cuando el fracaso
parezca desmembrarlo todo,
cada persona, cada grupo,
como cuatro caballos al galope
tirando del vencido
hacia los cuatro puntos cardinales,
cuando el hastío
vaya plegando cada vida
aislada sobre sí misma,
contra su propio rincón,
pegadas las espaldas
contra muros enmohecidos,
cuando el rodar de los días
arrastrando confusión,
estrépito y consignas,
impida escuchar
el susurro de la ternura
y el pasar de la caricia,
cuando la dicha
te encuentre
y quiera trancar tu puerta
sobre ti mismo,
como se cierra en secreto
una caja fuerte,
cuando estalle
la fiesta común
porque cayó una reja
que apresaba la aurora,
amanece más justicia,
y la solidaridad crece,
reuníos y escuchad,
compartid el pan,
compartid el vino,
dejad brotar la dicha
común y sustancial,
el futuro escondido
en este recuerdo mío
inagotable vivo.
Benjamín González Buelta SJ
ORACIÓN
DIOS DEL AMOR
muéstranos nuestro lugar en este mundo
como instrumentos de tu cariño
por todos los seres de esta tierra,
porque ninguno de ellos
está olvidado ante ti.
Ilumina a los dueños del poder y del dinero
para que se guarden
del pecado de la indiferencia,
amén el bien común,
promuevan a los débiles,
y cuiden este mundo que habitamos.
Los pobres y la tierra están clamando:
Señor, tómanos a nosotros
con tu poder y tu luz,
para proteger toda vida,
para preparar un futuro mejor,
para que venga tu Reino
de justicia, de paz,
de amor y de hermosura.
Alabado seas. Amén.
(Francisco, encíclica Laudato Sii, n.246).
TESTIMONIO
Mi padre era un enamorado de Jesús Eucaristía.
Recuerdo de pequeña, las visitas a Jesús Sacramentado en el convento de las Concepcionistas Franciscanas de mi pueblo en Épila, que tenían adoración perpetua. La Iglesia estaba siempre abierta, podías acudir a cualquier hora del día. Mis hermanos y yo acompañábamos muchas veces a mi padre.
Él, toda su vida fue muy fiel a la oración ante el Santísimo, siempre que pudo acudió a los jueves eucarísticos de la parroquia Nuestra Señora de la Almudena.
Al entrar, la Iglesia estaba a oscuras. Solo una luz iluminaba el altar donde estaba expuesto el santísimo. Ocupábamos los primeros bancos. Detrás de las rejas se barruntaba la presencia de alguna religiosa, haciendo la vela.
Recuerdo los ojos de mi padre fijos en Jesús y hacia Él dirigiendo su oración. Una oración silenciosa, una oración contemplativa…Bendito y alabado sea Jesús.
En otros momentos a los pies del Santísimo, oraba de rodillas con los ojos cerrados.
No sé cuanto rato estaríamos allí, pero no se me hacía largo. Yo, callada, observaba todo en silencio. Sintiendo en mi corazón que Dios estaba allí, escondido en un trocito de pan.
Me gustaba ir a ver a Jesús y fue mi padre con su ejemplo quien me enseñó la importancia de la oración, quien me enseñó a adorar y alabar a Dios en la Eucaristía y a tenerle presente en mi vida.
Ahora ya de mayor, comulgando cada día recibo una invitación a ser pan, a ser alimento, a saciar el hambre de tanta gente… Beatriz
Tomado de Claretianos
Te ruego, Señor, por el mismo sacrosanto y vivificante misterio de tu cuerpo y de tu sangre, con el que cada día la Iglesia sacia nuestra hambre y nuestra sed, nos lava y nos santifica, nos hace participes de la Unica y suma divinidad, que nos concedas tus virtudes santas.
Oh dulcísimo pan, devuelve la salud al gusto de mi corazón para que sienta la suavidad de tu amor. Devuélvele la salud para que no sienta fuera de ti otra dulzura, para que no busque fuera de ti otro amor y no ame fuera de ti otra belleza, Señor bellísimo.
Pan purísimo que tiene en sí toda dulzura y todo sabor, que mi corazón se pueda alimentar de ti y que lo intimo de mi alma se colme de tu dulce sabor.
Pan santo, pan vivo, pan espléndido y puro que has bajado del cielo y das la vida al mundo, y en a ml corazón y purifícame de toda corrupción de la carne y del espíritu.
Entra en ml alma, sáname y santifícame. Se la defensa y la salvación continua de ml cuerpo y de mi alma, expulsa de mi a los enemigos que me asedian. Que sean expulsados lejos por la fuerza de tu presencia y que yo, protegido por fuera y por dentro, pueda llegar con tu ayuda por el camino recto a tu Reino: allí ya no te veremos en el misterio, como en este tiempo, sino cam a cara. Entonces encontraran reposo los santos: y no ya en el sacramento, sino en el mismo cumplimiento de la salvación eterna, cuando tú entregues el Reino a Dios Padre y nosotros contemplemos a plena luz tu verdad inmutable. Y será una saciedad maravillosa, en la que ya no podré tener sed eternamente, oh Salvador del mundo
Juan de Fecamp, Oración 29,
para decir antes de la misa, 10s, passim.
CANTO
Sagrado Banquete Jesús Cabello
Delegación para el Clero de Santiago de Compostela





